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2-2 SOLUTION OF DIFFERENTIAL EQUATIONS USING THE TRANSFORM

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2-2 SOLUTION OF DIFFERENTIAL EQUATIONS USING THE TRANSFORM

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Cf. PARRA, Alberto. Op.cit., Pg. 310

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Cf. Ibíd. Pg. 8

Uno de los cambios estructurales de la pastoral parroquial pasa por la opción firme de llegar a ser una red de comunidades y lugar de comunión orgánica de personas, grupos y movimientos: “la renovación de las parroquias, al inicio del tercer milenio, exige reformular sus estructuras, para que sean una red de comunidades y grupos, capaces de articularse logrando que sus miembros se sientan y sean realmente discípulos y misioneros de Jesucristo en comunión” (DA 172).

En la opción por configurarse como comunidad de comunidades, la parroquia y si se quiere la Iglesia en general, se juega su futuro y porvenir: “La Iglesia está condicionada por su vida comunitaria, ella será en gran parte, lo que sean sus comunidades cristianas en las que se construye el Pueblo de Dios.”127 Es por esto por lo que la primera preocupación de la parroquia es hacer que se desarrolle a su interior una comunidad cristiana o un conjunto de comunidades en estado de comunión.

La parroquia que en sus inicios era una pequeña comunidad de base, en comunión con la Iglesia local, hoy lo ha dejado de ser. “La parroquia era el pago, el pequeño conglomerado de familias típico de la civilización rural. Por ello era un grupo de base y relaciones primarias. Pero en la civilización urbanística no existe este grupo base y por lo mismo hay que crearlo.”128 Hay una necesidad imperiosa de salir de la masificación y el anonimato que produce el gigantismo parroquial moderno. “Es cada vez más limitado el número de católicos que llegan a nuestra celebración dominical; es inmenso el número de los alejados, así como el de los que no conocen a Cristo” (DA. 173)

Rescatar del anonimato al pueblo de Dios implica convocar a todos y cada uno de los bautizados a vivir su fe en la comunidad eclesial de base, donde hagan una experiencia progresiva de la misma y llegue a su madurez cristiana. Se trata por lo mismo de provocar, a través de un proceso, tantas comunidades eclesiales de base cuantas sean necesarias para

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Cf. FLORISTAN Casiano. Op. Cit. Pg. 61

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CAPELLARO, Juan B. Parroquia 1990: hacia una nueva imagen de la Iglesia. Ed. Paulinas. México. 1979. Pg. 48

que toda la parroquia llegue a ser: la comunión orgánica y dinámica de las comunidades eclesiales de base dentro de la iglesia local.

Las comunidades eclesiales de base, se convierten en el ámbito más próximo a las personas y las familias, en las que se concentra y se expresa la Iglesia en sus diversos componentes. Son el ámbito en el que se integran las diferencias humanas (edad, sexo, raza, condición política y social) y eclesiales (dones, carismas y ministerios) en la unidad eclesial. Según Medellín, constituyen la base de estructuración de la Iglesia, y foco de fe y evangelización (Cf. Med. 15)

“En este sentido y en relación con la diócesis, la parroquia resulta ser: el nivel intermedio en el que las comunidades eclesiales de base tienen su punto de convergencia, su centro de animación, su lugar de dialogo y evolución. Es la expresión de la vida de las comunidades eclesiales de base y al mismo tiempo el nivel subsidiario que en su organización y dinamismo pueden asegurar su vida, el crecimiento y la expansión de las mismas. Es el ámbito donde éstas tienen su primera experiencia de catolicidad. Pero es en la Iglesia local, donde la misma parroquia tiene su expresión acabada y plena de comunión eclesial, de la Iglesia.”129

Como uno de los lugares eclesiales para la comunión (Cf. DA 178), las comunidades eclesiales están llamadas a ser “casa y escuela de comunión”, en las que se trata de estructurar el dinamismo de una comunidad en busca del querer de Dios sobre la historia y sobre sí para comprometerse con su realización con la fuerza del Espíritu. En este sentido, “Puebla constató que las pequeñas comunidades…, permitieron al pueblo acceder a un conocimiento mayor de la Palabra de Dios, al compromiso social, al surgimiento de nuevos compromisos laicales y la educación de la fe de los adultos.”(DA 178)

Ante una pastoral que ha mantenido en el anonimato a la mayoría del pueblo de Dios, la opción por comunidades eclesiales de base, pueden contribuir a revitalizar y renovar la pastoral parroquial, si ellas se asumen como:

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Cf. CAPELLARO, Juan B. Op. cit., Pg.47

-“Células iníciales de estructuración eclesial y foco de fe y evangelización” (Med. 15): manteniéndose en comunión con su obispo e integrándose al proyecto pastoral diocesano, convirtiéndose en un signo de vitalidad en la Iglesia particular (Cf. DA 179)

-Lugar eclesial en el que se recoge la experiencia de las primeras comunidades cristianas humanizando y personalizando de las relaciones inter-eclesiales (Cf. Hch. 2,42 y DA 178)

-Facilitar las experiencias de la comunión con Dios y entre los hombres, como familia y Pueblo de Dios.

-Desde esta experiencia, renovar todas las relaciones humanas y así dilatar el Reino de Dios: “ellas son fuente y semilla de variados servicios y ministerios a favor de la vida en la sociedad y en la Iglesia.” (DA 179)

-Ofrecer a todos los hombres de buena voluntad un ámbito en el que se pueda hacer un camino de fe, hacia la plenitud en Cristo: “las comunidades eclesiales de base han sido escuelas que han ayudado a formar cristianos comprometidos con su fe, discípulos y misioneros del Señor, como testimonia la entrega generosa, hasta derramar su sangre, de tantos miembros suyos.” (DA 78)

Como respuesta a las exigencias de la evangelización, junto con las comunidades eclesiales de base, hay otras formas de manifestación cristiana como los movimientos eclesiales. “El Espíritu es principio de unidad para la integración de las diferencias, no nivelación no absorción de las mismas; de diferenciación por los dones, carismas y ministerios que concede a su Iglesia. Así, el Espíritu Santo gobierna y conduce a su Iglesia que está creemos, fundada en los apóstoles y los profeta. Mientras el don y el ministerio apostólico sirve a la unidad, el don y carisma profético sirve a la diferenciación”130

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Cf. CAPELLARO, Juan B. Op cit., Pg. 175

Los movimientos y grupos apostólicos responden a dones y carismas particulares en la Iglesia. Pero no se deben entender como si éstos fueran otorgados desde afuera de la Iglesia. Surgen en las entrañas de ella misma; son peculiaridades de la Iglesia, para la Iglesia, en la Iglesia y desde la Iglesia. Por ser consideradas particularidades no son ni pueden ser consideradas como totalidad.

Es verdad que una característica de la eclesialidad es la dimensión de las diferencias, pero no es menos cierto que esa eclesialidad que exige comunión católica y universal, se pueda vivir en un grupo o movimiento, por muy valioso que sea. La experiencia de lo particular solo es eclesial cuando sabe abrirse a la experiencia de la comunión universal. Lo contrario sería absolutizar un carisma, negando la catolicidad. Considerar un carisma como “totalidad” es ir en contra del Espíritu Santo.

Por el contrario, si la experiencia de la unidad no fuera acompañada de los carismas, esa unidad seria pobre. Precisamente el Espíritu los provoca para que una y otra peculiaridad de la Iglesia se mantengan vivas y tengan fuerza de renovación de la misma Iglesia. Este es el rol de los carismas en las comunidades eclesiales. Es en ellas en donde se ponen en común los dones recibidos.

Por lo tanto, el dinamismo de la Iglesia depende de la distención y la articulación entre la experiencia de comunidad en la que se integran las diferencias y la experiencia de grupos y movimientos en que se “vive” el carisma por sí mismo. Por todo ello, en una pastoral orgánica de la pastoral parroquial, hay que querer con la misma fuerza las comunidades eclesiales, como los grupos y movimientos que responden a un don o carisma particular.

La capacidad pastoral de integrar y articular comunitariamente a los movimientos, nos permite superar algunos desvíos de los mismos en cuanto a: superar la tendencia a cerrarse sobre sí mismos organizándose en función de sus problemas, carismas e intereses; superar el riesgo de un paralelismo eclesial, con una fuerte tendencia elitista, influyente y por lo

tanto excluyente, para asumir su pequeñez, su indigencia, para que como movimiento particular, se encarne en el dinamismo universalidad de toda la Iglesia.

“solo así se puede vivir la experiencia de unidad y catolicidad de la Iglesia; sólo así los grupos específicos podrán evitar el cerrarse sobre sí y adquirir la humildad para no considerarse el “todo” de la Iglesia. Sólo así las comunidades eclesiales de base, evitarán la mediocridad y la instalación, y podrán adquirir la fuerza testimonial de una comunidad “viva”. Sólo así hay una auténtica comunidad de bienes espirituales.”131