La salud mental se define como un estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar
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de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad. (Organizacion Mundial de la Salud, 2006)
En medicina específicamente en la especialidad de psiquiatría se caracteriza a la salud mental como un estado total de homeostasia y armonía activa que capacita a una persona para interactuar con su entorno, de forma sapiente lo que favorece su desarrollo y bienestar como individuo, y el de su ambiente social. (Vidal & Alarcón, 1986)
Importancia de la Salud Mental
La importancia de la salud mental radica en el impacto que tiene para un ente manejar apropiadamente ciertas facultades, raciocinio, emociones y su conducta frente a distintas situaciones de cotidianeidad así cómo manejar el estrés, convivir con otros individuos y tomar decisiones trascendentales.
De acuerdo a las estadísticas podemos darnos cuenta del impacto que tiene el detrimento de la salud mental traducida en enfermedades de la psique. La Organización Mundial de la Salud reporta que los problemas de salud mental constituyen alrededor del 15% de la carga mundial de enfermedad. (Organización Mundial de la Salud, Invertir en Salud Mental, 2008) Aproximadamente una de cada cuatro personas en el mundo padece alguna enfermedad mental a lo largo de su vida, es decir que alrededor de 450 millones a nivel mundial padecen alguna psicopatología. (Organizacion Mundial de la Salud O. , 2005)
En la actualidad el impacto que suponen los trastornos mentales en la calidad de vida es superior al de algunas enfermedades crónicas como la artritis, diabetes o enfermedades cardiacas y respiratorias. (Ministerio de Sanidad y Consumo, 2006)
Aspectos de Normalidad Mental
La definición de normalidad en todos los ámbitos ha sido un tema en extremo controvertido puesto que ningún concepto unilateral de normalidad es admisible, es por esto que existe gran conflicto en resolver si un suceso o individuo son “normales” en un momento dado ya que depende también en gran parte de las normas culturales, expectativas y valores de la sociedad en la que se desenvuelve.
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Existen varios criterios de normalidad que se han desplegado de estudios previos los mismos que se agrupan en modelos autónomos pero suplementarios cada uno con excepciones y debilidades, dentro de los notables para este estudio cabe citar:
Desde el punto de vista del psicoanálisis (Kaplan & Grebb, 1997) realiza una sinopsis de que consideran los principales exponentes:
Sigmund Freud, padre del psicoanálisis, expresa que “Un ego normal es como la normalidad en general, un ideal de ficción”. Con este pensamiento deja en claro que la normalidad es idealizada y absurda de lograr, asevera que todos los seres humanos tenemos en cierto porcentaje un componente patológico. Melanie Klein afirma que la normalidad se basa en la fortaleza del carácter, la capacidad de oponerse a problemas emocionales. (Freud, 1966) Según (Erikson, 1959), se define como la capacidad de manipular los distintos periodos de la vida que se contraponen creando vicisitudes. Laurence Kubie asocia la normalidad a la capacidad que tenemos de adaptarnos a los eventos y el mundo que nos rodea y que no podemos modificar, así como a nuestra flexibilidad a aprender de la experiencia.
El psicólogo y psiquiatra Alfred Adler estima que la normalidad de un ente está relacionada inherentemente con su interés de luchar activamente por satisfacer sus necesidades dentro del contexto social, desarrollando así sentimientos de productividad ya que la autoestima es proporcional al trabajo que se realiza. (Adler, 1989)
Roger Money-Kyrle famoso psicoanalista británico asume que la destreza para conseguir la introspección psicológica se equipara a ser normal, tomando en cuenta la aclaración que la introspección completa es imposible por lo que emulan la teoría freudiana de que todos poseemos alguna perturbación mental. (Money - Kyrle, 1955)
Para finalizar, Orton Rank la define como el arte de vivir sin intranquilidad, culpabilidad o ansiedad y poder hacerse cargo de los propios actos de vida.
Excluyendo los juicios Sigmund Freud y de Money - Kyrle para los que la normalidad absoluta es imposible y carece en absoluto de sentido, los demás autores citados abordan la normalidad como un concepto distante y aislado a varios rangos de la personalidad, por lo que resultan insuficientes individualmente pero que al fusionarse crean un modelo plausible que satisfaga las expectativas de los acérrimos sicoanalistas.
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Existen otras concepciones clínicas y teóricas de la normalidad fuera del área del psicoanálisis, pero todas ellas pueden concentrarse en cuatro modelos funcionales tal corno las enunciaron (Offer & Sabshin, 1966):
Normalidad como Salud
Este primer acercamiento a la concepción de normalidad atiende a la perspectiva médico- psiquiátrico tradicional de salud y enfermedad. Para los galenos, lo normal es la ausencia de signos y síntomas de enfermedad por lo que consideran que una conducta está dentro de las demarcaciones normales cuando no se observa sicopatología y por ende entiende a la salud como estado funcional razonable más que óptimo.
Normalidad como Utopía
Se identifica a la normalidad como una interacción equilibrada y perfecta de los diversos elementos del aparato mental involucrando a sus tres componentes el Ello, Yo y Superyó, que en armonía permiten un desempeño óptimo.
Tal concepción emerge claramente de la propuesta de un ser humano ideal desde el punto de vista psíquico, y siendo esta una quimera, así de imposible también sería la normalidad lo cual nos remonta directamente a Freud y sus bases por lo que no tendría siquiera sentido hablar de la misma.
Normalidad como Promedio
La tercera perspectiva se basa en el principio matemático de la curva de Gauss, ésta aproximación considera normal el rango medio siendo ambos extremos desviaciones de la normalidad asumiendo que los rasgos de carácter pueden medirse estadísticamente. El análisis de tipo normativo describe a cada persona en términos generales con una puntuación total sin diferenciar entre anormalidades por exceso o defecto, y considera enfermedades frecuentes como normales, además excluye parámetros importantes de individualidad como: coeficientes intelectuales extraordinariamente elevados, ideas revolucionarias, hábitos sexuales que no cumplen criterios de normalidad al estar alejados del promedio al igual que minorías étnicas que presentan peculiaridades mediadas por la cultura en cuanto a formas de autorregular la conducta y son por lo tanto, diferentes a la mayoría de la población en ese sentido. (Offer, The diversity of normal behavior., 1992)
25 Normalidad como Proceso
En el cuarto enfoque se entiende que el individuo normal debe tener la capacidad de asumir los distintos períodos de su vida conforme a las expectativas de la etapa del ciclo vital que atraviesa, por lo que la conducta estereotipada supone el resultado de una serie de sistemas interactivos como cambios temporales, evolutivos y formas de autorregulación del comportamiento que pueden considerarse normal en una época del ciclo vital y abiertamente anormal en otras.
Aunque estas perspectivas son únicas y tienen su propia categoría de exclusión, se complementan entre sí y congregadas brindan una visión más clara del concepto de normalidad que tanto se anhela esclarecer hasta la actualidad.
Anormalidad Psíquica
La ilusoria brecha entre la concepción de normalidad y anormalidad induce la discusión sobre cómo se ha contextualizado la anormalidad, denotando que no debería tomarse como un concepto inverso a los elementos que definen la normalidad (Belloch, Sandín, & Ramos, 1995), es por ello que corresponde entender esta noción como una perspectiva factorial, es decir, que son puntos externos de un continuo y tener en cuenta su variabilidad dependiente de la intensidad, duración y frecuencia. (Vásquez, 1990).
Según los autores (Vásquez, 1990) y (López, Ortíz, & López, 1999) coinciden en que existen cinco elementos que podrían caracterizar de alguna manera la conducta anormal:
Sufrimiento personal, se refiere al padecimiento de desazón en el sujeto, originado por algún factor anormal, pero no todo lo que produce sufrimiento es anormal, por lo que el contexto donde se produce el hecho es fundamental para catalogar a una conducta como anormal.
Falta de adaptación del entorno, describe al comportamiento anómalo que impide a la persona relacionarse con su entorno, se considera que el proceder es funcional y adaptativo cuando permite al individuo conseguir sus objetivos sin interferir con el bienestar de la sociedad. Freud: enuncia “salud mental es la capacidad para amar y trabajar”.
Irracionalidad e incomprensibilidad, considera que una personalidad o comportamiento son incomprensibles cuando no los podemos explicar racionalmente.
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Malestar en el observador, esta conducta no estándar va de la mano con el rompimiento de las convicciones sociales y que causan molestias a los que presencian dichos actos.
Violación a las normas morales, se entiende como fenómenos que sobrepasan el quebranto de los acuerdos sociales, pues se refiere a los procederes morales. Cuando el comportamiento sale de lo aceptado como adecuado al momento de comportarse, es que exponemos que existe anormalidad.
A pesar de que los cinco elementos anteriormente nombrados explican muchas de la conductas anormales, coexisten otros dos elementos que mencionan (Belloch, Sandín, & Ramos, 1995), el primero es cuando la actuación del individuo constituye un obstáculo para su desarrollo en el quehacer diario; el segundo elemento se refiere a aquellas conductas que dificultan en ciertos casos al desarrollo físico, intelectual, afectivo y/o social.
Existen autores como (Arias, 2013), (Palacio, 2013) y (Pedrique, 2002) que plantean que los criterios antes mencionados son insuficientes para abordar correctamente un contenido tan debatido. Ellos opinan que se debe enfrentar la problemática desde una perspectiva más filosófica, puesto que se ha advertido que el patrón médico-clínico resulta exiguo al momento de vislumbrar la complejidad de la psicopatología humana, ya que desde ese modelo todo comportamiento negativo, dolor o malestar y sufrimiento es visto como una enfermedad; punto en el que concuerda con la idea de (Pérez & Fernández, 2008) con respecto al enfoque de carácter más bien psicológico que debería procurarse a los asuntos de la vida cotidiana.
Psicopatología
En cuanto a definir que es la Psicopatología, existen muchos axiomas, una de las más claras es la del autor (Maher, 1979), que precisa a ésta como la ciencia de la conducta desviada misma que trata de encontrar las leyes generales que admitan revelar las diversas clases de conducta anormal.
Trastornos Psicosomáticos
El término psicosomático al igual que otros conceptos que involucran un juicio de la mente es muy controvertido, según (Maergetts, 1950), el vocablo fue utilizado por primera vez en 1818 por el psiquiatra de origen alemán Johann C. Heirroth al describir que el origen del
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insomnio es psicosomático. Dicho término no fue tratado en la literatura médica y no médica hasta finales del siglo XX, cuando (Lipowski, 1986) promueve su utilización de manera formal. El autor (Dumbar, 1947) publica la obra Emotions and Bodily Changes, constituyéndose ésta en un hito importante para la posterior consolidación del concepto psicosomático.
En la actualidad ya afianzado el concepto (Saraceno, 2005), director del Departamento de Salud Mental y Abuso de Sustancias, de la Organización Mundial de la Salud (OMS), hizo hincapié en el reconocimiento cada vez mayor de la relación que hay entre las enfermedades de la mente y del cuerpo. Además se refirió a la complejidad de la interacción entre la comorbilidad de las enfermedades mentales-físicas y la necesidad de que los expertos intervengan de manera vertical tanto en el paciente como en la comunidad. “La comorbilidad clínica es la regla, no la excepción”.