3.7 Steady-state quantities
3.7.5 Statistical uncertainty
La aletheia griega, pese a los incontables análisis etimológicos y de su uso popular, siempre evidencia reservas que dan a luz nuevas posibilidades tanto presentes como futuras; sin embargo, la pretensión de Stein es encontrar un horizonte objetivo que permita interpretarla. Stein tiene claro que es a partir del estudio realizado por Heidegger que la palabra aletheia empieza a tomar otras significaciones diferentes a la que comúnmente se le asignaba, especialmente respecto a la conocida definición de verdad.
Es decir, que asume las interpretaciones de Heidegger como las más cercanas a la verdad de la aletheia, sin embargo, rescata apreciaciones como las de Hjalmar Frisk, en las que manifiesta el dominio de la palabra aletheia desde la epopeya primitiva de los griegos, así como el hecho de que ella se encuentre vinculada «casi siempre» a legein, logos, en tanto decir.
La aletheia está limitada al ámbito del decir. En la convivencia con otros se aprende el hablar y, de esa manera, el decir que informa. Un tal decir no es dependiente de la presencia del objeto, pero puede presentarse, de memoria, lo mismo que está ausente, lo que existió antes o que existe en otro lugar. El hecho de mostrar el objeto convence por la presencia. Entretanto, la creencia en lo dicho viene que aquel que dice, de su
deseo o no de hacer participar a los oyentes de su conocimiento. La aletheia se pide de
aquel que sabe (Stein, 2001a: 65).
La aletheia, en los griegos se pide, por ejemplo, con relación a las cosas o acontecimientos pasados y también se abre en el testimonio de quienes los narran; pero, en la misma medida cuando se pretende lograr información sobre el futuro, por ejemplo, con relación al destino.
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De igual forma, se apela a la aletheia frente a situaciones de difícil esclarecimiento (confusión, dificultad de acceso), en tanto todo aquello que no se puede mostrar porque no se deja ver, encuentra una salida en el decir; sin embargo, aletheia no es decir, tampoco saber ni caracterizador del lenguaje o de las cosas que enuncia:
La aletheia no caracteriza, ningún decir, ninguna cosa tomada por si, señala únicamente la cosa a medida que ella es algo que fue dicho, esto es, a medida que entra en consideración para un saber común». En la epopeya ni siquiera entra en
consideración si aquel que dice la aletheia está informado de modo adecuado sobre ella
(Stein, 2001a: 66).
Stein refiere el hecho de que la aletheia se abre al ser que enuncia a partir de la disponibilidad y preparación –saber previo- y ella es todo lo que se espera de este que dice. Pero ¿Qué es lo que dice?, más aún, si la aletheia no habla de la cosa ni del decir como tal, ¿qué es lo que descubre o desoculta? En la época de Homero, resalta Stein, la aletheia se restringe a decir el ser y el no ser. De ninguna manera califica objetos o indica la relación entre el saber y el no saber, o entre el saber y su objeto.
La aletheia, posteriormente, adquiere otras características y se desprende poco a poco de su dependencia con el decir; comienza a entenderse en tanto presencia y con relación a su telos en el tiempo: «Píndaro dice de ese tiempo que “solamente él pone en evidencia la aletheia así como ella es”. Solón dirá que “el tiempo mostrará cuando la aletheia entra en el medio (se torna presente y pública)”» (Stein, 2001a: 68). Sin embargo, en los griegos, las referencias conducen a que fue pensada etimológicamente como não-velamento, desvelamiento, desocultar, desocultamiento. Ernildo Stein, cita algunos apartados de la Ilíada en los que resalta el papel de lethe, porque «nada le debería quedar velado para que pudiese decir lo no-velado» (Stein, 2001a: 69); a propósito de esta interpretación de Stein, es preciso entrever que tiende hacia la totalidad en el desvelamiento, en el que nada pueda quedar velado, se impone ante una cita que expresa meramente el hecho de observar
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(memneoto) todo para después contar la verdad (aletheien). Cabe la pregunta de si la aletheia es precisamente la totalidad que el autor expresa en tanto desvelado, o mejor, si todo se puede desvelar; si así fuera, ¿qué sería de lethe y qué de διαφενόμενοη? Precisamente, cuando estos tres conceptos, mnemes, lethe y aletheia se contraponen en el Fedro, de Platón:
El genio que inventa las artes no está en el caso que la sabiduría que aprecia las ventajas y las desventajas que deben resultar de su aplicación. Padre de la escritura y entusiasmado con tu invención, la atribuyes todo lo contrario de sus efectos
verdaderos. Ella no producirá sino el olvido (lethe) en las almas de los que la
conozcan, haciéndoles despreciar la memoria (mnemes); fiados en este auxilio extraño
abandonarán a caracteres materiales el cuidado de conservar los recuerdos, cuyo rastro habrá perdido su espíritu. Tú no has encontrado un medio de cultivar la memoria, sino
de despertar reminiscencias (hypomneseos); y das a tus discípulos la sombra de la
ciencia y no la ciencia misma (aletheian) (Platón citado en De Azcárate, 1871: 341)
¿Se contraponen? ¡Sí!, pero esto no significa que se rechacen, al contrario, el ocultar y el desocultar son partes de un mismo proceso en el que intervienen otros elementos: memoria, fenómeno, camino del fenómeno, pensar, ciencia, posibilidad de conocer, de escuchar, de comprender…, «en cuanto presencia, desvelamiento, la palabra aletheia resume el pensamiento griego y contiene en sí el destino de la filosofía occidental» (Stein, 2001a: 72-73).