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La gran amplitud de esta cartografía del campo de lo escultórico se justifica por las conexiones lejanas que tienen con cada uno de los bosques: La forêt de Alberto Giacometti y Uma floresta para os teus sonhos, de Alberto Carneiro. Dado que ambas obras escogidas se sitúan en un campo de relación entre escultura y paisaje, se hizo necesario comprender cómo entró el paisaje en el campo de la escultura. Pero este panorama también denuncia la situación en la que cada uno de los artistas y su obra se encuentran. Henri Focillon, en su

libro Vie des formes, recuerda que “la obra de arte es una aproximación a lo

único, se afirma como un todo, como absoluto, y, al mismo tiempo, forma parte de un sistema de relaciones complejas. Es el resultado de una actividad independiente, traduce una imaginación superior y libre, pero en ella vemos igualmente converger las energías de las civilizaciones.”169

Aunque antiguo, pues este modelo de análisis de la obra no sirve para valorar muchas propuestas contemporáneas, es, no obstante, útil para situar y entender lo que definió al artista europeo hasta hace poco tiempo; es decir, alguien profundamente comprometido con la historia. Esto se verifica totalmente en la obra de Alberto Giacometti, pero también, aunque con un grado de compromiso menor, en la obra y en los escritos de Alberto Carneiro.

Pero la afirmación de Focillon encaja perfectamente en la definición de obra moderna y en el modelo idealista del que Giacometti, a pesar de las muchas singularidades, era un continuador. Profundamente comprometido con la historia, enseguida comprendió el valor de la copia, dibujando directamente en los libros de historia del arte: lo hacía como forma de acceder a la información o como método de rememoración de lo anteriormente visto en diversos museos europeos. Así, desde muy pronto se fue modelando la afinidad por el arte prehistórico, cicládico y egipcio. De alguna forma, sus opciones estaban siempre ancladas en la comprensión existencialista de la historia del arte, la noción de sugerencia de movimiento, la verticalidad y el cuestionamiento de la base son planteados y transformados a partir de referencias más o menos lejanas. En relación con la noción de espacio de la escultura a partir de 1935, podemos aproximarla a Miguel Ángel, en la medida en que busca retirar la materia hasta llegar a la escultura. Pero lo que Giacometti pretende obtener es radicalmente distinto a lo que Miguel Ángel y gran parte de la escultura clásica buscaban: un contorno límpido que confiriera a la escultura transparencia convencional. Por el contrario, Giacometti busca una sucesión de contornos, así como en su dibujo: esa búsqueda es el proceso manual, de tal modo que el artista sólo sabe lo que está haciendo cuando trabaja. De este proceso se obtiene una escultura de

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Traducción libre. FOCILLON, Henri, A Vida das Formas. Seguido de Elogio da Mão, trad. de Ruy Oliveira, Lisboa, Edições 70, 2001, p. 11.

aspecto inacabado, lo que condiciona el disfrute del espacio, por ejemplo en La forêt, como un espacio activo donde lo que importa, más que las figuras, es el espacio entre ellas.

Alberto Carneiro parece conservar, en determinados momentos de su carrera, una cierta influencia de la tradición europea de la práctica de la escultura. Para comenzar debemos mencionar que su práctica está influida por un carácter “religioso, en el sentido en que se puede entender la religión a partir de su étimo (religare) que significa buscar la totalidad, el encuentro del mundo consigo mismo, en la ancestral unidad de sus fundamentales principios. Alberto Carneiro es por esta vía, legítimo heredero de esa tradición que se inauguró con la Venus de Willendorf y que llevó a Nietzsche a interrogarse sobre las razones que llevan al hombre a querer buscar en los dioses su justificación, cuando deberían más bien ver la tierra y su ínfimo misterio.”170

Pero su influencia europea prosigue, específicamente en los años más recientes en que el trabajo sobre la madera busca el ritmo orgánico de la madera situando al trabajo muy cercano al concepto de vitalismo orgánico que sirvió a Herbert Read para analizar la escultura de Henry Moore. No obstante, en Uma floresta para os teus sonhos, obra representativa de un periodo en el que Alberto Carneiro renegó del virtuosismo del trabajo manual, tenemos una clara opción por la valorización del arte como idea que coincidió con el florecimiento del conceptualismo y con la revalorización de los dadaísmos. Derivada de una anamnesis, Uma floresta para os teus sonhos es una instalación formada por 200 troncos de madera apoyados en el suelo y orientados en vertical, situados en el interior de una arquitectura. Pero la Floresta es sobre todo un proyecto diseñado, o una idea de espacio laberíntico lúdico a la disposición de la experiencia de cualquiera. La escultura hecha de troncos de madera tratada industrialmente puede ser penetrada por el espectador; allí, podrá tener la experiencia del sueño, no de la fantasía, pero del sueño despierto, o, lo que es lo mismo, tener la experiencia de la transformación literal del tiempo en espacio a través de un mecanismo pre-cinematográfico proporcionado por el paseo. Por último, la Floresta debe ser también

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Traducción libre. ALMEIDA, Bernardo Pinto, Idade De Homem, in Alberto Carneiro, Exposición Antológica, Lisboa, Oporto, Fundação Calouste Gulbenkian, Fundação de Serralves, 1991, p. 15.

comprendida desde un punto de vista ético y político, sobre todo cuando juntamos a la intervención escultórica tangible y al proyecto los textos de Alberto Carneiro preconizando un arte conceptual y ecologista.

CAPÍTULO III:

EL PAISAJE Y LO ESCULTÓRICO: ¿LA

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