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En cuanto a visión global del desarrollo del ppCUD en el marco de las univer- sidades españolas, los resultados de la primera fase de este estudio eviden- cian que dicho programa, a pesar de tener en el año 2010 un desarrollo de un 35% en la red universitaria española, no existe ni consenso ni homologación entre las distintas universidades en lo que a su orientación, propósito y ob- jeto se refiere. Así como, se observa además, una disparidad de criterios en cuanto a la implementación y gestión del ppCUD

Es importante reflejar que en sus inicios, la ejecución del programa no for- maba parte de una acción institucional de las universidades, sino que respon- día a iniciativas individuales tanto del alumnado como del profesorado que colaboraban o tenían relación con las diferentes ONGDs, pasando totalmente desapercibidas en el marco universitario.

En un estudio, realizado por Unceta (2007c), se observa que es en el periodo comprendido entre los años 2003 y 2005 cuando se produce un aumento progresivo del programa, pasando de 6 universidades en 2003 a 10 universi- dades en 2005 . En este sentido, es importante destacar que los resultados del estudio realizado evidencian que dicha progresión se ha ido manteniendo a lo largo de 5 años más, ya que, en 2010, son 26 universidades las que imple- mentan dicho programa. Seguramente, dicha progresión puede relacionarse con distintos factores, como son en primer lugar, el que es en este periodo cuando se produce el reconocimiento e institucionalización de la cooperación al desarrollo en las universidades españolas, con la creación de las estructu- ras solidarias. Además de ello, el hecho de que sean las estructuras solidarias las que gestionen y dinamicen el programa con personal técnico especiali- zado, ha favorecido la coordinación y eficacia de las acciones y programas que realizan las universidades en el marco de la CUD (Arias & Simón, 2004; Unceta, 2007c). De esta forma, las universidades responden al artículo 12

del código de conducta en materia de cooperación al desarrollo (CCCUD), al considerar la CUD como parte del compromiso de la Universidad, dotándola de medios técnicos, humanos y financieros.

En segundo lugar, y como consecuencia de la creación de dichas estructuras, las universidades empiezan a establecer marcos normativos que regulan las actividades que se impulsan en el marco de la CUD. Por lo que, en el año 2010, el 69% de universidades, tiene ya establecido un marco normativo ad

hoc en forma de convocatoria oficial específica que regula y establece las

bases del ppCUD. Y, en tercer lugar, otro factor que, sin duda ha contribuido en la progresión del ppCUD, han sido la difusión del programa por parte del alumnado al vivirlo y describirlo como una experiencia positiva y recomenda- ble (Unceta, 2007c).

Por todo ello, es importante destacar que el desarrollo del ppCUD ha con- tribuido a que la CUD haya adquirido visibilidad, diferenciándose de la coo- peración interuniversitaria. Contribuyendo, con ello, a la configuración y es- tructuración de la cooperación al desarrollo en las universidades españolas (Sebastián, 2006)

En cuanto a la gestión del ppCUD, el hecho de que las modalidades de prác- ticas más ofertadas sean el prácticum y los proyectos fin de carrera (PFC), al ser ambas modalidades obligatorias para el conjunto de las titulaciones, pone de manifiesto el valor que puede tener dicho programa, ya que podría ofertarse como una opción formativa de EpD para los prácticum y como una acción formativa con reconocimiento y transferencia de créditos para los TFG. Por lo que, el ppCUD, podría convertirse en un eje transversal e hilo conductor común para todo el alumnado de grado.

Además de ello y dado que la educación es un pilar básico en la formación de las capacidades y empoderamiento de las personas, la gestión del mismo debe contemplar y basarse sobre criterios de universalidad y concurrencia de todo el alumnado interesado, por ello, las universidades deben preveer ayudas financieras que favorezcan dicha participación y, por tanto, no con- lleve a ningún tipo de discriminación para el alumnado que no disponga de los recursos económicos necesarios para participar en el ppCUD. Sin embargo, dicha ayuda económica debe responder a criterios como son la duración de las mismas y el país de destino, ya que una ayuda elevada para unas prác- ticas que tengan escasa duración, podría no solo fomentar el denominado ”turismo académico”, sino que, podría infravalorar el carácter voluntario y solidario que el programa debe seguir (CCCUD, 2005: Artículo 8). En este sentido, la ayuda económica para el desplazamiento no debería financiar el

coste total del billete y la ayuda para la manutención y alojamiento debería concederse en función de la duración establecida para la realización de las prácticas y los indicadores económicos establecidos por cada universidad para los países de destino.

Uno de los puntos débiles de la gestión del programa está relacionado con los criterios de selección del alumnado. Ya que si el programa debe respon- der a una acción de EpD formal para la ciudadanía global, es necesario que, además de considerar criterios objetivos como puede ser el expediente aca- démico, se definan criterios de selección del alumnado que permitan valorar aspectos conceptuales, actitudinales y aptitudinales, favoreciendo de este modo una coherencia interna entre el propósito y objetivos programa y la selección alumnado.

Así, el hecho de que el ppCUD pueda ofertarse a todo el alumnado de grado como una propuesta de EpD formal, se ajustaría al artículo 19 del CCCUD, que hace referencia a la importancia de que el alumnado participe en progra- mas de CUD con un reconocimiento académico en forma de créditos. De esta forma las universidades españolas podrían disponer de un instrumento que proporcione, no solo una especialización técnica y profesional, sino una edu- cación dirigida a la formación de una ciudadanía global, informada, formada y comprometida con la erradicación de la pobreza, la promoción del DHS y el pleno ejercicio de los derechos, dejando de manifiesto el valor de las uni- versidades como actores claves en el ámbito de la EpD formal (Lobera, 2008; Soriano, 2009). Pero, para que pueda ser posible, y siguiendo el artículo 12 del CCCUD, debe planificarse un tiempo mínimo de duración y unos recursos acordes que permitan el desarrollo de aprendizajes conceptuales, procedi- mentales y actitudinales en base a la adquisición de los valores solidarios (Baselga et al., 2004; A. Boni, 2005),

Por todo ello y en relación a su diseño, a pesar de la progresión de dicho pro- grama, la falta de unidad en cuanto a su orientación dificulta tanto el hecho de que puedan plantearse sinergias, coordinación y optimización de recursos entre las distintas universidades, como el que pueda plantarse como un pro- grama de la CUD que consolide el reconocimiento de la EpD en el EEES y lo sitúe con el mismo valor y condiciones que cuentan actualmente los progra- mas de movilidad e internacionalización de las universidades.

Así, los resultados de la primera fase de este estudio, sobre el desarrollo del ppCUD en el marco de las universidades españolas, ponen de manifiesto que, a pesar de que dicho programa tenía un desarrollo de un 35% en la red univer- sitaria española, se evidencia la falta de consenso y homologación, entre las

distintas universidades, en relación a su orientación, propósito y objeto, así como, una disparidad de criterios en su implementación.

Todo ello, hace que deba plantearse como una debilidad y una limitación de este programa, ya que impide evidenciar y valorar su contribución e impacto a la EpD formal. Por ello, y dado que el ppCUD es un programa académico, la universidad debe asumir la responsabilidad y el compromiso de analizarlo y evaluarlo como uno más de sus programas académicos (Bracken & Bryan, 2010; Dochy, Segers, & Dierick, 2002; Yin, 1994).

Por lo que, y como una segunda fase de este estudio, se plantea un análisis del programa que, de forma más profunda, permita explorar tanto la adquisi- ción de conocimientos, valores, actitudes y comportamientos, como el valor y significado personal y profesional, que dicho programa ha tenido en el alum- nado de los diferentes estudios de grado de la UIB. Demostrando, de esta forma, el valor, contribución e impacto del ppCUD.

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