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5.3 Experiments on Microscopy Image Instance Segmentation

5.3.2 Results

pero que esta Era sea precisamente la del Espíritu Santo es otra cuestión.

Sin embargo, las dos nociones se aproximan cada día más para llegar a

confundirse en el futuro, y ello, lo veremos al instante, por así decir

naturalmente.

Aunque haya entre saduceos "rojos" y saduceos "blancos" puntos en

común, una divergencia fundamental separa a unos de otros. En la marcha

fulminante de la técnica, los últimos son visiblemente prisioneros de la

velocidad; obsesionados por el pasado, cada vez más son presa de un

espíritu conservador y de una mentalidad defensiva, mientras que el dina-

1 Cf.

mismo de los saduceos "rojos" no hace más que crecer. Esta diferencia tiende a que la base ideológica de la tecnocracia occidental no es más que el simple interés, e incluso generalmente el interés privado, mientras que la tecnocracia

"roja" va hacia adelante empujada por la/<? y la abnegación a favor del

conjunto. Contrariamente a lo que pasa en Occidente, los saduceos rojos hacen

en este dominio frente común con sus fariseos e incluso con sus esenios14,

porque la fe, con algunos matices, alumbra los corazones de las masas que se dividen entre estas tres categorías de profesiones de fe filosófica o religiosa.

Es indiscutible que la fe arde en el corazón de los fariseos rojos, sino jamás hubieran podido conducir su revolución a resultados que todavía ayer parecían impensables. Y es igualmente ésta la que hace su fuerza en medio de la civilización decadente y de la sociedad hastiada. No obstante, no están a cubierto de un clásico error, análogo al que ha cometido en el curso de la historia la Iglesia católica romana: confundir de otra forma lo temporal con lo espiritual. Este error, en su caso, sería fijarse en el dogmatismo.

*

Al comienzo del tomo II de la presente obra, hemos establecido como tesis que la Revelación divina en sí misma no es inmutable y que es erróneo —como lo hacen algunos buscadores en el dominio esotérico— tomar la antigüedad como criterio infalible de verdad, aunque en esta área el mal no es irremediable tal como lo testimonia el ejemplo del Apóstol San Pablo, "fariseo

entre fariseos", como decía de sí mismo15. En efecto, si se progresa realmente

sobre la escala cósmica de la conciencia, por ello mismo se deja detrás todo lo que ha caducado o esté fijado. ¿Acaso no ha dicho San Pablo?: "Cuando era niño, hablaba como un niño, razonaba como un niño; cuando me hice hombre, abandoné lo que tenía de niño16". Es distinto en el caso de la dogmática materialista: si la evolución esotérica es una progresión por etapas de la conciencia humana, que se

14 Es decir creyentes, principalmente ortodoxos y musulmanes. Josef consideraba a los

esenios históricos como los pitagóricos judíos (Antigüedades, op. cit., XVIII 1,4.).

15 Hechos XXIII, 6. ,6ICorintiosXIIIll.

remonta a la conciencia misma de la Vida, la evolución materialista no supera la de los medios. Ahora bien, las posibilidades ofrecidas por el progreso de la técnica modifican los datos del problema planteado ya hace un siglo por Kaii Marx. La imagen del mundo actual ofrece muy pocos puntos en común con la de su época, e incluso con la de Lenin. En la medida del progreso de la ciencia positiva, el materialismo de entonces se ha vaciado de contenido. Se ha descubierto después que la materia no es otra cosa que un aspecto de la energía, y la noción de energía continúa, hacia niveles cada vez más elevados, una evolución que la aproxima a la fuente primera de toda fuerza.

Es tiempo de abandonar la dogmática materialista, demasiado rígida y que reviste un carácter cada vez más reaccionario. Es necesario reconocer que se encuentra superada, y de lejos, por la rápida evolución de la ciencia positiva, esta misma ciencia en el nombre de la cual la dogmática marxista había sido creada. Ciertamente que esto demanda coraje y esfuerzos conscientes, porque la obsesión del pasado siempre pesa sobre la débil mentalidad humana y a veces provoca errores magistrales, mientras los seres creen que siguen el camino recto.

Los marxistas deben comprender—toda la ciencia moderna lo testimo-

nia— que lo corpóreo es siempre el efecto cuyo fin es la causa. En sus

laboratorios, la ciencia contemporánea parece que debe alcanzar rápida- mente la cima de la escala de los elementos cada vez más finos, y puede pensarse que ahora está en el punto en que cruzará el camino de las búsquedas espirituales, esotéricas. Deseamos vivamente que los fariseos "rojos" abandonen sus posturas de antaño, actualmente sobrepasadas y que se han vuelto —la palabra es exacta— reaccionarias.

Hemos establecido, a manera de conclusión, en una de nuestras reciente obras históricas, la siguiente conclusión:

"El hombre ruso no está hecho para vivir con el corazón frío. En tanto continúa la lucha por un nivel exigible de bienestar y en tanto el peligro de una tercera guerra mundial pesa sobre él, arde y hace superesfuerzos para resolver positivamente sus problemas vitales. Pero imaginemos por un momento que esos problemas se resuelvan: ¿de qué arderá el corazón ruso que, decimos nosotros, no puede vivir sin arder?

"Aquí, una vez más en su historia, Rusia muestra su rostro de Esfin-

CAPITULO VII

El tema de la primera parte del tomo III de "Gnosis" es EL CAMINO. Como se ha visto, se trata de un ensayo de aplicación práctica de la Gnose expuesta en los dos primeros volúmenes de esta obra.

Ahora ha llegado el momento de formular ciertas consideraciones que ayudarán a situar las cosas en el cuadro del conjunto de los problemas cuya solución positiva es necesaria para la feliz culminación del Período de Transición.

Antes de pasar a una síntesis, examinemos algunos puntos que, aunque parezcan separados de ella, de hecho están orgánicamente ligados a ese conjunto sobre el cual ejercen una influencia directa.

Precisemos: en el dominio esotérico, el tiempo de las búsquedas particu- lares y la prosecución de fines individuales se ha cumplido. Insensiblemente, el esoterismo se ha vuelto asunto público, y teniendo en cuenta este hecho nuevo es que se debe, de aquí en adelante, concebir y conducir los estudios esotéricos prácticos.

El autor es totalmente consciente de lo que este postulado puede tener de sorprendente, y puede incluso que sea desagradablemente sorpresivo para ciertos lectores, pero los hechos están allí.

En la ocurrencia, no se trata de una aplicación práctica de la Gnose orientada en una dirección elegida por el buscador y culminando en tales o cuales objetivos definidos por él. Ciertamente, un estudio profundo de la Doctrina divulgada en "Gnosis", llevado con atención, el cuidado y la asiduidad correspondiente, permitirá al estudiante aprender y comprender muchas cosas, tanto sobre sí mismo como sobre sus semejantes y sobre el Universo en el seno del cual vive; además lo pondrá en condiciones de descubrir en las Escrituras sagradas un sentido complementario cada vez más profundo y cada vez más general que no pueden captar aquellos que abordan sus textos apelando únicamente a su Personalidad subdesarrolla-da, incluso si sus facultades intelectuales son grandes y refinadas. Sin embargo, todas las épocas —y la nuestra por excelencia— plantean a la sociedad humana problemas específicos y sin precedentes, tenga o no conciencia de ello; esto se concibe fácilmente puesto que la evolución histórica es una peipetua marcha hacia lo nuevo, en consecuencia hacia lo desconocido.

Por otra parte, cada época se acompaña con un ambiente apropiado a una solución feliz de los problemas que plantea, al mismo tiempo que deja al hombre la libertad de una elección que interviene en cada caso en función de su grado de comprensión, y por consecuencia de su nivel de ser; y como se puede constatar, el propio ambiente de la revolución de las épocas abre al hombre, en todos los niveles, nuevas posibilidades al mismo tiempo que cierran las de épocas pasadas.

Este es un hecho del que se tienen numerosas oportunidades de constatar en el plano de la vida exterior, pero que, en el de la vida interior, y sobre todo cuando se trata del plano esotérico, generalmente escapa a los observadores. La razón de ello es que, en la zona que nos ocupa, las formas de la nueva orientación siempre se refieren a la vida interior del hombre, la cual no tiene el carácter espectacular de la vida en el plano externo, y también porque estas formas no se imponen a la atención del individuo como lo hacen las de la civilización; al mismo tiempo que tienen un carácter de novedad en su orientación, quedan sutiles, íntimas, y, como acabamos de decirlo, no llaman la atención.

Así, los nuevos datos del problema humano ya se presentan: corresponde al hombre captarlos, apreciar su valor y ponerse a trabajar con aplicación; y lo que es necesario que comprenda, es que no podrá trabajar útilmente más que obrando en el nivel esotérico y orientando sus esfuerzos en la nueva dirección, revelada y divulgada. En este dominio ocurre como en el de la técnica: es muy evidente cuando, por ejemplo, se ha creado medios ultraveloces de comunicación, nadie se preocupa por prever los

relevos de posta a lo largo de las rutas o de las líneas de comunicación de los veleros.

II

Si en el área de la técnica la misma evidencia orienta al hombre hacia investigaciones y experiencias cada vez más audaces, signos indicadores tampoco faltan en el dominio esotérico, aunque sean, naturalmente, menos impactantes.

Desde este punto de vista, hay dos aspectos en particular sobre los que desearíamos llamar la atención del lector.

En primer lugar, la experiencia muestra que si el buscador se empeña en los estudios esotéricos con el propósito, como era el caso en los siglos pasados, de elegir a su agrado tal o cual meta y que, lo mismo que entonces, opta por la salvación individual, se produce el fenómeno curioso de que no alcanza a ir muy lejos.

Pero, se dirá, ¿no es meritorio este objetivo, y nuestra salvación no es una meta conforme a la voluntad divina? Ciertamente, pero no más en las condiciones de otras ocasiones, que no responden a las necesidades esoté- ricos de los tiempos actuales. Esto, naturalmente, no cambia nada el hecho que durante siglos, desde la época de los grandes doctores de la Iglesia ecuménica, la luz de la santidad ha sido alcanzada—salvo raras excepcio- nes— por buscadores que se dedicaban, en los desiertos o en las células, a ejercicios individuales de concentración y contemplación con la voluntad de alcanzar en el éxtasis la luz del Cristo.

La técnica del trabajo esotérico es, todavía hoy, lo que era en el pasado. Lo que ha cambiado son las condiciones en las cuales debe ser aplicada, así como la orientación de los esfuerzos. Y si emprende el trabajo esotérico sin tener en cuenta estos cambios, se termina por dar vuelta en redondo al mismo tiempo que se tiene la impresión de avanzar.

En segundo lugar, es en los periodos de la historia donde se puede observar una ebullición esotérica —lo que es el caso de nuestra época— que se ofrecen a los buscadores nuevas posibilidades reales de empeñarse y avanzar lejos en el camino recto, no sólo con palabras, sino también con hechos, sin el riesgo de volver a caer en la Jungla. Esto se explica por el hecho que en tales períodos los trabajadores capaces de una evolución esotérica son buscados, mientras que sólo lo son en muy pequeña cantidad cuando reina en el mundo, bajo la égida del Absoluto III, una "calma chata" esotérica, igual que la actividad de un médico casi no tendría utilidad en una sociedad compuesta por gente que gozara de una salud a

toda prueba. La ley es formal: privada de un punto de aplicación, toda fuerza, tanto moral como física, está condenada a desintegrarse.

*

La demanda de trabajadores esotéricamente formados es grande en nuestros días en todas las ramas de la actividad humana, tanto sobre el plano científico como sobre el moral, porque la ciencia positiva y la ciencia esotérica, cada una por su lado, alcanzan en su desarrollo, el punto donde su unión está llamada a realizarse; y lo mismo que la demanda de trabajadores en la vida exterior, se acompaña con medios de formación que están a disposición de aquellos que aspiran al progreso espiritual. Al buscador cuya formación esotérica alcanza el nivel requerido, se le indica con precisión el objetivo a alcanzar así como la recompensa que será suya si tiene éxito.

Porque se ha dicho: El obrero es digno de su salario1

.

III

Tratemos ahora de determinar, en el cuadro de nuestros estudios de EL CAMINO, el lugar de la Ortodoxia oriental. Esto es tanto más necesario como que el sentido de su misión, que siempre desempeña un papel preponderante en el Perímetro helenístico, son generalmente poco conocidos en Occidente.

En principio consideraremos algunas características de la organización de la Iglesia de Oriente. Mientras que la Iglesia romana se funda sobre el

principio de la unidad eclesiástica y está sometida a un régimen aristocrático y

monárquico bajo la suprema autoridad del Soberano Pontífice, la Iglesia

ortodoxa tiene por base el principio democrático de la unión. Esta es una

unión federativa de Iglesias autocéfalas, es decir, administrativamente autónomas, y reflejan, guardando toda proporción, la autocefalía de las Iglesias primitivas.

Normalmente, cada Iglesia autocéfala es nacional en el sentido que su

juridicción se extiende a todas las diócesis comprendidas en los límites del Estado sobre el territorio en el cual ejerce su autoridad eclesiástica. Allí está, de alguna manera, el aspecto temporal que asegura la comodidad de

las relaciones entre la Iglesia y el Estado. La creación de nuevas Iglesias