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1.3 Data and Descriptive Analysis

1.4.3 Robustness Tests

Las relaciones entre las lenguas configuran a nivel mundial – según Calvet (1999)- un sistema lingüístico gravitacional, a manera de una galaxia formada por distintas constelaciones, donde el lazo entre las lenguas periféricas y la lengua central es una suerte de gravitación, una tendencia hacia un bilingüismo orientado hacia el centro. Propone un modelo provisorio de cuatro niveles:

Nivel 1: una lengua hipercentral. Actualmente es el inglés. Los locutores que tienen por primera lengua el inglés presentan una marcada tendencia al monolingüismo

Nivel 2: alrededor de 10 lenguas super-centrales ( árabe, ruso, swahili, francés, hindi, malayo, español, portugués, chino, ...) Los locutores de estas lenguas presentan una tendencia, sea al monolingüismo, o al bilingüismo horizontal con otra lengua del mismo nivel, o con la lengua del nivel 1( ingles).

Nivel 3: cien a doscientas lenguas centrales ( wolof, bambara en África, quichua en América del Sur, checo, armenio en Europa del Este, etc.) Los locutores tienden al bilingüismo vertical con una lengua del nivel 2 Nivel 4: cuatro a cinco mil lenguas periféricas. Los locutores presentan una tendencia al plurilingüismo horizontal y vertical

Señala que las lenguas no nativas que se aprenden, se seleccionan por la importancia de su rol en las necesidades de comunicación de los locutores, por su eficacia, por su utilidad. Destaca como tendencia general un bilingüismo vertical, dirigido a una lengua del nivel inmediatamente superior. En el ejemplo senegalés que presenta, un locutor de una lengua del nivel 4 (el serere o el diola) adquiere primero la lengua de nivel 3 de su constelación (el wolof) , luego la de nivel 2 (el francés) y eventualmente la lengua hipercentral (el inglés)

En un primer nivel tenemos cierto número de constelaciones lingüísticas que gravitan alrededor de la lengua hipercentral (el inglés) En cada una de las constelaciones, otras lenguas gravitan alrededor de la lengua supercentral, y a su vez algunas de esas lenguas son centro de otra constelación

Las posibilidades de intervención sobre esta situación a través de políticas lingüísticas, son – para Calvet- ineficaces dentro de una misma constelación (ninguna acción sobre el bretón -lengua periférica- puede cambiar la situación central del francés), pero en el orden de las políticas lingüísticas internacionales, las acciones sobre las lenguas más débiles pueden cambiar el sistema. Un ejemplo de esto es la política lingüística del Parlamento Europeo, que ha aceptado todas las lenguas de los paises miembros como lenguas de trabajo, de esta manera lenguas periféricas como el griego, danés, alemán, se equiparan con lenguas centrales como el francés, español, portugués y con la legua hipercentral, ingles. Calvet no deja de aclarar que aunque la organización mundial de las lenguas está rigurosamente jerarquizada, esta jerarquía es susceptible de variar, ya que el sistema gravitacional está atravesado por la historia y por los acontecimientos políticos, en consecuencia los cambios de poder pueden producir cambios lingüísticos.

Una política lingüística puede desarrollarse con eficacia si el Estado actúa sobre el aprendizaje programado de las lenguas. Para Francia propone un bilingüismo de proximidad, (privilegiar el italiano en las escuelas del sudeste, el español y catalán en las del sudoeste, alemán en el este, neerlandés al norte) antes del aprendizaje del inglés.

Si el inglés ocupa el primer lugar en las escuelas es por que las representaciones lingüísticas de los padres lo privilegian. Entonces, para Calvet , la acción sobre el sistema gravitacional lingüístico o sobre una de sus constelaciones pasa por los sistemas de bilingüismo, pero también por la formación de las representaciones lingüísticas. (ver Cap. 6)

7.1.2. Los Estados- nación

Una característica de la mayoría de los Estados- nación ha sido la concepción de la unidad nacional en base a una homogeneidad con fuerte fundamento en la unidad lingüística, con sus requerimientos de asimilación lingüístico-cultural de los distintos grupos al modelo dominante y a la lengua oficial. Para Bourdieu (1985) la dominación política (basada en la homogeneización) es reproducida constantemente por las instituciones que tienen la capacidad de imponer el reconocimiento universal de la lengua dominante, y esta es la condición de la instauración de relaciones de dominación lingüística. En el proceso de legitimación e imposición de una lengua oficial, la institución escolar cumple una función determinante, que es la de fabricar similitudes, de donde se deriva la “comunidad de conciencia” constitutiva de la nación. Enseñar a los niños la misma lengua los induce a ver y sentir las cosas de la misma manera, de esta forma se edifica la conciencia común de la nación.

En este contexto la imposición de la lengua oficial no sólo tiene que ver con la eficacia de la coerción, que puede imponer la adquisición pero no el uso generalizado, sino también con lo que Bourdieu llama “dominación simbólica”, que implica una forma de complicidad por parte de quienes sufren esta dominación simbólica. El reconocimiento de la legitimidad de la lengua oficial se inculca insensiblemente a través de actitudes que resultan conminaciones poderosas por que son formas insinuantes e insistentes de una violencia silenciosa. (Bourdieu 1985)

Podemos decir, en general, que el contexto dominante condiciona en los hablantes de lenguas dominadas representaciones desvalorizantes de sus lenguas. En el funcionamiento diglósico opera –como hemos señalado- un sistema de representaciones sociolingüísticas. contradictorio que, en constante interacción, constituyen la realidad lingüística. Todo lo referido a la lengua dominada es a la vez desvalorizado y sobrevaluado. tanto a nivel de la actuación como de las representaciones, (P. Gardy y R.Lafont

(1981). En el caso de los movimientos reivindicatorios étnico-identitarios de los indígenas latinoamericanos, la lengua propia (indígena) se exhibe como un valor simbólico emblemático y es central en las demandas educativas (Bigot 2002) este uso político de la lengua no es sino una instrumentalización de los valores afectivos y cognitivos vinculados a ella, mientras que la lengua dominante es reconocida por su utilidad para interactuar en la sociedad mayoritaria y como lengua vehicular entre distintos grupos indígenas.