4. RANK CORRELATION BASED PAIRING AND SPATIAL
4.2.2. Spatial interpolation
El ‘Poder psiquiátrico’ –según Foucault- está marcado por dos momentos. El primero se ubica en el Siglo XVII hasta principios del XIX. En este prima el ejercicio de lo que llama curación clásica. Toma como referentes de este ejercicio a Pinel y Mason Cox, quienes consideran que si
61 Si entendemos la cura como un beneficio producto de la relación entre un enfermo y un médico ya sea porque
el primero se reconoce como enfermo o porque la sociedad, el Estado o la familia lo hacen, la cura no es algo que se obtiene de esta relación médico y paciente, pues no acontece como resultado de un diálogo equitativo en el que lo expresado por uno y por otro, alcance, a consideración de ambas partes, su dignidad de lengua. Georges Canguilhem piensa que sucede al contrario, el médico, al pensar que su ciencia es una lengua bien construida y que el enfermo se expresa en jerga, le niega así su dignidad de lengua. Olvida –o más bien desconoce- todo lo que toma de ésta en su formación a lo largo de su historia y desvaloriza la jerga a mediados del siglo XIX. En el nacimiento de la clínica, Foucault recuerda que para 1750, al referirse al sistema nervioso de una histérica a la que atendió, Pomme ve “porciones membranosas parecidas a fragmentos de pergamino empapado” y nota en el proceso que unos intestinos se despojan de su “túnica interna”; para 1850 al describir una lesión encefálica Bayle recurre a una metáfora tal como la de “tela de araña”. (Foucault, 2008: 9-10). Pese a la gran evolución que acontece en cien años en la medicina, en este ejemplo se puede notar la recurrencia del lenguaje médico a la jerga y la metáfora. Guiada por una objetividad a la que se atribuye el sustento del saber, la medicina emplea la terapéutica como una aplicación de tratamientos fruto de recuentos estadísticos de resultados verificables, y la cura es por tanto una respuesta orgánica al tratamiento, es el fin de una perturbación, una reversibilidad de fenómenos y no una satisfacción ni adquisición de elementos de defensa de un ser humano para combatir su enfermedad. (Canguilhem, 2004: 74). Hay que reconocer la importancia del medicamento en el tratamiento, pero no se debe olvidar que el conocimiento médico no parece ser lo único que guía la curación, el reconocimiento social al estatus de ciencia ayuda mucho, Canguilhem tiene muy en cuenta el efecto placebo al cuestionar a la cura como resultado de la relación medicina-paciente. Si a todo esto agregamos la cura como imposición de verdad, coincidimos con Canguilhem al plantear que la cura es la deuda que la medicina occidental tiene con la humanidad.
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[…] “el núcleo de la locura es una falsa creencia, una falsa ilusión o un error”, la ‘curación clásica’ consistirá en […] “reducir ese error para que la enfermedad desaparezca.” (Foucault, 2005:153). El segundo momento, se ubica a inicios del Siglo XX, se caracteriza por el paso de la ‘Curación clásica’ -que tiene como centro la verdad del loco- a su subyugación por la verdad del Psiquiatra, lo cual marca un punto de inflexión en la práctica psiquiátrica en el que el médico pasa a ser un ‘Agente de la realidad’. Como tal dibuja la realidad, se apodera de ella y de la verdad del enfermo, […] “y en ese aspecto no es como el sabio o el maestro; sin embargo, es quien irrealiza la realidad para actuar sobre el juicio erróneo emitido por el enfermo. (Foucault, 2005: 155).
Foucault considera que el psiquiatra en este punto ya no es un ‘agente de la realidad’ ni un ‘amo ambiguo’, sino el único y total amo de la realidad y, por tanto, de la verdad; lo cual le permite legitimarse como único sujeto del saber de su objeto del saber. Sumado a ello, la dispersión táctica del poder a la que se refiere Foucault respecto de la práctica y ejercicio psiquiátrico, por fuerza y poder, el médico psiquiatra adquiere el dominio de la locura, puede tomarla, absorberla, sustraerla a la realidad y representarla. El dominio de la verdad, en el espacio de disputa por la verdad que es ahora el psiquiátrico, pasa a ser el ente rector de la práctica terapéutica.
Como señala Foucault, la ‘verdad’ como tema se sitúa dentro de la psiquiatría, en su centro, en sí misma y dentro de sí misma; más no como un problema a considerar en la relación entre médico y paciente. La cuestión misma de la verdad pronunciada por el loco ya no está al interior de la locura como en la consideración de la ‘curación clásica’ de Pinel y Mason Cox a quienes Foucault se remite, sino más bien, la centralidad se desplaza a la ‘verdad científica’ de la psiquiatría, aspecto sustancial para la conformación de su ‘poder’ y su saber.
Hablamos aquí de verdad científica puesto que el tratamiento moral al alcanzar el estatus de terapéutica –o ejercicio médico- abre su posibilidad de ensamblaje con dos discursos más que la determinarían como ‘ciencia’ en el siglo XIX: Un discurso clínico o clasificatorio nosológico y un discurso ‘anatomopatológico’ a partir de 1819. El primero como una descripción de la locura como una serie de enfermedades urgentes de intervención psiquiátrica y la segunda como una ligazón o “correlato orgánico de la locura” (Foucault, 2005:158).
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En este punto, la Psiquiatría se constituirá en una ciencia fáctica, hará de la demostración la cura y su criterio de verdad, y por tanto el delirio pasará a ser aquel pensamiento que no se sujeta a la demostración. Por ello, para entender estos dos momentos de la Psiquiatría, se puede tomar como definición de ‘Poder psiquiátrico’ un concepto que Foucault en su momento lo consideró provisorio, puesto que se refiere a rasgos ya mencionados que en buena medida son generales. Entonces, se entiende por poder psiquiátrico a aquel “complemento de poder en virtud del cual lo real se impuso a la locura en nombre de una verdad poseída de una vez por todas por ese poder con el nombre de ciencia médica, psiquiatría.” (Foucault, 2005:157).