5.4.1 ‘Special forever’ environmental education-literacy intergenerational equity program
Plate 5. 3 Shooting a ‘Special forever’ television program in the SBS studios in Sydney
Que una imagen —autorretrato— pueda dar a conocer la personalidad del modelo depende más de las sensaciones que provoca su percepción que de la similitud formal con la realidad. Un fragmento de la película Matrix
puede servir para aclarar esta afirmación:
Cifra, el traidor del grupo, está negociando las condiciones de su traición con Smith, mientras come un filete en un restaurante. Con el tenedor se acerca un trozo de carne a la boca y, contemplando su magnífico aspecto, comenta: “¿Sabes? Sé que este filete no existe, sé que cuando me lo meto en la boca, Matrix le dice a mi cerebro que es jugoso y
134 BARBOTIN, E., El lenguaje del cuerpo (II). El rostro, la mirada, la palabra, las relaciones
interpersonales, Eunsa, Pamplona, 1977.
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apetitoso. Sólo son impulsos eléctricos que llegan a mi cerebro, pero… sabe tan bien…”136.
Es cierto que una imagen es una imitación de la realidad, un engaño, pero provoca sensaciones de igual modo que lo hace la realidad. Tanto la realidad como la imagen producen estímulos visuales. Bastaría que los estímulos fueran iguales —aunque estén causados por cosas distintas— para producir el mismo efecto en nuestra percepción, ya que el pintor sólo puede cumplir su tarea si da valores táctiles a impresiones retinales137. En este sentido, hace notar Gombrich que
lo que un pintor investiga no son las leyes del mundo físico, sino la naturaleza de nuestras reacciones ante el mismo. No le conciernen las causas, sino la naturaleza de ciertos efectos. El suyo es un problema psicológico: el de conjurar una imagen convincente a pesar de que ni uno solo de sus matices corresponde a lo que llamamos “realidad”. Es esta sensibilidad para las relaciones la capacidad que permite orientarnos en el universo, porque reaccionamos ante los intervalos lumínicos, ante lo que se ha llamado “gradientes”, más que ante la cantidad medible de la luz reflejada desde un objeto dado138.
Podríamos decir que poco importa si la imagen tiene más o menos similitud con el modelo real. Lo que sí importa es que el efecto que produce la imagen representada en nuestros sentidos sea lo más similar a la que le hace sentir el modelo real.
Esta capacidad de una imagen de provocar estímulos neuronales idénticos a los que produce la realidad que representa podemos observarla en diversas obras de arte, pero su capacidad de sustitución de la realidad sigue estando más determinada por la relación de los gradientes lumínicos que percibimos que por la identidad con las formas a las que representan (figs. 171 a 174).
136 MATRIX, dialogo de Cipher y Smith en la pel·lícula de Andy Wachowski, EEUU, 1999. 137 BERENSON, B., The Florentine Painters of the Renaissance, Nueva York, 1896, págs. 4 y ss.
138 GOMBRICH, E.H., Arte e ilusión, Estudio sobre la psicología de la representación
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Figuras 171 a 174. Kiki (1993) de Chuck Close y tres detalles ampliados.
Los autorretratos de Chuck Close (1940—) constituyen un buen ejemplo para poner de relieve la capacidad de descripción–sustitución que posee la imagen, a pesar de que sepamos que es un engaño. En su obra
Gran autorretrato, de 1997 (fig. 175), Close experimenta con los estímulos
visuales que producen estos gradientes lumínicos y de color en nuestra percepción.
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Figura 175.Chuck Close pintando su Gran autorretrato (1997).
Con su manera de describir la imagen Close consigue provocar idénticas reacciones a las que produciría el modelo, con el único requisito de que se contemple a la distancia adecuada. A una distancia menor de la requerida, la misma imagen llega a hacerse absolutamente incomprensible para el ojo.
Close elabora esta obra de gran formato a partir de multitud de pequeñas cuadrículas, a modo de píxeles, ayudándose de la fotografía y analizando el color de cada fragmento de la superficie de su rostro que, al ser contemplado a cierta distancia, pone de manifiesto el mensaje que estaba oculto para el ojo desde más cerca (fig. 176).
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En las ilustraciones siguientes podemos observar fragmentos del Gran
autorretrato de Close sucesivamente ampliados y ver cómo la cercanía los
convierte en signos que sólo adquieren sentido cuando la distancia los unifica en una sola imagen (figs. 177 y 178).
Figuras 177 y 178. Fragmentos del ojo del Gran autorretrato (1997), de Chuck Close. Una proximidad excesiva hace perder la visión de conjunto de forma parecida a lo que sucede cuando se quiere averiguar la personalidad de alguien a partir de algún aspecto de su apariencia, en vez de sintetizarlos todos en una imagen única (fig. 179).
Figura 179.Detalle de un fragmento junto al lóbulo de la oreja del Gran autorretrato (1997) de Chuck Close.
Aunque la imagen que percibe el ojo no se parece en nada al modelo, la impresión que provoca en nuestra percepción resulta semejante a la que produciría la realidad. La conclusión inmediata es que el mensaje captado
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también es análogo al que genera la realidad. Acierta Gombrich cuando insiste sobre la importancia de aprender a discriminar más que a ver, porque sólo somos capaces de ver aquello que buscamos:
Se habla mucho de entrenar al ojo o de enseñar a ver, pero esta fraseología puede inducir a error si esconde el hecho de que lo que podemos aprender no es a ver, sino a discriminar(...) En vez de tanto hablar de ver y conocer, nos resultaría un poco más provechoso hablar de ver y darnos cuenta. Sólo nos damos cuenta cuando buscamos algo, y miramos cuando nos llama la atención algún desequilibrio, una diferencia entre nuestra expectativa y el mensaje que llega. No podemos registrar todo lo que vemos en una habitación, pero nos fijamos si algo ha cambiado139.
Sólo nos damos cuenta cuando buscamos algo, dice Gombrich, por
esto al contemplar una imagen es preciso saber qué se busca en ella, de otra forma, aunque veamos cosas seguiremos perfectamente ciegos para aquello que quiere mostrar su autor. Puede servir de ejemplo este video, realizado con motivo de una campaña dirigida a conductores, cuyo objetivo era evitar los frecuentes atropellos que sufren los ciclistas:
https://www.youtube.com/watch?v=3pHuPz950nM (Video publicitario, recogido en el Apéndice DVD al final de la tesis)
La percepción que tenemos de las cosas está mediatizada por aquello que tratamos de descubrir, de forma similar a cómo una investigación se desarrolla siguiendo el rumbo que la dirige a su fin.
Cuando el artista utiliza el autorretrato como medio para re-conocerse, o para ser re-conocido por los demás, desplaza el protagonismo desde la realidad (origen) a la descripción (imagen), lo cual equivale a sustituir la realidad por el efecto que produce al ser percibida.
Desde una concepción hiperrealista del autorretrato, Close evoluciona hacia un realismo abstracto fundamentado en el análisis hasta niveles prácticamente microscópicos de la realidad, como una forma de acercarse a
139 GOMBRICH, E.H., Arte e ilusión, Estudio sobre la psicología de la representación
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la verdad íntima del modelo. Sin embargo, inmediatamente se pone de manifiesto que, más que descomponer, lo que se necesita es sintetizar la información para descubrir la verdadera imagen del autor. Y esto es lo que contiene un autorretrato: información. Corresponde al observador traducir el idioma utilizado por su autor o el modo en que debe contemplarse para sintetizar la información que contiene.
Para comprender lo que sucede con la información contenida en un autorretrato puede servirnos el ejemplo que veremos a continuación, pero es preciso aclarar que, una vez desvelado, nunca más podremos volver a percibir la imagen que veíamos anteriormente.
Se trata de contemplar la imagen (fig. 180) en la que se muestra un muro, y plantearse si somos capaces de descubrir un objeto que hay en él. Si no nos han dicho lo que debemos buscar, resultará realmente difícil descubrirlo, por muy evidente que sea su presencia.
Figura 180. Fotografía de un muro.
En cambio, una vez sabemos el objeto a buscar, ya no es posible volver a mirar el muro sin ver el objeto —no mires la solución, que puedes encontrar en la página siguiente, hasta que te hayas esforzado en ver el
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objeto que se encuentra en el muro140—. No se da la información a priori
porque, en cuanto se conoce yo no se puede ver otra cosa nunca más. Su presencia ha adquirido una entidad tal que resulta difícil admitir que poco antes pasara desapercibido a nuestros ojos.
Algo similar sucede con un autorretrato. Al contemplarlo es necesario saber lo que se busca para poder acceder a la información que contiene. Sin una cierta empatía, toda esta información puede pasar desapercibida pero, en cuanto se establece esta comunicación, ya no puede dejar de advertirse.