En las páginas que anteceden nos hemos dedicado principalmente al estudio de la proyección que tiene lugar durante el sueño natural; también hemos dedicado bastante tiempo a la proyección inducida por medios hipnóticos, de modo que el lector ya debe estar familiarizado con ella.
En lo que al sueño producido por el uso de narcóticos se refiere, nos hemos limitado, sin embargo, a mencionar simplemente el hecho de que la proyección es posible en esas ocasiones. A fin de completar el tema, resumiremos una interesante experiencia fuera del cuerpo ocurrida bajo los efectos de un anestésico, y comunicada por el doctor George Wyld en su obra La Teosofía o la dinámica del espíritu.
Nuestro autor había estado aspirando cloroformo para mitigar el dolor producido por un pequeño cálculo renal, cuando, para su enorme sorpresa, se encontró vestido y dotado de sus facultades normales de razonamiento, a unos dos metros de la cama, observando su propio cuerpo físico privado de movimiento.
Mientras así permanecía parado, logró comprender el significado de la revelación, consiguiendo más tarde que otras personas corroboraran su experiencia, todo lo cual lo condujo a la conclusión de que las sensaciones se hallan centradas en el cuerpo sutil y de que la acción de los anestésicos se cumple extrayendo al cuerpo etéreo del físico, lo cual hace que este último no pueda sufrir ningún dolor.
II. Ernest Hunt, que recogió el testimonio de gran número de personas que habían tenido experiencias fuera del cuerpo durante el sueño proveniente de una anestesia, declara que:
"Las descripciones que nos brindan los pacientes son en esencia todas iguales, y, a menos que con entera falta de fundamento presumamos que. se han puesto todos de acuerdo en mentirnos, debemos concluir forzosamente que dicen la verdad".
Algunos de ellos han llegado a afirmar que habían observado todas la operaciones practicadas sobre sus propios cuerpos — exactamente como el individuo que abandona su casa mientras la reparan— situados a cierta altura sobre el físico, pudiendo ver y oír todo cuanto abajo ocurría.
J. Arthur Hill, en su obra El hombre es espíritu, cuenta el caso de una tal señorita Hinton quien, a la edad de diecisiete años fue cloroformada para extraerle unas muelas. Su vuelta a la conciencia se demoró considerablemente, acarreando una profunda alarma, pero cuando despertó, declaró haber estado sobre el cuerpo físico, en medio de las personas allí reunidas, y también dijo que había tratado de hablarles pero sin éxito. Dándose por muerta, su mayor sorpresa fue ¡que no la juzgaran!
Las experiencias de este tipo demuestran que, junto con las experiencias proyectivas durante el sueño natural, existe un vasto campo para la experimentación médica mediante el uso de los anestésicos.
En un magnifico librito, Por qué sobrevivimos, el señor Hunt, a quien acabo de mencionar, narra el caso de una amiga suya que tuvo el siguiente sueño (por lo demás, un sueño proyectivo típico)
"La joven del caso se encontró en cierta ocasión —en el transcurso de un sueño— sobre el techo de un edificio y, por una u otra razón, le llamó poderosamente la atención cierta cuerda que ella, prosaicamente, tomópor una cuerda de tender la ropa." "La curiosidad la impulsó a seguir esta línea que, pasando por el borde del techo, se introducía en la ventana de un dormitorio. Pero héte aquí que el tal cable la condujo a una cama donde se hallaba su propio cuerpo dormido y no bien se produjo el reconocimiento, se despertó bruscamente, otra vez en su cuerpo físico."
Muchas veces he tenido sueños semejantes al anterior, hasta el punto de que yo también me he sentido inclinado a seguir lo que ante mis ojos parecía una cuerda de la ropa, encontrándome siempre al cabo del mismo, con el cuerpo físico. Tanto llegué
a familiarizarme con este, que al tiempo que seguía la línea (en el sueño) sabía que terminaría por encontrar mi cuerpo al cabo de éste.
Era mi intención incluir este sueño típico dentro del tema "Sueños proyectivos típicos", pero en aquella oportunidad dejé que otros aspectos más importantes del fenómeno predominaran en mi pensamiento, pasándolo por alto. En este sueno, el sujeto se muestra siempre sumamente intrigado con respecto a la posible naturaleza del cable y el punto hacia el cual conduce. Por lo general se experimenta un irreprimible deseo de seguirlo, regresando al cuerpo físico.
Lo que en el sueño se presenta corno una cuerda para tender ropa, un hilo telefónico, o cualquier otra cosa, claro está que no es sino el cable astral tendido con su diámetro mínimo y la ansiedad por seguirlo para ver a dónde conduce, no es sino un recurso de la Voluntad subconsciente a fin de hacer volver al cuerpo onírico a su duplicado físico.
Espero que nadie se forme la idea, después del examen de todos los métodos incluidos en este libro para inducir la proyección astral, de que se ha dicho aquí la última palabra sobre el tema, pues esto sería un grave error. Lo que yo he hecho no ha sido sino desarrollar los métodos que me son más familiares. Es muy posible que otros investigadores posean un valioso caudal informativo con relación al modus operandi. Digamos, por ejemplo, que, según se afirma, existen varias "Sociedades Metafísicas" en las cuales pueden inscribirse los individuos interesados en los fenómenos ocultos y donde, después de haber realizado ciertos estudios y haber ingresado al "Círculo de los iniciados", se les imparte (según se declara) toda la información secreta necesaria para poder abandonar sus cuerpos físicos y visitar los reinos espirituales, poniéndose en comunicación directa con los mismos. Qué método se sigue en esas instituciones y hasta qué punto tienen éxito, es cosa que yo ignoro. Fuera de estas sociedades, existe gran número de individuos que sostienen hallarse en posesión de conocimientos ocultos que les permiten proyectarse en el astral. Si los métodos por ellos empleados coinciden o no con alguno de los que yo he proporcionado —y estoy convencido de que necesariamente debe ser así— es cosa que tampoco podría establecer a punto fijo. Insisto nuevamente, por eso, en que de ningún modo se pretende haber dicho en este libro la última palabra sobre el proceso. Conocernos ya la forma en que el cuerpo astral puede viajar por el espacio; pues bien creo que no está lejano el día en que, mediante el conocimiento y la práctica de ciertas leyes sutiles, todos nosotros podamos viajar físicamente por el espacio, en forma automática y a voluntad, exactamente del mismo modo en que lo hace el astral. Cierto es que poseernos vehículos aéreos; sin embargo los medios de traslación física no serán perfectos hasta tanto no podamos atravesar el espacio automáticamente. Espero que un día podrá el hombre alcanzar la facultad de vencer la gravedad con su cuerpo físico.
La proyección astral no es un privilegio de unos pocos elegidos todo ser viviente tiene a su disposición fuerzas latentes que sólo esperan ser adecuadamente manejadas para producirla. Una idea muy difundida es que todos los individuos capaces de proyectarse se hallan dotados de un ser astral sumamente peculiar y distinto de los de la mayoría de la gente; pero yo puedo asegurar categóricamente que el cuerpo físico desempeña un papel tan importante como el astral en el fenómeno y por lo general, no es el cuerpo astral el que presenta anomalías, sino el físico.
Si bien no es mi deseo darle un sermón al lector para volver a repetir una vez más lo que tantas veces se ha dicho desde cl principio del mundo, haré, con todo, dos o tres advertencias convenientes. Es de extrema importancia que mantengamos puros nuestros pensamientos, sin desear el más mínimo mal a nuestros semejantes pues no son sino estos pensamientos los que crean su propio medio astral, y la venganza no es por cierto desconocida entre los habitantes de los planos astrales.
Bastará que el lector recuerde ni desagradable "Encuentro con un demonio astral" experiencia esta originada como consecuencia de un mal pensamiento dirigido hacia el protagonista de aquel suceso. Por eso me apresuro, especialmente si el lector está dispuesto a intentar la práctica de la proyección astral,a formular las mismas advertencias de Confucio: "Para lo malo debes ser mudo, sordo y ciego". De no ser así, el sujeto tendrá experiencias que le harán sentir que el mundo astral sólo está lleno de demonios y enemigos. Y esto nos lleva a formular una nueva consideración:
La objeción mas común y más contundente levantada contra las ciencias ocultas, especialmente la Clarividencia, el Hipnotismo, etc., es la teoría de los demonios, es decir, que todas estas manifestaciones no son sino el producto del Demonio o de otros espíritus malignos En estos últimos años una poderosa organización religiosa (que seguramente todos mis lectores conocen) se ha embarcado en una formidable cruzada contra las prácticas ocultas. Puede tenerse cierta idea de los alcances y el éxito de su campana, si se repara en el hecho de que la edición de uno de sus libros alcanzó, en 1928, la fantástica cifra de 3.500.000 ejemplares. Y como éste, ¡han publicado por lo menos una veintena de libros! Sus recursos parecen inagotables. Sus conferencias se han transmitido por las más poderosas emisoras radiales y sus propagandistas están diseminados por todo el mundo.
Fuera de ésta, existen otras poderosas organizaciones movidas por el mismo propósito, como así tambien ciertas personalidades como O’Donnell, que insisten vigorosamente en la afirmación de que todos los fenómenos ocultos son de origen
diabólico. En consecuencia, han sido muchos los investigadores de las ciencias ocultas que han debido abandonar sus investigaciones y estudios, debido a injustas acusaciones surgidas de la tergiversación de los hechos reales.
CONCLUSION
A todos aquellos a quienes interese averiguar la verdad o falacia de esta cuestión, es decir, si los fenómenos psíquicos pertenecen a la esfera espiritual del hombre o a los dominios del Demonio, yo quiero decirles que toda vez que experimenten una proyección del cuerpo astral, ya no podrán dudar de la posibilidad de existir fuera del cuerpo físico. Entonces el lector no se verá forzado a aceptar ninguna teoría. Entonces no tendrán que buscar para su creencia en la inmortalidad, el apoyo de las palabras de un médium, de un pastor o de las Sagradas Escrituras, puesto que por sí mismo habrá logrado la prueba de lo que buscaba.
Yo por mi parte puedo decir que aunque jamás se hubiera escrito un libro sobre la inmortalidad del alma, que aunque jamás se me hubiera hablado de la "supervivencia" del espíritu, que aunque jamás hubiera presenciado una sesión de espiritismo o hubiese conversado con un médium; en suma, aunque nadie jamás en el mundo hubiera sospechado la existencia de la "'vida después de la muerte", yo no estaría por ello menos persuadido de ser inmortal, puesto que he experimentado la proyección del cuerpo astral.