3.5 Agriculture
3.5.2 Rural development
En cualquier gran ciudad donde el azar me lleva, me sorprende que no se desaten levantamientos diarios, masacres, una carnicería sin nombre, un desorden de fin de mundo. ¿Cómo, en un espacio tan reducido, pueden coexistir tantos hombres sin destruirse, sin odiarse mortalmente? A decir verdad se odian, pero no están a la altura de su odio. Esta mediocridad, esta impotencia, salva a la sociedad, asegura su duración y su estabilidad. De tiempo en tiempo se produce una sacudida que nuestros instintos aprovechan; después, continuamos mirándonos a los ojos como si nada hubiera ocurrido y cohabitamos sin interdestazarnos demasiado visiblemente. Todo retorna al orden, a la calma de la ferocidad, tan temible, en última instancia, como el caos que la había interrumpido (Cioran, 2003: 117)207.
207 Una afirmación completamente opuesta a la hecha por Marina: “La ciudad es el lugar donde la
nación adquiere rostro humano, pierde sus sentimientos belicosos y fomenta sus sentimientos cordiales”. "Una Mercè que mira a Nueva York" El País, Edición Barcelona, sábado, 22 de noviembre de 2001.
Teniendo como punto de partida el fondo argumentativo presente en esta larga cita, Sloterdijk apunta: “Si no existiera un esfuerzo constante encauzado hacia la compensación de los miembros en pugna, una sociedad compuesta de masas subjetivadas necesariamente se haría pedazos a causa de sus tensiones” (2002b: 95). Los cambios que se han sucedido en el espacio y el tiempo de las sociedades que podríamos considerar modernas, han alumbrado distintos tipos de interpretación acerca de las consecuencias de la
modernidad llevada a sus extremos208. Al iniciar la reflexión acerca de la
modernidad nos preguntábamos qué elementos habían intervenido en la definición de su espacio/tiempo. Del mismo modo, nos hemos preguntado por las características del proceso que nos ha conducido a la definición de un espacio/tiempo postmoderno.
Hemos acordado que la ciudad tradicional está envuelta en un proceso de transformación. “Toda sociedad lo es de lugares, es decir, de puntos o niveles en el seno de una cierta estructura espacial” (Delgado, 1999: 177).
Pero estas nociones de espacio y tiempo, ser y estar pierden su actualidad por
definiciones desligadas del entorno real. La construcción de la megápolis virtual a comienzos del siglo XXI, se concibe como principal causa/efecto de este proceso. Se trata de un nuevo entorno, en la que la comunicación
inmediata no tiene lugar. Es la mutación de Cinecittà a Telecittà; de
actores/espectadores presentes a telespectadores ausentes. Partiendo de la base
208 En relación con estos extremos y la existencia de tensiones en las sociedades, Gehlen (1993: 79)
propone una explicación antropológica no exenta de polémica, aunque sugerente en su contenido: “Tenemos las grandes sociedades de masas, de los Estados modernos, sujetas a régimen policial y pacificadas, y la máquina que disminuye y facilita el trabajo del hombre. Están cerrados los dos grandes conductos por los cuales los hombres descargaron durante milenios la pulsión agresiva, a saber: el trabajo corporal pesado y las contiendas y reyertas constantes […]. Gracias a la civilización, junto al alivio del trabajo corporal pesado […] va aparejada temporal y localmente una irritabilidad, una formación de angustia como jamás hubo antes”. Como decíamos, nos parece polémica puesto que parece reducir la conflictividad social a una mera cuestión de cansancio físico. No obstante, la apuntábamos como interesante, en la medida en que habla de sociedades “policiales” y “pacificadas”. En este sentido, nos interesa puesto que apunta uno de los problemas centrales de las propuestas virilianas más recientes: la posibilidad de una implosión social a causa, precisamente, de las políticas de amansamiento.
de que las comunidades con las que la gente se identifica son siempre comunidades imaginadas (Kroes, 2002: 265), las megápolis mediáticas que poseen el poder paradójico de reunir a distancia a los individuos, en torno a unos modelos de opinión y comportamiento (Virilio: 1999b, 84) y este fenómeno, entre otros, segmenta y rompe las sociedades (Castells, 1998a: 372). El paso de la civilización industrial, localizada, a la civilización de la comunicación, del conocimiento y de la inteligencia, que es una civilización mundializada supone un violento choque. Este choque provoca modificaciones profundas en la gestión de los flujos y reservas de información, que se han convertido en gigantescos e inestables (Danzin, 1992). El consumo de información, tan ligado a la cultura moderna del entretenimiento, ha cimentado las bases de esta transformación. Cabe recordar que el entretenimiento es un componente moderno de la cultura del tiempo libre, que tiene como función eliminar el tiempo que sobra. Sobre esta cuestión cabe tener en cuenta la advertencia lazada por Luhmann: “En el contexto de los medios de comunicación de masas, permaneceremos en el problema de la construcción de la realidad y en la pregunta de cómo produce efectos la codificación de la información / no información en este campo del entretenimiento” (2000: 75). Estos hechos tienen una repercusión sobre los elementos que dan coherencia a las realidades localizadas en un espacio/tiempo no virtual. En una temprana reflexión acerca del fenómeno de desmaterialización de la realidad, encontramos las aportaciones de Barlow
recogidas por Mounier209:
Los gobiernos basan su poder legítimo en el consentimiento de los gobernados. […] El ciberespacio no está limitado por vuestras fronteras. No creáis que podéis construirlo, como si se tratara de un proyecto de construcción pública. No podéis […] se desarrolla gracias a nuestras acciones colectivas […] Nuestro mundo está a la vez en todas partes y en ninguna, pero desde luego no donde
viven los cuerpos. Creamos un mundo en el que todos pueden entrar, sin privilegios ni prejuicios dictados por raza, poder económico, poder militar o lugar de nacimiento. Creamos un mundo en el que cada uno, donde quiera que se encuentre, pueda expresar sus ideas, por muy peculiares que puedan ser, sin temor a ser reducido al silencio o a una norma. Vuestras nociones jurídicas de propiedad, de expresión, de identidad, de movimiento y de contexto, no se aplican a nosotros. Se apoyan en la materia. Aquí, no hay materia (Mounier, 2002: 189-190).
París, Roma, Madrid dejan de tener sentido en tanto que realidades locales y se convierten en los barrios, la periferia, de la nueva mega ciudad. El hombre se enfrenta sin cesar a lo ridículo de sus propias dimensiones. “La pérdida de la distancia, el desprecio por las dimensiones del propio cuerpo, gobiernan el mundo post-industrial” (Virilio, 1999c, 89). Solà-Morales, haciéndose eco de la terminología empleada por Deleuze y Guattari, liga este fenómeno a una situación estrechamente relacionada con las últimas fases del
desarrollo capitalista. En este sentido, afirma: “En el cuerpo sin órganos
capitalista ha desaparecido la posibilidad de que sea el cuerpo el punto de apoyo de cualquier espacio a partir del cual se puedan inscribir los rituales de iniciación e intercambio característicos de las sociedades primitivas” (2000: 349). La percepción y la captación del tiempo son relativas a la esencia misma de la vida cultural: “Quizás, sin embargo, perdemos de vista, a veces, el hecho de que en la historia, junto a la evolución, jugó un papel esencial del elemento estático” (Gurevitch, 1979: 280).
Ante estas premisas, es imprescindible abrir un amplio abanico de cuestiones. En este sentido, uno de los interrogantes que se deberían abordar, en tanto que inicio de la reflexión, es qué características definen la comunicación interpersonal. En principio podríamos utilizar la propuesta de Berlo: la necesaria proximidad física entre los interlocutores, la interdependencia de ambas partes entendida como una secuencia próxima en
el tiempo de acción-reacción, el grado de empatía existente y, por último, la interacción y la asunción del papel que cada interlocutor desempeña en la comunicación (1981: 81 y ss.). En otras palabras, en la comunicación interpersonal se asume el papel activo de los interlocutores, sin especificar. Asimismo, también se asume un escaso grado de intervención de mecanismos de intermediación.
En completa contraposición a la comunicación interpersonal estableceríamos la comunicación de masas. La existencia de una comunicación de masas requiere la existencia previa o simultánea de una sociedad de masas (Wolf, 2000). No vamos a detendremos en analizar las
características de estas masas y vamos a adoptar una definición práctica de las
características de la comunicación de masas, en función de las afirmaciones previas. La comunicación de masas se caracteriza por la cierta pasividad de uno de los interlocutores, la existencia de un elevado grado de intermediación comunicativa y el escaso margen de reacción del sujeto receptor.
Después de definir sucintamente ambos tipos de comunicación, se debe plantear el debate alrededor de las características de ambos tipos de comunicación en Internet y en los espacios virtuales y qué papel adoptan emisor y receptor en estos entornos comunicativos. El consenso en el que coinciden la mayoría de autores es que Internet no es un medio de
comunicación como los que estudiaba la mass communication research.
Internet responde más a la definición de “espacio de comunicación” en el que convergen o pueden darse diferentes tipos de comunicación, entre ellas, sin lugar a dudas también, la comunicación de masas: pasiva, unívoca y centrada en el emisor. En este sentido, para imaginar Internet “necesitamos imaginar una combinación de biblioteca, galería, estudio de grabación, cine, cartelera, sistema de correo, galería de compras, tabla horaria, banco, aula, boletín de club y periódico” (Graham, 1999: 33-34). Se trata de un entorno que ya no es
nuevo, pero que permite formas de comunicación novedosas y sorprendentes. La interactividad adquiere un importante desarrollo aunque sólo sea por la mayor celeridad y la facilidad de uso de las herramientas disponibles respecto de sus equivalentes convencionales [teléfono, fax, cartas etc.] (López García, 2005: 57). Internet es, asimismo, un entorno en el que la comunicación inmediata no tiene lugar. Por todo ello debemos afirmar que Internet lo que permite es el desarrollo de mecanismos de comunicación mucho más complejos, que no responden a los parámetros tradicionales del espacio y el tiempo. “Los medios digitales […], muy particularmente Internet, posibilitan una superación parcial de las coordenadas espaciotemporales, merced a diversas características que les son propias” (López García, 2005: 41). En otras palabras, los conceptos de comunicación interpersonal y comunicación de masas se trasfiguran. A propósito del surgimiento de un nuevo tipo de ciudadanía y de la consolidación de un espacio donde la palabra es libre porque circula en libertad y es producida libremente, Mounier ha afirmado:
Esta experiencia es la de un comportamiento humano totalmente diferente de lo que podemos experimentar en este mundo. Como si el ciberespacio, este nuevo mundo que se define en primer lugar como un nuevo mundo, de nadie, virgen, hubiera permitido a los hombres reencontrar su naturaleza profunda (2002: 193).
Las figuras del emisor y el receptor son, posiblemente, de entre los elementos previos estudiados los que más cambian. En este entorno adquieren unas características singulares. Por un lado emisor y receptor se ubican en un mismo nivel: en teoría, sólo en teoría, ninguno tiene el control desde el que parte el discurso. Por otro lado, las relaciones en el intercambio comunicativo superan las definiciones de interpersonal y masivo. “Sigue existiendo un criterio diferencial entre los medios de comunicación interpersonal y los medios de comunicación de masas […] Conviene recordar, una vez más, que
la capacidad de selección del usuario determina poderosamente, en última instancia, el cariz de la comunicación” (López García, 2005: 129-130). En este sentido se darían relaciones que exceden de lo “interpersonal”, en la medida en que son más de una persona las que intervienen en el proceso comunicativo. Sin llegar a ser masivas, los intercambios de información
pueden ser multitudinarios210. Asimismo, los últimos desarrollos tecnológicos
permiten que Internet sea tan interactivo como el teléfono. A este respecto, cabe destacar, que las posibilidades de interacción despliegan todo su potencial. No obstante, advierte Mounier:
Una gran parte del problema viene de ahí. Porque si la red es globalmente descentralizada, multiforme, y por lo tanto todavía relativamente incontrolada, se apoya para existir sobre una función limitada pero a la vez extremadamente centralizada: la ubicación universal de las direcciones digitales para las máquinas, de los nombres de dominio para las personas y los organismos y la correspondencia entre los dos (2002: 228).
210 El proceso de una digitalización positiva de la comunicación podría explicarse como la
recuperación del poder del control social por parte de la ciudadanía. Los ejemplos que en este sentido podemos utilizar son de diversa naturaleza. Y los ejemplos de cómo las nuevas tecnologías pueden suponer un desafío de las deterioradas reglas del juego democrático y de las formas de comunicación tradicionales, también son de diverso tipo. Las nuevas tecnologías han afectado el activismo político (Yúdice, 2002: 208). En el campo del periodismo digital uno de los ejemplos que se está convirtiendo en paradigmático es el de la bitácora del periodista Arcadi Espada (http://www.arcadi.espasa.com). La página principal de su weblog recibía en marzo de 2005 más de 1000 visitas diarias y se ya se había consolidado como uno de los referentes de opinión de la actualidad. En este sentido, podemos también tomar buena nota de la creciente influencia de las bitácoras en el día a día comunicativo del ejemplo del blogger francés Christophe Grébert. En marzo de 2005, Grébert fue noticia ya que estuvo a punto de ser arrestado por la policía local de su localidad natal, Puteaux, en principio por haber criticado la acción del gobierno local desde su blog (http://www.monputeaux.com). En este punto resulta imprescindible citar, aunque sólo sea sucintamente, el fenómeno de masas ocurrido el 13 de marzo de 2004, víspera de las elecciones generales en España. Durante la jornada de reflexión y de forma “espontánea”, decenas de miles de personas se congregaron ante las sedes del Partido Popular y los ayuntamientos gobernados por este partido, para exigirle al gobierno información sobre los atentados terroristas en los trenes de cercanías de Madrid sólo dos días antes. Sin duda todavía no se ha dicho todo, pero ya podemos disponer de un primer análisis gracias al libro de Sampedro (2005). Antes apuntábamos la cualidad de Internet como herramienta capaz de unir en la distancia. Ante las características insólitas de este fenómeno, debemos añadir la capacidad de Internet, en simbiosis con otra de las aplicaciones más extendidas de la tecnología, la telefonía móvil, de coordinar acciones conjuntas. A diferencia de otras acciones coordinadas del pasado (Seatle, Génova, Davos etc.), ésta se gestó y fraguó en un lapso de tiempo récord.
Si observamos todas las afirmaciones vertidas hasta este punto, nos daremos cuenta que “desde el prisma de la situación actual a principios del
siglo XXI, llama poderosamente la atención hasta qué punto el boom de
Internet puede ir minando [el] discurso monológico [de la comunicación de masas]" (Méndez Rubio, 2004: 73). Ésta es, posiblemente, la principal consecuencia que podríamos extraer de la reelaboración de los procesos de comunicación interpersonal y de masas. El nodo central de la discusión de esta reelaboración está conduciendo a la reconstrucción del paradigma de la comunicación. Antes de seguir, no obstante, queremos establecer un paralelismo este fenómeno con otro fenómeno, el del cambio climático: éste ya no se discute, pero genera una gran controversia el debate acerca de las características que lo definen, así como la discusión que pretende apuntar las tendencias de futuro.
Entre las muchas acepciones de la palabra “vértigo” que nos ofrece el diccionario, nos quedamos con una: “apresuramiento anormal de una persona o colectividad”. Ahora apliquemos la definición sobre el objeto de reflexión que hemos planteado en páginas precedentes y los medios de comunicación y su contenido. ¿En qué aspecto/s se encuentra acelerada la colectividad? Se diría que la colectividad está apresurada anormalmente en la creación y consumo de contenidos informativos; independientemente de la forma que estos adopten: televisión, prensa escrita, radio, Internet, etc. Asimismo, está acelerada en la creación y consumo de contenidos audiovisuales, que cada día se distinguen menos de los meramente informativos.
Cuando se conduce un automóvil por una autopista a una velocidad de 100 kilómetros/hora, el campo de visión de la persona que lo maneja se reduce al 90%. Si la velocidad del vehículo aumenta hasta los 150 kilómetros/hora, el mismo campo de visión queda reducido al 40%. El consiguiente peligro de
tener un accidente, que supone haber perdido ciertos puntos de referencia, queda en evidencia. La lectura desprendida de este razonamiento, aplicada al nuevo espacio de relación, apunta a la búsqueda de criterios de ubicación espacial y temporal.
Extrapolemos ahora el ejemplo automovilístico a la realidad comunicativa. Entendemos que cuanto mayor es la velocidad a la que se transmiten y consumen los datos, menor es nuestro campo de visión; es decir, nuestra capacidad de entendimiento. La razón es que perdemos puntos de referencia, por lo que, siguiendo con el símil de los coches, más peligro se tiene de sufrir un accidente. Conducimos, pues, un automóvil a una velocidad excesiva. Por ello no hemos dudado en catalogar de “anormal” este proceso, por el peligro que lleva implícito, el apresuramiento en la creación y consumo de contenidos informativos y audiovisuales. La sobreinformación y la desinformación son un peligro real, no sólo por la desaparición de referentes, sino porque la capacidad de asimilar del entendimiento se ve severamente mermada. Constantemente aumenta la distancia entre lo que sería necesario comprender y las herramientas conceptuales necesarias para tal comprensión (Ramonet, 1997: 87). En palabras de Habermas, la situación podría describirse de la siguiente manera.
Así pues, al quedar afectada la capacidad de “entender”, la reacción de la débil masa encefálica que nos sustenta, tiende hacia el radicalismo y las soluciones límite. Asimismo, este es uno de los motivos principales por los que queda también reducida la capacidad investigadora del individuo. La comparación es fácil. La ingente cantidad de información veraz y falaz con la que se nos bombardea constantemente inhabilita seriamente nuestra capacidad cognitiva (2002: 157 y ss.).
En este sentido, el consumidor de los medios de comunicación se debate entre la necesidad de detenerse a analizar la veracidad de lo que sucede,
de los hechos que le son presentados y la necesidad de no perder el propio tren de los acontecimientos. En esta encrucijada, el único punto de partida con el que cuenta de forma clara, es el de la verificación de la necesidad de encontrar un mecanismo de protección ante este peligro. La velocidad, como ya habíamos insinuado, queda asimismo asociada al nacimiento y expansión de las autopistas de la información y su interferencia sobre el probado esquema de la perspectiva audiovisual. En palabras de Virilio, la velocidad a la que va la información, produce una disociación entre la realidad y vitualidad:
Junto al levantamiento de las ‘superautopistas’ estamos enfrentándonos a un nuevo fenómeno: la pérdida de orientación. Una pérdida de la orientación fundamental que complementa y concluye la liberación social y la realización de los mercados financieros cuyos nefastos efectos son bien conocidos. [...] El aspecto negativo de las ‘superautopistas’ de la información es precisamente esa pérdida de orientación en lo que se refiere a la alteridad [el otro]; es la perturbación en la relación con el otro y con el mundo (1995b).
Teniendo presente lo dicho con estas afirmaciones, urge la necesidad de plantear una solución inmediata y efectiva al problema. Una solución, no obstante, que se antoja extremadamente compleja por la cantidad de actores