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2.4 Quality Models

2.4.3 Software Quality Costs

“¿Cóm o puede una mayoría blanca decir si nosotros somos una tribu? Nosotros sabemos quiénes som os”.

(Clifford, 1988)

Comienzo este capítulo, reforzando la afirmación de que en la fiesta patronal de Tanguí está en juego una identidad como pueblo: Tanguí es resistencia civil, organización comunitaria, liderazgo por la mediación de San Antonio. Esta es su

identidad y esto es lo que ellos, a través de la fiesta patronal, terminan comunicando y potenciando.

5.1.1 Identidad étnico-cultural

La fiesta de Tanguí es una oportunidad más para observar los procesos de construcción de identidades étnicas, culturales, territoriales y religiosas en el contexto de los pueblos afrodescendientes.

Para el caso de Tanguí, esta vía ha sido, en gran medida, la devoción al santo y sus fiestas patronales; camino que podría parecer insospechado toda vez que en algunos casos se ha presentado un antagonismo entre la experiencia religiosa (como algo alienante) y los procesos de desarrollo social. Desde luego, que hubo un proceso de evangelización ligado a la colonia como lo ha expresado Agudelo (2005) al afirmar que en el Pacífico colombiano, el acompañamiento de misiones de religiosos, especialmente jesuitas y franciscanos, fue un factor fundamental de la pacificación frente a la fuerte resistencia indígena que había retrazado tanto la penetración de los colonizadores.

Con esto es pertinente la pregunta sobre ¿Qué es lo que ha permitido que en Tanguí la devoción al santo patrono y sus fiestas patronales se hayan transformado en escenarios de resistencia, de construcción de identidades y de resignificación de lo religioso? Pues el pueblo ha articulado sus practicas culturales, organizativas, identitarias y étnico-territoriales con el hecho religioso.

Hablar de misa Afrocolombiana, por ejemplo, ya es un aspecto importante en la construcción del sentido de identidad en cuanto que en medio de las creencias y ritos oficiales se puede crear, expresar y fortalecerla una espiritualidad propia al igual que la identidad étnico-cultural, a través de la música autóctona, las danzas, alabaos y todo el universo simbólico que se incorpora a ella. Este es todo un proceso de bricolage o mestizaje en el cual se combina tradiciones afro, hispanas y de producción local, toda vez que tanto los alabaos como la danza y la música tienen elementos de tradición española y africana. De igual manera, esta identidad étnica y cultural conlleva a una apuesta por lo organizativo y por la autonomía del pueblo

reforzada fuertemente en la fiesta patronal en cuanto que ella misma es un ejercicio de organización comunitaria.

Con lo anterior se reafirma el carácter dinámico de la identidad étnica, del hecho religioso y de la cultura, la cual para Figueroa (2000) puede ser entendida como un proceso permanente de producción y negociación donde cada vez se van enriqueciendo las interpretaciones de las relaciones entre individuos y los grupos en los que estos se encuentran inmersos.

Por ello, la fiesta como expresión cultural, aparece ligada a temas tales como territorio, identidad, conflicto armado y a todo lo que el pueblo está viviendo en el momento. La fiesta adquiere un sentido social y se convierte en escenario de construcción política. En este caso, los escenarios de lo sagrado son también espacios para discutir sobre la vida de personas y de la comunidad, para la resistencia, la identidad, la paz, para lo festivo. En ella se están dando negociaciones, disputas, resignificaciones; se vende un imaginario de pueblo, una propuesta de resistencia, de organización comunitaria y se constituye en lugar para el reconocimiento de personas y espacios, para la emancipación. La fiesta entonces pareciera una experiencia suelta pero no, ella es la vida de un pueblo puesta en escena a través de la fiesta.

Es eso lo que puede observarse en la experiencia de las fiestas patronales de Tanguí: Una comunidad que ha hecho de sus expresiones y manifestaciones religiosas y culturales una fuerza más para legitimar y fortalecerse en sus procesos de resistencia, identidad, defensa de la vida y del territorio.

5.1.2 Memoria y tradición, alimento de la identidad étnica y territorial

No hay fiestas patronales sin la invocación de los ancestros, hombres y mujeres que habitaron la comunidad, el territorio y que siguen manteniendo relaciones sagradas con quines continúan la celebración de las festividades; ellos y ellas representan la memoria y la tradición del pueblo.

En las misas patronales abundan las intenciones por los difuntos, todas las familias quieren traer a la celebración la memoria de sus difuntos que siguen acompañando al pueblo y quienes desde su categoría de ancestros tienen la posibilidad de comunicarse con el mundo de los vivos. Ellos siguen haciendo parte

de la comunidad, del territorio y de las actividades importantes como lo son las fiestas patronales.

En este sentido, la fiesta es también memoria, ésta que, en términos de Jelin (2002: 9) tiene un papel altamente significativo, como mecanismo cultural para fortalecer el sentido de pertenencia a grupos o comunidades y que, en el caso de grupos oprimidos, silenciados y discriminados, la referencia a un pasado común permite construir sentimientos de autovaloración y mayor confianza en uno/a mismo/a y en el grupo.

La fiesta es un elemento cohesionador que ayuda a mantener la unidad entre el pasado como tradición y memoria, el presente como el ahora que permite revisar ese pasado sin anclarse en él sino para articularlo al futuro como proyección, exigencia y compromiso. De modo que en la fiesta, como ejercicio de recreación de la memoria y la tradición, se sigue construyendo y recreando la misma vida del pueblo al lado de su identidad étnica, religiosa y cultural. Dice García Canclini (2005) que la preservación pura de las tradiciones no es siempre el mejor recurso popular para reproducirse y reelaborar su situación. Justo, para el caso de estas fiestas patronales podemos observar que el discurso y las prácticas no apuntan a la preservación pura de las tradiciones sino que éstas, al ser reinterpretadas y resignificadas, se convierten en una herramienta política y cultural para la resistencia civil; son tradiciones las fiestas, las creencias, los ritos, los roles que se dan dentro de la fiesta, entre otros, y es desde aquí donde se está enfrentando la situación de conflicto armado que vive el pueblo.

Hay una relación sentimental y afectiva entre los Afrodescendientes y el territorio, la cual puede ser fácilmente percibida cuando la gente arriba a la fiesta. Hoffmann (2002) asume que el territorio es ante todo un espacio de identidad, y si se prefiere, de identificación, es decir, se trata de un lazo antes que una frontera.

En este mismo orden de ideas, Hoffmann (1999) interpreta la territorialidad más allá del “territorio”; para ella, se trata de unas prácticas y representaciones que tienden al reconocimiento y la apropiación de un espacio.