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3.4 DISCUSSION

4.2.7 Statistical Analysis

signa dos a) la es tiniebla 8,12; 22,13; 25,30) y significa la exclusión de la luz de Dios; b) en la gehenna habrá «llanto y

rechinar de dientes». Este «llanto y rechinar de dientes», frente a la comunidad de mesa de los paganos con los patriarcas, son la expresión de la desesperación que se experimenta a causa de la salvación perdida por propia culpa. Tal es el infierno

Podrá alguien decir: qué hay de nuevo en todo ¿no se había dicho ya? ¿No se conten- ta Cristo con asumir por su cuenta la revelación y los términos mismos del Antiguo Testamento?

No obstante, la verdad es que todo es nuevo. Cristo no aporta un elemento nuevo a esta revela- ción, sino que los renueva todos radicalmente.

Allí donde nos hemos encontrado con mitos paganos, progresivamente iluminados por la reli- gión y la cultura judías, penetramos en el universo cristiano. El infierno, en adelante, forma parte del universo asumido por Cristo; entra en el misterio de la salvación.

Lo que cambia todo, lo que da gravedad a esas es que Cristo lo asume todo por su propia cuenta.

El Juicio de Dios en el último día, al fin de los tiempo, será El mismo en persona quien lo ejerza. Si toma con tanta frecuencia la expresión de Da- niel «el Hijo del Hombre» para designarse a sí mismo, es para llegar a esta última afirmación en

(2) J. du

Cerf, París, 1973, t. I, p. 166 Teología del N.T.,

38 La salvación llega a los infiernos

(3)

la que se sitúa como el Juez del Juicio último: «Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, se senta- rá en su trono de gloria. Serán congregadas delan- te de El todas las

Afirmación exorbitante, puesto que Jesús to- ma para sí lo que pertenece a Dios solo: el Juicio último.

«Esto acrecienta singularmente la gravedad de sus palabras: Jesús no habla sólo del infierno como de una realidad amenazadora; anuncia que «El mismo enviará a sus ángeles para arrojar en el horno ardiente a los agentes de iniquidad» (Mt y pronunciará la maldición: «Apar- taos de mí, malditos, al fuego eterno» (Mt

Es El quien declarará: «Nos os conoz- co» (Mt 25,12), «Echadle a las tinieblas de fue- ra» (Mt (3).

Más aún. Si es el propio Jesús quien pronun- cia el juicio, es también en relación a la

con respecto a El por lo que, en definitiva, serán todos juzgados. Los enemigos de Dios son sus ene- migos. La repulsa de Jesús es repulsa del propio Dios. Los que no escuchan su voz, los que se nie- gan a oírle, los que no creen en El, ésos serán condenados: «Los ninivitas se levantarán en el Jui- cio contra esta generación y la condenarán; por- que ellos se convirtieron con la predicación de Jonás y aquí hay uno que es más que Jonás.»

Y en «El que no cree ya está juzga- do, porque ha rechazado la

2. Cómo los infiernos pasaron a ser el infierno 39

Igualmente, Jesús asume con autoridad las sanciones establecidas por la ley mosaica contra todas las palabras y actitudes que puedan perjudi- car al prójimo (Mt pero las agrava con- siderablemente, o más bien cambia radicalmente su alcance. Para mejor o para peor, todo lo que de bien o de mal hayamos hecho a los otros, es El

quien se lo hemos dado o rehusado: «En verdad

os digo que cuanto hicisteis a uno de estos herma- nos míos más pequeños, a Mí me lo hicisteis.» (Mt 25,40) «Cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo. E irán a un castigo eterno y los justos a una vida

Tal es la asombrosa gravedad y grandeza de la vida humana a la Luz de Todas las relacio- nes con los demás, en la familia o en la ciudad, nos colocan en presencia de Jesús mismo y, por medio de El, en presencia de Dios. Esto es verdad para todos. Para todos, el amor o el rechazo del amor llevará consigo la felicidad o la desgracia eternas, el cielo o el infierno. Y el que los juzgará al fin de los tiempos será el mismo a quien habrán acogido o rechazado en el otro, aun sin conocerle: Cristo. Semejante revelación pertenece al corazón del Evangelio. Es central. Ilumina el misterio de Cris- to, el misterio del hombre. Penetra y transforma toda la ética pagana o judía para convertirla en cristiana. Y esa perspectiva que abre sobre el

arroja una luz decisiva sobre toda la his- toria humana en la irradiación de Cristo, el Se- ñor.

40 La salvación llega a los infiernos

Queda un enigma: ¿Cómo ese Jesús que nos dice: « N o he venido para juzgar a los hombres, sino para salvarlos», puede ser, al mismo tiempo, el Juez que dirá a los reprobados: «Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles» (Mt ¿Cómo es posible que el que ha venido a buscar la oveja perdida y a llevarla sobre sus hombros para que la Humanidad entera se reúna en un único redil, sea al mismo tiempo el que divide definitivamente a los hombres, enviando a unos al cielo y a otros al fuego ¿Cómo es posible que el que vino a salvar a todos y derramó su sangre en la Cruz por la multitud, es decir, por todos, sea al mismo tiempo el que condena a una parte de la Humani- dad, perdida para siempre? ¿Será Salvador en la historia y Juez en el La revelación de su gloria al final de la historia, será la del Salva- dor de

No podremos responder perfectamente a estas preguntas si no es en la luz de la eternidad. Pero tenemos derecho a plantearlas en la fe. La inteli- gencia del misterio no puede consistir en eliminar uno de los dos términos, como tantas veces se ve uno tentado a hacer, sea el realismo del infierno, sea la certeza de la salvación universal. Por el con- trario, manteniendo firmemente ambos polos de nuestra fe, descubriremos en su profundidad el esplendor del misterio de la salvación.

¿Quién, pues,

se podrá salvar?

He aquí la cuestión que más nos interesa. ¿Podemos esperar encontrarnos un día iodos jun- tos en el gozo de Cristo? salvarán todos o sólo

Por dos veces y de dos maneras diferen- tes llegan los discípulos a plantear la pregunta a

«Señor, ¿son pocos los que se Tras la marcha del joven rico que

seguirle y la declaración de Jesús sobre la incapaci- dad de los ricos para entrar en el «Pues,

42 La salvación llega a los

Jesús no responde directamente a estas pre- guntas. más bien, El mismo es la Respuesta. También hemos de escucharla.

Después de lo que sabemos del juicio, podría- mos responder sin reflexionar más: «Desde luego que no, todos no pueden salvarse, puesto que hay condenados.» Pero ahora debemos releer estos textos en la totalidad de la Escritura para descu- brir su verdadero sentido, que quizá no sea el que nosotros habíamos

Poner juntos, como lo hemos hecho, todos los textos que anuncian la condenación de los repro- bados tiene algo de artificial. Construir una predi- cación del Evangelio a partir de esos únicos textos sería falsear radicalmente el sentido del Evangelio. La totalidad de esta enseñanza, que no puede pasarse en silencio, debe ser resituada en el con- junto de la Buena Noticia para que podamos des- cubrir su significado definitivo.

Jesús, Salvador de todos

Jesús no se presenta a sí mismo como el que condena, sino como el que salva. Esta es la gran perspectiva que domina lo demás y que per- mite

Porque lo que se nos ha revelado es no sólo

que Jesús es sino que es Salvador de

todos.

La fe postpascual de los apóstoles y de los discípulos descubre progresivamente en el Jesús de Nazaret a quien ellos conocieron y amaron, que murió y resucitó, al Señor, al Hijo de Dios, al

3. ¿Quién, pues, se podrá salvar? 43

Creador de todas las Pero su gloria consiste en ser el Señor que salva: el Salvador.

Es preciso que reencontremos esta fe en el Salvador en algunos textos principales de las car- tas de Pablo. En primer lugar, en el gran texto de la carta a los Colosenses Este texto, así como el de la carta a los Filipenses es muy probablemente la transcripción de un himno de la liturgia cristiana primitiva. Es decir, que presa verdaderamente la fe de la primera genera- ción cristiana:

«...dando con alegría gracias al Padre que os ha hecho aptos para participar en la herencia de los santos en la luz.

El nos libró del poder de las tinieblas y nos trasladó al Reino del Hijo de su amor, en quien tenemos la el perdón de los pecados. El es Imagen de Dios invisible, Primogénito de toda creación, porque en El fueron creadas

todas las cosas, en los cielos y en la tierra, las

visibles y las invisibles, los Tronos, las Domina- ciones, los Principados, las Potestades.

fue creado por El y para El; El existe con anterioridad a todo y todo tiene El su consistencia. El es también la Cabeza del Cuer- po de la Iglesia.

El es el Principio, Primogénito de entre los muertos, para que sea El el primero en todo, pues Dios tuvo a bien hacer residir en El toda la plenitud y reconciliar por El y para El todas las cosas, pacificando, mediante la sangre de su Cruz, lo que hay en la tierra y en los cielos»

(Col 1,12-20).

El eje de esta magna revelación quizá ha sido, en primer lugar, señalar la trascendencia de Cristo

44 La salvación llega a los infiernos

en relación a todos esos poderes benéfi- cos o maléficos, que preocupaban a los espíritus cercanos al paganismo o seducidos por la gnosis: Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades

(cfr. Ef

Pero la luz de este gran texto supera con mu- cho esa coyuntura, hoy día sobrepasada. La pala- bra todo aparece ocho veces en el corto pasaje. Porque eso es lo esencial del mensaje que todavía hoy nos concierne: Que Creador de todo es también el Salvador de todo.

La estructura del himno es de una importancia capital para la comprensión del misterio cristiano. Tras una llamada a la acción de gracias al Pa- dre que nos ha permitido tener parte en la heren- cia de los santos en la luz, dos estrofas a la gloria

Hijo.

La primera canta al Hijo Creador, «Imagen de Dios invisible, Primogénito de toda

todo fue creado por El y para El». La segunda, al Cristo Salvador. Es «una nueva creación» por su «El que es el Principio, el Primogé- nito de entre los pues Dios tuvo a

reconciliar por El y para El todas las co- sas». Es decir, que la creación nueva, por encima del pecado, renueva en Cristo, por su resurrec- ción, a la totalidad de la creación: todo ha sido creado por El y para El, todo ha sido reconciliado por El y para El. El universalismo de la salvación en Jesucristo alcanza a la totalidad de la creación en el Hijo.

Ese es el eje fundamental de toda la revela- ción. El P. Feuillet termina su estudio sobre este

3. ¿Quién, pues, se podrá salvar? 45

pasaje de la carta a los Colosenses con estas pala- «El hombre Dios, cuya existencia se desarro- lló en un oscuro rincón de nuestro planeta, no ha de establecer su realeza solamente sobre todos los hombres, sino además sobre el entero universo, de dimensión que dan vértigo»

Esta fulgurante certeza, que ilumina toda la historia del mundo, estalla en todas las páginas del Nuevo Testamento.

Así, en el himno de acción de gracias que en- cabeza la carta a los «Dios nos ha dado a conocer el misterio de su voluntad, el benévolo designio que en El se propuso de antemano, para realizarlo en la plenitud de los tiempos: reunir el universo entero bajo una sola, Cabeza, Cristo: lo que está en los cielos y lo que está en la tierra»

(Ef 1,9-10).

Este universalismo de salvación viene a menu- do señalado en la Escritura mediante esas antítesis que en lenguaje semítico tienden a expresar la to-

el cielo y la tierra, el principio y el fin, el primero y el último.

Así, en el gran himno de la carta a los Filipen- ses, Cristo, obediente hasta la muerte de cruz, es constituido por Dios Señor y Salvador de todos y de todo: «Por cual le exaltó y le otorgó el Nombre que está sobre todo nombre. Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cie- los, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo es Señor para gloria de Dios

(1) A. et

46 La salvación llega a los infiernos

Así, pues, se trata no sólo de una certeza, sino de la certeza del Nuevo Testamento. Todas las palabras de Jesús, todos sus actos, su muerte y su resurrección, convergen hacia esta su- prema revelación: El es el Salvador, el Salvador de todos y de todo. Ese es el rostro de Dios para nosotros. Esa es la Buena Noticia, el Evangelio.

Es muy notable que en todo el Nuevo Testa- mento esta revelación decisiva no aparece nunca puesta en relación con esa otra certeza que hemos

encontrado tan claramente la del infier-

no, la de un Juicio que acaba en la salvación de unos y en la condenación de otros. Esta certeza de la condenación de los pecadores jamás desemboca en una restricción sobre el universalismo de la

Ambas certezas, la salvación de todos y la con- denación de muchos, aparecen fuertemente afir- madas sin que su aparente contradicción quede

nunca resuelta.

La certeza de que Jesús es el Salvador de to- dos jamás aparece puesta en relación con la revela- ción del infierno, en orden a poner en la primera algunas pero sí está constantemente puesta en relación con dos dimensiones fundamen- tales del universo cristiano que dan, por así

orientaciones para medir mejor el universalismo de la la creación y el pecado.

Todo lo que ha creado está llamado a quedar reunido en Cristo

El universalismo de la salvación se empareja con el universalismo de la creación: tiene la misma

3. ¿Quién, pues, se podrá salvar? 47

amplitud; el Creador es Salvador: su fidelidad lle- na de amor hacia su creación es la raíz de su desig- nio de salvación y principio radical de toda la historia del mundo. «El Señor es bueno con todos, lleno de ternura hacia todas sus criaturas.»

«Tanto amó Dios al mundo, que le dio su Hijo único.»

unidad de la Creación y de la Redención Walter es el principio

néutico fundamental para la interpretación de la El Cristo creador de todos y de todo es el que viene a ser el Cristo Salvador de todos y de todo. El potente paralelismo entre el prólogo de San Juan y el capítulo primero del Génesis es portador de esta revelación. En Jesús aparece la aurora de una nueva creación, de una nueva etapa de la his- toria del mundo: «En el principio existía la

Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto Y la Palabra se hizo carne y puso su morada entre De su plenitud hemos recibido todos, gracia por gracia...»

(Jn «Porque de El, por El y para El son todas las cosas.» Principio de todo, El es término de todo.

El Feuillet subraya aquí el nexo entre la enseñanza de Pablo y el Antiguo Testamento: «Los sabios del Antiguo Testamento hacen de la organización del Cosmos por la Sabiduría divina, el fundamento y la garantía de su acción moral entre los De la misma manera, San

48 La salvación llega a los infiernos

A. p. 56.

de la función cósmica de Cristo el presupuesto de su acción

Tanto para Juan como para Pablo, estas pers- pectivas están en la entraña del mensaje revelado. Sólo ellas iluminan la totalidad de la historia de la Humanidad y la historia del mundo.

El universalismo del pecado apela al universalismo de la salvación en Jesucristo

El universalismo de la salvación en Jesucristo queda definido, en la Escritura, en efecto, por otro punto de referencia: el universalismo del pe-

Según es sabido, es el tema central de la carta a los el evangelio de Pablo.

Pablo denuncia el pecado de los paganos 1,18-32), desvela el pecado de los judíos (Rm

para manifestar la universalidad de la de- sobediencia ( R m pero es para revelar, finalmente, la dialéctica de la salvación que arras- tra a todos los hombres hacia su justificación me- diante la fe en Jesucristo. «Pues Dios encerró a todos los hombres en la rebeldía para usar con todos ellos de misericordia»

pecaron y están de ia gloria de pero son justificados gratuitamente por su gracia en virtud de la redención realizada en Cristo Jesús.»

3,23-24)

Tal es, pues, en la perspectiva de Pablo, el sentido último de la historia humana: una

3. ¿Quién, pues, se podrá salvar? 49

de la salvación de todos en Jesucristo, más allá del pecado de todos. La solidaridad de todos en el pecado prepara, en los designios de amor de Dios sobre el hombre, la salvación de todos en Jesucristo. Pablo, a su manera, vuelve a contem- plar toda la historia santa a través de la doble solidaridad de los hombres en Adán, figura bíblica del primer hombre que pecó, y en Jesús, realiza- ción cumplida de la salvación para una Humani- dad nueva que El reúne toda entera en sí mismo: «En pocas palabras, como el delito de uno atrajo sobre todos los hombres la condenación, así también la obra de justicia de uno solo procura

todos los hombres la justificación que da la

«Porque si por un solo hom- bre, por la falta de uno solo, reinó la muerte, ¡con cuánta más razón por uno solo, Jesucristo, reina- rán en la vida los que reciben en abundancia la gracia y el don de la (Rm

La antítesis es constante y luminosa; anuncia el universalismo de la salvación en Jesucristo por encima de la pertenencia político-religiosa al pue- blo judío: así como todos pecaron en Adán, todos son salvados en Jesucristo: «Porque, habiendo ve- nido por un hombre la muerte, también por un hombre viene la resurrección de los

del mismo modo que en Adán mueren todos, así también todos revivirán en Cristo.» Co

No obstante, se impone una advertencia. Aunque Cristo es el anti-tipo de Adán, la mi- sión de Cristo no se reduce a reparar lo que prometió Adán: Adán pecó y Cristo repara el

La salvación llega a los infiernos

Adán introdujo con su desobediencia la muerte y Cristo introduce con su obediencia la vida, restauración de la que habíamos perdido en Adán. ¡No! El orden de gracia instaurado por Cristo no es sólo la vuelta al orden inaugurado antes del pecado, sino que le es infinitamente su- perior. La vida resucitada que Jesús nos otorga no es la vuelta a la vida perdida en Adán, sino un