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1. Analizar ciertos hechos históricos que operaron como fuerzas disrupti- vas en la sociedad indígena, en la sociedad novohispana y en la sociedad emancipada, esto es, en la del México independiente, y que siguen repercutiendo en la psicología del mexicano.
2. Sentar las bases para comprender la crisis de identidad que afecta a amplios sectores de nuestra población.
En cierto sentido, toda la historia de México ha sido traumática, en parte por la abrumadora superioridad técnica de los invasores europeos que montaban a caballo, disparaban con arcabuces y cañones y portaban arma duras de acero, frente a los indios de a pie (en la América precolombina no había caballos), bajos de estatura, semidesnudos, portando flechas y lan zas fabricadas con madera y obsidiana, así como escudos de palo y cuero. Lo común era que al cabo de las batallas, el saldo fuera de miles y miles
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—muchos miles— de indios tendidos en charcos de sangre, en tanto que del lado español sobraban los dedos de las manos para contar las bajas. La experiencia no pudo haber sido más traumática.
Por otra parte, se dio un intenso "lavado de cerebro". Los europeos no se contentaron con exterminar en los campos de batalla. Su voluntad de destruir la cultura aborigen fue implacable; por más que se disfrazara de religiosidad se dio una deculturación forzosa, compulsiva: "La obsesión de la idolatría y de la herejía llegó a ser tan dominante en algunos misio neros que se les hizo sospechoso todo cuanto tuviera que ver con la civili zación del paganismo, como quiera que fuera".1 Todo lo arrasaron.
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Con el propósito de clasificar y sistematizar, vamos a destacar ocho situa ciones agudas que podemos considerar como "los ocho traumas", por antonomasia, de nuestra historia.
1. La conquista militar 2. La conquista espiritual 3. El mestizaje
4. La secularización 5. La Independencia (sic)
6. La mutilación del territorio nacional
7. La Reforma 8. La Revolución
Al término de la conquista, que se erigió sobre destrucción, saqueo y tragedias sin cuento, todo fue alterado, violentado y sometido a un implacable proceso de desintegración.
La conquista militar y religiosa "fue un cataclismo que dislocó las bases de la relación con los dioses, el cosmos, el acontecer temporal".2 Como símbolo de afirmación sádica de los europeos podemos tomar la habitual edificación de los templos cristianos sobre las ruinas del respec tivo cu: lo nuevo y extraño aplastando, desacra]izando y aniquilando lo más sagrado de los autóctonos, sus dioses.
1 Ricard, R., La conquista espiritual d e M éxico, p. 148.
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Los dioses de los vencidos se convirtieron en los demonios de los vencedores y, así, la hazaña de los europeos redundó en la destrucción de todos los valores de los naturales.
La doble conquista expulsó al indio como protagonista de la histo ria; lo borró y lo anuló. Muchos de esos hombres, desconectados del hilo de su fuerza vital, desmembrados y desarticulados, siguen existiendo, pero como sombras, como fantasmas. De tal modo que el desarraigo causó un repliegue y un desgano vital; en adelante, el lenguaje indígena sería el silencio.
La secuencia de los acontecimientos garantizaría la total decultura- ción, según lo ilustra abundantemente Enrique Florescano: "conquista - frailes - persecución de hechiceros - extirpación de la idolatría - encomienda - esclavitud".3
Situación particularmente espinosa íue la de la mujer, quien al verse forzada a unirse al español traicionaba a su raza y a su cultura. Como re sultado, sus hijos crecían a la sombra de la madre y lejos del padre (desde entonces la familia mexicana sufre de exceso de madre y de falta de padre).
El mestizo era un auténtico "hijo de su madre", esto es, no era acep tado ni en el mundo criollo al que aspiraba ni en el mundo indio que podía ofrecerle seguridad y calor.
Sin embargo, cabe notar que ya desde la época precortesiana la mujer era poco menos que cosa. Los caciques del sureste, con la mayor natura lidad, regalaron veinte doncellas a Cortés y éste tomó para sí a Malinche, con quien procrearía a Martín Cortés, el bastardo, y años después sería regalada a uno de sus amigos.
En una curiosa tensión que parece nuestro sino y fatalidad, Cortés y Cuauhtémoc perpetúan en nosotros su lucha secular.
Observemos que si durante la Conquista emerge el indio como pro tagonista del choque con los europeos, durante la Colonia es la india quien toma el papel protagónico.
Traumáticas fueron las pavorosas epidemias que diezmaron a la po blación y también lo fueron los trabajos forzados en las minas y en la construcción de palacios, templos y, sobre todo, en la construcción de los enormes conventos que adornaron los perímetros del territorio nacional y que fueron, además, fortaleza y refugio para los españoles y símbolo del poderío de cada una de las órdenes evangelizadoras.4
3 Florescano, E., op.cit., p. 151.
4 "Sólo en la provincia de M eztitlán había dos suntuosísimos conventos que jamás dieron albergue a más de 4 o 5 frailes cada uno." Cf. Ricard, R., La conquista espiritu al d e M éxico, FCE, México, 1986.
Las tres órdenes (franciscanos, dominicos y agustinos), rivalizaron entre sí para fundar pueblos, donde los naturales se mantenían separados de los españoles; y los indios les sirvieron de materia prima para un proyecto que muchos misioneros habían elaborado ya desde antes de par tir rumbo a América: una especie de ciudad celestial en la tierra.
"Para realizar un eficaz control político, un eficiente cobro de tribu tos y una mejor evangelización de los indios, el gobierno virreinal tuvo la ocurrencia de juntar a los autóctonos en poblaciones de traza europea que poco o nada tenían que ver con las actividades de los indígenas".5
Por su parte, Ricard confirma esta idea: "Todos estos pueblos se halla ban enteramente en manos de los religiosos aun en asuntos temporales".6 El Renacimiento significaba primero la crítica y luego el colapso de la cultura de la Edad Media. Se pensaba en una nueva sociedad, pero aún no se encontraba el modelo para la posible reorganización. Tomás Moro soñaba y hacía soñar con la utopía... El nuevo mundo le parecía a muchos descubridores el verdadero paraíso terrenal, y muchos misioneros cre yeron que su misión providencial era instituir en estas tierras vírgenes la sociedad paradisíaca que en la Europa sofisticada y corrupta ya no se podía realizar.
No podemos extendernos aquí sobre el particular, pero cualquiera entiende que, a causa de esta drástica separación y encierro de los indíge nas, casi 500 años después aún muchas comunidades no se acaban de inte grar a la sociedad nacional y siguen siendo —en el sentido más literal posible— "marginados".
Los españoles no supieron colonizar y la única "defensa" que se les ha dado es que hubo, en otros lugares, otros conquistadores peores que ellos.
La sociedad del virreinato —sociedad de castas, sociedad desintegrada, no era una comunidad sino una yuxtaposición de grupos— dio origen al tipo popular cínico, picaro, corrupto, destructor, el llamado pelado, el cual se colocaba frente al gachupín, que era sinónimo de privilegio, pro teccionismo y monopolio, quien a su vez se oponía al criollo, que era sinónimo de libre comercio y de lucha por medrar.
La sociedad colonial era una sociedad piramidal como la que más; dogmática, opresiva, ritual, explotadora; donde "las ejecuciones de los reos... se hacían con la solemnidad de un oficio religioso".7
5 Basave Fernández del Valle, A., Vocación y estilo d e M éxico: los fu n d a m en to s de la m exicanidad, Limusa, México, 1990, p. 313.
6 Ricard, R., La conquista espiritual d e M éxico, FCE, México, 1986, p. 320. 7 H istoria g e n e ra l de M éxico, El Colegio de México, tomo I, 1981, p. 449.
No sólo en los rudos inicios del siglo XVI, también en los siglos XVII y XVIII, los trabajadores gemían devaluados: eran "mano de obra", en el peor sentido de cosificación del hombre. Alejandro von Humboldt habría de señalar que en los obrajes —embriones o anticipos de la fábrica— los obreros laboraban y malcomían en un ambiente infrahumano, casi como animales.
Y en cuanto a los indios, "el repartimiento, a diferencia del cuatequitl precolonial, no reconoce ni hace uso de la especialización de trabajo que tenían las comunidades. En principio todos hacen lo mismo, o más bien, lo que se requiera... En el trabajo obligatorio los indios son sólo fuerza mecánica, que se aplica indistintamente a tareas cuyos objetivos los deter minan los españoles y cuya razón responde exclusivamente a los intereses de aquellos".8
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En 1753, por orden real de Carlos III se llevó a cabo la gran secularización de las doctrinas, retirando a los misioneros franciscanos, dominicos y agustinos el cuidado de los indígenas, y a raíz de esto muchos quedaron como huérfanos, en el desamparo. No habían madurado como adultos; no podían haberlo hecho ante un paternalismo dogmático y opresivo.
Hacia fines del siglo XVIII toman cuerpo los movimientos proinde pendencia; protagonizados por los criollos a favor de sus propios intereses, no a favor de los mestizos e indios; pero los primeros hábilmente alboro taron a los segundos y a los terceros, y así obtuvieron carne de cañón a precio de regalo.
Para cohesionar a una población escindida por mil desigualdades, los criollos utilizaron un símbolo religioso-patriótico: la Virgen de Guadalupe.
En su momento Hidalgo llamaría a la "Virgen mexicana" a declarar la guerra contra la Virgen española. La Guadalupana, entonces, avanzaría luchando y matando a los realistas, mientras que la Virgen de los Reme dios aplastaría insurgentes.
Ya en los primeros años de la Colonia se satanizó cualquier conato de insurrección contra la corona española. "El demonio, como perdidoso de esta tierra, que tenía por suya, ha de poner toda diligencia que pueda para
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restituirla, si pudiere".9 Si así era como presentaban las cosas al día si guiente de la Conquista, ahora, tras tantos años y siglos de "orden esta blecido", a fo rtio ri era más fácil desacreditar a los rebeldes.
Mientras tanto, el bajo clero, pobre y sometido, se convirtió en un veneno de liberales, y el alto clero, el de los privilegios, enarboló con firmeza y dureza la bandera conservadora, empeñado en presentar y en hacer presentar en pulpitos y confesionarios a los insurgentes como blas femos, herejes, sacrilegos y traidores, y en declarar la fidelidad al rey de España como un punto fundamentalísimo de la fe cristiana.
"Para amedrentar a los mexicanos que demostraban tendencias más o menos ostensibles a favor de la libertad, se recurrió a las armas que sobre las conciencias podía esgrimir todo sacerdote adicto a la domina ción española. El confesionario mismo se puso a disposición del poder civil para denunciar como reos de traición a la patria a aquellos que come tían la debilidad de decir a los sacerdotes que eran adictos a la causa de la independencia".10
El desenlace fue como de novela tragicómica: en 1820 al darse en España una revolución liberal que restringía los privilegios de la nobleza y del clero, la nobleza y el alto clero novohispanos hicieron un viraje de 180 grados y adoptaron la compasión como la causa de la independencia que con tanta saña habían combatido. Encomendaron a un activo realista, Agustín de Iturbide, para que encarnara la insurgencia y consumara la independencia, y ad hoc a aquellos que tenían la sartén por el mango les dieron todas las facilidades.
Iturbide recompensó con ascensos a quienes lo apoyaron en su ful minante campaña y en su fácil victoria, y —¡paradoja hiriente!— todos cuantos recibieron el grado de general en la nueva república habían sido realistas, excepto Guerrero. Así, al cabo de once años (de 1810 a 1821), "la independencia se ha consumado; pero sus términos son muy diferentes a los que la revolución popular había planteado. La rebelión no propugna ninguna transformación importante del antiguo régimen. Ante las inno vaciones del liberalismo reivindica ideas conservadoras. Sobre todo se trata de defender a la Iglesia de las reformas que amenazan y a las ideas católicas de su «contaminación» con los filosofemas liberales. De allí el apoyo entusiasta, incondicional, que presta la Iglesia al movimiento; lo presenta como una cruzada para salvar a la «santa religión amenazada» y
9 García Icazbalceta, J., "Cartas de Gerónimo López al R ey en 1541", en D ocum entos I, p. 148. 10 Sosa, F., Los arzobispos de M éxico, Jus, II, México, p. 160.
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a Iturbide como un «nuevo Moisés» enviado por Dios... Desde el punto de vista social es claro que el movimiento de Iturbide no tuvo nada en común con el de Hidalgo y Morelos".11
¿Paradoja? ¿Ironía? ¿Acertijo? ¿Enigma social?
En cierto modo, los indígenas (tlaxcaltecas) consumaron la conquista y los
criollos (hijos de españoles) consumaron la mdependencia.
¡El mundo al revés!
¡De veras que somos un país peculiar!
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No obstante, los traumas no habían terminado. Apenas cumplidos 26 años de la promulgación de la independencia, en el año de 1847 —cuando podríamos decir que México vivía su adolescencia— el país sufrió la bár bara mutilación de más de la mitad de su territorio. Mutilación que en la psicología del pueblo se ha considerado como una castración; los causan tes fueron los vecinos del Norte, los mismos que hoy se muestran tan solícitos de nuestro bienestar...
Entre 1854 y 1857 se dio la Reforma, mediante la cual se trató de fundar un México moderno negando su pasado, con aspiraciones a una nueva y verdadera liberación nacional.
"El mexicano no quiere ser indio ni español. Tampoco quiere descender de ellos. Los niega... la Reforma es la gran ruptura con la Madre." 12
La Reforma culminó con la elaboración de la Constitución de febrero de 1857, condenada a más no poder por la Iglesia, la cual prohibió (en marzo de 1857) que se absolviera en confesión a cualquier católico que hubiera jurado sobre la Constitución si no presentaba una retractación pública. Nuevo trauma para la conciencia religiosa del pueblo, que se vio ante la disyuntiva: ¿enemigo de mi religión o enemigo de mi Estado?
Y sigue la aventura de Maximiliano de Habsburgo, que llega con todas las bendiciones papales.13 Pero el conflicto de fidelidades se extrema hasta el paroxismo.
11 H istoria g en era l d e M éxico, El Colegio de México, 1981, p. 639. 12 Paz, O., El laberinto d e la soledad, FCE, México, 1970, p. 79. 13 H istoria ge n e ra l d e M éxico, tomo II, El Colegio de México, p, 858.
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Luego vino el porfiriato con su nuevo feudalismo y con su paz sepul cral. Hay orden cívico, pero con deslumbrante riqueza para una aristocra cia soberbia y cruel miseria para las muchedumbres de camisa y calzón blan co, para los peones acasillados, explotados vilmente en las tiendas de raya.
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La Revolución de 1910 fue un cataclismo que desquició el orden social del porfiriato con el señuelo de la justicia, la democracia y la libertad; una convulsión popular que habría de costar al país un millón de muertos. No obstante los años, ya había emergido de nuevo el statu quo, resultado del privilegio y de la injusticia social.
Al transcurrir el siglo XX, México sufrió otra conquista: el neocolo- nialismo del poderoso vecino del Norte, que nos ha invadido con su diplomacia, sus trasnacionales, sus productos, sus consumistas, sus espec táculos, sus modas, su lenguaje, su am erican w ay o flife , creándonos acti tudes ambivalentes: de admiración y de coraje, de envidia y de rechazo.
Sabemos que el coloso imperialista nos domina, nos controla, sabe mos que manipula nuestra economía y nuestra política, sabemos que la misma gesta nacionalista —que tanto nos enorgullece— de la expropia ción petrolera "fue promovida por los norteamericanos para expulsar a sus competidores (europeos) de México, provocar una disminución de las exportaciones de petróleo y lograr una dependencia tecnológica petrolera de México hacia Estados Unidos".14
Al final de la d[ecada de los setenta, y todavía ante la euforia de nuestra recién descubierta riqueza petrolera ("tenemos que aprender a administrar la abundancia", como advertía el entonces presidente de la República), nos esperaba otro trauma: el de las devaluaciones que pulverizaron el peso mexicano y el de la inflación galopante con el consiguiente empequeñeci miento implacable de los salarios.
Aunado a ello y para rematar la cadena de experiencias traumáticas a nivel colectivo, ahora surge el problema del control de la natalidad, exigido por la sociedad y reprobado tajantemente por la Iglesia Católica, así como el del aborto, reprobado por esa institución y por otros grupos en tanto que apoyado por otros mexicanos que lo miran como arena de moderni dad y prenda de la necesaria emancipación femenina.
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e^rácticas
f . Escenifiquen con sus compañeros una discusión intensa entre dos o tres defensores de la conquista y colonización espqñolo, que ponderen la supe rior civilización europea, y dos o tres impugnadores que pongan de relieve la brutalidad de los europeos del siglo xvi y las fallas del sistema colonial. 2 » Cite los casos de marginación que han vivido los grupos indígenas y
explique cómo este fenómeno afecta hasta el presente la dinámica social y económica del país.
35. Identifique en la psicología del mexicano moderno algunos rasgos que delaten el resentimiento, la envidia, el fatalismo y la represión, herencia todos ellos de la sociedad colonial de castas.
4. Identifique los principales valores y antivalores que se jugaron en: o) La Independencia (1810-1821).
b) La Reforma (1854-1857). c) La Revolución (1910-1920).
También señale cómo vive tales valores y antivalores la población en la actualidqd.
5. Como paralelo ilustrativo explique cómo, o diferencia de lo que sucedió en México, la independencia de Estados Unidos no fue una ruptura drástica con el pasado.
Asimismo, deduzca cómo México enfrenta la tarea de reconciliarse con su propio pasado.
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Combinando el dibujo con la técnica deí collage, elabore un mural junto con sus compañeros que ¡lustre, en ocho cuadros sucesivos, nuestra historio traumática: 1. la conquista militar. 2. la conquista espiritual. 3. el mestizaje. 4. la secularización de 1753. 5. la Independencia (s/'c).6. la mutilación del territorio nacional. 7. la Reforma.
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Si la tarea parece demasiado larga, elijan uno o dos de estos ocho traumas. Al calce pueden poner la frase: "Sólo alcanzaremos la madurez cuando podamos soportar la verdad sobre nosotros mismos".
T . Discuta con sus compañeros esta afirmación: "A los criollos del siglo xix, a muchos revolucionarios de 1910 y a muchos políticos de la era priís- ta, les ha interesado lo indio, no los indios".
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Nuestra
p s i c o l o g í a
profunefa
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1. Conocer los condicionamientos profundos que mueven al mexicano a interpretar la realidad en formas peculiares, y los resortes psíquicos que lo hacen actuar,
2. Conocer el significado genuino y psicodinámico de algunos aspectos filosóficos, éticos y religiosos de nuestra idiosincrasia.
Base de las conductas de los individuos y de los grupos son, además de los pensamientos conscientes y claros, las emociones, las necesidades, las carencias, los conflictos. Siempre que nos encontremos ante conductas raras o enigmáticas, podemos buscar la clave en los recovecos del incons ciente, con sus mil resortes y sus mil dinamismos oscuros y tortuosos.