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The Sec Secretion and Accessory Pathways

Chapter I. Introduction

1.3 The Sec Secretion and Accessory Pathways

CIONES)

Quemaduras

Las quemaduras deben tratarse de forma minuciosa, puesto que las de mayor intensidad pueden provocar la muerte de la persona afectada y es vital un rápido y correcto tratamiento de la zona o zonas afectadas por la quemadura. Las pau- tas de actuación ante una persona que ha sufrido quemaduras son las siguientes: en el momento del accidente, apagar las llamas de la ropa o del cuerpo del acci- dentado cubriéndole con una manta; la víctima debe rodar sobre el suelo para apagar las llamas y se debe evitar que salga corriendo; retirar los cuerpos extra- ños de la zona afectada (ropa quemada, cenizas, etc.), descubriéndola y dejando caer, acto seguido, abundante agua fría sobre ella; aplicar apósitos estériles para evitar la infección; lavarse las manos escrupulosamente antes de realizar esta maniobra; si la víctima está consciente y no vomita, se le puede administrar agua con sal y bicarbonato cada quince minutos, para evitar la deshidratación. De esta forma, disminuye el riesgo de que se produzca un choque; trasladar a la víctima a un centro sanitario. Si está inconsciente, evacuarla en posición de recuperación, vigilando en todo momento sus constantes vitales.

Dadas las características de las quemaduras, aparte de existir un protocolo de actuación, también existen una serie de normas de aquello que no debe hacerse nunca, que son: La ropa que se encuentre adherida a la zona afectada, nunca debe retirarse o

arrancarse, para evitar un posible desprendimiento de la piel. Nunca deben reventarse las ampollas.

Si la víctima está inconsciente, nunca se le debe dar de beber.

No deben aplicarse antisépticos colorantes, como la povidona yodada, para no enmascarar la extensión total de la quemadura.

Nunca deben vendarse dos superficies quemadas juntas (por ejemplo, dos dedos juntos).

El protocolo general de actuación puede sufrir alguna variación dependiendo del origen de la quemadura: si se ha producido por una sustancia química, debe pro- longarse la aplicación de agua fría durante más tiempo (unos quince minutos) que en las quemaduras provocadas por fuego. Si la quemadura química afecta a los ojos, deben lavarse con agua abundante durante varios minutos hasta que los res- tos químicos desaparezcan, después deben cubrirse y ha de trasladarse al afecta- do a un centro hospitalario con servicio de oftalmología.

Cuando el origen de la quemadura es eléctrico, debe desconectarse la corriente antes de tocar a la víctima (si no es posible la desconexión, se recurre a la ayuda de cuerdas o plásticos, sin tocar directamente al accidentado). Acto seguido, se comprueba el pulso y la respiración, realizando la reanimación cardiopulmonar (RCP) si fuera necesario.

Congelaciones

El protocolo de actuación es el siguiente:

• En congelaciones locales: rescatar al accidentado y ponerlo a cubierto; aflojar las ropas ceñidas y abrigarle con una manta; proporcionarle, si está conscien- te, líquidos azucarados y calientes; si sufre lesiones de primer grado, aplicarle un baño local con agua tibia, friccionando la zona de forma suave; si son de segundo o tercer grado, calentar progresivamente la zona congelada; en caso de localizar la lesión en los pies, no retirar el calzado; una vez seca, la zona congelada se envuelve en algodón y se sitúa más alta que el corazón para dis- minuir el edema.

• En congelaciones generales: si hay parada cardiorrespiratoria, iniciar las manio- bras de RCP; situar a la víctima en un lugar seguro y cubrirla con una manta; si está consciente, proporcionarle líquidos; calentar de forma progresiva las zonas congeladas, empezando con agua fría a unos 10°C; secar escrupulosamente la zona lesionada, envolviéndola después en algodón; mantener a la víctima en la posición de recuperación.

Contusiones

El protocolo de actuación es el siguiente: aplicar frío sobre la zona lesionada, no más de 20 minutos seguidos, para tratar de sofocar el dolor y frenar una posible hemorragia interna; inmovilizar la zona lesionada y situarla por encima del nivel del corazón; tan pronto como sea posible, transportar a la persona lesionada a un centro sanitario. Otras lesiones musculares como el tirón o el calambre siguen el mismo protocolo de actuación que la contusión.

Heridas

El protocolo de actuación es el siguiente:

• Heridas leves: tranquilizar a la víctima; preparar el material (gasas, tiritas, pin- zas, tijeras, etc.); lavarse las manos con agua y jabón y aplicarse alcohol para evi- tar la contaminación de la herida; dejar brotar la sangre unos instantes, siem- pre que salga en pequeñas cantidades; en caso contrario, presionar con un apó- sito estéril sobre la herida para detener la hemorragia; si la herida está sucia, lavarla con agua fría a chorro o con suero fisiológico; retirar de la herida los Lo que nunca hay que

hacer en caso de congelación: • Calentar la zona lesionada de forma brusca con agua caliente.

• Masajear la zona afectada con nieve. • Reventar las ampollas que puedan aparecer en la zona congelada.

• Administrar alcohol o tabaco.

Para saber más

La diferencia entre tirón y calambre es:

que el primero es una extensión excesiva y dolorosa de un músculo por encima de su capacidad fisiológica; mientras que el calam- bre es una contracción espasmódica, involunta- ria, dolorosa y transito- ria, de un músculo o músculos.

cuerpos extraños con unas pinzas desinfectadas (no deben retirarse si se encuentran incrustados en la herida); limpiarla con agua y jabón y secarla con gasas estériles, del centro de la herida hacia la periferia, de esta forma se evita la introducción de gérmenes; aplicar un antiséptico, preferentemente incoloro para no enmascarar la magnitud de la herida; cubrirla con una gasa estéril, suje- tándola con un esparadrapo (Figura 17).

• Heridas graves: controlar la hemorragia presionando la herida con gasas esté- riles (se usará un paño limpio si no se dispone de ellas); fijar el apósito median- te vendas; sujetar los cuerpos extraños, que se extraerán en el hospital, para evi- tar que se agrande la lesión con sus movimientos; si la herida es en el tórax, taponarla con apósitos y vendarla para evitar la entrada de aire; si se sitúa en el abdomen, cubrirla con un paño grande y húmedo, no tocar las vísceras que puedan quedar a la vista y no dar de comer o beber al accidentado. Si al retirar una gasa estéril se observa que está pegada a la herida, se debe aplicar sobre ella agua tibia, agua oxigenada o suero fisiológico; si la herida sigue presentan- do un aspecto sucio e irregular, debe limpiarse de nuevo; en caso de que la heri- da presentara los bordes separados puede procederse a la utilización de puntos cutáneos, formados por tiritas de esparadrapo estrechas y esterilizadas; si los bordes de la herida se encuentran muy separados, se aplicarán puntos de sutu- ra (las suturas las realizan los ATS/DUE o bien el médico).

Al tratar las heridas deben tenerse en cuenta una serie de circunstancias que podrían agravarlas y que, por tanto, deben evitarse:

Nunca debe utilizarse algodón ni pañuelos de papel para cubrir o limpiar las heridas, puesto que la pelusa que desprenden puede adherirse a la herida, ele- vando el riesgo de infección y retrasando el proceso de cicatrización.

El alcohol puede provocar quemaduras en los bordes de la herida. El mercuro- cromo las tiñe y enmascara. Las pomadas o polvos pueden provocar reacciones alérgicas. Por tanto, ninguno de ellos debe utilizarse.

No se debe extraer un objeto clavado, puesto que puede actuar de tapón impidiendo que la herida sangre. La extracción se realizará en el centro hos- pitalario.

Hemorragias

El protocolo de actuación en un caso de hemorragia externa es el siguiente: des- cubrir la zona sangrante y taponarla con apósitos estériles, presionando directa- mente sobre el orificio; elevar la extremidad afectada, si es el caso; combinar la

Figura 17. Para curar

una herida leve hay que lavar la zona, desinfec- tarla desde la herida hacia fuera y cubrirla con una gasa esterilizada antes de vendarla.

presión directa sobre la herida con la presión de la arteria principal del miembro dañado. Si las medidas anteriores no han surtido efecto, se realiza, como último recurso, un torniquete para detener la hemorragia (Figura 18).

El torniquete se coloca siempre en un punto situado entre la zona afectada y el corazón para obstaculizar la trayectoria de la sangre arterial. Para la colocación de un torniquete: se anuda una venda o un pañuelo (deben ser siempre tejidos blandos y anchos) por encima de donde se haya producido la herida sangrante; se coloca en medio del nudo un objeto corto y duro que, a su vez, se sujeta con varios nudos; se retuerce el objeto de forma lenta, siempre en la misma direc- ción, sin que la venda se arrugue, hasta cortar la hemorragia, y se sujeta a la extremidad con otra venda o pañuelo; por último, se anota en un sitio visible la hora y lugar de colocación del torniquete.

El protocolo de actuación en caso de hemorragia interna es el siguiente: colocar a la víctima en decúbito supino con la cabeza ladeada y, si es posible, con los pies más altos que la cabeza; aflojar las prendas de vestir que puedan causar opresión y cubrir al accidentado con mantas para evitar las pérdidas de calor; revisar de for- ma frecuente el pulso, la respiración y el nivel de consciencia; no proporcionar nada al accidentado por vía oral.

El protocolo de actuación en caso de hemorragia exteriorizada depende del ori- ficio natural por el que salga la sangre:

Para la epistaxis (hemorragia por las fosas nasales) es el siguiente: sentar a la vícti- ma, con la cabeza ligeramente inclinada hacia delante; aconsejarle que respire por la boca y que evite sonarse o toser; comprimir la fosa nasal sangrante presionando contra el tabique nasal durante unos minutos; si la hemorragia no cesa, taponar el orificio sangrante con una tira de gasa estéril bañada en antiséptico.

Una otorragia es una hemorragia en el oído. Cuando se produce en un paciente consciente y sin antecedentes de traumatismo craneal, es leve, siendo las erosiones del conducto auditivo la causa más probable. Sin embargo, si existe antecedente de traumatismo craneal y la sangre sale mezclada con un líquido acuoso, debe sospe- charse la existencia de una fractura en la base del cráneo y considerarse grave. El protocolo de actuación ante una otorragia es el siguiente: cubrir el oído, sin tapo- narlo, con una gasa estéril; colocar al accidentado en la posición de recuperación y trasladarle, de forma urgente, a una institución sanitaria.

Las hemorragias que manan por la boca pueden tener distinto origen, como tras- tornos digestivos o pulmonares. El protocolo de actuación ante una hemorragia en la boca será: en caso de que la lesión sea pulmonar, colocar al accidentado en la posición de Fowler hasta la llegada de la asistencia médica; si la lesión se ha producido en el estómago, la víctima debe colocarse en la posición de seguridad, puesto que la sangre puede ser expulsada en forma de vómitos.

Fracturas

Como siempre que se prestan primeros auxilios, debes atender, antes que nada, la integridad física de la víctima, asegurarte de que su vida no corre peligro, de que no entra en estado de choque y de que la hemorragia, si existe, está contro- lada antes de proceder al tratamiento de la fractura.

A continuación, se procede a la inmovilización de la zona fracturada para evitar que el hueso fracturado se mueva. Puede utilizarse un miembro sano del acciden- tado o una férula. En caso de no disponer de una, puede utilizarse cualquier obje- to para ese fin. Las férulas se fijan mediante vendas, pañuelos, tiras de tela, etc.; sin apretar demasiado, para no comprometer la circulación sanguínea del miem- bro fracturado. Algunas zonas corporales requieren la colocación de una almoha- dilla antes de proceder al entablillado (Figura 19).

Dependiendo del tipo de fractura, debe emplearse un método de inmovilización provisional u otro:

• Húmero: se colocan, a poder ser, dos férulas (aunque con una puede ser sufi- ciente) entre la axila y el codo, una en la zona interna y otra en la externa del brazo, para impedir el movimiento del brazo entre el hombro y el codo. La inmovilización se fija con una venda, de modo que el codo se flexione y el ante- brazo se sitúe encima del abdomen.

• Codo: se inmoviliza el codo con un cabestrillo. Si el codo no puede flexionarse, se usa una férula que alcance desde la axila hasta la palma de la mano.

Figura 19. Zonas en las

que se deben poner almohadillas cuando se tienen que entablillar fracturas óseas.

• Antebrazo: se coloca una férula desde el codo hasta los dedos. El antebrazo debe flexionarse e inmovilizarse al nivel del codo.

Luxaciones

En caso de luxación, se debe actuar de la siguiente forma: mantener quieta a la persona accidentada, inmovilizando la articulación, ya sea con las manos o con el uso de alguna férula; no debe darse nunca de comer o beber a la víctima; no se debe intentar colocar el hueso dañado en su sitio.

ATENCIÓN INICIAL EN LESIONES POR AGENTES QUÍMICOS

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