externos enfrentaría una restricción en el corto plazo por los efectos fiscales de la crisis económica actual, que podría incluso perdurar en el mediano plazo si la recuperación económica es lenta. Las políticas deben ser anticíclicas, pero definidas con criterios de disciplina fiscal que no pongan en riesgo su viabilidad macroeconómica. En el contexto de crisis económica actual, en que el crédito se muestra reprimido en los mercados internacionales, al gobierno no le quedaría otro remedio más que movilizar ahorro interno para respaldar sus políticas, en medio de una coyuntura en la que sería
inviable pensar en incrementos de impuestos. La simulación de varias políticas públicas permitió determinar que el costo fiscal de implementarlas, entendido como el déficit fiscal que originarían, “estrujaría” a la inversión, conllevando así una leve caída de la producción. A continuación se destacan algunas políticas cuyo costo fiscal y el desincentivo productivo que acarrearían serían aceptables, las cuales además se justificarían por el impacto importante que tendrían en la reducción de la pobreza, aunque con poco estímulo económico por las restricciones fiscales y de ahorro señaladas.
Una transferencia de 25 dólares mensuales a los hogares pobres, por cada niño/niña en edad de asistir a la primaria, reduciría la pobreza total y extrema casi en 4 y 1 puntos porcentuales anuales respectivamente. El costo fiscal y productivo de dicha política sería sumamente manejable (0,1% del PIB y -0,2% en el nivel de producción, respectivamente). Un subsidio de desempleo según el cual el gobierno cubriría un 33% del salario de los trabajadores no calificados desempleados del sector formal, también reduciría la pobreza en aproximadamente medio punto porcentual con costos asociados similares. Mientras tanto, una transferencia que oscile entre 67 y 116 dólares mensuales a los adultos de 65 años o más que no están pensionados y no cotizaron para ningún sistema de pensiones, y que pertenecen a un hogar pobre, en el esquema de una pensión no contributiva, tendría un costo similar a los anteriores, pero reduciría la pobreza poco por el tamaño relativamente pequeño de la población beneficiaria. Sin embargo, en este último caso, debe destacarse que el programa de pensiones no contributivas que se ejecuta actualmente tiene una cobertura muy alta y su implementación ya tuvo un impacto importante en la pobreza —reduciéndola en torno a 2 puntos porcentuales—, por lo que la simulación básicamente refleja el impacto de un aumento pequeño en una cobertura que ya es alta.
Excluyendo la política que se asemeja a la pensión no contributiva, por el modesto impacto en la reducción de la pobreza, las otras dos transferencias —educación y subsidio de desempleo— se analizaron en combinación con la caída del precio de los principales bienes de exportación, por una parte, y la salida masiva de flujos de capital, por la otra. También se combinó cada uno de estos choques externos con políticas de consumo público anticíclico: i) fijando el consumo en salud de la seguridad social; ii) fijando el consumo final en salud de la seguridad social combinado con una reducción del 50% en la tasa de contribución a la seguridad social del patrono; y iii) fijando el consumo del gobierno en educación, en términos reales y per cápita. El financiamiento de estas políticas de gasto “estruja” a la inversión, pero los impactos de las políticas sobre la producción, el empleo (formal) y el comercio internacional son de menor consideración, y cuando se reduce la tasa de las contribuciones del patrono más bien hay un incentivo productivo. No obstante, el costo fiscal de estas políticas sería modesto: como máximo rondaría el medio punto porcentual del PIB.
Sin embargo, las políticas públicas de consumo anticíclico son poco efectivas para reducir la pobreza en el corto plazo, por los pequeños efectos que tienen en la producción y el mercado laboral. Obviamente, se trata de medidas que, en el contexto de un choque externo desfavorable, reducirían el riesgo de experimentar un retroceso en el desarrollo social. Las transferencias a los hogares pobres con niños/niñas en edad de asistir a la primaria, principalmente, pero también el subsidio de desempleo, si bien acarrean efectos pequeños en la producción y el mercado laboral, muestran ser las políticas más efectivas en términos de reducir la pobreza por medio del efecto directo en el ingreso de los hogares. La transferencia asociada a la educación reduce la mayor incidencia de la pobreza que ocasionan los choques externos en torno a un punto porcentual mientras que el subsidio de desempleo lo hace en la mitad. Cuando se simulan los choques con cambios menores, si se quiere más realistas, estas políticas pueden compensar completamente el efecto de los choques externos en la pobreza e incluso revertirlos.
La efectividad de las políticas públicas identificadas dependerá de que tengan suficiente flexibilidad y capacidad de respuesta para atender de forma directa y oportuna las vulnerabilidades acarreadas por los choques externos. Asimismo, es importante que, dependiendo del choque en cuestión, pueda cubrirse a los grupos especialmente pobres, vulnerables o excluidos (los campesinos, los informales, los inmigrantes, las mujeres) con una buena ejecución. Además, su efectividad se aplacaría si no se siguen implementando después de haber transcurrido un choque externo. Es
recomendable que las transferencias —incluyendo el subsidio de desempleo— puedan emplearse de manera que su eliminación sea gradual cuando la situación fiscal es apremiante o, mejor aún, eliminarlas solo a medida que los hogares beneficiarios dejan de pertenecer al grupo de pobres y si la recuperación económica después del choque es lo suficientemente fuerte para generarle al fisco recursos frescos.
El sistema de protección social del país, aunque bastante desarrollado en el contexto latinoamericano, presenta una fuerte rigidez. En respuesta a esta realidad, es necesario avanzar en darle mayor flexibilidad para que sea efectivo tanto ante choques externos, como los resultantes de la aplicación de políticas internas.