El discernimiento en confrontación con Jesús, hombre para Dios y para los demás, nos ha de iluminar sobre cómo hemos de ser hombres de Dios para los demás. El discernimiento cristiano consiste en disponerse para dejarse llevar por el Espíritu de Dios, que nos ha sido prometido, “Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa…” (Jn 16,13), de esta manera “…conoceréis la verdad y la verdad os hará libres” (Jn 8,32), “porque el Señor es Espíritu, y donde está el Espíritu del Señor, allí está
la libertad” (2Co 3,17). Esta libertad es la que quiero anunciarles, a todos ustedes mis
amigos “pecadores”, porque estamos llamados a una libertad que nosotros mismos hemos
251 Ver. Burggraf “Libertad”, en:Izquierdo, César (dir), Diccionario de teología, 573. 252
El examenvalora el acierto de las opciones personales, a través del discernimiento de los efectos afectivos y efectivos que llevan consigo dichas opciones. Es evaluar, intentar valorar (medir) el grado de implicación de la persona en los valores y, en general, en el proceso de su crecimiento integral, lo que facilita el proceso de aprendizaje y madurez durante toda la vida.
malbaratado y malempleado. El Espíritu de Jesús nos da la posibilidad de cambiar la mirada, de situarnos en la realidad de un modo distinto, desde la libertad liberada.
El hombre puede ser libre porque tiene un norte y sólo un norte puede unificar la pluralidad constitutiva del ser humano, impidiendo que una de sus dimensiones esclavice a las otras; entonces si el hombre puede ser libre, debe serlo o al menos intentarlo. “Nadie deja de ser libre por el hecho de seguir un camino necesario que le lleva a un fin querido por él mismo. De esta forma se manifiesta que la elección es sólo un acto secundario de la libertad. El
acto primordial es el amor”253; es así como “la auténtica libertad se ejerce en la fidelidad a
las promesas. Pero la verdadera fidelidad por otro lado, no es posible sin libertad, sin un amor siempre renovado”254.
Quiero terminar este apartado con una invitación a dejar la indiferencia, para poder descubrir cada día los movimientos internos que nos llevan a una vida auténtica o inauténtica, gracias a nuestra libertad, puente y obstáculo entre Dios y nosotros; dejar la indiferencia para comprometernos con Dios y mantenernos fieles hasta el fin, porque “una persona capaz de hacer una promesa y mantenerse fiel a ella durante toda la vida, es una
persona libre”255; dejar la indiferencia para ser más sensibles a la realidad que nos rodea y a
ejemplo de Jesús ser extremadamente sensibles, antes que a los propios deberes, a las necesidades de los otros, pues “Jesús era uno de los pocos que pasan por este mundo siendo fieles a la ética de la necesidad de todo el que sufre, por la causa que sea, aunque se trate de
los que sufren por su propia culpa”256. Eso es lo que de verdad le importó y le interesó a
Jesús, porque se dio cuenta como nadie de que, en última instancia, en la felicidad o el sufrimiento de los seres humanos es donde nos jugamos el problema de la trascendencia, es decir el problema de nuestro encuentro o alejamiento de Dios257, en donde juega un papel importante la libertad, el pecado y la gracia.
253 Ver. Burggraf “Libertad”, en:Izquierdo, César (dir), Diccionario de teología, 573. 254 Ver. Ibid., 574.
255 Ver. Ibid.
256 Castillo, Víctimas del pecado, 215. 257 Ver. Ibid., 217.
CONCLUSIONES
Al terminar este gratificante trabajo, no podría explicitar lo que concluyo, si pretendo
encerrar como en una burbuja los pequeños y grandes “insights” para mostrarlos como
objetos de museo. Quiero simplemente compartir los puntos de llegada que se convierten hoy en puntos de partida para un estudio cada vez más profundo de la literatura, desde un oasis como La vida es sueño; de la teología, desde el recorrido teológico-doctrinal de la
libertad, el pecado y la gracia; y, de la vida cotidiana de un sujeto, desde su anhelo de plenitud y búsqueda de autenticidad, que no sería posible sin el ejercicio constante del discernimiento, como educación responsable de la libertad.
Desde el ámbito de la literatura podríamos decir que toda obra artística pone en juego, tanto para el autor como para el lector, la condición personal del sujeto y la develación de sus más profundos misterios. En tal sentido la literatura, “con sus múltiples virtualidades estéticas e intencionales, permite indagar “diversos niveles de trascendencia”, dada su
potencialidad para “suscitar en el espíritu… vibraciones que los conceptos claros y distintos
no suelen producir258. En esta medida, el escenario para un diálogo entre la teología y el arte está y estará siempre disponible. Por parte de la reflexión propiamente teológica, ha habido una constante preocupación, y en especial desde el Vaticano II, por aproximarse a la cultura y sus diversas expresiones.
Cabe recordar que es inherente a toda gran literatura, y a todo gran arte, una función humanizadora y una manifestación de la trascendencia sagrada. En el caso particular de la expresión teatral, que “empieza (…) con la aparición del hombre sobre la tierra y sigue,
episodio por episodio su camino”, se puede bien decir que es la misma expresividad de la
historia humana en tal función y manifestación. Con ello se entiende que todo gran
dramaturgo busque “los significados más recónditos y sutiles” en la misma vida y sus
258 Blanch, El espíritu de la letra, 8.
conflictos, “y, gracias a la magia del escenario, los transforma en un patrimonio común para todos”259.
Bernard Lonergan, con su propuesta de vuelta al sujeto, amplía el horizonte del teólogo a la hora de elaborar la teología en dos fases: la primera, una teología mediadora (Investigación, Interpretación, Historia y Dialéctica), y la segunda, una teología mediada (Fundamentos, Doctrinas, Sistematización y Comunicación). Es así como desde el ámbito de la teología, se podría hablar de la libertad, el pecado y la graciacomo “invariantes” de la salvación; y del pecado, la gracia y la conversión como “diferenciales” de la libertad humana. En esta medida, se logra pasar de una teología fundamental a una teología espiritual (discernimiento): lo que funciona en abstracto, desde las categorías, funciona en lo concreto desde la espiritualidad.
Con lo anterior, hemos justificado la pertinencia y posibilidad de nuestro proyecto sobre la base de la función humanizadora y la presencia de la trascendencia en la obra literaria, y hemos manifestado cómo, en La vida es sueño de Pedro Calderón de la Barca, situamos sobre un centro de interés, referido a las categorías, presentes en aquel tiempo y actuales hoy: la libertad, el pecado y la gracia. Esbozada la preocupación particular de Calderón por estos temas, que siguen siendo actuales para la teología, fue fecundo abordar un acercamiento a la obra de Calderón desde una lectura creyente, teológica, de la misma, convencidos de la potencialidad humanizadora y trascendental que nos ofrece la literatura. Con estos elementos, en La vida es sueño se hace presente una problemática vigente aún hoy día. El Segismundo de ayer sigue presente en el Segismundo de hoy y al dilucidar la actualidad del sentido y valor, de la libertad, el pecado y la gracia, a partir de la obra La vida es sueño de Pedro Calderón de la Barca, para descubrir los dinamismos internos que le permiten al hombre alcanzar la autenticidad, teniendo en cuenta que “la autenticidad humana no es algo como una cualidad pura, alguna serena libertad a salvo de todo
259 Sopena, Historia del teatro, 7.
descuido, de toda equivocación, de todo error, de todo pecado”260, cobra un sentido real y
concreto el discernimiento en la vida del hombre.
El Sujeto, en su deseo implícito de trascender, va constituyéndose un ser auténtico en la medida que opera con el deseo de entender; de entender correctamente, de afirmar lo real y de alcanzar lo que es valioso. ¡Ser auténtico, demanda un ejercicio constante de decisión! Por esto es imposible hablar de autotrascendencia y autenticidad, sin recordar las operaciones del sujeto. Hablar de autenticidad es hablar de la conversión moral y al abordar la autotrascendencia, la enmarcamos en el nivel del sujeto existencial que se pregunta por lo que es verdaderamente valioso. Al alcanzar su autotrascendencia, el sujeto existe auténticamente; y este dinamismo humano de autotrascendencia lo lleva al desarrollo de la autenticidad personal y comunitaria.
Desde el ámbito del sujeto, es bueno recordar el principio y fundamento como punto de partida y de llegada de toda vida auténtica:
"El hombre es creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor, y mediante esto salvar su alma; y las otras cosas sobre la faz de la tierra son creadas para el hombre, y para que le ayuden en la prosecución del fin para el que es creado. De donde se sigue que el hombre tanto ha de usar de ellas, cuanto le ayudan para su fin, y tanto debe quitarse de ellas, cuanto lo impidan. Por lo cual, es menester hacernos indiferentes a todas las cosas creadas, en todo lo que es concedido a nuestro libre albedrío, y no le está prohibido; en tal manera que no queramos de nuestra parte, mas salud que enfermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que corta, y por consiguiente en todo lo demás; solamente deseando y eligiendo lo que más nos conduce para el fin que somos creados"261.
Esto que San Ignacio expone como un dato básico, que debe integrar todo ser humano, se presenta en su dimensión teológica; tiene presente el mundo fundado y conservado por el amor de un Creador; puesto, ciertamente, bajo la esclavitud del pecado, pero liberado por Cristo, quien, con su crucifixión y resurrección, quebrantó el poder del maligno para que el
260 Lonergan, Método en teología, 252.
mundo se transforme según el designio divino y llegue a su consumación. Así actualiza el concepto con dos hechos básicos en la historia del hombre: el pecado de nuestros primeros padres, que nos marcó con el pecado original, y la Redención de Nuestro Señor Jesucristo, que restauró la vocación del hombre para su salvación.
El peligro ahora es confundir la indiferencia, de la que nos habla San Ignacio, -que es el objetivo por excelencia durante la vida terrenal-, con la apatía de no reaccionar frente a la problemática del pecado y de la propia conversión, separándonos, por omisión, del plan de Dios respecto de nuestra salvación. Dios espera una respuesta libre a su amor: “una persona que es capaz de hacer una promesa y mantenerse fiel a ella durante toda la vida, es
una persona libre”262. El discernimiento, hace posible esta libertad. Toda persona que sienta
en el fondo de su ser un llamado genuino a ahuyentar lo que la distrae del fin y a disipar el ruido que le impide escuchar la voz de Dios; toda persona que se mantenga en este ejercicio permanente que prepara al cristiano para vencer el mal, cree en lo que podría llamarse autenticidad: buscar por todos los medios cultivar la fidelidad, para llegar a ser algún día lo que fuimos en nuestra esencia original, ¡imagen y semejanza de Dios! Lo anterior, enmarcado en un camino, el camino de seguimiento a Jesús, nos lleva a una dimensión verdaderamente profunda.
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ANEXO A
ANEXO B MONÓLOGO 1 Apurar, cielos, pretendo,
ya que me tratáis así, qué delito cometí
contra vosotros naciendo; aunque si nací, ya entiendo qué delito he cometido; bastante causa ha tenido vuestra justicia y rigor, pues el delito mayor
del hombre es haber nacido. Sólo quisiera saber,
para apurar mis desvelos (dejando a una parte, cielos, el delito de nacer),
-qué más os pude ofender para castigarme más? ¿No nacieron los demás? Pues si los demás nacieron, ¿qué privilegios tuvieron que yo no gocé jamás? Nace el ave, y con las galas que le dan belleza suma, apenas es flor de pluma, o ramillete con alas, cuando las etéreas salas corta con velocidad, negándose a la piedad del nido que deja en calma; ¿y teniendo yo más alma, tengo menos libertad? Nace el bruto, y con la piel que dibujan muchas bellas, apenas signo es de estrellas (gracias al docto pincel, cuando atrevido y cruel la humana necesidad le enseña a tener crueldad, monstruo de su laberinto;
¿Y yo, con mejor instinto, tengo menos libertad? Nace el pez, que no respira, aborto de ovas y lamas, y apenas bajel de escamas sobre las ondas se mira, cuando a todas partes gira