Chapter 2: Context, Sampling, Research Design and Methods
2.4 Sampling
Pino Gordo se encuentra ubicado frente a la sierra de Guachochi, frente a la Barranca de Sinforosa. Está habitado por más de 180 núcleos familiares, pertenecientes al grupo etnolingüístico utonahuatl rarámuri-tarahumar. Esta población rarámuri conserva un patrón de asentamiento disperso, organizado en torno a un pueblo principal que se encuentra rodeado por una constelación de
parajes, ranchos y rancherías en una superficie de más de 28,000 hectáreas, la cual conforma su territorio en el que dan vigencia a su cultura. En torno a este espacio territorial los rarámuri se organizan social, económica y políticamente desde las especificidades de su identidad cultural. Socialmente, como se recordará, a través de una red de relaciones que se configuran en torno al tesgüino y políticamente a través de su sistema de gobierno interno cuya autoridad se legitima y ejerce por consenso en torno a una estructura de cargos y funciones delimitadas por el derecho consuetudinario. El ámbito de la jurisdicción de su gobierno interno comprende el pueblo principal con sus parajes, ranchos y rancherías. Su estrecha relación con la naturaleza es el pilar de su cultura y cubre: bosque, agua, plantas, animales, lugares sagrados, parcelas de cultivo y cualquier elemento material y simbólico constitutivo de su patrimonio cultural (modificado a partir de González 2001,1).
El territorio que ancestralmente han habitado los rarámuri de Pino Gordo, incluye a su pueblo principal que es Choréachi y a éste pertenecen varios ranchos y rancherías, entre las que se cuentan Napuchi, Basigochi, Coyachi, Buena Vista, Barrilito, los Flacos, Sicochi, Sitánachi, Ocórare, Wisarochi, Chapote, Guamora, Cumbres del Durazno y La Rata. Choréachi es el centro donde realizan sus reuniones con fines cívico-ceremoniales, para ejercer su costumbre jurídica, regular su convivencia interna, administrar la justicia y realizar sus ceremonias (González 2001,1).
Cuando Lumholtz estuvo en la Sierra (entre 1890 y 1898) narró su encuentro con “los paganos de Pino Gordo”. Ahí fue donde conoció a un curandero que le pareció ser “el más hermoso tipo de tarahumar que he visto en mi vida”. Y destacaba el poco contacto que tenían con otros tarahumaras de otras partes de la Sierra: “Aunque nunca había ido más allá de Guadalupe y Calvo, y sólo dos veces en su vida había estado en Baborigame, habiendo pasado toda su vida en las montañas y en el seno de su pueblo, mostraba un tacto y cortesía tales que hubieran agraciado a un caballero”. Él se encontraba sorprendido gratamente por la forma de ser del curandero, ya que “poseía el más agradable carácter, era sincero (…) y hombre lleno de lealtad” (Lumholtz, 1972, 408 y 409). Lumholtz caracterizó a la población de Pino
Gordo como un grupo gentil-simaroni, no bautizado, diferenciado de los rarámuri
pagotami, bautizados (González 2001,1).
Para Kennedy, el término gentil fue un término que los jesuitas usaron para referirse a “los tarahumaras renuentes a sus enseñanzas. Originalmente significó “no bautizado” y todavía conserva este sentido principal para los tarahumaras ‘cristianizados”, aún cuando agrega que ha ido adquiriendo una connotación social negativa por parte de los mestizos (Kennedy 1970, 33-34).
De acuerdo con Plancarte, en la década de los años de 1950, “el grupo de los
pagótame reconoce como gentiles más destacados a los de Pino Gordo, Tierras
Verdes, Tecorichi, Coloradas, Iquírare, y de algunas regiones de la Sierra de Chinatú”. Él destacaba como característica de los gentiles los pocos contactos que han tenido con “los blancos”, por lo cual “conservan con mayor pureza sus costumbres y patrones culturales”, tal es el caso de Pino Gordo (Plancarte 1954, 32).
Por tanto, no cuentan con iglesias y celebran sus juntas de gobierno en lugares como Pino Gordo. Dunne sugiere que una de las razones por las que los gentiles rechazaron el cristianismo, era por las creencias supersticiosas que tenían hacia los misioneros (en Kennedy 1970, 34)
No obstante, según Luis González, esa oposición tiene que ver más con una cosmovisión que él explica a partir de su pensamiento sobre el mundo y la tierra:
“Los gobernadores indígenas suelen expresarse así (…) tengamos cuidado de todo nuestro mundo, cuyos pilares de verdad somos nosotros (…). Otra expresión semejante: (…) nosotros somos las columnas del mundo. (…) Otra expresión de los tarahuamares no bautizados: (…) nosotros somos las columnas del cielo. El tarahumar gentil, conocido también desde tiempos coloniales como “cimarrón”, cree que si se bautiza a ellos, ellos como columnas se resquebrajarán y el firmamento se les vendrá encima apachurrándolos a todos. Sería el desplome del Sol, de la Luna y de todos los astros, y la destrucción del mundo (…) Esta connotación de fidelidad a sus creencias, y su consecuente oposición al bautismo cristiano, es atestiguada por lo menos desde la segunda mitad del siglo XVII. Su exégesis revela, sin embargo, la responsabilidad del hombre, no sólo ante la tierra y el mundo en el que vive, sino también ante el creador del mismo. Una tercera expresión tarahumara completa la estructura de este pensamiento: (…) por eso Dios tiene el mundo en sus manos. Es decir, el hombre ha recibido una gran responsabilidad: la de cuidar del mundo, de sostenerlo (…)” (González 1984, 416)”.
Este sistema de creencias define la forma de ser, estar y existir de los rarámuri de Pino Gordo, como se puede también apreciar a través de sus propios testimonios. Este sistema de creencias ahora es ampliamente compartido con la sociedad por la
defensa que están haciendo de su territorio, que es histórica, debido al peligro que representa la explotación comercial de sus bosques y las disputas que esto genera. Ahora son ellos mismos quienes se autodefinen y autoafirman cultural y territorialmente en el espacio público para evitar su destrucción:
“Nosotros, el Pueblo Rarámuri del Ejido Pino Gordo, somos un Pueblo Indígena cimarrón -no colonizado ni bautizado-, y conservamos nuestros usos, costumbres, prácticas, instituciones y derecho consuetudinario ancestral. Los demás Pueblos y Comunidades Rarámuris de la Sierra Tarahumara nos consideran como los Originales. Hemos vivido inmemorialmente en el territorio que se ubica, mayoritariamente, en el Ejido de Pino Gordo, Municipio de Guadalupe y Calvo, estado de Chihuahua. Para nosotros los recursos naturales de nuestro territorio, bosque, agua, biodiversidad son sagrados: nos fueron otorgados por Onoruáme (Dios), y somos sus depositarios y guardianes, siendo nuestra misión y deber conservarlos para mantener el equilibrio entre el mundo de arriba y el de abajo. Podemos usar estos recursos pero no comercialmente. Dependemos de ellos para comer, construir viviendas, medicina, y para recrear nuestra cultura. Nuestro territorio es el mayor remanente significativo de bosque virgen de toda la Sierra Madre Occidental. Hábitat de más de 260 especies de especies de fauna silvestre, 49 de ellas bajo algún grado de conservación (…)”.192
Como se mencionó antes, en el contexto de los diferentes conflictos que enfrentan los rarámuri de Pino Gordo, en el 2000 fue estratégico el reconocimiento de esta identidad cultural y los derechos que de ella derivan sobre su territorio, para integrar un peritaje antropológico. Este hizo posible que el Magistrado del Tribunal Unitario Agrario sustentara jurídicamente sus decisiones con el fin de reconocerles sus derechos agrarios, tomando como fundamento el Convenio 169 de la OIT (2001). Las principales concepciones y prácticas a través de las cuales estos rarámuri de Choréachi se relacionan con su territorio y los recursos existentes en éste se describen brevemente a continuación, de acuerdo a Augusto Urteaga, responsable del peritaje antropológico e Isela González, asesora del ejido (2001).
Al igual que los otros pueblos tarahumaras, cuenta con su gobernador tradicional o siríame, auxiliado por un cuerpo de capitanes y cabos y por un mayora o mayoli, que es el encargado de transmitir oralmente su cultura a niñas y niños desde su nacimiento, así como su cuerpo de capitanes y cabos. El gobernador o siríame es la autoridad principal y es elegido por consenso de los habitantes de su jurisdicción. Le corresponde impartir justicia y asegurar que se cumplan las normas que los cohesionan, en torno a principios de respeto, solidaridad y reciprocidad. Además, es
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responsable de mantener el orden social. Cuenta con el respeto y reconocimiento de sus gobernados, lo cual lo legitima para gobernar. La autoridad municipal está representada en un comisario de policía.
Un papel importante es el que desempeña en la organización de los rarámuri es el del owirúame o médico tradicional, aunque formalmente los owirúame no son parte del gobierno indígena, son los consejeros del siríame y guías espirituales del pueblo. En Pino Gordo, los owirúames siempre están presentes en la toma de decisiones.
“(…) consideran al bosque como parte integrante del cielo y de los astros, lo que permite a sus médicos curar sus dolencias utilizando la flora y la fauna natural.
(…) el bosque es clasificado al igual que el cielo okéachi siyóname, es decir, verde- azul, que significa una continuación verbal, espacial y de movimiento, lo que provoca que flora y fauna sirvan para satisfacer sus necesidades alimenticias a través de la recolección estacional de la biodiversidad. Que preservar el bosque les permite continuar siendo rarámuris, mantener la humedad de la tierra para su fertilización, así como sus mantos acuíferos para mantenerse en armonía con Dios.
(…) los habitantes de Pino Gordo se oponen a la idea de explotar comercialmente el bosque y su entorno natural por cuestiones naturales y de creencia, por tener una connotación sagrada, nunca lo han explotado, sino para fines específicos y propios (…), permitiendo a sus propios médicos reproducir su sistema terapéutico (…)” (TUA 2001, 20 y 21).
En este sentido, es importante comprender cómo los rarámuri gentiles de Pino Gordo construyen su identidad cultural, vinculada históricamente a su territorio y todo lo existente para explicarnos porqué se oponen a la tala de su bosque. Así, es esta defensa que vincula cultura y territorio, lo que anteponen frente a los diferentes proyectos, de tipo religioso, institucionales o de grupos de poder económico y político que partan de no reconocerlos desde su existencia colectiva, como lo veremos en los siguientes apartados.
2. La constitución del ejido indígena de Pino Gordo: la mediación política del