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Scalability evaluation

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4.8 Remote Architecture

4.8.3 Scalability evaluation

¿Cuál es el mejor modelo para entender las relaciones entre la Psicología y la Religión? ¿Son algunos de los modelos propuestos por Carter? A nuestro criterio ninguno de los cuatro modelos enunciados son adecuados y responden a lo que creemos debe ser una Psicología de inspiración cristiana. Es innegable que los modelos antagónicos, subordinados y dicotómicos son impropios porque proponen fórmulas que confrontan, someten o distancian la psicología del cristianismo. Ninguno de ellos unifica con un criterio válido. Parecería que el modelo integrador

sería el mejor, sin embargo, como objetamos anteriormente la integración muchas veces se realiza desde niveles terminológicos o conceptual y no desde los presupuestos epistemológicos, antropológicos y filosóficos, que darían las bases deseables. Por eso, postulamos un nuevo modelo que pretende construir una Psicología Cristiana, sin conectivas intermediadoras, como una unidad emanada desde la cosmovisión bíblica, que supone bases epistemológicas, antro- pológicas, ontológicas y metafísicas comunes. En concordancia con lo que presentamos en la Introducción, se apunta a elaborar un nuevo edificio teórico-práctico, no resolver únicamente un problema de relación entre la Psicología y el Cristianismo. Los modelos de Carter se originan en un presupuesto dicotómico de las dos disciplinas en búsqueda de un ensamblaje o de concertar pautas de buena convivencia. Esta propuesta no parte de la "pareja" sino del "hijo", para decirlo en términos analógicos. No esta centrada en la relación sino en una tarea de gestación. No tiene el propósito de reconciliar sino de crear una “concepción” cristiana, más que una simple “perspectiva”. Se trata, en definitiva, de una síntesis superadora de las instancias anteriores.

En la Introducción proponíamos adoptar el criterio de dos niveles de análisis, el histórico- general y el teórico-personal, a partir de las preguntas planteadas por Jesucristo en Cesarea de Filipo (Mt.16:13-15). Más allá de las cuestiones que aludían a la Cristología, la aplicación a la Psicología, encuentra una consigna para superar el método histórico (lo que “dicen los hombres”), convocando el desafío de producir una respuesta (“¿qué dices tú?”) que de cuenta de una psicología que reconozca la trascendencia y la misión de Cristo. Jesús propuso hacer primero el esfuerzo de la investigación histórica, antes de formular la segunda cuestión, que interrogaba sobre la opinión personal con respecto al tema. En este trabajo, los ocho capítulos de la Primera Parte intentaron dar una respuesta a la primera interrogante de Cristo. A partir de aquí procuramos avanzar hacia la solemne y estremecedora segunda pregunta, la que confronta con la difícil empresa de gestar la respuesta personal, que sólo puede darse acertadamente cuando proviene de la revelación del “Padre que está en los cielos” (Mt.16:17).

¿Por qué primero hay que conocer el pensamiento de los otros antes de emitir las propias ideas? Es obvio que podría correrse el riesgo de la repetición. El saber lo dicho, posibilita el debate, permite ampliar conceptos, contraponer pensamientos, desarrollar perspectivas inexploradas o sugerir nuevas direcciones de investigación. Así opera el método científico. Sin embargo, ¿Jesús presentó ese orden (primero: "¿qué dicen los hombres?", y segundo: "¿qué dices tú?") atenido a un criterio causalista? ¿Quería que los discípulos comprendiesen su persona y misión a partir de las teorías existentes? Si fuera así, ¿por qué no las discutió? Una lectura más cuidadosa del evangelio permite inferir que la intención del divino Maestro no fue considerar las convicciones humanas como referentes útiles, sino por el contrario, como inútiles, como errores a evitar. “Guardaos de la levadura de los fariseos” (Mt.16:6), advirtió en el mismo contexto. Parecería que las opiniones de los hombres estaban corrompidas por los “fariseos y los saduceos” (vers.12), ya que el "significado figurativo de la levadura como algo que corrompe moralmente les era familiar a los judíos" (Edersheim, 1988, T.I, 822). Por ese motivo ninguna respuesta acertó con la esencia de la naturaleza y la misión del “Hijo del Hombre”. Ninguna

había percibido el sentido mesiánico de Jesucristo; eran cristologías falsas o, por lo menos, incompletas. A todas les faltaba el componente trascendente. Precisamente, el hecho de que uno de los discípulos, Pedro, pudo reconocerlo y Jesús lo felicitara tan efusivamente por ello, da mayor fundamento a esa hipótesis.

Ahora, ¿podría aplicarse estas reflexiones a la Psicología? ¿Ninguna de las teorías psicológicas producidas por los hombres responden al pensamiento bíblico? ¿Son todas ellas resultados de la “levadura de los fariseos”? ¿Cuál sería el factor laudante de los sistemas psicológicos que los hacen inaceptables? La consideración de estas preguntas nos remitiría a problemáticas epistemológicas y metateóricas, que nos alejaría del propósito sintetizador de la obra, pero en forma resumida diríamos que lo esencial de nuestra tesis es que, de igual manera como Jesucristo planteó a sus discípulos en Cesarea de Filipo la necesidad de construir una cristología, no desde las “opiniones de los hombres” que estaban contaminadas por enseñanzas de tipo inmanentista o humanísticas que desconocían su divinidad, sino a partir de la revelación (Lc.24:25-27), que estuvo dispuesto a brindarles (Mt.16:21), postulamos que ninguna de las escuelas psicológicas tratadas en los capítulos anteriores u otras no tratadas (nuestra exposición no fue exhaustiva ni completa como igualmente tampoco lo fue la de los discípulos de Jesús, ya que en la lista que presentaron de las opiniones de los hombres había solamente cuatro respuestas; pero esas cuatro resultaron suficientes para la cuestión fundamental de acceder a la segunda pregunta) responden a esas premisas de aceptación de la divinidad de Cristo y de su misión redentora, como de los demás principios metafísicos y antropológicos que se derivan del pensamiento bíblico.

Por lo tanto, forzosamente hay que concluir que se impone la necesidad de elaborar una concepción psicológica que se fundamente en los presupuestos establecidos por la revelación de Dios. El evangelio exhorta reiteradamente que las ideas debe erigirse, no de reflexiones filosóficas propias, sino desde la revelación de la palabra, como por ejemplo, se indica claramente en la parábola de “los dos cimientos” (Mt.7:24-27). Por eso, no se felicitó a Pedro por su creatividad o genialidad, sino por haber descubierto la revelación de Dios (Mt.16:17) que poseemos en las Sagradas Escrituras. Creemos que partir de la cosmovisión bíblica se puede configurar un nuevo modelo diferente de los enunciados por Carter, que podríamos llamar “modelo bíblico”, que no está basado en el antagonismo, la subordinación, la separación ni en la integración, sino en la fusión, de una psicología cristiana.

En esta dirección se orienta el material que presentamos en las páginas siguientes. El próximo capítulo transcribe un documento elaborado por un comité de expertos adventistas que establece los principios e ideas directrices de este proyecto de una Psicología Cristiana. Luego, en los capítulos precedentes, desarrollamos la cosmovisión que podría fundamentar la psicología, para ilustrarlo con aplicaciones que venimos realizando durante las dos últimas décadas, en este arduo proceso de elaborar una concepción psicológica de raíces bíblicas.

UNIDAD 10

CONCEPTOS

DELA

IGLESIA

ADVENTISTA

SOBRE

PSICOLOGÍA

1. INTRODUCCIÓN

En el año 1977, una comisión de expertos adventistas, convocados por el Departamento de Educación de la Conferencia General, elaboró un documento que enunció algunos principios y orientaciones, que pueden considerarse como los rudimentos de una concepción cristiana de la psicología de orientación bíblica. El material fue titulado, An Adventist Approach to Psychology, “Una Aproximación Adventista a la Psicología”. Fue el resultado de las conclusiones arribadas por dos comisiones de especialistas de la psicología y de la teología adventista, después de varios días de debates, cuando estudiaron las teorías y prácticas psicológicos dominantes durante la década del 70 a la luz de las enseñanzas bíblicas. El documento fue aprobado el Concilio Anual de la Asociación General en el año 1977, según se registra en el Acuerdo, A-1737, del 18 de octubre de 1977. Tuvo como propósito ayudar y orientar a los profesores, psicólogos y psiquiatras adventistas, como asimismo, a los pastores e interesados en el tema, para que puedan conocer algunas tendencias, escuelas, enfoques y aplicaciones de la Psicología que no responden a los principios bíblicos o de prácticas saludables para la vida humana.

El Departamento de Educación de la Asociación General editó el informe completo de las comisiones de estudio y publicó conjuntamente un volumen con disertaciones sobre Psicología. Ese volumen incluyó dos trabajos de Adrian Zytkoskee, Constructing a Curriculum for the Behavioral Sciences: Some Problems and Suggestions y Advantages and disadvantages of publishing an "Adventist Textbook" of Psychology or a recommended Book of Readings to be used in Psychology classes in our colleges. Además, un estudio de Jack W. Provonsha, PhD, titulado: Mind Manipulation: A Christian Ethical Analysis. Estos materiales inspiraron algunas obras como la de Willis J. Hackett, 1978, por entonces, vicepresidente de la Asociación General, titulado: Molding the Christian Mind, publicado por The Review and Herald Publishing Association, Washington, DC.

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