CHAPTER 4. PRESENTATION OF RESULTS
4.2 Results pertaining to Research Question 1
4.2.2 Respondent views from Research Question 1
Para entender el concepto del protagonismo y en particular el protagonismo de los niños, niñas y adolescentes, seguiremos la ruta de análisis de Alejandro Cussiánovich, maestro fundador de la Maestría de Política Social con mención en Promoción de la Infancia de la UNMSM.
El concepto fue desarrollado por Cussiánovich a partir de las experiencias mismas del protagonismo del movimiento obrero en el Perú y en especial, el movimiento de niños, niñas y adolescentes trabajadores fundado hace casi 40 años.
La experiencia ha revelado que asistimos a un nuevo paradigma en la visión de la infancia, que refuta desde la práctica los llamados “viejos paradigmas de infancia” que sustentan visiones de niños, niñas y adolescente en miseria y vulnerabilidad, peligrosos para sí mismos y para la sociedad; u otras que le otorgan la condición de objeto de propiedad de sus familias, del Estado o de las instituciones, pero nunca libre ni autónomo. Incluso, más allá del paradigma de la Protección Integral, implícito en la Convención sobre los Derechos del Niño, el paradigma de la participación protagónica reivindica para y con los niños, niñas y adolescentes su condición de sujetos sociales de derecho y con ellos el pleno reconocimiento de su actoría social y política. Otros autores han contribuido a dar contenido a este paradigma, entre ellos Enrique Jaramillo, quién siguiendo a Cussiánovich (2003) aporta a una definición.
“Siendo reiterativo, el protagonismo, es un nuevo paradigma referido a la participación de los niños, niñas, adolescentes, jóvenes; y al ser humano en general. El protagonismo es una característica esencial del ser humano, ya que éste – el ser humano- ha nacido para ser alguien en la vida, para ser uno mismo, para no ser un inferior o ciudadano de tercera categoría o segundón, sino para ser iguales o idénticos, no obstante las naturales diferencias de cada uno de los seres humanos. El protagonismo, por tanto, es una condición inherente a las sociedades y a los individuos. Es un derecho humano inalienable e irrenunciable. En suma, el protagonismo, reconoce al niño, como actor social, sujeto social de derechos, sujeto económico y político”. Como afirma Alejandro Cussianovich: “Ser protagonista, desarrollar una personalidad protagónica, devenir en un actor social, es tener dignidad y estar en la capacidad de amar y ser amado” (2003:16), en la familia, la comunidad y la sociedad en su conjunto.
Para profundizar en el tema, Jaramillo (2005) presenta la etimología del término protagonismo:
Protos – prota.- Este prefijo griego sugiere, según los casos, la idea de
adelante, antes de, primero, por delante, posprimero, a favor de, e incluso, en vez de. Por ejemplo: proteios, proteia, proteion (masculino, femenino, neutro) significa algo de “primera calidad”.
Gonimos.- Viene de gonos o de goneuo, y significa fecundo, productivo,
generativo. Entonces “protagonismo” viene, en esta vertiente, de juntar prota más gonismo.
Arjo-Arjeuia-Arje.- Si se junta prota más arjeuo = protagonista, con todos los
matices, se comprende por qué seguimos pensando que esta categoría recoge bien la complejidad conceptual y práctica de ser y de crecer como protagonistas en la historia.
Arjeón: Significa “lugar de encuentro”, “residencia de los magistrados o
principales”, “cuartel general”, “palacio de gobierno”, “cargo”, “autoridad”. Si notamos bien, todas estas acepciones tienen que ver con un tipo de poder, de responsabilidad y de dirección. (pág. 57 y pág. 58)
Para Cussianovich (2007), el protagonismo “…expresa una realidad in fieri, hecha parcialmente, haciéndose gradualmente e incoactivamente por hacerse…por ello podemos decir que el protagonismo se nos presenta en primer lugar como una necesidad implacable de la especie humana y de cada individuo y por ello mismo como un derecho inherente a la condición humana y a los pueblos. Lo que pone por delante el paradigma del protagonismo, es a la persona como actor social”.
Del mismo modo, Alejandro Cussiánovich (2007), afirma lo siguiente: “Es necesario tener en cuenta que protagonismo siempre evocará una afirmación del sujeto como actor social, individuo, persona en lucha permanente por transformar el orden establecido cuando éste implica negación del otro, sumisión a roles impuestos, escisión entre razón y sujeto, entre sujeto y situaciones sociales, entre sujeto y relaciones de dominación, entre sujeto
como singularidad y como movimiento social, entre su condición privada y pública”.
Si es una construcción en la vida de la persona y de la sociedad, tal como lo revela la experiencia de los niños trabajadores, entraña un concepto afín, el de la personalidad protagónica, para aludir al proceso gradual que los niños, niñas y adolescentes desarrollan e instalan en sus vidas, marcado por valores y modos de ser y hacer para sí mismos, sus organizaciones y sociedad en general.
Y como nos vuelven a recordar los niños trabajadores organizados en el MNNATSOP (Movimiento Nacional de Niños, Niñas y Adolescentes Trabajadores Organizados del Perú) en su declaración de principios del año 2000: “Una personalidad protagónica no puede ser entendida como personalidad autoritaria. Muy por el contrario, la caracterizan como humilde, con autoestima; flexible, con identidad propia; tolerante, con convicciones fundamentales; emprendedora, con iniciativas sólidas; responsable, con gran imaginación; solidaria en la promoción del protagonismo de los demás” (art. 16) y en el art. 15: “Ser protagonista es para nosotros una responsabilidad que nos exige calidad, excelencia en las iniciativas, en las opiniones, en las propuestas que hagamos para que éstas tengan fuerza social, posibilidades de acogida”.
Existen condiciones que favorecen la instalación progresiva de este nuevo paradigma, como son los derechos, la conciencia creciente de la ciudadanía, los diversos ámbitos y espacios para la participación inclusiva para la niños, niñas y adolescentes. Sin embargo, las tendencias actuales en relación al reconocimiento de sus libertades políticas, a la valoración de su acción pública y a su presencia en todos los espacios de la sociedad, siguen siendo “conservadoras”, en concordancia con los viejos paradigmas de infancia que no se renuevan por el peso del patriarcalismo y adultocentrismo en las familias y en todas las instancias de poder en donde precisamente el discurso de la igualdad y los derechos ha calado, pero solo para los adultos.
La negación del ejercicio de la participación a los niños, niñas y adolescentes profundiza la división generacional amparada precisamente en la desigualdad y la exclusión, disfrazada en muchos casos de un discurso proteccionista.