B. ORGANIZATION: WHO DOES WHAT 22
1. Research on NORSOF Organization 22
Decíamos antes que el niño pequeño no distingue sus acciones verbales de las otras acciones que ejecuta durante su vida. Cuando ha alcanzado cierta edad (generalmente alrededor del primer año de vida) y ha ejer citado su capacidad fonatoria y auditiva, dice, por primera vez en su vi da, “mamá” (hay que notar que en muchas lenguas del mundo, y no só lo en español, esa primera expresión se logra con sonidos bilabiales y con vocales centrales, como lo sostuvo Román Jakobson en su famoso estudio acerca del lenguaje infantil y la afasia, publicado primero en ale mán como Kindersprache, Aphasie und allgemeine Lautgesetze, y posterior mente en inglés, con modificaciones, con el título de Studies on Child
Language and Aphasia). Como lo ha explicado convincentemente el psi cólogo suizo Jean Piaget, esa expresión forma parte de un conjunto complejo de acciones infantiles que, en ese momento, el niño no puede separar. Así, la expresión “mamá” no es todavía la denominación de su madre, sino parte de un conjunto de acciones que el niño ha ido reali zando ya por cierto tiempo, entre las cuales está la audición de la expre sión “mamá”. Por ejemplo, la experiencia de la protección, la ternura, la alimentación, la cercanía, el olor, el tacto de la piel de su madre, y la de necesidad de cuidado y de alimento.
Así que el primer “mamá” del niño no comienza por ser un acto de denominación, sino una manifestación del complejo de acciones del que forma parte conjuntamente. Pero esa combinación de acciones ha ido dando lugar a lo que, según Piaget, es el proceso central de la formación de la inteligencia del ser humano: por un lado, a la creación de esquemas
de conocimiento senso-motor (puesto que el niño no sólo percibe, sino también actúa) que dan lugar a invariantes, es decir, a formas de cono cimiento y, por el otro lado, a la paulatina distinción de elementos “in-
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teresantes" del complejo de acciones. Uno de esos elementos “interesan tes” llega a ser la articulación de la voz “mamá”. Pasará todavía cierto tiempo antes de que el niño disocie la voz “mamá” no sólo del complejo de acciones, sino también de la presencia de su madre. Cuando eso su ceda, cuando pueda articular “mamá" fuera del complejo de acciones en que aprendió y desarrolló la voz, y la utilice para llamarla aunque esté completamente satisfecho en alimento, en cariño, etc. y su madre esté ausente es cuando podemos considerar que se produce una acción de denominación de su madre. Según el estudio de estos procesos, que constituye el núcleo de la teoría de Piaget, esto sucede en el quinto es tadio de la formación de la inteligencia, hacia los 18 meses de edad.
(Por eso suele suceder, en las familias, que al niño parezca darle lo mismo durante cierto tiempo si al pronunciar “mamá” está jugando con su abuela, tiene entre sus manos un biberón o ve entrar a su habitación a cualquier mujer, con lo que su madre se enoja o se pone celosa.)
Pero hay que notar que, aunque la voz mamá esté afincada en la ca pacidad fono-auditiva del niño —lo que es un hecho físico— , lo que la vuelve signo lingüístico de la lengua materna del niño es el esfuerzo que éste realiza por ir aproximando su expresión a la que oye de sus mayo res. Es decir, es una acción denominadora, pero dirigida por una forma definida por la lengua de los adultos que lo rodean. El niño no nombra arbitraria y caprichosamente a su madre, sino que se ajusta a una forma socialmente fijada.
El acto de denominación no se produce, en consecuencia, arbitraria y azarosamente; no proviene de una pura voluntad del individuo ni de una convención que él mismo impone. Lewis Carroll, el famoso autor de Alicia en el país de las maravillas, compuso una escena en el libro A través del espejo, lo que Alicia encontró al otro lado, que muestra graciosa mente esta idea:
Dice Humpty-Dumpty (que en la versión española del libro recibió el nombre de Zanco Panco) a Alicia: “... lo que demuestra es que hay 364 días para recibir regalos de incumpleaños.
— Desde luego— asintió Alicia.
— ¡Y sólo uno para regalos de cumpleaños! ¡Ya ves, te has cubierto de gloria!
— No sé qué es lo que quiere decir con eso de la ‘gloria’— observó Alicia.
4 6 LA DETERMINACIÓN DE LA UNIDAD PALABRA
Zanco Panco sonrió despectivamente.
—Pues claro que n o..., y no lo sabrás hasta que te lo diga yo. Quie re decir que 'ahí te he dado con un argumento que te ha dejado bien aplastada’.
—Pero ‘gloria’ no significa ‘un argumento que deja bien aplastado’, objetó Alicia.
— Cuando yo uso una palabra— insistió Zanco Panco con un tono de voz más bien desdeñoso— quiere decir lo que yo quiero que diga, ni más, ni menos”.
Alicia se opone a él, diciéndole que ese no es un derecho suyo. Un ni ño no podría utilizar una voz a la manera en que lo hace Humpty-Dump- ty; más bien, acepta que las voces tienen una forma y un significado, que le vienen dadas por su lengua materna (aunque hay un pequeño ámbito en que sus padres aceptan que el niño nombre objetos inventando pala bras, pero generalmente esos casos son muy reducidos, como los hipoco- rísticos, o “nombres de cariño" que se dan a los abuelos o los hermanos).
La denominación, en consecuencia, no procede de simples acciones denominadoras, sino de actos que tienen ciertas condiciones de validez, de las que hay que destacar sobre todo dos: que se trata de aconteci mientos sociales y que proceden de una historicidad de la lengua mater na que, para todo individuo, está previamente determinada.
Un acto de denominación se puede dar en situaciones como las si guientes:
* Un niño ve por primera vez un león y pregunta a sus padres: “¿qué es eso?", bajo la suposición de que sus padres saben lo que es y le van a decir verdaderamente lo que es; no que lo van a engañar. Su pa dre responde: “es un león" o “se llama león” o “un león”.
* Una persona explica alguna cosa y nota que su auditorio no ha en tendido una de sus expresiones. Se interrumpe y aclara: “por ‘hipocorís- tico’ entiendo un nombre de cariño que se pone a una persona”.
• Un sacerdote, frente a la pila del bautismo, dice: “yo te nombro Juan'’.
• Un científico descubre cierta partícula atómica nunca antes teori zada o percibida y dice: “esta partícula se llamará quark”.
Todos estos actos nos parecen aceptables, en cuanto a las situacio nes en que se dan, las condiciones de validez que conocemos en nues tras comunidades lingüísticas y las formas adoptadas para realizarlos. Son actos de denominación, tal como los hemos definido.
LA UNIDAD DE DENOMINACIÓN 4 7
2.2. Las expresiones verbales del acto de denom inación
En los ejemplos anteriores, las expresiones verbales de la denominación han sido varias: “ese es un león”, “se llama león", “un león”, “hipocorís- tico”, “yo te nombro Juan", “esta partícula se llamará quark”, Pero si nos acercamos sobre todo a las ciencias y las técnicas contemporáneas, ve remos que varios otros tipos de expresiones verbales pueden aparecer en dichos actos. Por ejemplo, el frenesí armamentista ha producido deno minaciones como “proyectil aire-aire", “proyectil balístico interconti nental” y varios más; la contabilidad nos da “producto interno bruto" o “impuesto al valor agregado”; la medicina, “síndrome de inmunodefi- ciencia adquirida”, etc. En náhuatl clásico, sus especialistas nos explican que “in xochitl in cuicatl” es el nombre de la poesía, y se dice que en ale mán es posible (aunque no del todo real) la siguiente expresión: “Donaudámpferschíñfahrtsgesellschaftskapitánwitwenrentenauszahlungstag” (que quiere decir: “día de pago de las pensiones de las viudas de los ca pitanes de la Compañía de Vapores del Danubio”).
La existencia de estas unidades de denominación indica que, aun que toda “palabra” es una unidad de esta clase, no todas las unidades de esta clase son palabras, sino que pueden tener una forma más compleja o más larga. De donde se puede concluir que, si bien un acto de denomi-
Es verdad que se cometen errores de interpretación en las situa ciones en que se producen estos actos. Se cuenta, por ejemplo, que la palabra canguro, que el español tomó del inglés kanga- roo, por ser esta la lengua de los primeros exploradores occi dentales de Australia, no era la denominación aborigen de ese animal — como lo supusieron los exploradores ingleses— sino que quería decir en alguna lengua australiana 'n o te entien do". Nos podemos imaginar muy bien la escena: un explorador inglés señala al canguro y espera la respuesta de su informante; pero éste no entiende lo que quiere señalar el explorador y le contesta, lógicamente, kangaroo 'no te entiendo'; el inglés asume que esa forma es e! nombre abo rigen de! canguro. (No hay datos que permitan afirmar que ese es el origen de la palabra kanga roo en inglés — y de allí, en e! resto de las lenguas no australianas— , por lo que puede tratarse de un caso de lo que se llama "etimología popular", como se verá más adelante en este libro.)
nación que produce una unidad de denominación es una condición necesaria
para que haya palabra, tampoco es una condición suficiente para ello. Sin embargo, ahora podemos comprender por qué esa “intuición’’ de la palabra, que se manifiesta en la denominación de objetos y expe riencias, resulta tan útil a la lingüistica descriptiva y “psicológicamente válida” para tantos lingüistas: el descriptor de una lengua desconocida, que se enfrenta a ella por primera vez, no tiene otra manera de reunir un número suficiente de signos de esa lengua para comenzar su análisis, que acudiendo a la ostensión de objetos físicos presentes, cuya denomi nación espera recibir de su informante. Aquello que le permite esperar esa denominación, y no un gran discurso, es la universalidad del acto de denominación y el hecho de que las “palabras" son, ante todo, nombres.
3. P RO C ED IM IEN TO S DE O B T EN C IÓ N DE U N ID A D E S DE D E N O M IN A C IÓ N
El reconocimiento de unidades de denominación no ha formado parte, hasta ahora, del arsenal de procedimientos de investigación de la lin güística descriptiva, por el motivo explicado en el primer capítulo: la inexistencia de una teoría del signo para los creadores de esa lingüísti ca; se han basado en ese reconocimiento, como se ha venido insistien do, como apoyo heurístico de la descripción, pero no le han dado el lu gar teórico que le corresponde en la construcción de la ciencia del lenguaje. Por eso no lo considerarían un nivel de la descripción.
En este Curso, en cambio, en que se exponen los motivos y los ar gumentos para reconocer a la unidad de denominación un papel funda dor de toda la descripción, se puede considerar ese reconocimiento, a la vez, como constitutivo de un tercer nivel de análisis lingüístico, del que se derivan varios procedimientos de trabajo.
3.1. Preguntas acerca de objetos físicos m ostrados
Dado que el acto verbal de denominación es universal, se pueden deri var de ese hecho varios procedimientos que permiten al lexicólogo ob tener unidades de denominación. El más común es aquel que consiste 4 8 LA DETERMINACIÓN DE LA UNIDAD PALABRA
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en enseñar objetos físicos sencillos, existentes en la cultura material de la comunidad lingüística considerada. Es necesario aprovechar toda la situación en que se producen esos actos. Por lo general, cuando dos personas se encuentran por primera vez, o por primera vez en un día, se saludan o se presentan. Ambos actos dan lugar a unidades de deno minación, como "buenos días”, “hola”, “Grüss Gott” (algo como “que Dios esté contigo” en Alemania meridional) o “Pedro Martínez”, “su servidor, el alcalde”, etc. Todo lingüista descriptivo toma nota inmedia tamente de esas expresiones, para comenzar a recabar signos necesarios para el análisis. Puesto que el lingüista hace lo mismo, en su propia len gua, hacia su informante, se establece una situación social concreta, de comienzo de diálogo. En vez de quedarse callado el lingüista, como si fuera un juez, un testigo o un psicoanalista, el siguiente paso puede ser comenzar a mostrar objetos, nombrándolos en su propia lengua, para invitar al informante a ofrecer equivalentes en la suya. Se sigue la hipó tesis de que esas respuestas ofrecen unidades de denominación en la lengua considerada.
Tenemos un caso semejante en los siguientes ejemplos, tomados de una entrevista a una niñita huichol:1 se le muestran varios animales y se le ha ido preguntando cada vez: "¿’íki ketitital ‘¿éste qué es?’” y la niña responde “kauxaí tsiriki ‘pues es una zorra’”, en que kauxai se aísla como unidad de denominación de la zorra; a “¿’iki tal ‘¿y éste?’”, responde
"miki ta maye ‘ese es un león'” (maye); “¿ketiüta ‘ikil - erepante" (un ele fante, con el hispanismo).