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In document Version August 2016 (Page 90-95)

Numerosos autores (e.g. Myers-Scotton 1995:46, Gardner-Chloros 1995:72 y 2009, Heller 1998:3ss., Gafaranga 2009:123) señalan el inicio del interés actual por el cambio de código, de un modo sistemático, desde una perspectiva sociolingüística con la publicación de Gumperz y Blom (1971), y desde una perspectiva gramatical con los trabajos de Poplack (1980). No significa esto que la alternancia no hubiera sido advertida antes por los lingüistas, sino que o bien no se la consideró como objeto de estudio (v. Sala 1998:12-13), o bien se la consideró producto de la interferencia motivada por la falta de competencia lingüística de hablantes bilingües. Cabe recordar que Weinreich, en la obra antes mencionada, sostiene que el bilingüe ideal cambia de una lengua a otra cuando se produce un cambio en la situación comunicativa, como por ejemplo un cambio de interlocutor o tópico, pero no en una misma interacción y mucho menos dentro de una misma oración (v. Weinreich [1953]1968:73).

Entre los aportes pioneros al abordaje del cambio de código se cuenta también la conceptualización de Haugen (1956), quien caracteriza la alternancia de lenguas como la inclusión de una palabra de una lengua distinta a la de base en el discurso bilingüe. El criterio empleado para su reconocimiento es la falta de integración a las pautas de la lengua en la que se lleva adelante la mayor parte de la interacción. La interferencia es definida por el autor como el solapamiento de dos lenguas, mientras que el cambio de código es considerado, junto con la integración, como el uso regular de material de una lengua en otra.

Frente a la escasa atención dispensada al fenómeno, a partir de los años 1970 y 1980 se produjo un importante desarrollo del análisis del cambio de código, que fue además evolucionando hacia modelos progresivamente dinámicos:

36 The study of codeswitching has moved away from typological or deterministic models relating form and function to each other and to context, towards a dynamic model in which codeswitching can be seen as a resource for indexing situationally-salient aspects of context in speakers’ attempts to accomplish interactional goals (Heller 1998:3).

En este sentido, Gumperz (1982b) propone un modelo que ha sido denominado “semántico”, por la centralidad que le otorga al significado social de las variedades lingüísticas en juego, en el que se sostiene que la alternancia discursiva genera significado pragmático sobre la base de la asociación entre cada una de las variedades y las situaciones en las que típicamente se las emplea.

La relación entre situación y variedad lingüística es retomada por Myers-Scotton (1995) en su modelo socio-psicológico de marcación, que postula que para cada tipo de situación en una comunidad lingüística dada se espera el uso de una variedad asociada a un conjunto de derechos y obligaciones prototípico, expectativa que el hablante puede ratificar o no, según sus propósitos comunicativos.

Por su parte, PeterAuer propone en Bilingual Conversation (1984) una visión del cambio de código como un modo definir la situación por parte del hablante. Esta aproximación teórica sostiene que el cambio de código es una acción verbal que posee y crea significado comunicativo y social. Los participantes de la interacción producen, con sus elecciones, marcos para actividades subsecuentes, es decir que cada cambio cuenta como precedente para los siguientes y contribuye a la creación del significado de la elección realizada. Por lo tanto, el análisis de la alternancia debe atender al contexto conversacional en el que surge. Mientras Gumperz sostiene que existe una relación entre elección lingüística

37 y situación comunicativa, para Auer la situación resulta redefinida por la elección del hablante (v. Wei 1998:157 ss., Hipperdinger 2005:10). Al respecto, resulta relevante destacar que para Gumperz las elecciones no están preestablecidas de modo fijo, sino que dependen de la interpretación que realicen el hablante y su audiencia respecto de las normas pertinentes para cada situación en particular. En este sentido, afirma en relación con las elecciones lingüísticas:

Rather than claiming that speakers use language in response to a fixed, predetermined set of prescriptions, it seems more reasonable to assume that they build on their own and their audience’s abstract understanding of situational norms, to communicate metaphoric information about how they intend their words to be understood (Gumperz 1982:61).

En aproximaciones posteriores, Auer sostiene que los hablantes no cambian de una variedad a otra en una conversación por valores externos asociados a una lengua en particular, sino porque la alternancia en sí misma señala a los participantes de la interacción cómo interpretar los enunciados en cada ocasión (v. Auer 1998:10 ss.).

Centrando el interés en el aspecto gramatical y atendiendo a la caracterización del cambio de código como una estrategia propia de la actuación de los hablantes bilingües que requiere de refinadas habilidades lingüísticas, Shana Poplack (1980) estudia, entre otras cuestiones, las restricciones gramaticales del cambio de código. Para ello parte del supuesto de que tanto los factores funcionales como los lingüísticos son necesarios para dar cuenta de la alternancia de lenguas. La autora propone una clasificación de las alternancias atendiendo al nivel de los elementos que aparecen en una lengua diferente de aquella en la que se estaba llevando adelante la comunicación y postula dos restricciones sintácticas para el cambio de

38 código: la de morfema libre y la de equivalencia. Con respecto a la clasificación de las alternancias, Poplack reconoce cambios de código tipo etiqueta, que se producen hacia elementos breves y fijos de la otra lengua, cambios de código extraoracionales, operados de una oración a otra, y cambios de código intraoracionales, que ocurren en el curso de una misma oración. Acerca de las restricciones gramaticales, la autora postula la restricción de morfema libre, que se refiere a la posibilidad de que se produzca el cambio de código después de cualquier constituyente, excepto en el caso de un morfema ligado, y la restricción de equivalencia, que alude a la inhibición de la posibilidad de que se produzcan cambios de código en cualquier punto del discurso en el que la yuxtaposición de los elementos de L1 y L2 viole las reglas sintácticas de alguna de las dos lenguas. Las restricciones generales presentadas pretenden exceder el marco de las restricciones específicas de construcciones concretas analizadas en trabajos anteriores, como el de Gumperz y Hernández-Chávez (1975). Las evidencias recogidas por la autora acerca de las posibilidades y restricciones para efectuar cambios de código intraoracionales demostrarían que la alternancia es un recurso lingüístico que requiere un alto grado de competencia en ambas lenguas involucradas.

Por su parte, Celso Álvarez-Cáccamo (1998:30ss.) propone una génesis del estudio de cambio de código, en parte distinta a la antes expuesta aquí. El autor sostiene que este tiene su inicio en el trabajo de Jakobson, Fant y Halle (1952), quienes sintetizan tres tendencias que resultaron de suma importancia en la consolidación de los estudios de cambio de código: la teoría de la información, los estudios sobre bilingüismo y la fonología estructural. En este trabajo, Jakobson y sus colaboradores se refieren al fenómeno de alternancia basándose, en primer lugar, en la “coexistencia de sistemas fonémicos” de Pike (v. Álvarez-Cáccamo 1998:30), quien postula la posibilidad de la coexistencia de diferentes

39 sistemas fonémicos en el habla no solo del bilingüe sino también del hablante monolingüe. En segundo término toman la definición de código propuesta desde la teoría de la comunicación, entendido este como un mecanismo para la transducción sin ambigüedades de señales entre sistemas; el concepto de código propuesto aquí no se refiere al material lingüístico en sí, sino a un mecanismo empleado para producir e interpretar enunciados. Álvarez-Cáccamo sostiene que Jakobson y sus colaboradores adaptan la noción de “cambiar de código” al movimiento que el bilingüe debe realizar para interpretar o “decodificar” el sistema de otra persona, y que también debe realizar el monolingüe.

Esta definición de cambio de código considera no solo la alternancia entre lenguas distintas sino también la intralingüística, es decir entre dialectos, registros prosódicos, estilos o claves paralingüísticas. Si bien la visión funcional e interaccional inaugurada por Gumperz y Blom marcó un cambio en la historia de los estudios de cambio de código al poner el acento en la relación entre variedades lingüísticas y situación comunicativa, implicaría también una continuidad con el trabajo de Jakobson puesto que Gumperz, según Álvarez- Cáccamo,2 tomó de aquel el concepto de cambio de código como fenómeno conversacional.

Hemos expuesto brevemente los lineamientos teóricos destacados en el desarrollo de los estudios del cambio de código con el propósito de presentar, en el apartado siguiente, los aportes que encuadran nuestro análisis. Proponemos un marco teórico de referencia constituido básicamente por el modelo semántico de Gumperz (v. Gumperz 1982) y el modelo de marcación de Myers-Scotton (v. Myers-Scotton 1995), atendiendo a que se trata

2 Este autor (id., 33) informa que “Gumperz asserts (personal communication, 1994) that he took the notion of ‘code switching’ as a conversational phenomenon from Jakobson”.

40 de los acercamientos funcionales más reconocidos y que han sido empleados y reelaborados en análisis contemporáneos del cambio de código (v. Spoturno 2006, Paolilo 2011, Rigatuso 2011 y 2017,Guerini 2015 y Rasouli y Simin 2016).

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