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In document From the Library of Martin Spilovsky (Page 143-146)

En 1923 un hombre que vivía en mi misma ciudad murió de cáncer al estómago. La esposa de este individuo era muy amiga de mi madre y, pocos días después del sepelio, tuvieron oportunidad de hablar extensamente. Le confió así (la esposa del muerto) una cantidad de cosas que durante la vida del marido había mantenido en secreto, que revelaban el verdadero carácter de aquél. Según ella, había sido un verdadero bruto, lleno de vicios y malas condiciones; pues bien, ciertas cosas que luego me contó mi madre,relativas al muerto, hicieron que le cobrara un odio profundo. Recuerdo claramente cómo me "hirvió la sangre" de rabia al enterarme de ciertos actos realizados por el muerto.

Esta conversación tuvo lugar alrededor de las siete y media de la tarde y a las nueve de la noche ya me había olvidado del incidente por completo. Esa noche, al acostarme, experimenté una proyección consciente. Había pasado por las primeras etapas del proceso con toda felicidad, aterrizando con mis pies fuera del limite de actividad del cable, en completa libertad. Entonces di unos cuantos pasos hacia adelante, pero luego me detuve para echar un vistazo a mi cuerpo físico. (Es algo esto que rara vez deja de hacerse).

Mis ojos tropezaron con un espectáculo aterrador y vergonzoso a la vez. Allí estaba F. D. (el muerto), mirándome como un loco. Jamás podré olvidar mientras viva la salvaje expresión que tenía su rostro. Instintivamente comprendí que deseaba vengarse, lo cual me hizo experimentar un profundo terror. No sabía en absoluto qué hacer, pero antes de que atinara a reaccionar, ¡se abalanzó sobre mí! Durante unos instantes nos trabamos en lucha, en la que él llevaba la mejor parte, mientras me maldecía y golpeaba con todas sus fuerzas.

Su fuerza resultó considerablemente superior a la mía en aquel momento, pero un instante después descubrí de golpe que mi fuerza rectora me arrastraba hacia "dentro". Cuando este poder vino en mi ayuda, F. D. sólo parecía tener la fuerza de un pigmeo, pues pese a haberse aferrado con todas sus fuerzas de mi cuerpo astral, éste siguió moviéndose sin la menor vacilación hacia el cuerpo físico. Al llegar dentro del radio de actividad del cable, una fuerza todavía mayor pareció infundirse en mi ánimo.

Pese a todos los esfuerzos del demonio para sujetarme, me elevé en el aire horizontalmente, alcancé la posición directamente encima del cuerpo físico y me precipité sobre éste, en una caída que determinó probablemente la repercusión más violenta que jamás haya experimentado.

En todo el proceso me había hallado tan lúcido como lo estoy en este momento o como lo estás tú, lector, mientras lees estas líneas. Los escépticos dirán que esto sólo fue una pesadilla; pero yo sé muy bien cuándo estoy consciente y sé también, cuando estoy consciente, lo que es real y lo que no lo es. ¡Y ésta no fue una pesadilla! ¡Fue todo real! Fue tan real como podría serlo cualquier pelea con un ser de carne y hueso.

¿No pretendía Lutero, acaso, haber luchado con un demonio? ¿Quién sabe? ¡Tal vez sea cierto! Aunque nunca las he leído, me han informado que en la bibliografía espiritista se conservan registros de sucesos bastantes semejantes al aquí narrado.

CAPITULO XV

OBSESION

Y esto nos lleva al terna de la "obsesión". Entre los propios espiritistas existe una polémica con respecto a si los espíritus cautivos espíritus en el purgatorio pueden o no ejercer influencias malignas sobre los mortales. Quien escribe estas líneas cree firmemente en la posibilidad de la obsesión causado por los espíritus. No es lógico que los espiritistas y ocultistas sostengan, por una parte, que los buenos espíritus pueden influir sobre las mentes terrenas, y por otra, que los espíritus malos no pueden hacerlo.

La ciencia moderna considera falsa la teoría de la obsesión espiritual, afirmando que todos los casos en que se supone la existencia de influencias por parte de los espíritus, no son en realidad sino casos de enfermedad de la mente y el cuerpo, siendo su único remedio posible una atención médica adecuada. Los Espiritistas experimentados saben, sin embargo, que, si bien existen muchos casos de obsesión aparente que pueden explicarse en esta forma, también los hay de verdaderas obsesiones ejercidas por espíritus desprendidos del cuerpo, poco evolucionados. Nada menos que William James dijo poco antes de morir:

"La resistencia de los estudios modernos a tratar la obsesión como una hipótesis por lo menos posible, pese a toda la tradición basada en experiencias concretas que la apoya, me ha parecido siempre el más curioso ejemplo del poder que tiene la moda, aun en las disciplinas que consideramos ‘científicas’ ...

"No me cabe la menor duda de que la teoría de los espíritus (no necesariamente de los demonios) pronto encontrará amplias oportunidades de desarrollo. Ciertamente que hay que ser exageradamente 'científico' para permanecer ciego e ignorante a esta posibilidad".

El profesor J. H. Hyslop declara, en su obra La vida después de la muerte: "Afirmo y vuelvo a afirmar que la explicación de este caso reside en la obsesión, espiritual o demoníaca, tal como se la llama en el Nuevo Testamento. Antes de aceptar esta teoría, la combatí durante diez años, hasta convencerme finalmente de que la supervivencia después de la muerte estaba probada". He aquí el caso mencionado por el doctor Hyslop:

"...Se trata aquí de un caso de disociación causado por el brutal tratamiento paterno; el resultado fue una forma de personalidad múltiple que los médicos consideraron incurable, pronosticando a la paciente el manicomio como destino cierto hasta el fin de sus días. Los distintos médicos hicieron diagnósticos diferentes; para unos se trataba de paranoia, para otros de demencia precoz, etc., pero donde los médicos fracasaron, la paciencia y cuidado de un clérigo lograron restaurar a la niña su salud mental. Fue así como se tomó con el tiempo capaz de encarar un vasto negocio relacionado con la cría de aves, llegando a ser vicepresidenta de la asociación encargada de su fomento, presidiendo las asambleas y reuniones con inteligencia y con toda presencia de animo.

"Posteriormente, ya curada, fue sometida a ciertos experimentos con un psiquista, los cuales demostraron que se trataba de un caso de obsesión por la acción de los espíritus. La profesión de médium comienza a desarrollarse como un medio eficaz para impedir los casos de obsesión maligna. Gracias a este tratamiento, los pacientes pueden retornar a su vida normal".

Al referirse a las consecuencias implicadas por esta posición teórica, expresa más adelante nuestro autor: "Lo más notable de estos casos es el efecto revolucionario que habrán de tener en el campo de la medicina. Es perfectamente posible que miles de enfermos a quienes se diagnosticó paranoia curen con este nuevo tratamiento. Es hora ya de que el mundo médico abra ]os ojos y aprenda algo".

En "el caso 89", que relaté algunos capítulos antes bajo el título general "Duplicación de la Sensibilidad y la Obsesión", encontramos un ejemplo en extremo interesante de la obsesión de que puede ser objeto un ser terreno por parte de un espíritu astral. A estarnos a lo que dice la Biblia, se desprende que el propio Cristo creía firmemente en la acción obsesiva de los espíritus malignos, pues no fueron pocos los casos en que demostró ser capaz de "expulsar los demonios" de las personas por ellos atormentadas. También San Pablo creía que los espíritus malignos podían influir sobre los seres terrenos al igual que los espíritus buenos.

Algunos espíritus obsesionan de intento, otros, sin saberlo. A menudo, el propio espíritu se halla obsesionado, como en el caso del "89". La tendencia del deseo terrenal es tan fuerte en el astral, que si hay algo que debe maravillarnos es precisamente que no sean miles las personas obsesionadas por estos entes astrales que se esfuerzan en vano por regresar a sus cuerpos materiales y aplacar sus deseos. Casi no hace falta decir que las inteligencias que obsesionan a los individuos terrenos son espíritus situados en el purgatorio.

Pueden encontrarse algunos casos sorprendentes de obsesión —en los que los entes obsesionantes dieron pruebas evidentes de su propia existencia independiente— en los libros de J. Godfrey Raupert: Los peligros del espiritismo, El espiritismo moderno y El problema supremo también en la obra del doctor Peebles, La obsesión espiritual: Los demonios a través de los tiempos. En el artículo del doctor C. H. Carson sobre La Obsesión se hallará un examen único del tema; Carrington, por su parte, ha recopilado gran número de casos excepcionales que presentan todos los signos aparentes del histórico fenómeno.

El libro del doctor Carl Wickland, Treinta anos entre los muertos, también trata el tema de la "obsesión". Es interesante destacar que el doctor Wickland posee un instituto en Los Angeles, California donde anualmente se curan decenas de pacientes

"obsesionados" mediante el tratamiento espiritista ordinario. No es corto el número de autores e investigadores modernos que han llegado finalmente a la conclusión de que la "obsesión" espiritual es un hecho auténtico.

Una de las principales objeciones que suele formularse contra la práctica de la proyección del cuerpo astral es que, mientras el espíritu se halla exteriorizado fuera del cuerpo, podría suceder que un ente astral extraño se introdujese en el organismo físico, impidiendo así a su verdadero propietario (el proyector) retornar nuevamente a su cuerpo. Reconozco que nada puedo decir acerca de la mayor o menor probabilidad de este tipo de obsesión; sin embargo, se me hace difícil aceptar como cierta esta teoría con tanta frecuencia defendida por los espiritistas, y en verdad existe una razón para que este tipo de obsesión no sea probable.

En efecto, si un ente cautivo no tuviera más que introducirse en un organismo físico cuando el astral se encuentra proyectado para procurarse un nuevo cuerpo físico, todas las noches habría cientos de víctimas, pues noche a noche, no debemos olvidarlo, hay cientos de personas que se exteriorizan, viajando en sus cuerpos oníricos, ya sea que se percaten o no de ello. No podríamos afirmar, pues, categórica. mente, que los entes cautivos saquen partido de este hecho, asumiendo el control del organismo físico así abandonado. No cabe ninguna duda de que muchos de los llamados peligros de la proyección astral han sido objeto de grandes exageraciones.

En tanto que los psicólogos atribuyen todos los casos de personalidad dual y hasta múltiple a la disociación o "rupturas" de la propia mente del sujeto, muchos espiritistas eminentes sostienen que gran par.

te de esos casos son frutos, simplemente, de la obsesión espiritual. Según me parece a mí, los Espiritistas llevan, con mucho la mejor parte; en efecto, sus argumentos son lógicos, pudiendo explicar el origen de la conciencia ajena que esos individuos presentan y mostrar cómo se ha desarrollado esa conciencia. Los psicólogos, por el contrario, no siempre parecen poder proporcionar una explicación satisfactoria de la forma en que se desarrolla esta segunda conciencia, y muchas de las explicaciones a que entonces recurren son cualquier cosa menos plausibles. 1

Sabemos perfectamente, claro esta, que todo lo que se llama "obsesión" no es necesariamente obsesión espiritual y que, en infinidad de casos, la propia mente del sujeto puede obsesionarse a si misma

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