Chapter 2. Perceptions of Opportunities and Interpretations of the Rules of the Game
2.4. Results and Discussion
Si se atiende a lo que establece el Diccionario de la Lengua no parece que el proyecto sea un objeto idóneo para la teoría. En efecto, la primera acepción que aparece en el citado diccionario dice que teoría es un “conocimiento
especulativo considerado con independencia de toda aplicación”. Si el
proyecto es en esencia una actividad –una práctica- parece evidente que la especulación acerca de la misma no podría ser considerada propiamente como teoría. Pues en esencia, el proyecto es aplicación de conocimiento,
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aparte de la práctica de otros protocolos generalmente gráficos. Es obvio que los Académicos han desdeñado la idea de Praxis o Teoría Práctica (Poética). Pero, al mismo tiempo, toda teoría –toda especulación- tiene una componente hipotética que solo es verificable en su confrontación con la realidad, por lo que debe entenderse que, en cierto modo, la teoría y la práctica son inseparables, y constituyen una unidad (praxis) que posibilita el acercamiento al entendimiento de la realidad.
Toda teoría es hija de la perplejidad, el hombre trata denodadamente de buscar respuestas a todas las cuestiones que la realidad le plantea. La complejidad del mundo provoca estupor y curiosidad, situaciones ambas que es necesario resolver mediante explicaciones satisfactorias. Cuando una explicación deja de satisfacer –presenta algún fallo lógico o alguna excepción (falsación)- necesita ser sustituida por una nueva explicación.
Las teorías científicas, por ejemplo, suelen proporcionar explicaciones simples de una realidad compleja, y en eso guardan cierto paralelismo con lo que podría ser una teoría del proyecto, cuya finalidad consistiría en tratar de explicar cómo producir una respuesta simple ante una realidad y un proceso complejos. En esta misma dirección parece apuntar José Luis Ramírez, alguno de cuyos comentarios sobre Diseño pueden iluminar lo que aquí llamamos Proyecto:
“La teoría del diseño es como una teoría invertida del conocimiento.
Mientras que la teoría del conocimiento es una teoría de cómo es percibida y entendida la realidad y de cómo se adecuan nuestras ideas con la realidad externa, la teoría del diseño es una teoría de cómo la realidad es producida y cómo las ideas y la experiencia pueden dar forma a una realidad externa”
Ramírez, José Luis
La Teoría del Diseño y el Diseño de la Teoría. Geometrías de lo Artificial, Arquitectura y Proyecto. Astrágalo: Revista Cuatrimestral Iberoamericana, nº 6 abril 1997. Cultura de la Arquitectura y la Ciudad. Instituto Español de Arquitectura, Universidades de Alcalá y Valladolid. Celeste Ediciones. Madrid, 1996
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En su “Excursus sobre la teoría”, Manuel J. Martín Hernández alude al “principio de indeterminación”, propuesto por Heisemberg, como un punto de inflexión en el terreno de la teoría científica, en la medida en que rompe, en cierto modo, con los principios cerrados e inmutables de la ciencia decimonónica, y más concretamente con el neopositivismo del siglo pasado. Más adelante concluye, siguiendo la tesis hermenéutica de Gadamer, que ante la indeterminación sólo es posible la interpretación.
Martín Hernández, Manuel J.
La invención de la Arquitectura. Ediciones Celeste, SA. Madrid, 1997
Está claro que, ambos autores hacen una extrapolación sesgada desde el mundo cuántico hasta la escala humana, que la arquitectura no soporta. Por ello, este tipo de planteamientos puede conducir, desde el punto de vista de la arquitectura y del proyecto, a la adopción de posiciones relativistas que, como tales, niegan las posibilidades del juicio objetivo. Toda propuesta o teoría metafísica debe ser asumida como posible o verdadera –en el sentido establecido por K. Popper- en la medida en que carece de falseadores; es decir, debe ser considerada como irrefutable por la imposibilidad de aportar argumentos en contra. Una interpretación intencionada de este enfoque filosófico hará recaer la carga de la prueba acerca de la verdad de algo en el campo contrario. Dicho de otro modo, cualquier propuesta nacida de la estulticia debería darse por válida hasta que alguien sensato demostrase la insensatez de la misma.
En el terreno de la arquitectura, tan proclive a acoger personajes dispuestos a sumarse a las últimas teorías científico-filosóficas –sobre todo las que justifican y avalan los comportamientos irracionales-, la acogida de las propuestas epistemológicas derivadas de aquellas, condujo al nihilismo posmoderno que, como premisa fundamental niega la teoría. Así, como se dijo
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en el capítulo anterior, las posturas anticientíficas de algunos filósofos de finales del siglo XX fueron asumidas con esnobismo por parte de los arquitectos posmodernos que vieron, de este modo, sus espaldas resguardadas frente a la crítica.
Es necesario recordar que una de las cosas que se encargan apresuradamente de negar los posmodernos es, precisamente, la teoría. Si todo vale, si toda explicación es válida en calidad de igualdad con sus opuestas, carece de sentido todo esfuerzo que se haga con la intención de teorizar. Aunque ellos no escatiman esfuerzos en producir teorías antiteóricas, ciertamente débiles y con frecuencia basadas en la ironía menos socrática que pueda imaginarse.
Sin embargo, desde el punto de vista de este estudio, la teoría de la ciencia moderna ofrece también aportaciones notables para la elaboración de una teoría del proyecto. Estas son, en primer lugar, la idea de paradigma y, en segundo, la humildad de reconocer la transitoriedad de las teorías e hipótesis, que se reconocen válidas, en tanto no hagan aparición otras que las invaliden o mejoren.
Del mismo modo que el pensamiento teológico o la búsqueda de Dios, propios del medioevo, fueron sustituidos, en el Renacimiento, por la búsqueda
de la belleza, a partir del siglo XVIII esta es reemplazada por el nuevo
paradigma moderno: la búsqueda de la verdad.
La verdad, que se reconoce como meta inalcanzable hacia la cual trata la ciencia de aproximarse cada vez más (Engels), constituye la finalidad que sustenta el proyecto moderno, desde la teoría y desde la práctica. La teoría del proyecto deberá definir hacia qué verdad quiere aproximarse la arquitectura,
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cuales son los anhelos y las expectativas, y cuales las estrategias para alcanzarlos.
Antonio Miranda considera que el nivel poético de una obra es directamente proporcional a la cantidad de verdad que contiene. (Miranda, Antonio. Ni Robot ni Bufón. Manual para la crítica de arquitectura. Ediciones Cátedra, S.A. Madrid, 1999)
La teoría del proyecto pretende, honestamente, proporcionar una explicación verdadera, y para ello debe dotarse de unos mecanismos intelectuales que eluden la falacia en sus múltiples manifestaciones. Esta explicación se produce, por lo tanto mediante una construcción lógica que evita la ambigüedad, y es comunicable. Citando nuevamente a José Luis Ramírez:
“Una teoría da expresión sistemática, de palabra y siguiendo ciertas
reglas formales, a lo que podemos saber acerca de algo. Una teoría del diseño expresa por consiguiente en palabras lo que podemos saber sobre el diseño en general. La construcción teórica es una forma de diseño en el que las palabras se utilizan como material y en el que se siguen ciertas reglas mentales. La construcción teórica se hizo posible solamente cuando la escritura fue inventada y obtuvo un cierto desarrollo y cuando la alfabetización fue divulgada e instituciones especiales (escuelas y universidades) organizaron esta actividad de diseño teórico.”
Ramírez, José Luis
La Teoría del Diseño y el Diseño de la Teoría. Geometrías de lo Artificial, Arquitectura y Proyecto. Astrágalo: Revista Cuatrimestral Iberoamericana, nº 6 abril 1997. Cultura de la Arquitectura y la Ciudad. Instituto Español de Arquitectura, Universidades de Alcalá y Valladolid. Celeste Ediciones. Madrid, 1996
Hoy, una teoría del proyecto tendrá como finalidad adentrarse y desentrañar los mecanismos de generación de la arquitectura a través del proceso del
proyecto. La teoría se encarga por tanto del estudio de la cantidad de verdad
existente en el proyecto consigo mismo, en las relaciones entre el mundo de las ideas y el mundo de los hechos, que, en definitiva, constituyen el argumento del proyecto. Deberá procurar el ofrecimiento de una explicación
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coherente y racional de los resortes que rigen el proceso del proyecto, al margen de su específica aplicación, y de sus resultados concretos. Se mantiene así el necesario distanciamiento entre el carácter cognoscitivo propio del plano teórico y la aplicación práctica concreta propia del plano metodológico.
La posible teoría del proyecto deberá cumplir las condiciones y finalidades propias de toda construcción teórica. Así, deberá ser general, abstracta, no
axiomática, lógica, clara, abierta o incompleta.
a) General: Abarca el hecho arquitectónico, desde el proyecto, como
globalidad o generalidad. Independientemente del complementario apoyo teórico de otras disciplinas, o de determinados estudios proyectuales específicos. Una teoría del proyecto se centra en los aspectos generales que regulan los procesos poéticos. La casuística sólo tiene la fuerza y la debilidad del ejemplo. El caso particular, el proyecto concreto es irrelevante para la teoría.
“Una teoría del diseño que, para ser teoría, no sepa independizarse de
todos los tipos concretos de objeto será una teoría del diseño de esos objetos, pero no una teoría general del diseño”
Ramírez, José Luis
La Teoría del Diseño y el Diseño de la Teoría. Geometrías de lo Artificial, Arquitectura y Proyecto. Astrágalo: Revista Cuatrimestral Iberoamericana, nº 6 abril 1997. Cultura de la Arquitectura y la Ciudad. Instituto Español de Arquitectura, Universidades de Alcalá y Valladolid. Celeste Ediciones. Madrid, 1996
b) Abstracta: Aunque, en la formación del arquitecto el conocimiento
preciso de las obras concretas, propias y ajenas, actúa como importante complemento de la teoría, dicho conocimiento no constituye teoría propiamente dicha pues no se trata de un conocimiento estructurado (construido) sino de un saber disperso (rapsódico), cuyo enorme valor reside en su capacidad de ejemplificar, validando o invalidando las
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hipótesis generales planteadas por la teoría. Por otro lado, los hechos concretos son patrimonio de la práctica.
En resumen: la teoría no ofrece soluciones, tan solo abre caminos.
“No podemos por consiguiente diseñar sin diseñar algo concreto, pero si
queremos entender lo que queremos decir con diseño tenemos que tratar de desarrollar una teoría del diseño en sí. El que reduce la teoría del diseño a una teoría de cómo se diseña algo en particular cae en una paradoja,. Pues si no podemos hablar del diseño en sí, sino solamente del “diseño de algo”, entonces tampoco tendremos la posibilidad de hablar de “diseño arquitectónico” o de “diseño industrial””
Ramírez, José Luis
La Teoría del Diseño y el Diseño de la Teoría. Geometrías de lo Artificial, Arquitectura y Proyecto. Astrágalo: Revista Cuatrimestral Iberoamericana, nº 6 abril 1997. Cultura de la Arquitectura y la Ciudad. Instituto Español de Arquitectura, Universidades de Alcalá y Valladolid. Celeste Ediciones. Madrid, 1996
Nótese la contradicción en los términos que existe en “diseño arquitectónico” si se asimila o relaciona con “diseño industrial”; sintagma, por su parte, en todo correcto.
c) No axiomática: Una teoría constituye una reflexión sobre la realidad.
Una teoría del proyecto, concretamente, es una construcción cuyos materiales son reflexiones sobre poética arquitectónica, es decir, sobre los procesos en los que la arquitectura se genera. Pero toda reflexión es en cierto modo dialéctica –como lo es el propio proyecto- de forma que las hipótesis llevan implícita también su hipótesis contraria (antítesis). La forma en que se construye el conocimiento se basa en la admisión de la posibilidad de la antítesis. Lo categórico, cerrado, apodíctico y axiomático puede tener un alto valor práctico pero carece de valor teórico. Si la teoría es razonada es por que admite la posibilidad del razonamiento contrario.
“Se delibera, decía Aristóteles, “sobre lo que puede ser de otro modo”
Valdecantos, Antonio
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d) Lógica: Toda teoría tiene la vocación de proporcionar una explicación, y
toda explicación tiene su fundamento en una lógica deductiva, basada en las relaciones causa-efecto. La teoría trata de buscar los puntos en común, lo normal y estructural entre fenómenos. La teoría busca estructuras y homogeneidades en una realidad amorfa y heterogénea, con objeto de proporcionar una explicación razonable y verosímil.
“La indagación sobre la lógica significa la indagación sobre toda
regularidad. Y fuera de la lógica todo es accidental” Wittgenstein, Ludwig
Tractatus Logico-Philosophicus. Editorial Tecnos (Grupo Anaya, S. A.). Col. Los Esenciales de la Filosofía. Madrid, 2003
“Lo mismo que las matemáticas, también la lógica es vista con
sospechas por muchos diseñadores. En gran parte se funda esto en diversas supersticiones sobre la clase de fuerza que tiene la lógica al decirnos qué hemos de hacer. Ante todo, la palabra “lógica” goza de cierta vigencia entre los diseñadores como referencia a un tipo de formalismo particularmente desagradable y funcionalmente ineficaz. La supuesta lógica de Jacques François Blondel o de Vignola, por ejemplo, se refería a normas según las cuales podrían combinarse los elementos de estilo arquitectónico.”
Alexander, Christopher
Notes on the Synthesis of Form. Harvard University Press, 1966
Versión castellana: Ensayo sobre la síntesis de la forma. Ediciones Infinito. Biblioteca de Diseño y Artes Visuales, vol. 5. Buenos Aires, 1986
e) Clara: La aspiración última de toda explicación es ser entendida con
objeto de propiciar bien la aceptación, bien el rechazo, desde el uso de la razón. Por este motivo la teoría deberá evitar toda ambigüedad, aunque no por ello tenga que estar cerrada a la discusión entre hipótesis contrarias. Deberá ser rigurosa sin ser dogmática. Y deberá ser concisa, evitando extenderse en consideraciones y digresiones que distraigan la atención del asunto principal. Todo ello en beneficio de su comprensión.
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“Todo lo que, en suma, puede pensarse, puede pensarse claramente.
Todo lo que puede formularse en palabras, puede formularse claramente”
Wittgenstein, Ludwig
Tractatus Logico-Philosophicus. Editorial Tecnos (Grupo Anaya, S. A.). Col. Los Esenciales de la Filosofía. Madrid, 2003
En este sentido, resulta necesario recordar a Machado, que parece considerar la claridad como una virtud ética:
“Sobre la claridad he de deciros que debe ser vuestra más vehemente
aspiración” Machado, Antonio
Juan de Mairena. Sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo, 1936. Editorial Castalia. Col. Clásicos. Madrid, 1971
f) Abierta o Incompleta: La condición de incompleta no es exactamente
una cualidad en sí, pero si una condición que viene a ser el reconocimiento humilde de una realidad: del mismo modo que el trabajo científico, el trabajo teórico sobre el proyecto necesita estar en estado abierto, de permanente cambio. La constante transformación, y creciente complejidad, de las condiciones del entorno físico y humano para el que, en definitiva, trabaja la teoría, hacen que las aportaciones tengan siempre algún grado de provisionalidad y estén abiertas a nuevas aportaciones. Sin embargo, el que la teoría esté permanentemente abierta no significa que no posea referencias y criterios estables, propios de la actividad de proyectar y de la arquitectura misma, y no sujetos a variaciones de las condiciones externas. La verdad científica es siempre provisional y sincrónica, pero su vocación es permanecer.
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La investigación teórica en materia del proyecto arquitectónico, tiene una clara vocación pedagógica que, en última instancia, pretende ofrecer vías de acceso al entendimiento sobre los protocolos mediante los cuales se genera y constituye la poética arquitectónica. En conclusión, no puede desdeñarse, en la teoría del proyecto, la voluntad de acopio y transmisión de conocimiento acerca de los procesos poéticos de la arquitectura, desde los planteamientos ideológicos, hasta las mecánicas operativas.
En este sentido, dice Javier Seguí:
“Nuestra tarea y nuestro compromiso de enseñantes de proyectos,
frente a esta situación, es esforzarnos por hacer asequible a la conciencia, los medios y las operaciones que conforman el oficio de proyectista arquitectónico para lo cual parece imprescindible que nos ocupemos de dos tareas esenciales como son, buscar campos del saber que por su generalidad y analogía engloben o enmarquen el quehacer en el proyecto y nombrar, nombrar y nombrar, al principio tentativamente, los objetivos, las situaciones, los medios y las operaciones con que proyectamos, usando términos operacionales estrictos, lo más alejados posible de las proyecciones y significaciones a las que generalmente se recurre como forma de resolver el problema de la concienciación de la labor social del arquitecto, que opera en contra de la aclaración de la parte principal del oficio arquitectónico, cual es el proyecto”
Seguí de la Riva, Javier
Escritos para una Introducción al Proyecto Arquitectónico. Edición Dpto. Ideación Gráfica Arquitectónica E.T.S. De Arquitectura. Madrid, 1996
Es esa parte principal del oficio a que alude el profesor Seguí, el objeto sobre el que centra su atención este estudio.
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