También en Irán el inicio del siglo XX es un momento de cambios y de pugnas entre occidentalización y reislamización. La sociedad iraní sigue dividida en cla- ses, tribus, clanes y grupos de presión. Como señala Robert Mantran, en las clases dominantes se encontraban junto a los jefes de las tribus, los grandes terrate- nientes, los militares y los funcionarios influyentes, pero sobre todo dos grupos de presión que desempeñarán un papel clave: los “clérigos” y los comerciantes o
bazaristas.
El clero chií, los ulemas, constituía un cuerpo propio separado del resto de la sociedad y denominado en persa ruhaniyat (de ruh, espíritu). Dirigido por los
muytahids, aquellos que en ausencia del imam se consideraban con capacidad
contra de las decisiones de los gobernantes, sobre todo desde que Fath Ali Shah (que gobernó hasta 1834) revalorizó su importancia. En un Irán en donde la in- fluencia occidental era cada vez más creciente (Naus, un belga, dirigía la política económica y aduanera en 1905), los ulemas convertirán en tema de combate la lucha contra Occidente. Las luchas populares contra los monopolios extranjeros serán apoyadas por los muytahids, que se opondrán al recorte de sus privilegios por las autoridades.
El otro grupo influyente, el de los bazaristas o comerciantes del bazar, jugará un papel importante como proveedor de dinero de las clases dominantes hasta la fundación de los bancos. Gracias a su dinero, a la compra de tierras, a sus ma- trimonios entre sí, se integran en la clase dominante, aliándose en determinados momentos con los muytahids en su lucha contra el gobierno.
Las protestas públicas contra el endeudamiento exterior llegaron hasta pedir la dimisión del Primer Ministro y exigir el establecimiento de instituciones mo- dernas como una corte de justicia (Adalat-jan), e incluso una asamblea consul- tiva nacional. Un clérigo como Sayyed Mohammad Tabatabai llegará a justificar, apoyándose en una interpretación de la sharia, la lucha contra la tiranía. En junio de 1906 se llegó a paralizar la ciudad de Qom y las protestas se extendieron por todo el país. Gran Bretaña intentó instrumentalizar el movimiento, sirviéndose del malestar en contra de Rusia, país con ambiciones imperiales a costa de Irán. El sah Mozaffar od-Din acabó por deponer al Primer Ministro y nombrar en su puesto al responsable de Exteriores, Moshir od-Dowle. Se convocó una Asamblea Consultiva Nacional, integrada por príncipes y miembros influyentes de la tribu Qayar, ulemas, nobles y notables, comerciantes, terratenientes y campesinos, así como representantes de las corporaciones de artesanos. No se quiso denomi- narla islámica para que pudieran admitirse en ella personas más cercanas a la sensibilidad laica, lo que da una idea del cariz que adoptó el movimiento.
Las ideas de reforma más avanzadas fueron defendidas por las personas del Norte, de ciudades como Tabriz. Hasan Taqizade, el diputado más joven, defendía un cambio hacia un régimen constitucional (mashrut) de carácter laico, frente a religiosos integristas capitaneados por Fazlollah Nuri, empeñados en que la Asamblea no votara leyes contrarias al islam. En el norte, conceptos como el de
soviet eran conocidos por contagio de Rusia. La Constitución del 30 de diciembre
de 1906 llegó al compromiso de instituir una especie de consejo de 5 ulemas, escogido entre 20 muytahids propuestos por los religiosos, y que asistiría a los debates parlamentarios con derecho de veto.
Los riesgos de desestabilización del sistema llevaron a los británicos a pactar con los rusos un reparto del país en zonas de influencia (agosto 1907). El sah se aprovechó de los enfrentamientos entre constitucionalistas y tradicionalistas
para fomentar una oposición a la Constitución, promoviendo un retorno al abso- lutismo (1907-1909). Mientras, en Tabriz, un movimiento revolucionario arma- do mantuvo la ciudad enfrentada al poder central con ayuda de los muyahidines del Cáucaso.
En mayo de 1909 se restaura la Constitución como un intento de frenar el auge del movimiento constitucionalista que es, sin embargo, muy fuerte. A partir de julio el movimiento revolucionario constitucionalista se apodera de la capital, pero el enfrentamiento entre constitucionalistas y reaccionarios será cada vez mayor, sobre todo a raíz de la ejecución de Fazlollah Nuri en julio de 1909. El sah va a ser depuesto y sustituido por el príncipe heredero, de 13 años, Ahmad Shah, tutelado por un regente. Un segundo Maylis o Asamblea va a ser elegido y reunido en noviembre de 1909, pero las contradicciones entre las distintas fac- ciones del poder irán creciendo, mientras se encarga a una misión americana dirigida por Morgan Shuster reestructurar las finanzas públicas. Para entonces, el friso de problemas que se acumulan en el país es visible. Corrupción, intrusión rusa, imposibilidad de modernizar el Estado, disidencia de las provincias frente al poder central, control de todos los servicios importantes del país por parte de occidentales (economía, finanzas, bancos, correos, ejército, enseñanza superior), son algunos de los más importantes problemas en vísperas de la Primera Guerra Mundial, en la que Irán adoptará una posición neutral, más teórica que real. Efec- tivamente, el Ejército, desorganizado, no podía serlo realmente, dado que era in- capaz de defender al país. La población, sin embargo, manifestaba abiertamente simpatías por el Imperio otomano.
Un elemento va a hacer de Persia un país estratégicamente clave en este período: el petróleo. Ya en 1909 se había creado la Anglo-Iranian Petroleum Co. Poco más tarde, en 1912, la flota británica abandona el carbón por el petróleo. Cuando comience la guerra mundial en 1914, será ocupada Basora por los ingle- ses para proteger la región de Abadán y Ahwaz, en la zona considerada neutral en el reparto de 1907. Los alemanes, por su parte, trataron de intervenir en el país, tanto a través de agentes —como el conocido como “Lawrence alemán”, Wilhelm Wassmuss, antiguo cónsul que mantuvo buenas relaciones con las tribus del Fars hasta su captura a finales de la contienda—, como a través de figuras locales — como Hasan Taqizade—, que fueron de gran ayuda para extender su propaganda e influencia. Y lo lograron, ya que a fines de 1915 la mayor parte del territorio persa estaba bajo control de elementos proalemanes, aunque no consiguieron exiliar al sah y a su gobierno y ponerlos bajo su influencia.
Al final de la Primera Guerra Mundial Irán va a ser minado por movimientos regionalistas. Cada provincia jugó su propia carta. Donde la disidencia fue más fuerte fue en la región del Gilan, junto al mar Caspio. Inglaterra intentará enton- ces apostar por la estabilidad del país. En 1919 se trató de firmar sin éxito un
acuerdo anglo-persa que garantizaba la integridad del territorio, aportaba exper- tos y oficiales británicos, acordaba un préstamo y favorecía las empresas mixtas. Irán padecerá una crisis que servirá de trampolín para la toma del poder por el Comandante de la Brigada cosaca, Reza Jan, en febrero de 1921, que suspenderá la Constitución. Unos años más tarde, en diciembre de 1925, será proclamado sah, inaugurando una nueva dinastía, la de los Pahlevis.