Chapter 4 Research Design and Methods
4.8 Data collection method
4.8.2 Secondary data collection: documentary
interrupción del flujo de sentimientos positivos de su compañero que actualmente le hacen sentir deprimido. Puesto que este estado de Hambre de cariño puede desencadenarse por los más pequeños actos por parte de su pareja -un tono rudo, una mirada momentánea de enfado o desinterés, olvidarse de una ocasión especial-, su paso de la alegría a la depresión puede ser abrupto y devastador.
Angustia contra Depresión
Por muy grandes que sean los altibajos emocionales dentro de la relación en curso, pueden ser incluso más intensos cuando se baraja la posibilidad o realidad de que la relación acabe. Los sentimientos desagradables que pueda experimentar cuando una relación sentimental se amarga son de dos tipos, y los dos provienen de la pérdida de algo que alguna vez fue extremadamente satisfactorio. El primero es un estado crónico de depresión que puede provenir del hecho de permanecer en una relación mucho después de que la ilusión e incluso el amor se hayan esfumado. Aunque esto pueda parecer como una muerte en vida, puede estar proporcionándole ciertas gratificaciones, como un sentido de continuidad o incluso la esperanza de volver a lo que era.
El segundo tipo de sentimientos de infelicidad puede resultar de acabar o pensar en acabar una relación en la que la ilusión y el amor se han desvanecido. Llevan consigo una dolorosa sensación de soledad, pérdida y
terrible desesperanza acerca de la posibilidad de reavivar alguna vez la relación. Lorna expresó sus sentimientos de este modo:
«Me estaba desmoronando. Sabía que ya no estaba enamorada de Dan. Con frecuencia temía el momento de llegar a casa por la noche. En la mesa hablábamos de temas superficiales del tipo «¿qué tal te ha ido el día?». Evitaba irme a la cama hasta que él estaba dormido. Sufría una depresión crónica. E incluso el hecho de recoger mis cosas y marcharme se me hacía una montaña y parecía mucho más deprimente que quedarme».
Este dilema es cierto incluso cuando, de alguna forma, han sobrevivido los sentimientos de enamoramiento en una terrible relación. Por ejemplo, estoy pensando en una mujer cuyo marido era tan terriblemente cruel y hostil que ella se dio cuenta de que, para salvar su integridad mental y su vida, tendría que dejarle. Sin embargo, en esos raros momentos en que él la abrazaba con afecto, o incluso cuando ella fantaseaba de que lo haría, se llenaba de alegría y excitación y se olvidaba de todos sus sentimientos negativos. «Le quiero más que a nadie o nada, aunque sé que no puedo vivir con él. Con todo lo infeliz que me siento, el pensamiento de estar sin él para siempre me hace sentir que no tengo ningún motivo para vivir.»
Si su relación actual le hace más infeliz y si ha hecho todo lo que piensa que puede hacer para mejorarla, entonces, tendrá que escoger entre la depresión crónica de quedarse o la depresión terrible de marcharse. (Hay personas que deciden quedarse, pero no se deprimen mucho porque bajan sus expectativas de la relación y buscan otras formas de llenarse.) En realidad, usted no sabe con seguridad si se sentirá deprimido si se marcha, ni siquiera cómo se sentirá. Solamente sabe que tiene miedo de marcharse o quizás tiene miedo de sentirse deprimido si se marcha. Por este motivo, es más preciso decir que las alternativas desagradables entre las que tendrá que elegir serán la depresión continua o la angustia. ¿En base a qué puede hacerse una elección tan poco atractiva?
Quedarse bloqueado en una relación perjudicial intensifica su depresión o la sume en una continua desolación. La depresión suele ser el estado emocional que acompaña a la no ayuda y a la desesperanza. Es una rendición de la energía personal, una espera pasiva de que alguien más cambie las cosas o una resignación de que las cosas se mantengan como están. Hacer algo para acabar la relación, asumiendo que siente que ha agotado las posibilidades de mejorarla, le hará sentir tenso, agitado y terriblemente asustado -todos los
síntomas de la angustia. Pero, a diferencia de la depresión prolongada, la angustia es el estado que suele acompañar al cambio, actividad, movimiento y riesgo. Normalmente dura poco y desaparece cuando se ha tomado y llevado a cabo la decisión de acabar con la relación. En otras palabras, aunque la angustia es horrible, a menudo es un dolor creciente. Si su opinión le lleva a una elección que despierta la angustia, con todo lo desagradable que este sentimiento es, es preferible que lo escoja a la depresión.
Si no se siente capaz de acabar la relación, un buen paso intermedio es separarse temporalmente, ya sea unos meses o unas semanas, de modo que pueda ver los sentimientos terribles que teme y captar algún modo de controlarlos. Puede aprender mucho de esta separación temporal. Recuerde, por ejemplo, a la mujer que se pasó aquel terrible fin de semana sola y escribió sobre el pavor de sentir que estaba flotando en el espacio, desarraigada, descuidada y sola. Pero descubrió que podía sobrevivir y controlar su ansiedad.
Clark es otra persona que intentó separarse temporalmente. Es profesor de antropología, tiene treinta y seis años y estaba muy enamorado de Paula, una diseñadora de interiores de treinta años. Paula también quería a Clark, pero ambos esperaban cosas distintas de la, vida. A Clark le gustaba pasar las tardes tranquilamente en casa o salir juntos o con buenos amigos. Quería establecerse y tener hijos. A Paula le gustaba llevar mucha actividad, quería salir casi todas las noches con mucha gente e ir a lugares con mucho bullicio. Valoraba la libertad sobre todas las cosas y sentía que la fidelidad sexual era opresiva y que «el mayor error que cometió mi madre fue tener hijos y yo no voy a repetirlo». Después de casi un año de intentar convencer a Paula de los placeres de su enfoque de la vida, Clark decidió que tendría que dejar de verla a pesar de su fuerte atracción por ella y de lo bien que se lo pasaban juntos. Se daba cuenta de que cada vez se divertían menos y las frustraciones eran mayores. Pero no lograba decir «Se acabó todo». El dolor anticipado y la angustia parecían demasiado fuertes. Sin embargo, pudo decir: «No nos veamos durante un mes y veamos si esto cambia algo».
Al principio, la separación fue una tortura para Clark. Se pasó la mayor parte del primer fin de semana solo y llorando mucho. Se sentía avergonzado por llorar pero más tarde dijo: «Empecé a darme cuenta de que era valiente llorar, porque era como me sentía realmente. Y lloraba porque estaba perdiendo algo realmente precioso para mí». Escribió muchos de sus sentimientos en una libreta o un diario. He aquí algunos extractos de los primeros días de la separación:
«La odio tanto que, si estuviera aquí, creo que la mataría. ¿Cómo puede preferir sus discotecas y su estúpida y vacía libertad a mí?».
«Paula, Paula, Paula. Por favor, llámame y dime que me quieres, que quieres lo que yo quiero».
«No soy rico, no soy guapo, y me estoy quedando calvo. ¿Hay alguna otra mujer que querría abrazar este cuerpo escuálido?».
«¿Con quién estará ahora? Estoy completamente solo, pero apuesto a que ella no. Me siento con ganas de matarme cuando me la imagino haciendo con otro hombre las cosas que hacíamos juntos».
«Acabo de marcar su teléfono, pero he colgado después del primer tono». «Me he empezado a vestir para ir a un bar de solteros, pero el solo pensamiento me ha hecho sentir más deprimido. Así que beberé hasta el olvido aquí en casa».
«Paula, Paula, Paula. Por favor».
En los días sucesivos, empezó a verse un cambio en su diario:
«¡Uf! Acabo de darme cuenta de que no he pensado en Paula en todo el día en el trabajo. ¿Me estaré liberando?».
«Siento que estoy intentando forzarme a que me guste esta nueva mujer que he conocido en el gimnasio más de lo que me gusta en realidad. Hay que cortar con esto».
«Estoy empezando de nuevo a echar mucho de menos a Paula. Pero puedo tolerarlo... También veo lo perjudicial que es para mí».
«Estoy empezando a comprender lo que significa estar solo. No me gusta, pero, ¿por qué si se trata de algo nuevo? Y estoy aprendiendo que desear algo muchísimo no lo atraerá hacia mí... Tendré que llenar los espacios vacíos yo mismo. Estaba deseando que Paula trajera el entusiasmo a mi vida, pero tendré que encontrar mi propio entusiasmo».
«Estar solo es digno. Está bien. Y no significa que esté solo. Stan y mi hermano han estado allí cuando los he necesitado».
Pasado un mes, Clark y Paula se reunieron tal como habían acordado. Seguía habiendo la antigua atracción y durante unas cuantas semanas se vieron casi con tanta frecuencia como antes. Pero, como dijo Clark posteriormente:
«No había cambiado nada esencial. Paula es Paula y yo soy yo. Así que decidimos acabar y fue triste, pero bonito de alguna manera. Hicimos el amor esa noche y nos fuimos a tomar un desayuno-comida a nuestro lugar favorito y le compré una bolsa de las nueces cubiertas de chocolate que tanto le gustan como regalo de despedida. Si hubiéramos intentando permanecer juntos más tiempo, hubiera acabado en odio y amargura. Sigue siendo triste, pero también está bien. Es como si, durante ese mes de separación, hubiera descendido mi fiebre. Y ahora puedo dejarla marchar».
Así que, de nuevo, si se permite controlar las emociones extremas involucradas en la ruptura de una relación adictiva, si no se siente preparado para soportar plenamente el síndrome de abstinencia, podría serle de utilidad separarse temporalmente y permitirse experimentar cómo son los sentimientos sin esta persona. Si desea sacar el máximo rendimiento de ello, no llene todos los minutos de la separación con distracciones, gente y tareas. Permítase experimentar sus sentimientos. Deje que la fiebre suba y baje. No lleve la separación hasta el final tan pronto como sienta malestar. Es importante enfrentarse a su Hambre de cariño y descubrir que puede soportar el síndrome de abstinencia para poder recuperar las riendas de su vida y gobernarla por el verdadero interés propio más que por la adicción.