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El hábito, según el Diccionario de Psicología (1985), “es una forma de reacción adquirida, que es relativamente invariable y fácilmente suscitada” (p. 158).

En el Diccionario de Psicología Wikipedia (2008) encontramos que “el hábito es cualquier comportamiento repetido regularmente, que requiere de un pequeño o ningún raciocinio y es aprendido, más que innato”.

Como se puede apreciar, el hábito es un comportamiento adquirido.

Por su parte, Andricaín, Marín y Rodríguez (2001) señalan que “el hombre no llega al mundo apreciando los libros; esa es una capacidad que desarrolla con la práctica y como consecuencia de un modelo de conducta que se le propone” (p. 17).

De ahí que el hábito de leer es el resultado de un proceso de aprendizaje, de inculcar una costumbre, un patrón de conducta, y los más indicados para hacerlo son los padres y los docentes.

Podemos afirmar, desde nuestra particular perspectiva, que se han formado hábitos de lectura cuando el niño, el adolescente, el joven o el adulto toman contacto con los libros de manera habitual y muestran una relación afectiva muy estrecha con los mismos, cuando leer forma parte vital de sus vidas, cuando consideran que la lectura es un medio efectivo para satisfacer sus demandas cognoscitivas y de entretenimiento. Para ello “el niño debe encontrar, desde que se inicia en la lectura, que ella es significativa y placentera porque está vinculada a su mundo real, […] porque le da respuestas a sus preguntas, porque le enriquece la vida, porque le amplía su ámbito de comunicación” (Charría y González, 1987, p. 17).

Por estas razones, formar hábitos de lectura requiere de otras acciones más allá de la promoción, está sola no es suficiente. Lo que se entiende como promoción es el conjunto de acciones administrativas, académicas, económicas, políticas, sociales y culturales que una persona, comunidad, institución o nación desarrollan a favor de la formación de lectores y del acceso democrático a la lectura. Por ejemplo, una acción como la dotación de libros a una escuela, la creación de una biblioteca, la transmisión de programas radiales y/o televisivos y la creación de círculos de lectores, son actividades de ‘promoción de lectura’.

Dentro de las acciones de promoción se inserta la ‘animación a la lectura’, pero ésta se entiende directamente con los textos y comprende la realización de actividades que tienen como objetivo “animar” el texto, es decir, dotar de vida a los libros, hacer que habiten en el conocimiento, la experiencia y la imaginación de los lectores (Robledo y Rodríguez, 1998). Esta es una actividad que exige un mediador y se desarrolla con el propósito de crear una relación afectiva entre un libro y un lector o grupo de lectores, como punto de partida para establecer un vínculo más íntimo, permanente y sólido con los demás libros.

La animación a la lectura debe ser, a juicio de Domech, Martín Rogero y Delgado Almansa (1996):

Abierta y flexible, pero a la vez exige una participación activa y responsable por parte de educadores/as y del grupo, en la línea de desarrollar la creatividad y las propias potencialidades de los jóvenes sin forzar su proceso de aprendizaje (p. 23).

La formación de hábitos de lectura se relaciona estrechamente con el proceso de animación a la lectura, porque las actividades que se realizan “nacen directamente de una lectura atenta de los textos […], incluyen el diálogo, la predicción, el uso creativo de otros lenguajes artísticos e, incluso, el silencio” (Robledo y Rodríguez, 1998, p. 22).

Se debe tener claro que “el aprendizaje de la lectura se considera una competencia técnica, mientras que el hábito lector constituye un comportamiento, y en este caso, el placer se entrelaza con el entorno y las necesidades internas” (p. 20).

Hábito de lectura: Es una práctica adquirida por repetición, marcada por tendencias y que forma costumbres o prácticas frecuentes de lectura. A través de los actos habituales de lectura se pueden identificar frecuencias, intensidades, modos, lugares, etc. Lectura: Para el propósito metodológico del estudio se delimitó la lectura como el acto de leer textos escritos. Práctica de lectura: es la serie de manifestaciones concretas del comportamiento del lector.

Los hábitos de lectura deben inculcarse desde bebés y mantenerse a lo largo de la vida, para ello se debe tener en cuenta la forma de ser del niño y sus gustos para que le presten la debida atención y lo refuercen día a día; otro factor importante es la disponibilidad de tiempo de los padres para fomentarlo. Tampoco se debe olvidar que los

niños aprenden con el ejemplo y no con la imposición, por lo que los padres deben ser los primeros en tener el hábito de lectura

- Elegir libros acorde a la edad, inicialmente deben ser textos cortos con letras grandes, en lenguaje simple y que tenga imágenes.

- Observe qué es lo que le gusta a su hijo, guíese de los programas de TV que prefiere, con qué juguetes se divierte, a qué le gusta jugar, etc., con ello podrá elegir una lectura que a su hijo le interesará.

- Tenga un lugar dentro de casa para la lectura, donde se encuentren los libros, haya un ambiente tranquilo, cómodo y bien iluminado. Si pudiera, también es favorable tener un momento de lectura, que puede ser diario o interdiario que también beneficia a tener un momento para compartir en familia.

- Vaya junto con su hijo a librerías y ayúdelo a elegir los libros que leerá.

- Fomente la lectura, desde ir juntos a la biblioteca a leer, participar de actividades culturales relacionadas con la lectura infantil, hasta jugar mientras se está en el auto o caminando a leer los carteles publicitarios.

- Leerles en voz alta mientras se les va enseñando las ilustraciones, para lograr captar la atención del niño.

- Permítale al niño leer segmentos del cuento o libro, por ejemplo su parte favorita o emocionante.

- Finalizando la lectura debe conversar con su hijo sobre la misma; qué fue lo que más le gustó o le desagradó, quién es su personaje favorito, cómo le pareció la reacción de determinado personaje ante cierto hecho, qué hubiera hecho él ante determinado hecho, etc. (comprensión de lectura).

- Tengan un cuaderno de palabras nuevas, donde se colocarán las palabras que el niño no entendió yque aprendió con la lectura. Ver llenarse el cuaderno hará ver al niño todo lo que está aprendiendo con la lectura y lo llenará de satisfacción.

- Luego de leer una historia, pueden jugar a escenificar la historia que leyeron haciendo una “función de títeres”, disfrazándose y actuar, etc.