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3.5 FORCE AND POWER REQUIRED

3.5.5 Response Surface Methodology (RSM)

Los párrafos en los que se realiza el análisis del precepto ético “No matarás” (Párrafos 17 a 20) concluyen, en BB, con unas líneas enigmáticas:

Permítanme que los lleve a uno de nuestros bellos balnearios me- ridionales. Allí hay viñedos con suculentas uvas. En estos viñedos también hay serpientes oscuras y gruesas, por cierto, animales to- talmente inofensivos llamados culebras de Esculapio. También hay letreros de prohibición en estos viñedos. En uno de ellos leemos: “A los huéspedes del balneario se les prohíbe terminantemente que se metan en la boca la cola o la cabeza de las serpientes”. Sin duda, ustedes dirán que esta prohibición es totalmente absurda y superflua porque tal cosa no se le ocurriría a nadie. Tienen razón. También vemos otros letreros de prohibición, en los que se ad- vierte no coger uvas. Esta prohibición la consideramos más justi- ficada. Pero no, no nos engañemos. Entre nosotros no hay un re- chazo instintivo al asesinato. Somos los descendientes de una larga serie de asesinos. El deseo de matar lo llevamos en la sangre (...) (Párrafo 20)

Presentimos que el ejemplo de las serpientes quiere decir algo más que lo que deduce Freud. Si el letrero de prohibición está ahí es porque alguien, al menos uno, alguna vez se llevó a la boca una serpiente. La prohibición nos recuerda que ha habido transgresión. Y abre al deseo la posibilidad de volver a transgredir...

¿Conocería Freud el famoso pasaje de Nietzsche (1972, pp.227-228) en

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Y, en verdad, lo que ví no lo había visto nunca. Ví a un joven pastor retorciéndose, ahogándose, convulso, con el rostro descompuesto, de cuya boca colgaba una pesada serpiente negra.

¿Había visto yo alguna vez tanto asco y tanto lívido espanto en un

solo rostro? Sin duda se había dormido. Y entonces la serpiente se

deslizó en su garganta y se aferraba a ella mordiendo.

Mi mano tiró de la serpiente, tiró y tiró: ¡en vano! No conseguí arrancarla de allí. Entonces se me escapó un grito: “¡Muerde! ¡Muerde!”

“¡Arráncale la cabeza! ¡Muerde!” – este fue el grito que de mí se es- capó, mi horror, mi odio, mi náusea, mi lástima, todas mis cosas buenas y malas gritaban en mí con un solo grito. (...)

-Pero el pastor mordió, tal como se lo aconsejó mi grito; ¡dio un buen mordisco! Lejos de sí escupió la cabeza de la serpiente: -y se puso en pie de un solo salto.-

Ya no pastor, ya no hombre, ¡un transfigurado, iluminado, que reía! ¡Nunca antes en la tierra había reído hombre alguno como él rió! El llevarse la serpiente a la boca responde al deseo de ingerirla, de formar una unidad con ella, deseo incestuoso que acarrea la muerte. El mordisco significa la ruptura, la separación, la posibilidad de diferenciación. El deseo de formar unidad con la serpiente está representado por el pastor-deseo in- consciente: la serpiente se desliza por su garganta cuando está dormido. La ruptura está anticipada por Zaratustra, con su grito.

Para Vattimo (1989, pp.183-190) la “visión” del pastor representa una de las páginas capitales en la estructura de Zaratustra. Y el elemento central es la noción de “decisión”: “al morder la cabeza de la serpiente, decide ins- tituir y fundar el eterno retorno mismo”. La idea del eterno retorno es trascendida, sin abandonarse, de su significado cosmológico y llevada hacia su significado ético.

El acto que instituye el eterno retorno reivindica el instante en la cons- titución del eterno retorno. No se decide de algo, sino de sí, del propio sujeto

que decide. La decisión que instaura el eterno retorno se presenta al sujeto

como una verdadera disolución de sí mismo. Sólo así puede transfigurarse en un hombre nuevo. “¡Un transfigurado, iluminado, que reía!”

serpiente hacen pensar en el mito paradisíaco. El llevarse la serpiente a la boca remite a la transgresión que da origen a la subjetividad, la decisión que, en este texto, se formula como la “apuesta por la vida”.

El tema de la “apuesta” viene situado, en BB, justo después de la anécdota del niño judío que ha caído por la escalera.

Lo que quiero decir es que la vida pierde en contenido e interés cuando la apuesta máxima (cursiva mía), precisamente la vida misma, está excluida de sus luchas. (...) Acaso no es el colmo que en la vida las cosas pueden suceder como en el juego del ajedrez, donde una única jugada equivocada puede obligarnos a abandonar la partida, pero con la diferencia de que no podemos comenzar otra de des- quite. (Párrafo 7)

Glasserman (1987, p. 61) plantea la cuestión de la “apuesta” a partir del cues- tionamiento hecho por Lacan (1965) a las diferencias entre Descartes y Pas- cal. Si el cogito-sum cartesiano supone la sutura del sujeto en la racionalidad, Pascal introduce la dimensión de un Otro como algo que no es posible re- solver únicamente a partir de una formulación racional.

La verdadera apuesta del juego es este jugador: sujeto dividido, en tanto que allí interviene él mismo como apuesta, a título de ese pequeño objeto, de ese residuo que conocemos bien nosotros los analistas, comenta Lacan, bajo la forma del objeto a. Lo que se plantea es que, en el momento de la apuesta, el sujeto dividido, en realidad está haciendo su ofrenda como objeto. Está posicio- nado como objeto frente al Otro, al Otro indeterminado; o sea, frente a aquel resultado del juego que, por más probabilidades calculadas que haya, evidentemente no se sabe lo que va a salir hasta que no se produce efectivamente el resultado del juego; pero es en el momento de la apuesta que el acento está puesto. En el momento donde juego “tanto”. En ese mismo instante es donde el sujeto es objeto.

¿Qué es lo que mueve al sujeto dividido a situarse como objeto, jugarse él, así, ante un Otro en el momento de la apuesta? Para Freud sería el horror al incesto. Y cuando, ya en 1897, lo formula en el Manuscrito N, la referencia es Nietzsche:

“Sagrado” es lo que descansa en que los seres humanos en aras de la comunidad han sacrificado un fragmento de su libertad sexual y

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de perversión. El horror al incesto (como algo impío) descansa en que a consecuencia de la libertad sexual (también en la infancia) los miembros de la familia adquieren cohesión duradera y se vuelven incapaces de afiliar extraños. Por eso, (el incesto) la cultura consiste en esta renuncia progresiva. Al contrario (lo opuesto) es el “super- hombre”. (1887-1894, p. 270)

¿Y quién sino el “padre de la horda primitiva” es el que aparece como con- trario (opuesto) a esta renuncia al incesto? Así lo planteará en Tótem y Tabú y, años después, en 1921, en el capítulo 10 de Psicología de las masas y análisis

del yo: “En los albores de la historia humana él fue el superhombre que Nietzs-

che esperaba del futuro”.

Freud lo sitúa, lo sabemos bien, en un tiempo primordial. Y hacia ese tiempo nos sugiere “volver”, desenmascarando lo que nuestra actitud hacia la muerte ha ido velando cuidadosamente: la realidad del odio como pulsión primitiva que llevó al asesinato del padre primordial. “No parece esto una gran conquista; más bien sería un retroceso en muchos aspectos, una regre- sión; pero tiene la ventaja de dejar más espacio a la veracidad y hacer que de nuevo la vida nos resulte más soportable.” (1915, p. 280)

Volver, pues, retroceder, regresar a ese “momento de la prehistoria”, mo- mento no cronológico aunque, obviamente, se haya constituido en un acon- tecer histórico, volver a ese momento del asesinato del padre. Volver al acto mismo, como él ha hecho, a través del trabajar en escritura de Tótem y Tabú. Trabajar que es reelaborar. Ducharbeiten.

Y un trabajar que continúa ahora en esta doble escritura: Pulsiones y esta conferencia. Reescritura, pues, continua, porque de lo contrario ese padre muerto estará vivo en nosotros sometiéndonos a su dominio sádico. Este actuar sádico del padre de la historia primordial dentro de nosotros llega a ser, para Freud, en 1923, una instancia psíquica: el superyo. Y esto es lo verdaderamente temible: llegar a ser objeto del sadismo del superyo, hasta el punto de llegar a formular que el miedo a la muerte es, en realidad, miedo al superyo.

Volver al momento del parricidio. Instaurar simbólicamente ese mo- mento. Dicho de otra manera: apostar por la vida y, así, hacerla soportable. Pues de soportar la vida se trata, el primer deber de todo viviente. La vida por la que se apuesta, “la máxima apuesta en el juego de la vida, que es la vida misma”. Apuesta singular, única, irrepetible, en la que la vida misma se disuelve en aras de aquello por lo que se apuesta, según la divisa de la Hansa: “Navigare necesse est, vivere non necesse”, en la clara conciencia de que las cartas de navegación que hemos usado hasta ahora – Machado nos lo re- cordaba – no nos sirven.

RESUMEN

La reciente publicación dé la conferencia pronunciada por Freud el 16 de febrero de 1915 en la Asociación Cultural Judía B’nai B’rith de Viena, con el título “Nosotros y la muerte’, muestra que el contenido de la misma puede considerarse como una primera escritura de la segunda parte de “Consideraciones de actualidad sobre la guerra y la muerte”,

La confrontación de ambos textos puede organizarse alrededor de tres temas: 1. La decepción (Enttäuschung) ante la guerra como experiencia que remite a la

desmentida o renegación (Verleugnung) de la muerte. La renegación de la muerte caracteriza, para Freud, el momento actual del desarrollo de la civilización. 2. La percepción de la muerte del ser amado (y, al mismo tiempo, odiado) como

la experiencia singular que no permite renegar de la muerte. Pues la propia muerte no tiene posibilidad de inscripción en la psiquismo.

3. La “apuesta por la vida” como opción ática que da acceso al surgimiento de la subjetividad.

DESCRIPTORES:SIGMUND FREUD / MUERTE / GUERRA / JUDIO / PULSIÓN / REPRESIÓN / AMBIVALENCIA / DESMENTIDA / PARRICIDIO.

SUMMARY

Commentary on a recently published text by Freud: «We and death»

The recent publication of the lecture given by Freud on the 16th of febrary, 1915, in the Jewish Cultural Association of Vienna B’nai B’rith entitled “We and Death” shows that the content of the same can be considered a first draft of the second part of “Present thoughts on war and death”.

The comparison of the two texts is made with reference to three topics:

1. Deception or disillusionment (Enttäuschung) with war as an experience which leads to the disavowal or denial (Verleugnung) of death. Disavowal of death cha- racterises for Freud the present moment in the development of civilisation. 2. Perception of the death of loved ono (at the same time, the hated one) as the

singular experience which does not permit the disavowal of death, since one’s own death cannot be inscribed in the psyche.

3. The “stake iii life” as the ethical option which gives rise to the emergence of sub- jectivity.

KEYWORDS:FREUD, SIGMUND / DEATH / WAR / JEW / DRIVE / REPRESSION / AMBIVA- LENCE / DISAVOWAL / PARRICIDE.

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RESUMO

Anotações sobre um texto de Freud que apareceu recentemente: "Nós e a morte A recente publicação da conferência ministrada por Freud, em 16 de fevereiro de 1915, na Associação Cultural Judia B’nai B’rith de Viena, com o título “Nós e a morte’, mostra que o conteúdo da mesma pode ser considerado como uma primeira escritura da segunda parte de “Considerações de atualidade sobre a guerra e a morte”; confrontando-se ambos os textos estes podem ser organizados ao redor de três temas:

1. A decepção (Enttäuschung) ante a guerra como experiência que remete à des- mentida ou à renegação (Verleugnung) da morte. A renegação da morte carac- teriza, para Freud, o momento atual de desenvolvimento da civilização. 2. A percepção da morte do ser querido (e, ao mesmo tempo, odiado) como expe-

riência singular que não permite renegar da morte, pois a própria morte não tem possibilidade de inscrição no psiquismo.

3. A “aposta pela vida” como opção “ática” que dá acesso ao surgimento da subje- tividade.

PALAVRAS-CHAVE:FREUD, SIGMUND / MORTE / GUERRA / JUDEU / PULSÃO / REPRESSÃO / AMBIVALÊNCIA / DESMENTIDA / PARRICÍDIO.

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(Hay ediciones incompletas de la correspondencia en Freud, S. Obras completas. vol. 9. Traducción de Luis López Ballesteros. Madrid. Biblioteca Nueva y en Freud, S. Obras Completas. vol. 1, pp. 211-446. Traducción de José Luis Etcheverry. Buenos Aires. Amorrortu. 1982)

Freud, S. (1900). La interpretación de los sueños. En Obras Completas. Traducción de José Luis Etcheverry. vols. 4 y 5. Buenos Aires. Amorrortu. 1982. En adelante, citaré esta edición indicando sólo fecha de publicación original, volumen y páginas.

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Freud, S. (1911). Puntualizaciones psicoanalíticas sobre un caso de paranoia (Dementia paranoides) descrito autobiográficamente. vol. 12, 11-76

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Freud, S. (1915a). Pulsiones y destinos de pulsión. vol. 14, 105-134.

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Freud, S. (1927). Fetichismo. vol. 21, 141-151

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Vattimo, G. (1989). El sujeto y la máscara. Nietzsche y el problema de la liberación. Bar- celona. Península.

*Eduardo Chamorro

Quiero, en primer lugar, agradecer al Comité de Redacción de la Revista de

Psicoanálisis de la Asociación Psicoanalítica Argentina y, en especial, a su di-

rectora, Claudia Lucía Borensztejn, su interés por publicar mis “Anotacio- nes…” en este número dedicado a “Nosotros y la muerte”.

Después de casi veinte años, vuelvo a leer aquel artículo y me pregunto qué de lo que entonces expresé invita a ser visitado otra vez con motivo de su nueva publicación.

Permítaseme volver hacia esos años y rescatar algunos recuerdos. El ar- tículo forma parte de un número monográfico sobre “La Guerra” que apa- reció en la Revista de Psicoanálisis de Madrid, de la Asociación Psicoanalítica de Madrid, en Mayo de 1991, coordinado por Mechthild Zeul, quien, no sin esfuerzo, convocó a un grupo de amigos para, recuerdo sus palabras, “es- cribir algo ante la situación tan espantosa que estamos viviendo”.

Se trataba de la Guerra de Irak. Así la denominábamos entonces y ahora – tristísimo devenir de esa población – la denominamos ya la “Primera Gue- rra de Irak”, consecuencia de la invasión iraquí de Kuwait el 2 de agosto de 1990. A partir de aquella fecha vivíamos en la total (in)seguridad de que Irak sería invadido. Fueron meses de pesadilla, hasta que, en enero del año si- guiente, una coalición internacional comenzó la guerra que acabaría en poco tiempo con el régimen iraquí. Fue en aquel clima espantoso en el que fuimos redactando nuestros artículos.

Con respecto al mío, no fue difícil la elección del tema. Como digo al comienzo del artículo, acababa de publicarse la traducción al español de la conferencia de Freud, “Nosotros y la muerte”, del 16 de febrero de 1915. Leyéndola se me imponía una confrontación con el artículo “Consideracio- nes de actualidad sobre la guerra y la muerte”, que Freud escribiría poco después, entre marzo y abril.

La conferencia coincidiría en gran parte con los contenidos de la segunda parte del artículo. Pero nos permitía acercarnos a un Freud conferenciante

que se volvía a encontrar con sus “hermanos judíos”, en la sede de la B’nai B’rith, a la que acudía quincenalmente desde hacía años y donde había pro- nunciado algunas conferencias… Pero esta ocasión era muy distinta. Todos estaban conmocionados por el estallido de la guerra y bien conscientes de las consecuencias tan terribles que ya estaban sufriendo y que podrían sufrir en adelante. Sólo así podemos explicarnos ese tono peculiar que utiliza Freud, entre irónico y solemne, adelantándose a las posibles reacciones de su público y “desviándose” cada dos por tres al recurso de los chistes judíos y las anécdotas pintorescas… Sabía bien que la reflexión sobre la guerra que traía a sus hermanos suscitaba muchas resistencias.

Reseñemos, en primer lugar, la constatación que hace Freud: el tema del que va a hablar –“la horrible guerra” – no es un tema que haya podido elegir, se le ha impuesto. El horror ante la guerra ha tenido ya una consecuencia gravísima: la privación del sentido de orientación en la vida. “Les ruego que no piensen que fue por un capricho el que haya escogido un título tan ho- rrible para mi conferencia (…) Es una consecuencia de la horrible guerra que impera con su furia en estos tiempos y que nos está privando a todos de la

orientación en la vida.”

De ahí que, entre las frases seleccionadas como lema del artículo, haya elegido un texto especialmente significativo. Se trata de las primeras líneas con las que se abre un cuaderno de notas – más tarde denominado “Los com- plementarios” – que escribe Antonio Machado en 1918 y en donde irían que- dando breves párrafos, líneas, o, incluso, palabras sueltas. El primer párrafo es una reflexión sobre la guerra. Y la primera palabra: “Desorientación”.

La experiencia de la guerra impulsa a Freud a subrayar esa sensación glo- bal de desorientación y, a partir de ahí, a preguntarse por qué la guerra, por qué las guerras… La pregunta es ya un intento por salir del impacto que la guerra ha producido, por reorientarse en la vida.

Y Freud responde: esa desorientación no es sólo un efecto de la magnitud de la guerra, de lo incontrolable de la misma, sino que se produce porque la guerra no nos permite ya desmentir la muerte. Ya no podemos compor- tarnos como si la muerte fuera algo que podemos “ignorar”. “En general, nos comportamos como si quisiéramos eliminar la muerte de la vida”. Este es, a mi juicio, el tema central del artículo. Y la “argumentación” con la que Freud estima que cobra fuerza la suposición que había planteado muy poco antes, en su mito de Tótem y Tabú (1911-1913): la existencia de una anestesia del pensamiento que llevaba al “hombre primordial” a deshacerse de su ene- migo en tanto en cuanto no era considerado prójimo. Así desmentía a la muerte. Esa crueldad del hombre primordial ha permanecido oculta, repri-

mida, y ahora, en la guerra, vuelve a aparecer, sobre todo cuando experi-

mentamos la muerte de nuestros seres queridos. En la situación actual de