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4.3 Approximating the Conditional Predictive with Expectation

4.3.5 The Resultant Approximation

Como ya señalamos al comienzo de este capítulo, a partir de la percepción y la cognición captamos, percibimos y nos adueñamos del entorno, relacionándonos con él. Mediante este proceso de percepción y procesamiento mental construimos imágenes mentales de ese entorno (Hiernaux y Lindón, 2012). El imaginario es una construcción social tanto individual como colectiva en constante cambio, “una suerte de edificio mental que nunca se termina ni se terminará de ampliar o remodelar” (Hiernaux, 2002:8). Es en este campo de la subjetividad donde se entiende la característica dinámica de la construcción de imágenes que el individuo crea y recrea. Como señala Berdoulay (2012: 49):

Si las representaciones constituyen un conjunto de imágenes producidas por la sociedad, también y al mismo tiempo, son nutridas, elaboradas y re- elaboradas en el nivel individual. Así se construye lo imaginario, que se abordará aquí como un conjunto movedizo de imágenes movilizadas y modificadas por el sujeto en el curso de su actuar.

De este modo, entendemos el imaginario como un proceso dinámico, en permanente cambio que incorpora nuevas interpretaciones, revisando sucesos, acontecimientos, generando reformulaciones de imaginarios originales.

Claramente, observamos este dinamismo en los imaginarios del turismo, donde a partir de las diferentes fuentes de información sobre un destino, entre otros factores, deconstruimos y volvemos a construir la imagen que de éste teníamos, es decir, que se trata de una construcción mental susceptible de modificaciones. Como señala Hiernaux (2002), el imaginario del turismo es una construcción compleja, subjetiva, donde intervienen impresiones producto de experiencias, información de diferentes fuentes (otras personas, media, promoción, etc.), edificándose sobre construcciones propias de la representación, basadas en la imaginación, fantasías, entre otras. También plantea que el imaginario es el producto de la interacción de idearios que se manifiestan como el resultado de sistemas de valores de una sociedad, idearios que tienden a priorizar como útiles y buenos ciertos ideales societarios que tienden a orientar las acciones de los individuos de esa sociedad. Asimismo, propone cuatro idearios principales que contribuyen a la formación de los imaginarios turísticos del mundo occidental: la conquista de la felicidad, el deseo de evasión, el descubrimiento de lo otro y el regreso a la naturaleza. Brevemente, realizaremos una caracterización de cada ideario siguiendo a Hiernaux (2002):

- La conquista de la felicidad. Nace como una búsqueda de las sociedades occidentales, como eje de la sociedad de consumo, donde el hedonismo se convierte en un valor central en la demanda de la felicidad. Se trata de una tensión que orienta el quehacer de las sociedades y se transmuta en la demanda de vacaciones, ya que éstas significan una pausa en la monotonía de lo cotidiano. Su aplicación práctica se articula con la movilidad, permitiendo el encuentro con un

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espacio turístico concreto. Por supuesto, este cumplimiento de la utopía de la “búsqueda de la felicidad” se materializa en mayor o menor grado dependiendo de los recursos del turista.

- El deseo de evasión. Se refiere a otro ideario clave en los imaginarios turísticos. La idea de evasión se construye a partir del concepto de vida rutinaria que fue trabajado por Lefebvre (1946 en Hiernaux, 2002), quien plantea que la cotidianeidad está compuesta por actos repetitivos que llevan a la alineación. En el marco del capitalismo moderno, la vida cotidiana se acepta en la medida que sea compensada por situaciones de confort elevadas, que permiten nutrir el consumismo. Es así que el deseo de evasión se materializará en la medida que, por un lado, se acentúe el tedio y, por el otro, se pueda huir de esa cotidianeidad. Esto, sumado a la conquista social de disponer de tiempo de vacaciones y con los recursos para lograrlo permite llegar a este ideario.

- El descubrimiento del otro. El acceso a las movilidades espaciales permitió la realización de conocer la alteridad que se manifestaba en diferentes lugares a través de distintas formas de comunicación. El ideario de descubrir lo diferente está fuertemente anclado en la mente de los turistas. Este ideario no debe ser concebido en función únicamente de lo distante, sino que también involucra el re- descubrimiento de lo próximo que se ha vuelto “otro” por no conocerlo. - El regreso a la naturaleza. En gran medida, el envilecimiento de los

centros urbanos a partir de la industrialización de la segunda mitad del siglo XIX, provocó el ideario de una mayor conexión con la naturaleza sobre todo en función de propiedades higienistas. La burguesía, como

clase dominante, instaló como moda la visita a diversos lugares en virtud de su valor terapéutico, práctica que fue emulada por distintos colectivos sociales. Posteriormente, se revaloriza este ideario de regreso a la naturaleza debido a la instalación de una rutina relacionada con alta degradación ambiental, con escasos espacios urbanos no contaminados, comida enlatada, entre otros. De esta manera, se produce una afirmación sobre el ideario de la naturaleza que se manifiesta en la búsqueda de vacaciones en lugares que permitan romper con esa cotidianeidad, buscando la “simpleza” que ofrece la naturaleza.

Consideramos fundamental intentar comprender los imaginarios turísticos como modeladores, en parte, de las prácticas turísticas. A partir de las subjetividades individuales y colectivas de las sociedades se construyen prácticas turísticas, es en función de las experiencias turísticas que se generan fuentes de información (fotografías, filmaciones, diarios de viaje, blogs en Internet, publicidades, etc.) que refuerzan los imaginarios ya existentes, pero que también tienen la capacidad de modificarlos, deconstruirlos y reconstruirlos.

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