frecuencia no significa mayor gravedad, siendo las puntuaciones de los varones más elevadas que las de las niñas.
1.5.5. Trastornos asociados
En el TDAH existen otra serie de características que, sin ser síntomas principales rodean el cuadro del trastorno. Aproximadamente entre un 45% y un 65% de niños con TDAH presentan problemas de conducta y/o emocionales, como el trastorno disocial, trastorno oposicionista-desafiante, trastornos de ansiedad-depresión, etc. (Faraone, Biederman, Mennin, Wozniak y Spencer, 1997). Estos altos índices de comorbilidad han llevado a considerar el TDAH como un trastorno heterogéneo, que suele presentarse acompañado de otros problemas psicopatológicos, los cuales interactúan y modifican el constructo diagnóstico de forma importante, tanto en la fenomenología clínica como en las características psicológicas, en las consecuencias psicosociales, en el curso clínico, en el pronóstico, y en la respuesta al tratamiento de esta compleja asociación (Fergusson y Horwood, 1993; McBurnett et al., 1999).
1.5.5.1. Problemas de conducta
Existen varias hipótesis que barajan problemas de conducta asociados al TDAH. Hay autores que consideran la posibilidad de un déficit de tipo cognitivo, concretamente, de un inadecuado procesamiento de la información, para explicar tal asociación (Milich, Hartung, Martin y Haigler, 1994); otros ponen el acento en los antecedentes familiares y/o psicosociales (Aytaclar, Tarter, Kirisci y Lu, 1999; Faraone et al., 1995; Tomphson, Riggs, Mikulich y Crowley, 1997), mientras que otros apoyan la relación entre el TDAH y disfunciones metabólicas (Pine, Shaffer, Schonfeld y Davies, 1997).
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Por otra parte, es frecuente que los sujetos con TDAH tengan mal desarrolladas las habilidades sociales, lo que interfiere en las relaciones con sus iguales. Estas dificultades están motivadas por la impulsividad y la hiperactividad, en algunas ocasiones y por el déficit de atención en otras; es frecuente que pasen muchos tiempos solos, sientan rechazo al relacionarse con sus iguales o compartan el tiempo con niños más pequeños que ellos, los cuales toleran mejor sus síntomas y son más fáciles de manejar. Una medida indirecta del grado de integración social, en el colegio puede ser el numero de fiestas de cumpleaños a las que han sido invitados en los últimos años (McCormick, 2009; Bonet, Soriano y Solano, 2008).
Por lo general, los niños con TDAH son más activos tanto en el juego solitario como en social, se mueven mas, presentan más conductas negativas, suelen pelearse con más frecuencia y molestan mas a sus compañeros (García-Castellar, Presentación-Herrero, Siegenthaler-Hierro y Miranda-Casas, 2006). Marton, Wiener, Rogers, Moore y Tannock (2009) observaron que los alumnos con TDAH fueron calificados por parte de sus compañeros como menos empáticos, presentaron un nivel más bajo de integración social, una menor percepción de los problemas y una menor identificación de sentimientos, especialmente en varones.
Aunque la gran mayoría sufre rechazo social, esto no ocurre con todos los niños que sufren TDAH, ya que un alto porcentaje es bien aceptado por sus compañeros /as. También se ha constatado, que son niños que se relacionan mejor con compañeros de menor edad, a los que suelen dominar, o con niños mayores que suelen ser mas tolerantes con ellos.
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1.5.5.2. Trastornos de aprendizaje
Aproximadamente, 10% de la población infantil presenta algún trastorno específico del aprendizaje, y, en el caso de niños con TDAH, esta proporción supera el 50% (Biederman et al., 1991; Klorman, Brumaghim, Fitzpatrick, Borgstedt y Strauss, 1994).
Los trastornos de aprendizaje, concretamente los problemas de lecto-escritura son los más frecuentes en este tipo de niños. Suelen ser niños lentos en la adquisición de las habilidades lecto-escritoras debido a dificultades en la decodificación y retención de la información escrita, sin que presenten dificultades en la comprensión. (Velting y Whitehust, 1997).
A nivel pragmático, los niños con TDAH suelen manifestar una producción verbal excesiva, sin embrago, esta suele verse disminuida cuando se enfrentan a tareas que requieren planificación y organización de respuestas verbales. Tiene problemas para ser específicos y precisos en la selección y empleo de palabras, tendiendo a transmitir la información de manera ambigua, y con frecuencia exhiben problemas, para ajustar el lenguaje a los interlocutores y al contexto (Crespo, Manghi, García y Cáceres, 2007; De la Graza, 2006; Mulas et al., 2006).
Miranda Casas, Ygual-Fernández, Mulas-Delgado, Roselló-Miranda y Bó, (2002) encontraron que los niños con TDAH tienen mayores problemas en la producción del habla, menor eficacia de acceso al léxico, y menor capacidad para utilizar la información fonológica en el procesamiento del lenguaje oral. La escritura suele ser difícil y pobre, y aunque no está directamente relacionada con las habilidades motoras finas, viene a explicar ciertos problemas que con anterioridad se relacionaban con dificultades en el desarrollo psicomotor de estos niños. Les cuesta mantener la motivación en tareas durante un tiempo prolongado, lo que está íntimamente relacionado con la inatención y con la impulsividad. En su entorno es
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muy frecuente que reciban muchas llamadas de atención por parte de compañeros y adultos. Por último, si bien no tienen por qué tener problemas de memoria, no es infrecuente que tengan dificultades para memorizar y aprender nuevas tareas (Quintero Gutiérrez del Álamo et al., 2008; Slomine et al., 2005).
1.5.5.3. Trastornos de ansiedad
Los trastornos de ansiedad engloban un grupo diverso de patologías que se caracterizan por la presencia de temores, preocupación excesiva y recurrente, episodios agudos de ansiedad y evitación fóbica (Perrin y Last, 1996).
Se calcula que entre un 8% y un 21% de la población infantil presenta algún tipo de trastorno de ansiedad, que, por lo general, sigue un curso crónico y persistente a lo largo del ciclo vital del niño (Perrin y Last, 1996). El TDAH se asocia al trastorno de ansiedad en un 20% de los casos (Fergusson y Horwood, 1993). Cuando se presentan juntos el TDAH y el trastorno de ansiedad de separación, se incrementa el riesgo de desarrollar fobia escolar (Lufi y Parish-Plass, 1995).
1.5.5.4. Trastornos del estado de ánimo
Los trastornos del estado de ánimo en la infancia se caracterizan por la presencia de tristeza o irritabilidad persistente, acompañada, en ocasiones, de una pérdida de interés por casi todas las actividades que realizan, disminución de la concentración, sensación de cansancio físico, cambios en el patrón de sueño y alimentación, así como presencia de quejas somáticas (Jensen, Shervette, Xenakis y Richters, 1993).
Los síntomas principales del TDAH empeoran significativamente cuando se acompañan de un cuadro de depresión. Numerosos estudios indican que los niños con ambas
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patologías tienen mayor carga hereditaria, responsable de la manifestación de ambos trastornos (Biederman, Faraone, Milberger y Doyle, 1993; Biederman, Faraone y Mick, 1995).
En el caso de la baja autoestima, esta suele estar causada por el fracaso escolar y personal sostenido y por las numerosas críticas a las que son sometidos por parte de padres y de profesores (Gratch, 2000).