2 Concept of the study 6
4.5 Safety issues 30
En la mañana del 16 de noviembre de 1947 Radio Sutatenza emitió su primer programa, el cual ―fue captado por los tres únicos receptores de batería existentes en Sutatenza, instalados en la vereda Irzón‖, según se lee en una nota adherida al primer transmisor de 100 vatios.
Entonces muchos colombianos habitantes de las zonas urbanas ya estaban acostumbrados a entretenerse e informarse por emisoras comerciales de Bogotá, Tunja o Chiquinquirá, entre estas Radio Santa Fe, que barría en sintonía con programas como ―La hora de los novios‖ o ―Hacia una vida mejor‖; y el ―Radioperiódico El Pereque‖; emisora ―Nuevo Mundo‖ ( pionera en radionovelas tan exitosas como ―El derecho de nacer‖) la cual se convertiría en la matriz de la Cadena Radial Colombiana (Caracol) en 1948; y la emisora ―Nueva Granada‖, que daría origen en 1949 a Radio Cadena Nacional (RCN) entonces muy exitosa en programas musicales en vivo. Era el preámbulo de la época de oro de la radio espectáculo, con programas en vivo de música, teatro, variedades y de concurso.(Pareja, 1984)
Aunque no se puede negar el gran impacto cultural de la radio comercial, aún no había en Colombia una emisora cultural y popular propiamente dicha, pues aunque en 1940 el presidente Eduardo Santos había fundado la Radiodifusora Nacional de Colombia, desde la misma concepción de sus programas –que incluía franjas de música clásica, música colombiana, en especial del interior del país, y dramatizados– quedaba claro que el enfoque se dirigía fundamentalmente hacia la población urbana.
Por supuesto, tampoco se puede pasar por alto la ―HJCK El Mundo en Bogotá‖, una emisora que nació en 1950 de la mano de dos de los personajes de la radiodifusión y la televisión más apreciados por los colombianos, como lo fueron Álvaro Castaño Castillo y su esposa, Gloria Valencia de Castaño. Como lo contó el propio Álvaro Castaño (2013), la HJCK abrió un escenario por el que desfilaron escritores, artistas, hombres de teatro, poetas, periodistas (…) ―con el propósito de elevar el nivel cultural de Bogotá‖. Uno de los grandes mecenas de esa iniciativa –entre muchos otros– fue el recordado escritor y locutor Álvaro Mutis, quien grabó esta promoción que le daría identidad a la emisora: ―Esta es la emisora HJCK, una emisora para la inmensa minoría‖, célebre frase escrita por el propio Castaño. Impactante y exitosa, pero tampoco llegaba al campo.
Por el lado de la prensa escrita ya existían en nuestro país los periódicos de circulación nacional El Espectador, El Tiempo y El Siglo. Los dos primeros de origen liberal fueron fundados por don Fidel Cano Gutiérrez, en 1887 y en 1911, por don Alfonso
Radio Sutatenza y Acción Cultural Popular en la era digital
Villegas, respectivamente, y El Siglo, creado en 1936 por los conservadores Laureano Gómez y José de La Vega. Son publicaciones que han tenido una gran influencia en la definición de la agenda pública nacional pero que en los años 40 prácticamente no llegaban al campo, porque la mayoría de su población era analfabeta funcional. Las cifras oficiales de la época indican que el índice de analfabetismo en el campo rondaba el 50%, ya que los escasos recursos destinados a la educación se encaminaban fundamentalmente hacia el área urbana y los maestros se nombraban, en su inmensa mayoría, por recomendaciones políticas y no según su preparación académica. Como lo indican las investigadoras María Teresa Ramírez y Juana Patricia Reyes, ―el porcentaje de maestros de enseñanza primaria oficial que no tenían grado llegaba al 82%, mientras que ese porcentaje para la zona urbana era del 51%‖. (2005, p.96)
En este contexto mediático, resulta claro que Radio Sutatenza tenía el éxito asegurado entre la población campesina, gracias a que llenaba un vacío y a que no fue producto de la imposición de nadie, sino del diálogo concertado con su promotor, José Joaquín Salcedo Guarín. Los aportes de sus interlocutores, es decir, las mismas campesinas y campesinos, fueron tan importantes, que incidieron en la creación y puesta en marcha de la decisiva figura del auxiliar inmediato, un integrante de la misma comunidad que tenía más experiencia académica, lo que le permitía acompañar el proceso de aprendizaje en calidad de par y con gran conocimiento de causa. Así mismo, ellas y ellos fueron determinantes en el diseño general de las Escuelas Radiofónicas y en la elaboración de la parrilla de programación de Radio Sutatenza que, poco a poco, fue profundizando su enfoque variado y ameno, pues además de los cursos básicos apeló a formatos como el radioteatro; música selecta (de corte clásico); música popular, cultura general y noticias, entre otros. Hacia 1968, al inaugurarse Radio Sutatenza en Bogotá, con una potencia de 250 kw, se remozó la programación, con énfasis en la participación activa del oyente, ―mediante mesas redondas, concursos y trasmisiones vivas‖. (Musto: 1971. P.89). A ello hay que sumarle la dinámica correspondencia que mantuvo con sus oyentes: en su vida activa ACPO respondió 1.229.552 cartas provenientes de los estudiantes y oyentes de las emisoras y de los lectores del periódico.
Fue así como Radio Sutatenza supo nutrirse del propio mundo campesino, para aprovechar de la mejor manera posible los recursos del lenguaje radiofónico –voces, música, sonido ambiente, silencio y efectos especiales–. Es decir, como lo advierte el investigador Hernando Vaca Gutiérrez (2011, p.264 ) entendió que no se trataba de dictar clases por radio,
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permanente por conocer al campesino como es él‖.