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Dentro de la familia lingüística indoeuropea, se encuentra la rama griega a la que pertenece el griego, misma que se emparenta con la italocéltica (de donde proviene el latín) dado que se derivan la misma lengua madre. Ambas lenguas han sido sólidos fundamentos sobre los que se edificó el español.

Sobre los orígenes de este idioma, se piensa que hacia el siglo x a. de C., se presentan pruebas

fehacientes de lo que fue el griego, a través de las epopeyas de Homero, la Ilíada y la Odisea escritas en dialecto jónico antiguo.

El griego antiguo tenía muchos dialectos, entre ellos el ático, el dórico, el jónico, el eólico, los cuales diferían muy pocos unos de otros. Cuando los griegos entraron en contacto con Roma, los pueblos de lengua griega habían criado ya una koiné o lengua común utilizada por todos (el koiné es importante porque de él son las palabras griegas que se integraron al idioma español). Fue Alejandro Magno quien propiamente ayudó a esa unificación y quien impulsó la lengua griega en toda Grecia y sus colonias. Según estudios lingüísticos se considera que el griego, lengua de flexión sintética, proviene del sánscrito, el griego, se habló en el sur de la península balcánica, situada entre los mares Egeo y Jónico. Destacó la Grecia continental con ciudades tan importantes como Atenas y Esparta, en las islas Cícladas, en la Grecia asiática y en la Magna Grecia que comprendían el sur de Italia y la isla de Silicia.

El griego, es en la actualidad, el idioma de apenas ocho millones de personas que habitan en Grecia, en las islas del Egeo, en el sur de Albania, en Yugoslavia meridional, en el sudoeste

de Bulgaria, y en Turquía europea y asiática, así como en las islas de Chipre y de Creta. En el pasado el griego fue la lengua corriente de las relaciones mercantiles y culturales del Medite- rraneo central y oriental, de la mayor parte de Asia Menor y parte de Egipto, el idioma de las antiguas ciudades-estado helénicas, cuyas colonias estaban diseminadas desde España y el sur de la Galia, pasando por Silicia y las costas italianas, hasta las orillas del mar Negro, y quizá más allá todavía. Fue la primera de las lenguas indoeuropeas occidentales que sirvió de medio de expresión a una civilización claramente definida, que aún persiste. Fue el idioma de la filosofía, de la poesía, de la literatura, de la retórica y de la ciencia, en una época en que las demás hablas de occidente –germánico, eslavo e incluso latín– eran meros dialectos que ni siquiera disponían de forma escrita. Precisamente bajo su forma griega, el alfabeto, importado de Fenicia, dio vida a la escritura etrusca y romana, de las cuales derivan todas las escrituras occidentales.

El griego fue la única lengua extranjera que los romanos respetaron. Aun-que despiadados con todos los demás idiomas, nunca intentaron desarraigarla de las regiones en que se hablaba. Por consiguiente, el griego y latín prosperaron en una situación de verdadera convivencia en el periodo republicano y en los albores del Imperio, épocas en que el griego era el idioma popular de la mayor parte de las provincias orientales. Cuando la capital del imperio pasó de Roma a Bizancio, la lengua oficial del Imperio de Oriente fue el griego; y mientras que el Imperio Ro- mano de Occidente murió en el siglo v, el Imperio Bizantino siguió con vida hasta la caída de

Constantinopla, conquistada por los turcos a mediados del siglo xv (1453).

3.1.2 ¿Cómo llegó el griego al idioma español?

1. A través del latín culto o literario pasaron vocablos como: biblioteca, es-cena, drama, oda, rapsodia, sinfonía, metáfora, etc.

2. Mediante el latín vulgar, se introdujeron infinidad de palabras populares de esta manera. • Las que se relacionan con hechos o fenómenos naturales, antro, barranca, cima, gruta,

horizonte, itsmo, etc.

• Voces relacionadas con el reino mineral como la palabra piedra y sus derivados: ágata, amatista, amoniaco, arcilla, berilo, cinabrio, cobre, cristal, diamante, metal, etc.

• Palabras del reino vegetal: acanto, amaranto, caña y sus derivados castellanos (crisante- mo, esparto, frijol, geranio, orégano, perejil, ruibarbo, vino, zumo, etc.)

• Términos del reino animal: crisálida, elefante, pulpo, rinoceronte, etc.

• Otros vocablos conectados con la vida humana individual y colectiva: apoteosis, bodega, botica, celo, circo, cítara, guitarra, chisme, disco, ensayo, epitafio, estadio, falange, féretro, hipódromo, melancolía, misántropo, palestra, pera, piropo, propina, triunfo, etc.

3. Palabras formadas con la preposición griega κατά con sentido distribu-tivo: cada dos, cada tres. Los sufijos verbales izar y car que proceden del griego ίζειν como: autorizar, realizar, guerrear.

4. Palabras griegas del ámbito eclesiástico que primero pasaron al latín y luego al español son: ángel, apóstol, bautismo, blasfemia, católico, cisma, cristiano, Cristo, diablo, diócesis, euca- ristía, evangelio, exorcismo, heregía, iglesia, mártir, misterio, paraíso.

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EL LÉXICO GRIEGO EN EL ESPAÑOL

5. Un aporte muy relevante de la lengua griega al español, fue la intro-ducción de tecnicismos, estas palabras se han utilizado para representar los conceptos relacionados con el avance de las ciencias, las artes o las industrias. Este procedimiento se utilizó permanentemente a par- tir del renacimiento, época en que florecieron las ciencias particulares y en que los europeos revaloraron con gran firmeza los ideales de la cultura griega. Los elementos verbales apor- tados por la civilización helénica son innumerables y quedan como una herencia lingüística para la humanidad.