Comentarios a las biografías educativas anónimas que, a efectos de análisis personal, me facilita el doctorando D. Fernando Sadio Ramos
Los comentarios no guardan ninguna estructura fija. Se intercalan entre las palabras de los biografiados y dentro del relato del doctorando. Se hace en cada caso un comentario final, resumen de lo contemplado y al final de este documento se exponen una serie de observaciones extraídas de los elementos recurrentes en estas semblanzas.
Algunas de ellas me han provocado bien por la concordancia o por la falta de ella detenerme más largamente. Como digo no me he propuesto dimensiones ni estructuras fijas.
No he tratado en ningún momento de llevar los comentarios a un terreno objetivo y aséptico sino que son fruto de mi visión subjetiva y mi propia experiencia así como de los valores que han estado presentes en mi quehacer educativo y que señalo en ese aludido comentario. En ese sentido podría hacerse perfectamente el análisis del analista. Así entendí el encargo y así lo realicé.
He aquí el trabajo.
1. Beatriz
Una actitud en principio muy positiva puede no haber tratado de profundizar en las demandas solicitadas por la administración. Teniendo una actividad desbordante tal vez descuida la parte estructural del centro y hasta cierto punto está en posición crítica con los colegas, la dirección, la administración… Actitud que no parece operar constructivamente en la vía académica ni en la administrativo-académica.
Señala dos aspectos vitales en su opinión con los que hay que coincidir. Uno es la competencia científica y la necesidad de estar al día, actualizado e informado de cuanto se mueve en la materia objeto de nuestra competencia. Otra es el aprendizaje para enseñar.
Tal vez es lo más concreto de su exuberante biografía, demasiado reiterativa y personalista en mi opinión.
Mi impresión ante su reiteración expresando haber nacido para ser profesora, que le lleva, incluso a desatender sus aspectos familiares, que la indispone casi sistemáticamente con la administración y con los propios compañeros, que explica cómo trata de entrar en los problemas de los alumnos casi exageradamente como ella manifiesta en algún momento, parece un redentorismo excesivo como si su profesión pertrechada de una extremadamente resaltada vocación docente fuese un refugio. En mi opinión mezcla funciones de asistencia social y docencia. Aclaro que si bien ésta implica necesariamente
una función social en mi opinión y ejercicio, es a través de la propia acción docente como se ejerce tratando de trasladar modelos de conducta y responsabilidad, de acostumbrar a respetar valores éticos y sociales lo que siempre deja un resquicio para la confidencia al maestro en el que se confía, al que se quiere, admira, aunque la misión de confidente no sea propiamente aquélla a desempeñar por el maestro.
Beatriz hace notar explícitamente el desapego al cumplimiento formal y a las normas de la Administración (“¡paso del tema de las evaluaciones y todo lo demás!”). Muestra un grado de utopía individualista que no trata de mejorar las estructuras sino abstraerse de ellas: “A pesar de contratiempos y dificultades de este tipo, Beatriz no abdica de otra característica que considera hacer parte de su vocación y pasión de ser profesora, la pretensión de transformar el mundo; ‘yo continuo siendo una persona con ilusiones, y continuo a soñar y pensar que puedo cambiar el mundo’”.
Comentario final
Hay algo en toda su exposición que me hace sentirme recelosa hacia su ejercicio profesional.
Respecto a los cinco ítems que me planteo como referentes de una labor profesoral aceptando una vocación docente y la voluntad que expresa y debe suponerse por tanto de “estar al día”, disiento de su forma de relación con los colegas y de su posición ante la administración ya que no parece pueda ser eficaz en un caso no procurando labor de equipo y en el otro atrincherada en una crítica que no se convierte en propuestas concretas.
Respecto a su posición frente al alumno creo que resulta exagerada la actuación buscando sus confidencias, como si logrado esto estuviera justificada en su exceso de actuación que le lleva incluso a posponer su vida familiar.
2. Débora
La experiencia conversacional le pareció que debería ser aprovechada para “aprender, pensar y reflexionar” y valora el compartir esta reunión con personas de más experiencia de las que dice quiere aprender.
Es muy llamativo el proceso que lleva a Débora al mundo de la enseñanza. Muestra una clara tendencia de ayudar “al otro” y busca una vía –la enfermería– que supone idónea e impregnada de esos valores de respeto y ayuda al otro sin encontrarlos, lo que le supone una gran frustración y le incita a cambiar no sin grandes tensiones por tener con ello que contrariar a un padre al que adora.
Habiendo decidido qué era lo quería, Débora les ha dicho que “No, no es esto lo que yo quiero. Por favor, denme la libertad, yo ya sé qué es lo que quiero. Yo quiero ir para Educación”.
La decisión había sido madurada a lo largo de sus experiencias personales, entretanto desarrolladas, que la hicieron crecer en términos personales y de la relación con el otro, llevándola a pensar incluso que la mejora del mundo por medio de su acción era posible. En sus palabras, “(...) yo había sentido, había vivido, tantas emociones, tantas ilusiones, tantas esperanzas, tantos sueños, de repente, me he tornado en una persona más sensible, no solo a nivel individual, sino también en el de la empatía, de comprender a los otros, que yo he pensado ‘!Contra! Yo pienso que ¡el mundo puede ser mejor!’”.
“Los valores que considera como estando ausentes en la titulación que abrazó están relacionados con la persona y con el cuidar del otro. En su pensamiento y sistema de valores, el ser persona es fundamental para el ser profesor, educador y enfermero y se encuentra primero que el ser profesional.”
Así, pues, y contrariamente a Beatriz, Débora nunca había pensado en dedicarse al mundo de la enseñanza y recorre un camino interior que desemboca en esa idea que se convierte en algo apasionante para ella. Reflexiona que también influye lo que siempre le han gustado los niños pero enseguida aclara que este hecho no tiene por qué aparejar una vocación de docente.
Claramente es una bien fundamentada vocación social la que preside este proceso y es a partir de ésta dónde encuentra la motivación para el magisterio o la función de Educadora.
En sus momentos de zozobra respecto a su futuro tras la decepción de la enfermería alude a la ayuda que le supusieron las figuras de sus maestros, todos los que había tenido desde sus inicios cuando niña, que considera modelos de referencia que la afirman en el valor del estudio cuando la duda quería hacer mella en su ánimo. Lo bueno de la docencia, dice es que no se limita a informar sino a comunicar y es en tal comunicación dónde establece la finalidad de la relación con el alumno, porque “comunicación significa entregar…”
“Fui una alumna apasionada de la licenciatura…”, y trata de mantener ese espíritu de esperanza en su capacidad transformadora del mundo sin embargo a veces, como confiesa, “se le plantea algún desánimo porque constata que el cambio y transformación que le gustaría introducir en el mundo por medio de su acción educativa no resultan tan viables cuanto le gustaría suponer, o no son eventualmente posibles del todo. Estos sentimientos le asaltan “muchas veces” y ha compartido con “compañeras de carrera y que estaban también trabajando conmigo” la idea de que “no era posible cambiar el mundo”. Esto lo había dicho muchas veces, según confiesa, y la constatación subyacente radica en un sentimiento de no realización en su profesión.
Débora muestra también, y ahí coincide con Beatriz, desacuerdo con la actitud de la Administración que mantiene una postura en la parte normativa que no se lleva a efecto en la parte práctica. Su actitud es distinta sin embargo, porque en Débora se aprecia que le gustaría tener ese referente normativo como punto de apoyo en vez de elemento de disconformidad. Aprecia que si no hay acuerdo entre la vocación y el esfuerzo del profesor y el allanamiento del camino por parte de las autoridades, ese “cambio del mundo” que pretende se torna difícil, a veces lo considera imposible.
La carrera de Débora incluye, simultáneamente con la docencia… la realización integrada del prácticum en instituciones dotadas de valencias educativas: jardines infantiles e instituciones particulares de solidaridad social. Débora había pasado por diversas de estas últimas instituciones…
De esa experiencia señala… un aprendizaje esencial, “que realmente hay palabras que no pueden ser entendidas como palabras sino como actos”. Ejemplificando, refiere la palabra “solidaridad” presente en la designación de esas instituciones –“Institución Particular de Solidaridad Social”–, cuyo referente considera ser inexistente: “no tienen ninguna [solidaridad]”. Prosigue diciendo que en esas instituciones “Los niños no son vistos como seres en desarrollo, como potenciales constructores de la paz. ¡Los niños son vistos como cabezas que generan dinero!
La existencia de gestores empresariales ajenos al ámbito académico y docente y su práctica de intervención abusiva, de acuerdo con su visión, reducen considerablemente el estatuto de autonomía profesional de los docentes y no le dejaban tranquila con su conciencia deontológica. Habiendo salido de la institución donde trabajaba y aunque su circunstancia económica plantea problemas, confiesa, que “la verdad es que me he sentido, al mismo tiempo, descansada”. No busca paliativos a su dura afirmación de que “yo me sentía a participar del mal, de una cosa muy errada”.
Alude una vez más a los problemas de falta de conexión de la práctica y la teoría aprendida:
“En su preparación académica y profesional, los profesores son incentivados a “apostar en la familia, insertarse en la comunidad” pero, cuando intentan ponerlo en práctica, “son criticados por eso, son penalizados por eso”, razón por la que “hay profesores que tienen miedo” de reconocer la existencia de los problemas de comportamiento. “No nos es posible” decir: “Hay mal comportamiento, o un comportamiento inadecuado de los niños, entonces ¡vamos a analizar esto! … claro que nosotros tenemos que intervenir, el problema se resuelve tomándolo por la raíz, vamos a ver cómo resolverlo…”.
Coincide en alguno de estos aspectos con Beatriz si bien ella lo entiende como un obstáculo a vencer y es comprensiva con la precaución de algunos maestros con experiencias negativas en este campo.
Comentario final
Toda la posición de esta joven docente es una preciosa reflexión. Primero la búsqueda de un campo en el que realizar su vocación social y luego un constante análisis de lo que es y lo que, a su juicio, debiera ser, algo que tiene muy claro, aunque reconoce en varias ocasiones su escasa experiencia. Yo hablaría de un idealismo viable, de una forma de mejorar el sistema y a su mejora personal como parte del mismo. Sus principios éticos, perfectamente claros y claramente expresados son el foco que orienta su quehacer docente. Además reflexiona cuanto ve y vive y lo comparte con otros colegas y pese a momentos de desánimo propone siempre encarar el problema para resolverlo. Es una interesante biografía que se orienta hacia un arquetipo hermoso de docente.
Cumple todos los puntos que me he planteado como elementos a valorar siendo el que se alude en menor medida, –dado el nivel del que se ocupa– el de la relación con la materia.
3. Esther
Esther analiza en seguida en qué medida se realizó personal y profesionalmente en su actividad docente y concluye que “profesionalmente sí me he realizado”, y que “en mi vida profesional me he sentido feliz, realizada”.
En su caso, la maternidad es otra dimensión importantísima de su vida y se refiere en seguida al modo como ve su conciliación con las exigencias de la vida profesional. Así, dice que “al ser madre de 6 hijos”, las cosas que se quedan por hacer son “muchas más” ya que “en los primeros años de vida de los hijos no se puede dedicar el tiempo que se quisiera a la formación”. Explica en seguida “hay cosas que se tienen que apartar un poco; hubo unos años en que la asistencia a congresos, viajes de trabajo, etc., tuvieron que estar un poco apartados” ya que de sus prioridades “en ese momento, lo primero eran [sus] hijos”. Todavía, en su entender, esa priorización “no era un abandono a la atención docente, ya que nunca tuve permisos, ni bajas, siempre he estado en el cargo y compatibilizando mis tareas docentes con las cargas familiares”.
Su primera observación consiste en señalar su creencia de “que es fundamental la relación profesor-alumno”. Explicitando, Esther refiere la dimensión afectiva de la relación pedagógica en la que “tiene que haber siempre una atracción hacia el alumno como persona, tiene que haber un afecto”. En su caso, confiesa que eso “no ha supuesto ningún sacrificio, siempre he tenido consideración por el alumno, he tratado de estar más o menos a la misma altura”.
Sus compañeros surgen en un segundo momento. La referencia inicial es de que con ellos “no he tenido nunca problemas”. “Al principio”, en dos diferentes comunidades españolas en las que trabajó antes de ingresar en la Universidad de G., no tuvo que
desarrollar “esa competencia profesional” porque “estaba sola, en mi área no tenía compañeros (en LL., en C. y en A.), eran compañeros de profesión, pero no de Área”.
La situación se cambió cuando se trasladó a la Universidad de G.. Aquí, “empezamos a crecer y poco a poco fueron entrando más profesores”. Esther cree que su “relación con ellos siempre ha sido, por [su] parte, buena”, señalando que “he aprendido mucho de mis compañeros, reconociendo y respetando, la identidad de cada uno”, hecho que piensa ser recíproco, es decir, “que ellos habrán aprendido algo de mí”.
Acentuando este aspecto de la relación con los compañeros basada en el aprendizaje mutuo, Esther subraya su esfuerzo por mantenerse ‘al día’ de lo que era nuestra materia haciendo cursos, estando en contacto con otros profesionales”. Le parece haber habido un cambio considerable a lo largo de los años y de su carrera. Efectivamente, “ha sido todo una transformación muy grande, en mi materia las cosas han cambiado mucho… El “cambio” fue “muy grande, también para nosotros”, de donde “ha habido que ir manteniéndose al día, actualizándose, pero ha sido muy beneficioso para todos”.
Al hablar de los valores de la educación cita de nuevo el respeto y la exigencia consigo misma en el cumplimiento de sus obligaciones, usando incluso el término “rigorismo” en horarios y “cumplimiento del programa” lo que considera fundamental como ya aludió antes.
Esther concluye este paso de su reflexión biográfica diciendo que “pero si me ha gustado lo que estaba haciendo, me gustaba enseñarlo, era una satisfacción”.
Bajo el epígrafe Experiencias de sentido/ el mundo en la escuela, reitera su consideración anterior apuntando los hechos de su actividad docente y directiva que le hacen reflexionar y cuestionarse acerca de su sentido. Destaca los cambios ocurridos a lo largo de los años, en particular, “el incremento de la exigencia en la actividad universitaria y el estatuto de su área de conocimiento frente a otras más valorizadas”.
Según Esther, lo primero a apuntar es el hecho de “las cosas yo creo que se han ido poniendo más difíciles” lo que en su entender “ha sido bueno”.
Reitera que “en un principio eran más fáciles” porque “había menos exigencias en cuanto a los planes de estudio y a la formación”. Con los cambios ocurridos, resultó que “afortunadamente, las cosas se han ido complicando”, ya que hay que decir que “al entrar en la Universidad subimos de nivel” por lo que “había que dar la talla y parecer y ser muy rigurosos”.
La segunda fuente de preocupación y cuidado le fue proporcionada por las mudanzas “sobre todo a nivel administrativo”, que han generado cambios “llamativos”. Explicitando esas mudanzas, sitúa la cuestión de partida en la categorización de las asignaturas unas a respecto de las otras de que resultaba “que unas fueran consideradas más o menos importantes que otras”.
“La música, la plástica y el dibujo, las lenguas extranjeras se consideraban de menor relevancia y se conocían como las asignaturas ‘marías’, como de menor categoría que las ciencias y las letras”. Esta jerarquización no fue aceptada y fue paulatinamente contestada, resultando en el entender de Esther el logro de una conquista en el estatuto de igualdad y cuyo proceso de adquisición, “cambio” y “transformación” ha “vivido con mucha ilusión”. En sus palabras, dice que “poco a poco hemos ido ganando y nos hemos ido integrando en la Universidad con todos los derechos”. El proceso no ha sido apacible, sino que “En esos momentos, hemos pasado malos ratos porque a la hora de integrarnos, el Área nuestra (Educación Musical) no fue considerada como tal”. Eso ha sido un motivo por que se tuvieron “que hacer recursos, impugnaciones…, así en más de una ocasión, hasta que todo quedó normalizado” y se puede decir, según Esther, que “Hoy tienen la consideración de las demás, la misma formación, y los mismos ciclos académicos”.
Sobre su formación en el campo de la ética, Esther considera inicialmente que “Todo esto siempre me ha interesado como persona y como profesora”. La importancia que atribuye a esta temática para el profesor queda patente en las afirmaciones que siguen. Dice que “Como es un valor que creo que lo tengo adquirido desde siempre, desde mi infancia he procurado desarrollarlo en lo posible”. Esto hace con que lo lleve a “mi vida personal” y cree que eso “sin duda se refleja en mi quehacer profesional”.
En su perspectiva, este tipo de formación “es algo que debe tenerse especialmente en cuenta” en la “formación continua del docente”. Esther refiere que, todavía, no ha habido formación continua de ese tipo en el tiempo que estuvo en activo. La formación ética que ha hecho tiene un carácter informal y relacional que pasa a especificar. Indica el aprendizaje que se hace mediante las relaciones interpersonales entre compañeros.
Esther avanza en su reflexión y análisis de los dilemas y conflictos éticos que se le han planteado a lo largo de su actividad profesional y su modo de encararlos.
La primera referencia que hace va en el sentido de descartar la importancia de alguna que otra cuestión que pudiera haber surgido con alumnos. Señala, en consecuencia, que esos “problemas con alumnos” los consideraría “más bien problemas menores…” y pasa a considerar problemas “importantes y difíciles”.
Sobre esto, Esther entiende que “hay que distinguir dos etapas”: la primera, “en la que no estábamos en la Universidad”, la segunda, “en la que sí estábamos”. Esta le merece su atención ya que considera que ella “para mí ha sido la más difícil” y pasa a explicar por qué, relacionando esas dificultades con su posición como Catedrática y las funciones de dirección del Departamento.
Así, Esther refiere que “He tenido muchos problemas, especialmente todo lo relacionado con la gestión, integración del profesorado, contrataciones, permanencia… bastantes responsabilidades y delicadas”.
En su entender, esos problemas que tuvo que enfrentar podrán haber sido resultado de su “forma de ser” y su exigencia e intento de “ser justa”, asociadas al ejercicio