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Con el retorno a la democracia y el establecimiento de un sistema bipolar de coaliciones políticas, los partidos comienzan a re-ocupar la arena política intentando articular los intereses y demandas de la población. En efecto, las activistas vinculadas a los partidos políticos, organizadas en la Concertación de Mujeres por la Democracia (CMD), tuvieron un rol relevante en la creación del SERNAM y en que el gobierno de Aylwin haya hecho un compromiso al menos retórico con la igualdad entre mujeres y hombres. Sin embargo, tal impulso inicial como nota Baldez, se agotó a poco andar debido a dentro de las coaliciones y de los partidos que las constituyen existen divisiones especialmente en cuanto a los temas sociales, incluyendo los que refieren a la familia y el rol de mujeres y hombres en la sociedad (Baldez, 1999). La necesidad de buscar acuerdos amplios para implementar políticas finalmente promueve el pragmatismo, la moderación y la negociación política en función de consensos contingentes.

Los partidos de la Concertación en general han sido más activos que los de la Alianza a para poner en la agenda pública las discriminaciones hacia las mujeres. Pero la propia Concertación sufre divisiones internas entre un sector “conservador” y otro “progresista” que dificulta internamente la conformación de una agenda consensuada sobre el tema. Baldez lleva más al extremo este argumento, señalando que “(…) La política de la

Concertación en los años 1990 puede explicarse como resultado de los esfuerzos del Partido Demócrata Cristiano por recuperar el control de la agenda política de las mujeres, por movilizar a las mujeres como un electorado leal al partido, y por limitar la capacidad de los partidos izquierdistas, en especial el PS y el PPD, para ser percibidos como representantes de los intereses de las mujeres”53. Si existe una pugna entre los partidos de la Concertación respecto de los marco-normativo ideológicos que pretenden representar a las mujeres, su capacidad para impulsar una agenda política en torno a la igualdad entre los sexos se debilita.

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Baldez, L. (1999). La política partidista y los límites del feminismo de estado en Chile. En P. Drake, & I. Jaksic, El modelo chileno: democracia y desarrollo en los noventa (págs. 407-433). Santiago: LOM Ediciones, pág. 417.

Particularmente, los partidos de centro-izquierda y los think tanks vinculados a ellos, han hecho algunos intentos por levantar una agenda progresista en términos de igualdad de entre mujeres y hombres. Quizás el más notable el documento de propuesta de política “Por una presencia sustantiva de la mujer en el espacio público”, publicado por las fundaciones Chile21 y Friedrich Ebert con el apoyo del PNUD, que se basa en una conceptualización del género como proceso de normalización social54 y que se “plantea la necesidad de

avanzar en una agenda de igualdad de género que incorpore también a los hombres”55.

Pero no han encontrado el apoyo suficiente al interior de la Concertación para impulsar una agenda ambiciosa en términos de igualdad entre los sexos, como la contenida en dicho documento.

Además de los problemas ideológicos entre y al interior de las coaliciones, existen algunos elementos institucionales del sistema político nacional que vuelven a los partidos y su representación parlamentaria inherentemente débiles en materia legislativa y fiscalizadora. El fuerte presidencialismo presente en el sistema político Chileno se expresa, entre otros aspectos, en que el ejecutivo tiene una gran capacidad de maniobra sobre la agenda legislativa, al manejar las prioridades de discusión de los proyectos. El parlamento, por su parte, no puede introducir propuestas de ley que comprometan recursos públicos y cuenta con menos recursos económicos para elaborar proyectos de ley sólidos argumentativamente hablando que el ejecutivo. Por otra parte, el sistema electoral que privilegia el poder de veto de la minoría, dificulta la generación de los acuerdos políticos necesarios para legislar en torno a ciertas materias y pone incentivos para que el ejecutivo priorice las leyes que si suscitan el consenso necesario para ser aprobadas. “Sin duda, esta tendencia a buscar

consensos para definir una agenda de reformas atenta contra la posibilidad de deliberar

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Señala que las reflexiones del documento se basan en el reconocimiento de la existencia de un “sistema de género” y luego dice que “hace referencia a los procesos y factores que regulan y organizan la sociedad, con

dos consecuencias: uno, que ambos sexos sean, actúen y se consideren diferentes, al mismo tiempo que determina cuáles áreas sociales serán competencia de uno y cuáles de otro y dos, hace que uno de los dos sexos, en este caso el femenino, se ocupen de la crianza de hijas e hijos hasta que alcancen la madurez”

(Fundación Chile 21; Fundación Fiedrich Ebert, 2007, págs. 10-11).

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Fundación Chile 21; Fundación Fiedrich Ebert. (2007). Por una presencia sustantiva de la mujer en el espacio público. Propuesta Pública (9), pág. 7

acerca de ámbitos normativos que buscan un camino más liberalizador respecto de los derechos de las mujeres”56

.

Entonces, se concluye que los partidos políticos y el parlamento son un actor débil en el campo en que se construye la agenda de igualdad entre los sexos, producto de sus divisiones internas y de las reglas del juego del sistema político.

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