3.4 System Design
3.4.4 SMPC and Local Computation
CONSTATACIÓN EMPÍRICA DE LOS RESULTADOS DEL MÉTODO DE MICROSIMULACIÓN
5% 3% 1% -1% 0% 20% 40% 60% 80% -3% -5% Chile, 1990 Alfa Beta -10% 0% 20% 10% 0% -10% -20% 10% 20% Colombia, 1991 Alfa Beta 20% 10% 0% -10% 0% 10% 20% 30% 40% -20% Guatemala, 1989 Alfa Beta 5% 3% 1% -1% 0% 2% 4% 6% 8% 10% -3% -5% México, 1989 Alfa Beta 10% 5% 0% 0% 10% 20% 30% 40% 50% -5% -10% Panamá, 1991 Alfa Beta -20% -15% -10% -5% 0% -10% 0% 10% -20% Venezuela, 1990 Alfa Beta
Pobreza Indigencia Observado
Fuente: CEPAL, sobre la base de tabulaciones especiales de las encuestas de hogares de los respectivos países. a/ Para la demostración correspondiente, véase CEPAL (2002a), citado en el recuadro I.4.
55
Panorama social de América Latina •2001–2002
Las remuneraciones al trabajo, integradas principalmen- te por sueldos y salarios, constituyen el mayor componen- te de los ingresos familiares en América Latina. Mejorar la distribución de los ingresos de esta fuente, así como los de la renta de la propiedad, exige la instrumentación de políti- cas que contribuyan al aumento de la dotación de recursos productivos en poder de los más pobres, que normalmente rinden fruto sólo en el mediano y largo plazo. En contraste, las transferencias públicas provocan efectos más inmedia- tos, pero su baja incidencia en el ingreso total de los hoga- res atenúa considerablemente su impacto distributivo, más allá de la indudable significación de las mismas en la ele- vación de los niveles de vida de la población carenciada. Por otra parte, los jefes de hogar continúan siendo los prin- cipales proveedores de ingreso, no obstante el aumento sostenido de la contribución de los perceptores secunda- rios. A su vez, el aporte de las mujeres al presupuesto del hogar ha llegado a representar una tercera parte del mis- mo, tras un incremento notable en los años noventa.
C. Radiografía de la distribución
del ingreso
T
al como se desprende de las conclusiones del Panorama social de América Latina2000–2001, la evolución de la desigualdad en la dé-
cada de 1990 se caracterizó principalmente por una gran rigidez, y en los pocos casos en que se registra- ron variaciones significativas, éstas apuntaron a un deterioro distributivo. De hecho, de catorce países analizados en dicha edición, tan sólo dos presentaron indicios a favor de una reducción de la desigualdad (CEPAL, 2001a, cuadros 22 y 24 del anexo estadístico).
La mencionada rigidez de la distribución de in- gresos es un factor preocupante, particularmente a la
luz de las conclusiones formuladas en la sección an- terior, referentes a la importancia de las mejoras dis- tributivas en la lucha contra la pobreza. Por ende, re- sulta de interés dar una breve mirada a la estructura de generación de los ingresos que subyace a los patro- nes de concentración observados en los países de la región. La participación relativa que tienen los di- versos tipos de ingreso en la conformación del ingre- so global de los hogares no sólo permite identificar mecanismos que acrecientan y perpetúan las dispari- dades distributivas, sino que también afectan la capa- cidad de las políticas públicas para introducir correc- ciones en la distribución personal del ingreso.
56
Comisión Económica para América Latina y el Caribe
Un análisis de la estructura del ingreso de los ho- gares por fuentes10confirma, inicialmente, la impor-
tancia que conservan las remuneraciones al trabajo en el perfil de los ingresos que prevalece en la mayo- ría de los países. En 1999 éstas representaban, en pro- medio, entre el 63% (en Brasil) y el 90% (en Ecuador y Nicaragua) del ingreso total de los hogares, y en al
menos once países esa participación excedía el 80%. El predominio de esta fuente sugiere que su contribu- ción a la desigualdad global es muy importante y que, en consecuencia, los cambios distributivos que se pro- duzcan en su interior pueden tener efectos significati- vos sobre la variación de la desigualdad en la distribu- ción del ingreso total (véase el cuadro I.5).
Cuadro I.5
AMÉRICA LATINA (18 PAÍSES): COMPOSICIÓN DEL INGRESO DE LOS HOGARES, 1990–2000 (En porcentajes)
Fuentes de ingreso Proporción del ingreso total aportada por
País Año Ingresos del trabajo Transferencias Renta de la Jefes de Perceptores Mujeres Jóvenes de Personas de
Asalariados Empleadores Trabajadores por propiedad hogar secundarios 15 a 24 años 65 años de
cuenta propia de edad a/ edad y más a/
Argentina 1990 43.0 14.9 27.3 9.0 5.8 71.2 20.7 27.6 9.3 4.8 1994 43.8 13.0 26.9 10.0 6.3 68.7 20.8 30.8 10.3 2.4 1999 44.8 11.8 20.1 13.7 9.6 68.5 20.8 32.7 8.8 3.7 Bolivia 1989 43.2 8.1 40.3 3.4 5.1 68.5 18.6 28.6 9.5 2.4 1994 42.6 19.6 23.9 9.7 4.2 69.1 22.8 29.4 10.3 2.2 1999 45.7 8.1 30.2 10.0 6.0 67.8 21.1 31.5 12.0 2.3 Brasil 1990 48.8 13.5 16.1 13.0 8.6 70.6 22.4 27.3 12.7 2.3 1993 47.1 10.8 16.6 17.3 8.1 71.1 21.7 28.3 11.6 2.4 1999 38.6 9.8 14.2 23.7 13.7 70.1 21.6 33.6 10.9 2.8 Chile 1990 46.8 11.4 21.8 11.2 8.7 68.6 22.7 25.8 9.7 4.2 1994 49.4 15.0 19.4 10.7 5.5 67.8 23.0 28.2 8.7 4.5 2000 49.1 15.9 17.1 12.5 5.4 69.6 22.5 28.6 5.5 3.9 Colombia 1991 46.4 12.1 23.0 13.2 5.3 64.8 36.6 26.9 14.8 4.0 1994 48.1 12.0 20.7 13.2 6.0 62.8 33.9 30.4 12.8 3.8 1999 43.9 7.5 18.6 11.1 18.9 65.1 22.2 32.6 12.8 4.0 Costa Rica 1990 65.7 7.6 16.2 7.9 2.6 62.9 26.6 24.6 19.1 2.1 1994 60.4 11.4 15.6 9.4 3.2 64.1 26.0 25.2 16.0 2.5 1999 61.7 12.6 14.2 9.1 2.2 63.2 26.4 28.2 14.6 2.5 Ecuador 1990 61.2 7.8 22.1 6.1 2.8 65.2 25.3 26.9 13.6 3.1 1994 51.4 16.8 24.0 5.0 2.8 62.2 26.5 29.0 13.6 3.6 1999 51.5 20.8 18.0 7.5 2.2 64.2 24.0 30.5 10.8 3.0 El Salvador 1995 50.5 12.5 18.8 18.2 . 60.4 26.1 33.5 15.9 5.1 1999 57.8 8.2 19.2 13.8 1.0 58.0 27.0 39.1 15.4 3.2 Guatemala 1989 41.7 9.3 37.0 6.1 5.8 68.6 21.3 24.9 15.8 4.2 1999 39.1 13.6 23.0 9.7 14.7 69.3 22.7 28.3 13.7 4.5 Honduras 1990 48.0 5.8 22.6 3.2 20.3 67.9 19.9 23.8 15.1 2.9 1994 48.1 9.9 32.3 7.0 2.8 65.3 23.4 27.6 16.1 3.9 1999 47.5 12.8 27.5 9.2 3.0 62.4 25.0 33.1 17.3 3.9 México 1989 42.2 10.9 21.9 21.5 3.5 72.3 18.5 22.1 13.7 4.1 1994 45.1 11.1 17.2 24.9 1.7 71.5 19.2 23.4 13.2 3.3 2000 52.0 15.7 17.6 12.6 2.1 69.6 20.7 26.2 10.3 3.0 Nicaragua 1993 48.6 1.4 40.2 8.4 1.3 58.2 21.1 33.7 15.5 2.7 1998 54.0 12.5 23.8 8.0 1.7 57.5 24.1 29.4 15.6 2.4
10 En el presente análisis se consideran solamente los ingresos monetarios, de modo que se excluyen en particular los ingresos imputados a los hoga- res por concepto del uso de una vivienda propia. Cabe mencionar que el alquiler imputado constituye una corriente de ingreso importante para los efectos de la evaluación del nivel de vida de los hogares, llegando a representar en algunos países una proporción del ingreso total superior a la de las transferencias o las rentas de la propiedad.
57
Panorama social de América Latina •2001–2002
Por su parte, dentro de los ingresos provenientes del mercado de trabajo, aquellos que reciben los asa- lariados juegan un papel preponderante. En siete de los dieciocho países analizados, las remuneraciones de este grupo representan más de la mitad del ingre- so familiar, e inclusive en uno de ellos (Costa Rica) excede el 60% del mismo. Sin embargo, cabe hacer notar que la importancia de los sueldos y salarios en el ingreso total está más determinada por el volumen de población que recibe ingresos de esta fuente –que es claramente mayoritario dentro de la fuerza de tra- bajo– que por el nivel medio de las remuneraciones, generalmente inferior al de los empleadores y las per- sonas que laboran por cuenta propia.
Seguidamente, el ingreso de los trabajadores por cuenta propia representa el segundo rubro en impor- tancia en la configuración del ingreso de los hogares. Su participación promedio del 20% presenta, no obs- tante, valores extremos bastante dispersos, que pue- den ser tan bajos como 12% (en Perú, Uruguay y Pa- namá) o llegar a superar el 30% (en Bolivia, República Dominicana y Venezuela).
Por último, es un hecho que la escasa participa-
ción relativa en la fuerza de trabajo que tiene en la mayoría de los países la categoría de los empleadores, también se expresa en la composición de los ingresos familiares. Tal es así que, prácticamente en todos los países (a excepción de Ecuador y Perú), el aporte re- lativo de este grupo al ingreso total es inferior al de los trabajadores por cuenta propia, aun cuando el in- greso medio de los empleadores es claramente más alto que el de aquél (véase el cuadro 6 del anexo es- tadístico). En el contexto regional, la participación de los empleadores promedia el 12%, pero asociada a una alta dispersión, que se refleja en los valores ex- tremos alcanzados por Panamá (5.0%) y Ecuador (20.8%).
Por otro lado, las entradas no provenientes del trabajo también constituyen una fuente significativa de ingresos para los hogares. Así, las transferencias –públicas y privadas–, que comprenden principal- mente las jubilaciones y pensiones pagadas por los sistemas previsionales, representan la tercera fuente en importancia en muchos países de América Latina, después de los ingresos de los asalariados y los traba- jadores por cuenta propia, con un aporte promedio a los recursos totales de los hogares cercano al 13%.
Cuadro I.5 (conclusión)
AMÉRICA LATINA (18 PAÍSES): COMPOSICIÓN DEL INGRESO DE LOS HOGARES, 1990–2000 (En porcentajes)
Fuentes de ingreso Proporción del ingreso total aportada por
País Año Ingresos del trabajo Transferencias Renta de la Jefes de Perceptores Mujeres Jóvenes de Personas de
Asalariados Empleadores Trabajadores por propiedad hogar secundarios 15 a 24 años 65 años de
cuenta propia de edad a/ edad y más a/
Panamá 1991 53.8 6.4 16.8 17.3 5.7 65.1 24.7 32.9 9.4 2.5 1994 54.2 6.7 12.7 18.0 8.4 63.6 26.8 32.0 9.9 2.3 1999 59.8 5.0 12.4 16.1 6.7 61.0 28.8 34.0 11.3 3.0 Paraguay 1990 43.5 23.9 22.5 5.9 4.1 63.1 26.2 29.0 11.3 4.2 1994 45.4 23.2 18.8 9.8 2.7 61.8 27.9 32.5 15.5 3.7 1999 47.4 17.5 22.3 10.5 2.4 63.0 25.0 32.9 12.7 5.7 Perú 1997 48.5 21.0 12.8 14.7 2.9 58.3 30.5 31.4 13.5 3.5 1999 48.3 17.9 12.0 18.9 3.0 56.4 28.6 34.6 13.8 3.0 R. Dominicana 1997 42.3 7.7 32.3 11.5 6.2 62.2 24.6 28.9 18.1 3.1 Uruguay 1990 42.6 23.2 9.8 19.2 5.3 68.3 21.9 29.8 8.1 6.8 1994 49.8 9.1 13.3 23.4 4.4 66.3 27.4 35.8 9.1 3.3 1999 50.1 7.4 12.4 24.6 5.5 66.1 26.2 37.9 8.3 3.2 Venezuela 1990 51.5 18.0 22.0 3.3 5.1 61.7 25.3 23.7 12.6 3.0 1994 46.2 12.9 29.3 5.9 5.9 57.3 25.9 25.5 14.4 3.2 1999 46.5 12.0 31.4 4.2 5.9 55.2 28.8 31.4 12.6 3.0
Fuente: CEPAL, sobre la base de tabulaciones especiales de las encuestas de hogares de los respectivos países.
58
Comisión Económica para América Latina y el Caribe
Más aún, en algunos países (como Brasil y Uruguay) las transferencias representaron en 1999 la segunda fuente más importante, luego de los sueldos y sala- rios, al contribuir con casi la cuarta parte del presu- puesto total de las familias. Asimismo, cabe destacar que en casi todos los países las transferencias alcan- zan una proporción mayor que las rentas de la propie- dad que, con una participación promedio de 6.1%, resultan ser la fuente de ingresos más reducida.
Esta descripción general de la composición de los ingresos familiares en América Latina deja entrever un hecho simple pero importante, cual es que la me- ra intervención estatal cuenta con posibilidades muy limitadas para corregir por vía directa los problemas distributivos, a lo que se debe agregar que la acción del Estado en este campo está por lo general alta- mente asociada a la inversión social, y por ende al ámbito del largo plazo más que al logro de resultados coyunturales.
Como se sabe, el flujo de ingresos que puede ge- nerar una determinada fuente depende básicamente de dos factores: la dotación inicial de los recursos productivos –entre los que se cuenta de manera pre- ferente el capital humano y el patrimonio físico y fi- nanciero–11y el precio que se paga en el mercado por
el uso de esos recursos. En el caso de los ingresos del trabajo –la corriente de ingreso de mayor significa- ción–, las políticas públicas orientadas a alterar no- toriamente la dotación de capital productivo en el corto plazo suelen tener un alcance limitado, al tra- tarse de bienes cuyo proceso de acumulación es gene- ralmente lento y gradual (particularmente en los ca- sos del capital humano y social). A su vez, el Estado sólo puede actuar sobre la fijación de salarios a través de la especificación de salarios mínimos como alter- nativa para acortar las brechas distributivas, ya que una intervención directa en los salarios a mayor es- cala se considera poco pertinente, debido a los efec- tos adversos que genera en el funcionamiento del mercado laboral. En este sentido, la posibilidad de mejoras distributivas de los ingresos del trabajo se concibe más bien en una perspectiva de largo plazo, asociada a sostenidos aumentos de productividad.
Por su parte, la renta de la propiedad también ofrece limitadas posibilidades para propiciar efectos redistributivos a gran escala, ya que la labor del Esta- do en este ámbito suele estar circunscrita a la gene- ración de políticas –de vivienda y acceso a la tierra, subsidios productivos, etc.– para apoyar cambios pa- trimoniales de los hogares situados en la parte más baja de la distribución. A su vez, la posibilidad de in- crementar el uso de tasas impositivas progresivas, que inciden directamente sobre la distribución del ingre- so disponible, está generalmente acotada por el posi- ble efecto perjudicial sobre el comportamiento del ahorro y la inversión –y por tanto del empleo–, así como por consideraciones de orden político.
En este contexto, las transferencias públicas se configuran como uno de los pocos instrumentos via- bles con capacidad de incidir en el corto plazo en las disparidades distributivas. Aunque en medida cre- ciente están relacionadas con la disminución de la pobreza, las transferencias de recursos a las familias se reflejan en la composición promedio del ingreso de los hogares. Pese a ello, y no obstante los fuertes au- mentos del gasto público social registrados durante la década (al respecto véase CEPAL, 2001a), las trans- ferencias continúan representando una fracción rela- tivamente pequeña de los ingresos totales (más aún si se considera que sólo una parte de ellas proviene del Estado), lo que genera un efecto débil sobre la distribución de los mismos. Debe advertirse, sin em- bargo, que el reducido impacto que puedan tener las transferencias sobre la distribución de los ingresos no contradice su alta eficacia potencial en cuanto al ali- vio de las situaciones más extremas de pobreza, ya que suelen ser de las herramientas más útiles para elevar el nivel de vida de la población carenciada.
Al analizar la concentración del ingreso al inte- rior de cada fuente surgen antecedentes complemen- tarios sobre la estructura de los ingresos, y se advier- ten tanto comportamientos heterogéneos entre países como también algunos elementos comunes a todos ellos. Un ejemplo de lo primero ocurre con los ingresos del trabajo, ya que mientras en ocho de los países examinados se constata la mayor concentra-
59
Panorama social de América Latina •2001–2002
ción en los ingresos generados por los empleadores, en el resto de los casos la mayor desigualdad se da en el grupo de los trabajadores por cuenta propia (véase el cuadro I.6).
Por otro lado, un hecho común a la mayoría de los países es que la desigualdad para el grupo de los asalariados es la más baja entre todas las fuentes de ingresos, con un valor promedio del coeficiente de
Cuadro I.6
AMÉRICA LATINA (18 PAÍSES): COEFICIENTES DE GINI, SEGÚN FUENTES DE INGRESO DE LOS HOGARES, 1990–2000
País Año Ingresos del trabajo Transferencias Renta de la
Asalariados Empleadores Trabajadores por propiedad
cuenta propia Argentina 1990 0.3651 0.4239 0.3926 0.2975 0.7353 1994 0.3695 0.3703 0.4314 0.4220 0.7502 1999 0.3905 0.3936 0.4701 0.4088 0.8076 Bolivia 1989 0.4905 0.4924 0.5171 0.2829 0.5021 1994 0.4786 0.5139 0.4730 0.5788 0.3531 1999 0.4583 0.5267 0.6251 0.6377 0.8359 Brasil 1990 0.5701 0.5490 0.5867 0.7624 0.9090 1993 0.5701 0.5581 0.5945 0.5156 0.8758 1999 0.5263 0.5146 0.5707 0.5516 0.8146 Chile 1990 0.4555 0.5375 0.5496 0.5514 0.4781 1994 0.4557 0.6176 0.5707 0.6082 0.5546 2000 0.4856 0.5654 0.5906 0.6395 0.5781 Colombia 1991 0.3613 0.5995 0.5802 0.5461 0.4071 1994 0.5245 0.6207 0.5562 0.6059 0.4184 1999 0.4166 0.5722 0.5195 0.5813 0.8042 Costa Rica 1990 0.3713 0.3566 0.4106 0.5618 0.2417 1994 0.3719 0.4807 0.4607 0.5732 0.2872 1999 0.4016 0.4197 0.4698 0.5646 0.2689 Ecuador 1990 0.4192 0.4743 0.4550 0.5329 0.6095 1994 0.4042 0.4865 0.4596 0.4544 0.5231 1999 0.4677 0.5587 0.5166 0.6047 0.5417 El Salvador 1995 0.4209 0.5858 0.5020 0.5629 - 1999 0.4327 0.5693 0.5304 0.6298 0.6416 Guatemala 1989 0.4386 0.5494 0.5335 0.5633 0.3769 1999 0.5111 0.6783 0.6118 0.6482 0.4778 Honduras 1990 0.5027 0.7022 0.5840 0.3561 0.3753 1994 0.4553 0.5713 0.5581 0.6720 0.7196 1999 0.4707 0.4927 0.5469 0.6232 0.8511 México 1989 0.4449 0.6311 0.5954 0.7132 0.7229 1994 0.5097 0.6154 0.5990 0.6396 0.6328 2000 0.4889 0.5580 0.6140 0.6941 0.6894 Nicaragua 1993 0.4387 0.6031 0.5796 0.6866 0.6830 1998 0.4870 0.6836 0.5536 0.6483 0.8809 Panamá 1991 0.4297 0.5261 0.5412 0.6261 0.8488 1994 0.4534 0.5194 0.4783 0.6329 0.8132 1999 0.4515 0.4158 0.4761 0.6351 0.7506 Paraguay 1990 0.3881 0.4163 0.4464 0.5526 0.7255 1994 0.4322 0.4938 0.4803 0.6191 0.6471 1999 0.4163 0.6156 0.5058 0.5444 0.5886 (continúa)
60
Comisión Económica para América Latina y el Caribe
Gini de 0.45, aunque ello no lleva de ninguna mane- ra a considerar esta distribución como equitativa. A su vez, los ingresos provenientes de la renta de la pro- piedad tienden a ser los que se distribuyen de forma menos equitativa (con coeficientes de Gini que en muchos casos alcanzan valores por encima de 0.70), hecho que se asocia con la mayor posibilidad que tie- nen los hogares ubicados en la parte alta de la distri- bución de poseer activos que les producen ganancias.
Por último, las transferencias a los hogares tam- bién muestran coeficientes de Gini elevados, que dan cuenta de una distribución poco equitativa. Este hecho podría originarse en la estructura de esta co- rriente de ingresos, integrada por un componente mejor distribuido pero minoritario, como son las transferencias públicas focalizadas,12 y otro compo-
nente, de distribución más concentrada y mayorita- rio, que son las jubilaciones y pensiones otorgadas por los sistemas de seguridad social. Mientras las pri- meras constituyen una vía para corregir las disparida- des distributivas, las segundas tienden a distribuirse más desigualmente, debido tanto a su asociación con los ingresos del trabajo como al hecho de que la pro- babilidad de los individuos de tener una vida laboral formal y continua está altamente concentrada.
Otro modo de analizar la estructura de los ingre- sos es identificar a los perceptores del hogar según sus
características demográficas, tales como sexo, edad, o la condición de jefe del hogar. Con este objetivo, en el cuadro I.5 figura información sobre la proporción del ingreso total aportada por los jefes de hogar, per- ceptores secundarios, mujeres, personas de 15 a 24 años y de 65 años de edad y más.
En todos los países de América Latina el princi- pal aportante de ingresos es el jefe del hogar. En nin- gún caso su contribución es inferior al 55%, y en ca- si la mitad de las economías el aporte excede el 65%, cifras que revelan una condición generalizada de de- pendencia hacia este perceptor de ingresos. Chile, Brasil y México (con un porcentaje cercano al 70%), por una parte, y Venezuela (55.2%) y Perú (56.4%), por otra, son los países situados en los extremos de este indicador.
La reducción de la participación de los jefes de hogar en la formación del presupuesto familiar ex- presa una de las tendencias más relevantes y genera- lizadas de la última década en América Latina. En tres de los doce países en los que se redujo el aporte relativo de los jefes (Venezuela, Honduras y Pana- má), las variaciones fueron superiores a cuatro pun- tos porcentuales. En cambio, sólo en cuatro países se incrementó la contribución de los jefes, pero en nin- gún caso la variación alcanzó registros superiores a un punto porcentual.
Cuadro I.6 (conclusión)
AMÉRICA LATINA (18 PAÍSES): COEFICIENTES DE GINI, SEGÚN FUENTES DE INGRESO DE LOS HOGARES, 1990–2000
País Año Ingresos del trabajo Transferencias Renta de la
Asalariados Empleadores Trabajadores por propiedad
cuenta propia Perú 1997 0.4373 0.6086 0.5455 0.6565 0.7042 1999 0.5036 0.6107 0.5304 0.6847 0.7257 R. Dominicana 1997 0.3999 0.5098 0.4459 0.6245 0.7865 Uruguay 1990 0.3809 0.7526 0.5096 0.5009 0.6592 1994 0.4222 0.4225 0.5088 0.4815 0.5753 1999 0.4364 0.4121 0.4921 0.4740 0.5992 Venezuela 1990 0.3194 0.3644 0.3850 0.2503 0.2306 1994 0.3934 0.4017 0.4204 0.6481 0.2804 1999 0.3830 0.4314 0.4409 0.5197 0.2450
Fuente: CEPAL, sobre la base de tabulaciones especiales de las encuestas de hogares de los respectivos países.
12 La participación minoritaria de las transferencias públicas focalizadas se ve agravada por el sesgo en que habitualmente incurren las encuestas de ho- gares en términos del subregistro de este tipo de percepciones.
61
Panorama social de América Latina •2001–2002
La menor dependencia de los hogares de la gene- ración de ingresos por parte de sus jefes presenta ele- mentos positivos y negativos. Por un lado, la depen- dencia cada vez menor de los ingresos de un solo perceptor reduce la vulnerabilidad del hogar ante eventuales situaciones de desempleo o disminución de ingresos, a la vez que contribuye a una mayor in- tegración laboral del resto del hogar. La otra cara de la moneda se presenta cuando una menor participa- ción del jefe del hogar está relacionada con la insufi- ciencia de ingresos del núcleo familiar, situación que obliga a otros miembros de la familia –mano de obra secundaria– a ingresar al mercado laboral, en cir- cunstancia en que ellos debieran ocuparse de otras funciones (como los jóvenes en edad escolar o los an- cianos en situación de retiro).
En el mejor de los casos, los perceptores secundarios contribuyen apenas con poco más de la cuarta parte del ingreso total, resultado relacionado con el hecho de que el perceptor principal sea generalmente el jefe del ho- gar.13La proporción de ingresos aportada por este grupo
promedia 24.5%, con valores extremos entre 20.7% (en México) y 28.8% (Panamá y Venezuela).
El aporte de las mujeres al presupuesto total de los hogares, cuyo promedio se encuentra en torno al 32%, presenta una relativa homogeneidad regional. No obstante, no por ello dejan de ser notables las di- ferencias que se aprecian en países como Chile, Cos- ta Rica, Guatemala, México y República Dominica- na, donde la participación de las mujeres en los ingresos totales no excede el 29%, en contraste con lo reportado en Uruguay y El Salvador, donde su aporte se acerca al 40%.
Por otra parte, la evolución de la participación de las mujeres en los ingresos totales del hogar durante la década de 1990 muestra un avance significativo en la senda hacia la igualdad de género. Los incrementos del aporte relativo de las mujeres promediaron 4.9 puntos porcentuales, e inclusive en ciertos casos casi duplicaron dicho valor –en Honduras, por ejemplo, la
variación fue de 9.3 puntos. El promedio registrado desciende a 4.3 puntos cuando se considera a Nicara- gua, único caso en el que el aporte femenino decreció en los años noventa. La tendencia anteriormente des- crita obedece al importante aumento de la participa- ción de las mujeres en el mercado laboral –común a todos los países de la región, de acuerdo con las cifras del cuadro 2 del anexo estadístico– así como al creci- miento del ingreso medio de este grupo evidenciado en al menos doce países, según los resultados que se muestran en el cuadro 6.2 del anexo estadístico.
Por último, los jóvenes de 15 a 24 años de edad aportan, en promedio, el 12.5% de los ingresos del trabajo en América Latina. Este promedio engloba comportamientos distintos por país, que pueden ser tan discretos como el 5.5% observado en el caso de Chile, o tan altos como el 18.1% reportado en Repú- blica Dominicana. A su vez, las personas mayores de 65 años tienen una participación porcentual prome- dio de 3.3%, con valores que oscilan entre 2.3% (Bo- livia) y 5.7% (Paraguay).
A lo largo del presente acápite se han discutido algunos elementos que surgen de identificar las fuen-