Los seres humanos potencian sus actividades trabajando en grupo para lograr objetivos comunes; a través de su presencia histórica el trabajo colectivo le ha permitido superar las dificultades que se le presentan dada su fragilidad frente a los entornos agrestes que demandan dotes de supervivencia. Sumar esfuerzos para conformar grupos, agremiaciones, redes y comunidades entre otros, es importante en todas las actividades y de ello no escapa el esfuerzo intelectual por comprender y transformar su realidad.
La importancia de las comunidades, los grupos y alianzas-redes en cualquier profesión o comunidad académica o investigativa, parece ser evidentes para quienes han realizado ingentes esfuerzos individuales y no han logrado más que pequeños intentos que muchas veces son ignorados por sus semejantes. Algunos estigmas compartidos acogen la figura del contador público como un ser individualista y sin tiempo para la reflexión, la lectura y la crítica dado su énfasis en labores menestrales y repetitivas que no dan tiempo para la socialización ni el estudio.
En la profesión contable no es común la presencia de grupos unidos intentando realizar labores y esfuerzos colectivos en el plano de la práctica empresarial y académica, más bien se reconoce la existencia de una atomización de la comunidad contable en grupos que poco se agrupan a su interior, que poco intentan acercarse a otros grupos para aunar esfuerzos y que intentan alcanzar objetivos similares desde sus pequeñas organizaciones. Esta atomización y aislamiento de hecho representa una gran dificultad para lograr coaliciones de impacto; en ese sentido, según Árgiles y García (2011, p.10) “(L)a disciplina no presenta los rasgos de colaboración, interactividad y flexibilidad propios de las comunidades dinámicas e innovadoras en la producción del conocimiento”.
Frente a la situación contable de desunión y poca dinámica comunicativa de los esfuerzos de la investigación, surge la necesidad de agrupar a los investigadores en torno a lo que podría ser compartido; es necesario acercar los esfuerzos, minimizar los costos de la investigación,
trabajar colectivamente a partir de distintas visiones y experiencias, prodigar de tolerancia y humildad el acervo valorativo de la comunidad contable. En contexto esta situación no es más que la resultante de una política investigativa nacional que, a cargo de Colciencias en Colombia, ha preferido solventarse más en la institucionalización de los grupos de investigación avalados por las universidades que en la motivación de los investigadores legitimados por las comunidades académicas.
En Colombia pueden ser destacados diversos intentos comunitarios que han venido aportando a la construcción de una cultura investigativa en el ámbito contable, teniendo entre sus objetivos más importantes el logro del avance de la disciplina a nivel nacional y la trascendencia del ejercicio contable profesional mediante los aportes que brindan sus miembros (académicos, profesionales y estudiantes) con soluciones a las problemáticas que enfrentan las organizaciones.
Un primer intento profesional en materia investigativa fue la Fundación para la Investigación y Desarrollo de la Ciencia Contable (FIDESC), la cual fue creada en un momento histórico en el que se demandaba el desarrollo de la actividad intelectual en las facultades de Contaduría pública. FIDESC tiene como misión contribuir con los procesos de investigación, construcción del conocimiento contable y su aplicación a la transformación de la realidad socioeconómica y ambiental, nacional e internacional, con el apoyo de disciplinas complementarias y afines, fundamentado en los valores éticos y profesionales.
Uno de esos esfuerzos más representativos y presentes a mencionar en este texto, es el “Centro Colombiano de Investigación Contable” (C-Cinco), el cual se ha constituido en un intento por agrupar a diversos académicos que reflexionan desde diversos temas-líneas de investigación en el área contable; uno de los aspectos más significativos dentro de sus orientaciones es la promoción de las perspectiva crítica e interpretativa de la Contabilidad así como el abordaje de los problemas tradicionales desde miradas más novedosas y menos ortodoxas. El C-CINCO nace a finales de la década de los 80 con el fin de crear pensamiento contable, desde un enfoque académico, en procura de dignificar la Contaduría Pública en Colombia; a este selecto colectivo han pertenecido reconocidas figuras relevantes en el campo contable como Jack Alberto Araujo, Rafael Franco, Danilo Ariza Buenaventura, Harold Álvarez, Jorge Enrique Burbano (QEPD), Édgar Gracia López,
Hernán Quintero Castro, William Rojas Rojas, Olver Quijano Valencia y Guillermo León Martínez, entre otros.
Dentro de la comunidad investigo-contable sobresalen los diferentes grupos de investigación que se encargan de desarrollar las labores que engrandecen la disciplina y la profesión con su esfuerzo permanente potenciado con los proyectos de investigación, innovación e interventoría. Los grupos generan una ruptura que desde hace unos diez años ha permitido abandonar la idea de institucionalizar la práctica investigativa a través de centros de investigación; podría decirse que los grupos descentraron la investigación, intentaron sacarla de las huestes burocráticas para dársela a los investigadores. Sin embargo, no hay que olvidar que aún en los grupos de investigación la inclinación por los formalismos aún se hace presente de manera recurrente.
El Departamento Administrativo de Ciencia, Tecnología e Innovación (COLCIENCIAS) busca potenciar los desarrollos disciplinales y profesionales de un saber desde la configuración de la investigación formal; ante esta institución nacional los grupos (con el aval previo de las universidades) deben inscribirse en la plataforma SCien TI, participar en sus convocatorias anuales y concursar por recursos frescos para el desarrollo de proyectos de investigación. Una vez se inscriban los grupos de investigación a estos se les otorga una clasificación siguiendo unos parámetros establecidos de rigurosidad académica y requisitos administrativos; entre los requisitos que se exigen en estas convocatorias están la formación de los integrantes del grupo de investigación, los productos que surgen como resultado, el tiempo de existencia del grupo, el registro en la plataforma GrupLAC (con investigadores inscritos en la plataforma CvLAC) y tener al menos un proyecto en marcha, entre otros.
En la convocatoria del año 2010 de Colciencias, se encontraban inscritos 61 grupos de investigación relacionados con (avalados por) los programas de Contaduría Pública; para entonces se encontró un sutil aumento en las categorías A1 y D, al igual que un descenso en las categorías A, B y C con respecto al año 2008; ello permitió evidenciar un incremento en la calidad y/o cantidad de los productos asociados (Valero y Patiño, 2012). Para el 2013 se encontraron registrados tan sólo 38 grupos, caída asociada a la mayor rigurosidad en las condiciones de COLCIENCIAS, ya que cada vez se tienen más exigencias en la medición de los grupos de investigación (Patiño, 2015). Para la convocatoria más
reciente (Nº 263 de 2014) se encuentran 330 grupos en el área de economía y negocios que contienen a los avalados por las facultades de Contaduría Pública de todo el país, con aproximadamente 33 grupos de investigación, de los cuales la mayoría están en la categorías C y D (Colciencias, 2015).
La participación en las convocatorias COLCIENCIAS es un componente muy relevante del análisis del estado actual de la investigación contable en Colombia, pues ésta se formaliza por medio de su estructura evaluativa, que asume un carácter “obligatorio” en el medio, especialmente para obtener reconocimientos de “calidad” y aspirar a recursos frescos de las entidades financiadoras de la investigación. A pesar de ser un sistema de evaluación que propende por la calidad, es cuestionable que ésta se mida con unos criterios impuestos basados en requisitos tomados de otros entornos geográficos y culturales, con modelos variables, poco estables, pero sobre todo midiendo resultados en el corto plazo, basados en las lógicas investigativas de las ciencias duras, desconociendo las particularidades de algunas disciplinas como la contable e ignorando los procesos de construcción de cultura investigativa. A pesar de ello este modelo se ha convertido en un parámetro a cumplir por parte de los diversos grupos de investigación que cada vez vienen siendo en menor cantidad en un sacrificio que poco muestra correlación con la calidad.
En la formación de los grupos de investigación, puede notarse como actualmente se ha mejorado la tendencia del trabajo centrado en individualidades al esfuerzo incluyente de personas que aportan con sus ideas y esfuerzos al colectivo de investigación. Sin embargo, para poder tener una calificación y reconocimiento por parte de COLCIENCIAS, deben cumplirse una serie de condiciones que, en ocasiones, resultan difíciles de lograr por la complejidad de los procesos que estos involucran, dejando por fuera a muchos grupos de investigación (Patiño, 2015).
Un intento comunitario icónico desde las bases estudiantiles, es la Federación Nacional de Estudiantes de Contaduría Pública (FENECOP), una organización que agrupa desde hace más de 25 años a los estudiantes de Contaduría Pública, la cual ya se había mencionado previamente por el Congreso que realiza anualmente con sus formas organizativas por facultades o programas de las universidades que tienen la carrera de Contaduría pública. De sus huestes han sobresalido estudiantes que hoy ya son profesionales contables dedicados a la investigación,
dinamizadores de grupos de investigación contable y destacados profesores universitarios.
Existe un consenso entre los ejemplares que han hecho presencia activa en FENECOP en cuanto a que esta organización les ha servido de “escuela” en su formación investigativa gracias a los espacios que generó para debatir temas de interés contable y perfilar análisis y soluciones a las problemáticas locales, regionales y nacionales. Estas personas destacan la existencia de los grupos de estudio e investigación federados que son formas organizativas que representan a los estudiantes de las universidades colombianas con carrera de Contaduría pública y desean contribuir con reflexiones, eventos y publicaciones al desarrollo contable. Entre estos grupos cabe destacar a GECUA de la Universidad de Antioquia, Colectivo NOSOTROS de la Universidad Nacional, ASECOP de la Universidad Francisco de Paula Santander, GEICUM de la Universidad de Medellín, ASECUVA de la Universidad del Valle, UNICA de la Universidad del Atlántico, YUPANA del Politécnico Jaime Isaza Cadavid, Camayo E.C. de la Universidad Central y CEICUAL de la Universidad Autónoma Latinoamericana, entre otros.