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3.3 Data Processing

3.3.3 Shipboard CTD and Pro CV

El clásico artículo de Herbert Paul Grice de 1967, “Logic and conversation”, fundó las bases de un estudio sistemático sobre el contenido implícito de los enunciados. El hecho de que existiera en las frases un contenido más vasto que sólo el significado semántico había ofrecido una barrera para filósofos y lingüistas en el estudio del lenguaje en uso.

El punto de partida para el artículo de Grice es la diferencia de significado entre los conectores lógicos y los conectores de las lenguas naturales. La imposibilidad de reducir unos a otros representaba un punto controversial entre quienes acusaban al lenguaje natural de caótico e impreciso, y entre quienes defendían el lenguaje natural como rico en sentidos, pues el lenguaje natural sirve a una gran cantidad de propósitos que supera el de las ciencias.

Este significado “rico” de las lenguas naturales no es tan caótico como se piensa, ya que su funcionamiento descansa en una serie de principios que gobiernan la conversación entre las personas (Grice, 1975, p. 43).

Antes de continuar, es indispensable separar entre dos tipos de contenidos en la frase. Uno es de naturaleza semántica y el otro es de naturaleza pragmática. El de naturaleza semántica se basa en una serie de supuestos asumidos en la frase, los cuales son aceptados como ciertos por el interlocutor. A estos contenidos se les llama “presuposiciones” y son supuestos sobre el mundo que se asume son compartidos por quienes interactúan. Dada la frase: “Mi tía va a ir a Miami”; se asumen dos supuestos: que tengo una tía que está viva y en capacidad de viajar, y que existe un lugar llamado Miami en Estados Unidos y que es ese el Miami al cual va a ir mi tía.

Por otra parte, existen los contenidos que son recuperados mediante un mecanismo de inferencia, y que Grice llama “implicaturas”. Al producirse un enunciado en un contexto específico, ponemos nuestro conocimiento de

mundo en relación con la forma lingüística de los enunciados para recuperar los posibles contenidos implicados por el hablante. A este esfuerzo por participar activamente en una conversación, Grice lo llama el Principio de Cooperación (Grice, 1975: 45). El mecanismo interactivo en la conversación se basa en que los interlocutores asumen que todos tienen la intención de hacer “la contribución a la conversación como es requerida, para el escenario en la cual ocurre y para la dirección o propósito aceptado del intercambio de habla en el cual se está comprometido” (Grice, 1975, p. 45).

Junto con el Principio de Cooperación, existen otras máximas que se asumen son seguidas por los participantes de una conversación. Estas máximas las resume Tusón (1997, pp. 45-46; cf. también Herman, 1995, p. 174) de la siguiente manera:

• Máxima de cantidad: Haz que tu contribución sea tan informativa como sea necesario (ni más ni menos) para las necesidades del intercambio. • Máxima cualidad: Haz que tu contribución sea verdadera. No digas lo

que sabes que es falso o aquello para lo que no tienes suficiente evidencia.

• Máxima de relación: Sé pertinente, no digas algo que no viene al caso. • Máxima de manera: Sé claro, evita la ambigüedad, sé breve, sé

ordenado.

La originalidad de la propuesta de Grice no se basa solamente en plantear que nuestros intercambios comunicativos se basan en ciertas reglas, sino también que la violación de estas reglas establece señales al interlocutor de que estamos implicando información en lo que decimos. Esto es, ante la violación de una o varias de las máximas arriba mencionadas y asumiendo que se mantiene el Principio de Cooperación en el intercambio comunicativo, es necesario suponer que existe información distinta de la que se enuncia literalmente. El interlocutor establecerá la implicatura de acuerdo al contenido literal, a su conocimiento de mundo y al conocimiento compartido con el interlocutor.

Cuando se habla de un texto dramático, las implicaturas funcionan en dos direcciones: la interacción personaje-personaje y la interacción texto-lector. Después, en la puesta se actualizará como la interacción entre actores que pueden o no representar personajes y la interacción escena-público. Esto significa que dadas una serie de reglas de interacción dentro del universo del texto dramático, estas tienen que ser compartidas con el lector (posteriormente la audiencia) para que el contenido implícito sea recuperado en la recepción.

1.6.3.5.6 Cortesía

Al igual que los actos de habla y la propuesta de Grice sobre el contenido implícito, la cortesía es otros de los aspectos pragmáticos que Vimala Herman (1995, Capítulo 4) plantea como herramienta para el estudio del discurso dramático.

Si bien la palabra tiene un origen etimológico en “el comportamiento de la corte” y se amplió posteriormente para abarcar las reglas sociales de comportamiento que reflejaban un mayor estatus social (Haverkate, 1994, pp. 11-13), la cortesía como concepto pragmático se relaciona con las presiones que el sistema social ejerce sobre la forma como interaccionan las personas (Herman, 1995, p. 189). Esto es, corresponden a una serie de estrategias orientadas a regular los intercambios comunicativos, cuyo foco se centra en las diferencias o solidaridades sociales y en la obtención de beneficios o minimización de desventajas.

Estas presiones sociales se han esquematizado en dos conceptos principales llamados: “cortesía positiva” y “cortesía negativa”. El primero corresponde a aquellas acciones orientadas a fortalecer los efectos positivos de la interacción en el interlocutor (como halagar o felicitar). La segunda se refiere a los mecanismos mediante los cuales se minimizan acciones potencialmente molestas para el interlocutor (cf. Haverkate, 1994, pp. 16-17 y Escandell Vidal, 2002, p. 145). Estos conceptos están centrados en el interlocutor, ya

que se refieren a las estrategias de los hablantes con respecto a los participantes con los que interactúan.

Desde una óptica complementaria están los estudios de Brown y Levinson sobre cortesía de 1987 (cf. Escandell Vidal, 2002; Haverkate, 1994 y Vimala, 1995), que establece a partir de los estudios de Goffmann el concepto de

face o imagen. La imagen o imagen pública corresponde a la imagen que

cada individuo quiere proyectar de sí mismo en sociedad. Esta imagen tiene dos vertientes también: “la imagen positiva” y “la imagen negativa”:

• La imagen negativa: deseo de tener libertad de acción, de no sufrir imposiciones por parte de los demás, de dominar el propio territorio. • La imagen positiva: deseo de ser apreciado por los demás, y de que

otros compartan los mismos deseos. (Escandell Vidal, 2002, p. 149) La cortesía es una serie de estrategias orientadas a reconocer estos deseos en los interlocutores, de forma que sean reconocidos recíprocamente.

Por otra parte, los actos de habla contienen cortesía absoluta según los estudios de Leech de 1983 (citado por Escandell Vidal, 2002, p. 144). Esto quiere decir que existen actos que esencialmente son corteses y otros que esencialmente son descorteses. Se establece la siguiente tipología:

• Actos que apoyan la cortesía: agradecer, felicitar, saludar, ofrecer, invitar…

• Actos indiferentes a la cortesía: afirmar, informar, anunciar…

• Actos que entran en conflicto con la cortesía: preguntar, pedir, ordenar…

• Actos dirigidos frontalmente contra el mantenimiento de la relación entre los interlocutores: amenazar, acusar, maldecir…

Haverkate (1994) plantea la siguiente clasificación:

• Actos de habla corteses: los actos expresivos que son la reacción frente a algún suceso o comportamiento del hablante o del interlocutor que redunda en beneficio del interlocutor. Los estudiados por Haverkate son: el saludo, el cumplido, el agradecimiento y la disculpa. Igualmente, se encuentran los actos comisivos, cuyo objetivo consiste

en manifestar la intención de hacer en el futuro algo beneficioso por el interlocutor como la promesa o la invitación.

• Actos de habla no corteses: estudia la aserción y la exhortación. La aserción consiste en un acto que trata de convencer al interlocutor de que lo planteado por el enunciado es un reflejo de la realidad. Es potencialmente amenazante, ya que puede dañar la imagen positiva del otro. La exhortación se refiere a los actos de habla que buscan conseguir que el interlocutor realice algún tipo de acción en beneficio del hablante. Algunos ejemplos son la petición y el ruego.

Según Brown y Levinson (citado por Escandell Vidal, 2002, p. 149), existen tres dimensiones cuya intersección determina las estrategias de cortesía que puede usar un hablante:

• Poder relativo del destinatario con respecto al emisor, y que constituye la dimensión vertical de la relación social.

• Distancia social que incluye el grado de familiaridad y contacto entre los interlocutores, y que forma el eje horizontal de dicha relación. • Grado de imposición de un determinado acto con respecto a la imagen

pública.

Estas dimensiones se aplican sobretodo en el análisis de las acciones que amenazan la imagen pública, es decir, en las que contienen cortesía negativa absoluta.

El hecho de que la cortesía funciona a partir de un principio general que es la maximización de los enunciados corteses y la minimización de los descorteses, hace que existan una serie de máximas que propone Leech (citado por Escandell Vidal, 2002, pp. 146-147), análogas a las establecidas por Grice:

• Máxima de tacto: suponga que usted es el autorizado, y su interlocutor quien debe autorizar.

• Máxima de generosidad: minimice su propio beneficio; maximice el beneficio de su interlocutor.

• Máxima de aprobación: minimice el desprecio hacia el otro; maximice el aprecio hacia el otro.

• Máxima de modestia: minimice el aprecio hacia sí mismo; maximice el aprecio hacia el otro.

• Máxima de acuerdo: minimice el desacuerdo con el otro; maximice el acuerdo.

• Máxima de simpatía: minimice la antipatía; maximice la simpatía.

Por último, es necesario anotar que existen tres áreas de investigación con respecto al fenómeno de la cortesía (por lo que se ha tendido a llamar últimamente como pragmática sociocultural): la cortesía y sus estrategias, la

descortesía y la anticortesía. La descortesía consiste en la utilización de

locuciones descorteses con la intención de dañar la imagen pública del otro. La anticortesía consiste en utilizar locuciones descorteses como una estrategia de ciertos grupos cerrados (adolescentes, amigos, familia…) para manifestar la pertenencia al grupo o los grados de cercanía entre los miembros del mismo.

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