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La bajada de la bandera cierra la fiesta que pasó e inaugura la venidera. Las banderas son batidas por los fiesteros como un compromiso que se adquiere con la

próxima fiesta para participar de ella con todas las responsabilidades que se exigen. Este momento suele prolongarse hasta que los organizadores del viaje de regreso o junta pro fiesta hacen el llamado porque ha llegado la hora del regreso de los botes que vinieron a la fiesta.

El final de la fiesta es un momento muy emotivo y está cargado de sentimientos y sensibilidades por la fiesta, el pueblo y el santo expresados a través gestos simbólicos como las fotografías al lado de la bandera, envueltos en la banderas, entre grupos de amigos, etc. Incluso, algunas personas llegan a expresar frases como: “No sabemos quiénes lleguen a la próxima fiesta, pueda ser que Dios nos tenga vivos y alentados, si estoy vivo y alentado la próxima fiesta no me la pierdo”. Se trata de un momento de gran alegría, pero en el que tampoco se puede ocultar la nostalgia del final de la celebración.

De este modo, con una mezcla de sentimientos entre alegría y nostalgia se cierra la fiesta y comienza la larga espera y la aventura por una próxima.

La posfiesta

Después que pasa la fiesta, la gente sigue hablando de ella; es el tiempo de informar a quienes no participaron, de compartir sentimientos, anécdotas, posturas, entre otros. Esta etapa de la posfiesta se vive también con sentimiento y, de alguna manera, es el escenario que desde ya va creando el ambiente y la motivación para la participación en las siguientes festividades.

Este es también el tiempo de retomar los trabajos, de volver a las labores cotidianas, de regresar de nuevo a esa otra realidad que había sido transformada durante el tiempo de la fiesta; ahora hay que darse cuenta de que la vida, aunque todo ella pueda ser una fiesta, tiene momentos en que se vive de esta forma con mayor intensidad y que ese tiempo acaba de pasar, y se inaugura un nuevo tiempo fundamentalmente de responsabilidades porque en muchas ocasiones hay que prepararse para pagar las deudas que deja la fiesta.

Por algunos testimonios se puede afirmar que después de la fiesta se han activado unas sensibilidades tanto de parte de la comunidad como de los actores armados. La comunidad se ha fortalecido, se ha purificado; ha logrado recobrar la

esperanza, el sentimiento por la fiesta y la necesidad de seguirla celebrando y ha renovado su identidad como pueblo tanguiseño; ahora ve a los actores armados y a la situación de guerra en general como quienes amenazan esta dinámica comunitaria que les permite ser el pueblo que son: el Tanguí de San Antonio, con líderes importantes, con gran potencial y dinámica organizativa y capaz de resistir a los embates del conflicto armado. El pueblo se ha alejado de la lógica de la guerra y ha entrado a participar de una dinámica de paz; además es capaz de diferenciar a quienes aportan a la paz y quienes aportan a la guerra. Una toma de conciencia que es importante a la hora de resistir.

De los actores armados no es fácil captar sus sensibilidades. Sin embargo, es posible ver después de la fiesta actitudes menos agresivas y más respetuosas frente a la comunidad, de mayor apertura hacia el diálogo y menos avasallantes. Se podría asegurar que baja la presión que ejercen sobre la comunidad aunque sea por un tiempo.

Cerramos este capítulo de la etnografía de la fiesta, resaltando a dos figuras simbólicas muy importantes, ellas son: el síndico y las banderas. El síndico como el principal responsable de ella y las banderas con toda la riqueza simbólica que aportan, además de abrir y cierran la fiesta.

Durante los preparativos y el desarrollo de la fiesta, la función del síndico es muy importante como su principal responsable. Se trata de una herencia de la catolicidad oficial traída de espacios laicos o civiles a la experiencia religiosa; el síndico, en sentido general, es una persona elegida por una comunidad o corporación para cuidar de sus intereses, es el fiscalizador del funcionamiento de una entidad con el fin de proteger los intereses de sus representados; es un término muy conocido en las distintas ramas del derecho civil.

Foto 6. Fiestas Patronales. Bajada de Bandera. Fuente: Germán Ferro (2008).

Para el caso del mundo católico, el síndico cuida de los bienes del templo, los protege, vigila y vela por su buena conservación. También se encarga de “cantar las reuniones”43 vigila los recursos del templo; por eso se encarga de las cuotas de la fiesta y de entregar los informes económicos; es un miembro más de la junta, pero con funciones muy especiales44.

Entre los principales síndicos de Tanguí aparecen Leopoldo Gamboa, Daniel Córdoba, Ana Tomasa M osquera, Senén Chaverra y Arciliana Rodríguez, que es la síndica en la actualidad y quien atribuye su encargo a una revelación del santo. Veamos el relato:

Hace aproxim adam ente 17 años la fiesta sufrió una crisis y durante 2 años solam ente se hicieron las m isas, pero sin chirim ía; todavía no habían llegado ni los

43

Consiste en salir de casa en casa a invitar a la gente de la comunidad a la reunión para fijar las cuotas de la fiesta. El sídico puede buscar a otras personas que le ayuden en esta labor.

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paracos ni la guerrilla. Entonces al año siguiente, la señora Enriqueta Córdoba, de 76 años, tuvo una revelación – estaba entre dorm ía y despierta- y se le apareció la virgen del Carm en y le dijo: Dígale a Arciliana que San Antonio le pide no eche para atrás, que siga anim ando la fiesta porque si la fiesta se deja caer, él se va y no vuelve m ás y van a ver cosas en Tanguí que nunca en la vida habían visto. Creemos que esa presencia de guerrilla y param ilitares era parte del anuncio de San Antonio. La fiesta se siguió haciendo y no sabemos porqué nos alcanzó a tocar eso (Relato de

Arciliana Rodríguez Córdoba. Quibdó, noviembre de 2008)

En la frase “Dígale a Arciliana que San Antonio le pide no eche para atrás, que siga animando la fiesta porque si la fiesta se deja caer, él se va y no vuelve más y van a ver cosas en Tanguí que nunca en la vida habían visto”, queda claro que San Antonio y la fiesta patronal son un elemento definitivo a la hora de enfrentar el conflicto armado en la comunidad, y no porque ella lo haya decidido, sino por decisión del mismo santo. Puede observarse, además, una conciencia de un santo que tiene la capacidad de intervenir en la dinámica social del pueblo, que exige la fiesta como la razón de su presencia en la comunidad y que, con su intervención, la agudización del conflicto armado que se da a partir de 1996, va a encontrar una fiesta más fortalecida, ésta que será su elemento más importante a la hora de disminuir el impacto de la guerra, de enfrentarla como protección a la comunidad. Queda pues en evidencia que se trata de una resistencia festiva, cultural y espiritual. El santo, por iniciativa suya, ha dado el giro tanto a la fiesta como a su presencia en el pueblo, él mismo se ha resignificado y ha resignificado la fiesta, haciéndose aliados de la comunidad para resistir frente al conflicto armado como pueblo, cultura y grupo étnico.

Ahora, la fiesta hay que celebrarla por mandato del santo. En este contexto, la fiesta no es simplemente una diversión para la comunidad sino además la forma como el santo mantiene su presencia activa y comprometida con ella; es la mediación entre lo sagrado que es Dios y lo profano que sería el pueblo. La síndica, por su parte, cumple una función de mediación entre el santo y el pueblo: ella se compromete con la fiesta por encargo del santo y le responde a nombre de todo el pueblo, manteniendo viva la fiesta reafirmando el papel protagónico, representativo y decisivo que tienen los síndicos dentro de la fiesta y de la comunidad.