6.2 User Study: Selecting, Scrolling and Sliding
6.2.1 Setup
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El inconveniente de este sistema de Transmisión es que solo permite la transmisión, globo- tierra. La necesidad de trabajar en duplex, motiva el artículo que publicaba el Memorial hace cien años y reproducimos a continuación. Para u mejor entendimiento es necesario recordar a qué nivel se encontraba entonces la Radiotelegrafía.
Marconi, venía trabajando desde 1894, primero en Italia y después en Inglaterra, en la telegrafía sin hilos. En 1896 logró transmitir mensajes telegráficos a través del mar entre Penarht, en Gales y Weston-super-Mare en Inglaterra a unos 10 km. De distancia. Inaugura el científico la era de la comunicación inalámbrica, él es el padre de la telegrafía sin hilos. El salto a la radio, no lo da hasta 1913, aunque 11 años antes su discípulo, el Comandante de Ingenieros Julio Cervera logró trasmitir la voz entre Jávea (Alicante) e Ibiza.
En 1899, el Regimiento de Telégrafos, efectuó pruebas con éxito, ante la Reina regente, de la transmisión a distancia de la energía sin conductor metálico entre locales distintos del Cuartel de la Montaña.
En 1901 se consiguió la comunicación entre Ceuta y Tarifa y en 1904 el Regimiento de Telégrafos comenzó sus prue- bas con las estaciones de Campaña sistema Telefunken. En ese año se crea el Centro Electrotécnico y de Comunica- ciones que se hace cargo de la centralización de la instrucción técnica de las unidades de Telégrafos.
El material de telégrafos de entonces era pesado y voluminoso. Se contaba con dos estaciones de campaña a lomo,
cuatro estaciones rodadas y una estación fija en Chamartín de la Rosa, además de las de Melilla y Almería y se estaba construyendo una de gran potencia en Carabanchel, con objeto de tener comunicación directa con las posesiones del Norte de África.
Carro motor Carro estación
que accionaban dos individuos a pedales en tandem, por un motor de gasolina, con la finalidad de obtener una acción mucho más regular y evitar el penoso trabajo, sobre todo en despachos largos, que supone el aumento de resistencia al trasmitir.
Las estaciones de Campaña (rodadas) se transportaban en dos carros con avantren llamados motor y de estación. En estas no ocurría como en las de montaña, en las que era un problema el trasporte por el peso excesivo de las cargas y la poca facilidad de colocación del material en las mismas. Aquí , por el contrario , la colocación estaba perfectamente estudiada y el peso en los carruajes era relativamente pequeño para cuatro mulos, enganchados con lanza y balancines a cada uno de los avantrenes.
La estación radiotelegráfica fija de de Chamartín, era del mismo tipo que las descritas solo que instalada de modo permanente para comunicarse en un radio de 200 Km. Con las estaciones que salían destacadas. Esta estaba llamada a desaparecer al finalizar la construcción de la estación de gran potencia de Carabanchel.
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Desde que empezó a ser prácticamente utilizable la dirección de los globos, adquirió enorme importancia el problema de mantener una comunicación constante y recíproca entre el aerostato y tierra. Cuanto más se per- feccionan los distintos sistemas de dirigibles, tanto más se aproxima este problema al de los barcos de guerra con respecto a su base naval, bien sea para órdenes ó auxi- lios, bien para comunicar noticias a o de los exploradores de una escuadra, etc.
En las ascensiones en globo esférico, las noti- cias y croquis obtenidos eran enviados mediante palomas mensajeras, quedando resuelta la mitad del problema. La otra mitad no era de gran importancia, pues aunque pudie- ra ordenarse una maniobra, no siempre podría ejecutarse y los tripulantes ya procuraban obtener el mayor número de datos posible, sin necesidad de que se refirieran al ob- jeto principal de la expedición. En los globos cautivos, el cable de amarre se acompaña de un conductor doble que establece la comunicación telefónica, imprescindible mu- chas veces entre la barquilla y el suelo; por ejemplo, en la observación del tiro de la artillería, etc.
Pero el enorme radio de acción de los dirigibles modernos, que se cuenta hoy por centenas y millares de kilómetros, aumenta a la vez la importancia y la dificultad del problema. Pues hay modelos que pueden permanecer más de un día en marcha y en ese tiempo puede variar con gran facilidad la trascendencia de una orden o noticia y como sólo habrá a disposición del Jefe del ejército de operaciones un pequeño número de dirigibles a causa de su coste excesivo, será tan imprescindible poderle orde- nar abandone el primitivo objeto de su viaje, cambiándole por otro como notificar desde él el resultado obtenido sin necesidad de esperar el tiempo necesario para volver al punto de origen. Igualmente, una vez dada cuenta de su misión, podrá ordenársele un nuevo reconocimiento ú ob- servación, que realizará con gran rapidez, sin necesidad de regresar al punto de partida.
Los sistemas ordinarios de telegrafía eléctrica son inaplicables por la necesidad de un conductor entre las dos estaciones corresponsales; los acústicos lo son, igualmente por el alejamiento de las estaciones, movilidad del globo, trepidaciones á su bordo y dificultad de alinear los aparatos, tanto transmisores como receptores, pudien- do aplicarse estas últimas razones a la telegrafía óptica,
no quedando más remedio que acudir a la Radiotelegrafía para solucionar el problema.
Desde los primeros ensayos de este medio de co- municación se han realizado experiencias para aplicarle a la aerostación, y ya en 1898 se empleó el sistema Slaby que acababa de obtener los primeros éxitos.
Dado el pequeño peso que en aquella época eran capaces de elevar los globos libres, no pudo acondicio- narse en la barquilla más que un receptor con antena sen- cilla colgada de ella. El revelador empleado era el cohesor de limaduras, no obstante lo cual se obtuvo una buena re- cepción hasta 20 kilómetros, considerándose este resulta- do como eminentemente satisfactorio dados los alcances que en aquella época se conseguían prácticamente.
Las pruebas estuvieron á cargo del Batallón de aerosteros prusiano y especialmente del Capitán Von Sigsfeld, que los consideró muy ventajosos, sobre todo para observar la propagación de las ondas y la influencia