3.4 Example: The RoboFlag Drill
3.4.2 RoboFlag Drill Estimator
Pablo E. Chacón
Nació en Mar del Plata en 1960. Publicó tres colecciones de poemas: El espía, Ed. Tierra i rme. Bs. As. (1997); El grano del invierno, Ed. Tierra i rme, Bs. As. (1994) y Calor quieto,
Ed. Tierra i rme, Bs. As. (2000). Las investigaciones perio- dísticas Los convidados de piedra, Ed. Sudamericana Bs. As. (2001) y El misterio argentino, Ed. El Ateneo, Bs. As. (2003). Los ensayos de especulación Historia universal del insom-
nio, Ed. Vergara Bs. As. (2004) y Los otros.
Una arqueología de la soledad, Ed. Edhasa Bs. As. (2006). Las novelas: Digestión lenta, Ed. Santiago Arcos (2008);
La insui ciencia, Ed. Biblos Bs. As. (2011) y Nudo de piedra
Ed. Letra Viva Bs. As. (2013)
ya una mente extendida, en la que los artefactos (pantallas, etcétera) constituyen una parte central en el espacio de la imaginación en la que opera la existencia contemporánea.
En cambio, los zombies se han convertido en una i gura omnipresente en la cultura de masas más reciente, como lo fueron los cíborgs en los años 80 del siglo pasado (RoboCop, etcétera.). Los zombies
serían, hipotéticamente, lo que queda de los seres humanos cuando retiramos de ellos la cultura: puro cuerpo deseante sin ningún contenido. Pero lo interesante es por qué se ha extendido viral- mente esta i gura. Broncano cree que la correc- ción política los medios de masas no se atreven a elaborar discursos abiertos sobre los sujetos que tradicionalmente se consideraban naturalizados: mujeres, indios, negros, salvajes, etcétera, a los que se podría tratar y maltratar como si fuesen puro cuerpo animal. Los zombies representan en abstracto todos los seres que son dejados fuera de la cultura y sobre los que se puede ejercer violen- cia sin problemas y escrúpulos de conciencia. Del mismo modo que el coronel Kurtz, en El corazón de las tinieblas escribe en su informe a la compañía
maténlos a todos, rei riéndose a los salvajes del Congo (Joseph Conrad fue testigo del genocidio que se realizó allí por parte de la compañía colonial belga), el zombie ahora es tratado como un objeto de violencia. Pero lo interesante de esta i gura es que habla menos de ellos que de los imaginarios post-apocalípticos actuales. Todas las obras sobre
zombies hablan fundamentalmente de los , que no son otra cosa que meditaciones sobre el estado de nuestra condición actual: lazos rotos, desconi anza, armas, consumo, etcétera.
El español dei ende la tesis de que la especie huma- na es un producto de la cultura técnica de especies anteriores. De esa manera, siempre fuimos cíborgs. Claro que el entorno técnico dei ne actualmente más elementos que en otros tiempos, desde las funciones biológicas, controladas cada vez más mediante técnicas del cuerpo, a las funciones mentales, también controladas. Y, efectivamente, los artefactos de vigilancia son una parte esencial de la sociabilidad actual. Pero no cabe olvidar que las drogas siempre fueron consustanciales a las culturas, y que las religiones (entendidas como ar- tefactos retórico-rituales), coni guraron de manera determinante las identidades en las culturas del pasado. Las redes son ahora la respuesta a la cre- ciente urbanización total del mundo, que produce inmensas muchedumbres solitarias que necesitan reconstituir de algún modo los afectos perdidos en la modernización. No son un sucedáneo de afectos,
sino la nueva forma en la que se reconstruyen los vínculos sociales en la cosmópolis contemporánea. Porque aunque parezca lo contrario, las emociones humanas tienen formas culturales y expresiones cambiantes en la historia. Freud trabajó mucho sobre ciertas angustias muy ligadas a la represión sexual de la sociedad burguesa vienesa, y lo mismo cabría decir de casi todas las emociones ligadas a la sensación de alerta y peligro. La angustia con- temporánea no está anestesiada sino transformada por las nuevas i guras de la inseguridad. No en vano se ha denominado a las sociedades actuales,
sociedades del riesgo, para señalar que los miedos que otrora se tuvieron hacia la naturaleza ahora se trasladan, como en la i gura de Frankenstein, hacia nuestros propios productos: la técnica, el terroris- mo (otra suerte de técnica), etcétera. Si se lee un diario, se observa de inmediato que las noticias se dividen en aquellas destinadas a producir miedo y angustia y en otras destinadas a provocar deseo. Esa es nuestra cultura.
En i n: la historia se escribe siempre a través de vestigios que tienen una existencia material: ruinas, documentos del pasado. Ahora tenemos una ini ni- dad de vestigios desde que apareció la producción y consumo masivos de imágenes y otras formas de grabación de lo real. Nuestras casas se han llenado de álbumes de fotografías, vídeos. Pero pregunta: ¿se ha ganado en capacidad de narrar, de recons- truir relatos con los que identii carnos o más bien todo lo contrario: no perdemos capacidad de aná- lisis del pasado entre la ini nidad de documentos y datos que poseemos? De hecho, la forma más ex- tendida de historia popular es el falso documental que ofrece una aparente reconstrucción del pasado en la que probablemente se olvida tanto como se presenta. Broncano tiende a Walter Benjamin: en los restos del pasado, sean edii cios o imágenes, ve ruinas que hay que interrogar con cuidado, porque ocultan tanto como muestran. Ocultan, por ejem- plo, los sueños de lo que quisimos ser, que eran parte de lo que éramos en el pasado.
Notas
(1) Broncano, Fernando: La melancolía del cíborg, Ed. Herder Barcelona (2009)
(2) Broncano, F.: Sujetos en la niebla. Narrativas sobre la identidad. Ed. Herder Barcelona (2013)
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PERSPECTIVAS
Germán García, en su original lectura sobre el tema de las pasiones, cita Passions and the inter- ests, el libro del economista Alberto Hirshman, quien retoma el antiguo lenguaje de la pasiones para tratar lo que queda por fuera en los intereses de los actores económicos. Sabemos que no todo el mundo busca lo mismo. Con la palabra inte- rés Maquiavelo, designaba una razón de Estado. Luego, el interés pasó a dei nir los intereses par- ticulares, y económicos de una persona. Esta te- sis, señala García, es contemporánea del Semina- rio Aun (1972-1973) donde Lacan se servirá del barroco para hablar del goce: las pasiones, como modo de goce, pondrán en juego la enunciación a partir de los enunciados.
La tesis de Hirschman reconstruye el clima inte- lectual de los siglos XVII y XVIII para dar cuenta de la transformación ideológica que se produjo en esa época, donde la búsqueda de los intereses materiales, que hasta entonces eran condenados como el pecado mortal de la avaricia, tendrán ahora el papel de contener las pasiones ingober- nables y destructivas del hombre. Se trata de una nueva interpretación sobre el surgimiento del ca- pitalismo, que pone énfasis en las continuidades entre lo viejo y lo nuevo, en contraste con la idea de ruptura que caracteriza el pensamiento mar- xista y weberiano. Con el irónico resultado que pondrá en evidencia como el capitalismo logró lo que pronto sería su peor característica: la repre- sión de las pasiones a favor de los “inofensivos”, bajo la creencia de que activaría tendencias hu- manas benignas, a costas de pasiones malsanas. Que, como sabemos, no es lo que ocurrió.
La idea de que la codicia ejercería un efecto ci- vilizador provocará un segundo movimiento que llevará a la realización de una conducta codiciosa que reside en el desarrollo de una ciencia de la adquisición. Esto alcanzó su plena expresión en
el siglo XVIII. La posibilidad misma de tal cien- cia implica que la conducta codiciosa ha perdi- do su conexión con las pasiones ingobernables y volviéndose un principio estable del “movimiento humano” susceptible de medirse y limitarse. En 1915 Freud en su texto De guerra y muerte de- cía: “Habíamos esperado, es cierto, que la gran- diosa comunidad de intereses establecida por el comercio y la producción constituiría el comien- zo de una compulsión así; no obstante, parece que en esta época los pueblos obedecen más a sus pasiones que a sus intereses. Se sirven a lo sumo de los intereses para racionalizar las pasiones; po- nen en el primer plano sus intereses para poder fundar la satisfacción de sus pasiones. ¿Por qué los individuos-pueblos en rigor se menosprecian, se odian, se aborrecen, y aun en épocas de paz, y cada nación a todas las otras? Es bastante enig- mático. Yo no sé decirlo. Es como si, al reunirse una multitud, (…) todas las adquisiciones éticas de los individuos se esfumasen y no restasen sino las actitudes anímicas más primitivas, arcaicas y brutales” (AE XIV, pág. 289)
De modo que esta oposición pasión- interés sur- ge porque hay una reducción del interés al inte- rés económico, como señala Germán García. Fue necesario identii car el yo, con los intereses del yo, con los intereses económicos del ciudadano. Todo lo que entraba en el mercado de intercam- bio pasará a formar parte de un nuevo paradig- ma: donde las pasiones quedan de un lado y los intereses del otro.
Llevado al plano de las “pasiones del alma”, Freud consideraba que el yo estaba alterado por las de- formaciones que sufría en su trabajo de defensa respecto de la pulsión. De modo que la resolución dependía del grado patológico del yo. El yo, como sostiene Lacan, es una “l or retorica”, es el que tra- mita las pasiones.