SECTION II. SAMPLE FORMATS
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De Aristóteles conoció primero la edad media sólo una parte del
Organon, en la traducción de Boecio; sólo en el siglo xii se conoció el Organon completo. Hacia 1150 trabajaba en Toledo una verdadera oficina
de traductores, en que principalmente Domingo Gundisalvo (o Dominicus Gundissalinus) y Gerardo de Cremona y otros muchos sabios traducían del árabe al latín no sólo los escritos de Aristóteles, sino también los filósofos árabes y judíos. Estas traducciones fueron ávidamente aprovechadas por Alberto Magno y Tomás de Aquino. Pero mucho más valiosas fueron las traducciones hechas directamente del griego. En el siglo XII las comenzó Enrique Aristipo de Catania, y en, el xm las prosiguieron en gran escala Bartolomé de Mesina, Roberto Grosseteste y Guillermo de Moerbeke, y las extendieron también a los comentarios sobre Aristóteles. Un inmenso material científico afluía entonces al receptivo occidente, produciendo un «renacimiento» medieval. Erasmo de Rotterdam pudo decir con razón: «La mayoría de los clásicos no hubieran llegado hasta nosotros, de no haber hallado un lugar de refugio en la Escolástica.» Cierto que no había tanto interés por el bello lenguaje cuanto por la muchedumbre de ideas que torrencialmente venían.
Pero precisamente estas nuevas ideas desencadenaron muy pronto un conflicto con la Iglesia. En la interpretación neoplatónica, Aristóteles aparecía como el autor del panteísmo que por entonces precisamente se impugnaba en París (Amalrico y David de Dinant). De ahí que el concilio de París de 1210 prohibió los escritos científico- naturales de Aristóteles; en 1215 la prohibición se extendió a la metafísica. En 1231 se declararon prohibidos todos los escritos de Aristóteles hasta que se expurgaran las partes erróneas. En 1245 la prohibición se extendió a Toulouse. Sin embargo, cuanto más se limpiaba a Aristóteles de las adiciones neoplatónicas, más clara aparecía su compatibilidad con la doctrina cristiana. Aristóteles vivió entonces en el mundo cristiano una verdadera marcha triunfal. En 1255 se explica ya en las universidades el Aristóteles íntegro, y en 1256 su conocimiento se prescribe directamente por la facul- tad de artes. Alberto Magno lo llama el «precursor de Cristo en
Universidades
la sabiduría natural», como Juan Bautista lo fuera en la sobrenatural. En el ve el «sumo desenvolvimiento de la inteligencia humana», y la «norma de la verdad». El obispo parisiense Guillermo de Auvernia (+ 1249)
lo celebra como guía de «todo lo que existe bajo la luna». 2. Las universidades.
Hacia el año 1200, los maestros y discípulos de las escuelas superiores de París se organizaban a la manera de los gremios de artesanos como
universitas magistrorum et scholarium. Este gremio escolar de la
«universidad» era una persona jurídica que podía regir su vida por propias leyes, policía y tribunales propios, respetando, naturalmente, los derechos de comunidades superiores. Reyes y papas competían en dotar a la universidad de bienes y privilegios. Esto condujo pronto a tal florecimiento de la universidad, que junto a ella palidecieron las escuelas catedrales y monásticas. En los cincuenta años siguientes fueron apareciendo, por el modelo de la de París, por lo menos 15 nuevas universidades, entre ellas Oxford y Cambridge, Toulouse y Salamanca. Sin embargo, durante mucho tiempo París siguió siendo la «ciudad de los filósofos». Roberto de Sorbona fundó en 1254 la facultad de teología, que se llamó por su nombre y se fundió pronto con la universidad.
La organización de la universidad fue tan excelente, que en lo esencial se ha mantenido hasta ahora. Había las cuatro facultades siguientes: 1. La
facultas artium, en que se enseñaban las siete artes liberales,
principalmente la dialéctica. Después que fueron conocidos en su totalidad los escritos de Aristóteles, esta facultad pasó a ser facultad de filosofía, en el sentido actual, con inclusión de las ciencias naturales. 2. La facultas
theologorum gozó, dada la orientación religiosa de la época, del máximo
prestigio y autoridad. Los más grandes filósofos eran teólogos. Sólo se admitía al Studium el que había estudiado las artes. El estudio teológico duraba ocho años, y sólo entonces podía uno hacerse baccalaureus
(bachiller). Tenía que comentar, bajo la dirección de un maestro, la Biblia-
durante dos años (baccalaureus biblicus) y luego, durante otros dos
La alta escolástica
años, los libros de las sentencias (baccalaureus sententiarum). Sólo entonces podía pasar a magister, que era profesor en el sentido actual de la palabra (magister actu regens), o sólo de título (doctor en el sentido actual de la palabra). 3. La facultas decretistarum o facultad de derecho se consagró principalmente, por deseo de los papas, al derecho canónico. Su más antiguo lugar de cultivo fue Bolonia, en que Irnerio (1055-1125) descubrió y comentó las Pandectas del emperador Justiniano. El año 1222 se separó Padua y desde entonces siguió un desarrollo propio. 4. La
facultas medicorum o facultad de medicina, dado el bajo nivel de la
ciencia médica ele entonces, tuvo menos importancia. Sin embargo, aun antes de la fundación de la Universidad de París, la medicina había hallado en Salerno un famoso centro de estudio.
La actividad docente de la antigua universidad consistía en la «prelección» de un libro que era explicado por el magister. Estas explicaciones se publicaban como commentaria. Los problemas difíciles de la prelección se profundizaban por las disputationes (discusiones), que se tenían cada 14 días. El precipitado literario eran las repórtala (apuntes) de los discípulos y la quaestiones disputatae del profesor. Antes de navidad y pascua se celebraban públicas discusiones ante personalidades de la vida pública. Se fijaban literariamente por las quaestiones
quodlibetales.