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El análisis que hemos elaborado en los acápites anteriores no hace más que confirmar, desde un punto de vista lingüístico, lo que los primeros lexicógrafos coloniales y los etnohistoriadores como Zuidema ya habían observado: la complejidad que presentaba en los siglos XVI y XVII el sistema léxico-conceptual de parentesco

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quechua, en relación con el del castellano. Adicionalmente, hemos intentado en este capítulo sentar las bases para un estudio lingüístico serio y coherente del parentesco andino que pueda servir como base para otros estudios sobre el mismo tema, pero desde ópticas distintas, como la etnohistórica. En esa medida creemos haber tratado de cubrir el vacío metodológico que Zuidema deja en su análisis del parentesco incaico al no elaborar previamente un análisis de la estructura del léxico de parentesco, que él mismo reclama como importante, pero que deja de lado por motivos poco comprensibles (Zuidema 1989a: 115), como ya hemos mencionado. A continuación presentaremos algunas de las conclusiones que pueden derivarse del análisis de los datos desarrollado en este capítulo y de las fijaciones que hemos establecido para el paradigma en la Colonia temprana.

En primer lugar, debemos resaltar que se ha comprobado con datos concretos la variación existente en los siglos XVI-XVII entre los dialectos quechuas estudiados. Así, podemos apreciar diferencias relevantes entre el conjunto de dialectos chinchaysuyos y el dialecto cuzqueño tanto en nivel léxico (v.g. la alternancia entre qatay-qhachun y

maşa-llumchuy como isoglosa léxica) como en el sistema de términos de parentesco en general (v.g. la forma en que los descendientes y ascendientes son conceptualizados). Estas diferenciaciones resultan de vital importancia para el estudio del presente del parentesco quechua, pues son las distinciones que marcarán la pauta de la evolución y diferenciación de los dialectos modernos de la lengua.

En segundo lugar, debemos mencionar que en ambos grupos dialectales existen, en mayor o menor medida, acomodamientos y calcos semánticos del sistema de términos de parentesco del castellano, si bien estos son mucho más palpables en el dialecto cuzqueño. Esta afirmación es válida en especial para las categorías primo,-a, y

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completamente seguros de que no existió un equivalente primitivo para la noción de

primo,-a en el quechua prehispánico. La presencia de la forma perifrástica de esta categoría en nuestra restitución para el paradigma del quechua cuzqueño se debe, como ya lo explicamos, a que consideramos que se trata de un cambio léxico-semántico en vías de cristalización. Nótese, sin embargo, que hemos enfatizado el hecho de que esta parte de la restitución solo es válida para el quechua cuzqueño colonial, mas no para el prehispánico. En segundo lugar, en relación al conjunto de los ascendientes, podemos afirmar que ocurre un escenario similar. Así, en el quechua prehispánico, estos habrían estado agrupados bajo una misma categoría léxico-conceptual –como se muestra en nuestra restitución para el quechua chinchaysuyo–, pero, en el quechua colonial, específicamente en el cuzqueño, podemos apreciar el proceso de amoldamiento de esta categoría a patrones más castellanos. Finalmente, lo mismo es aplicable a la categoría de los descendientes. De esta manera, en el quechua prehispánico, todo descendiente habría sido conceptualizado bajo el lexema chupullu, pero en el quechua colonial, en el cuzqueño específicamente una vez más, observamos la adaptación en curso al molde castellano, al dividir el espacio léxico-conceptual de esta categoría en dos: una ocupada por haway y willka ‘nieto/a’ y otra ocupada por chupullu ‘bisnieto/a – tataranieto/a’. Todos estos casos parecen señalarnos que en el quechua prehispánico estos parientes habrían estado categorizados de manera compuesta; es decir, no habría habido distinción léxica entre hermanos y primos, ni entre abuelos y bisabuelos, ni entre nietos y bisnietos.

En tercer lugar, debe tomarse en consideración que el dialecto cuzqueño presenta un grado de elaboración y complejidad mayor que su contraparte chinchaysuya. Sin embargo, esta elaboración no implica un rasgo más arcaico o conservador de la variedad cuzqueña, sino que evidencia el hecho de que la intervención

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española fue más marcada en este dialecto. Recordemos que, bajo la bandera de la evangelización indígena, esta habría sido la variedad tomada como base por los quechuistas del Tercer Concilio Limense para la elaboración del quechua general de la Colonia que sería empleado durante buena parte de este periodo como una de las lenguas oficiales de evangelización indígena. Recordemos también que las poblaciones quechuahablantes de las regiones costeras fueron rápidamente diezmadas, por lo que su variedad del quechua habría pasado a un segundo plano, pues no resultaba ya útil para los propósitos evangelizadores.170

En cuarto lugar, en relación con los datos de Juan Pérez Bocanegra, consideramos que hemos ofrecido evidencias que ponen en tela de juicio la propuesta ofrecida por el autor, al menos desde el punto de vista estrictamente lingüístico, en el marco de los estudios etnohistóricos y antropológicos del parentesco andino. Así, se torna necesaria una revisión del rol que estos datos han jugado en las pesquisas sobre el parentesco que diversos investigadores han emprendido desde las ciencias sociales y humanas, pues, en algunos casos, es la información de JPB la que parece sustentar las hipótesis de trabajo de los diversos autores que han abordado el tema. Esto aplica especialmente para aquellos investigadores pioneros en el estudio del parentesco incaico. Por ello, esperamos que lo aquí expuesto con respecto al lugar que debería ocupar la obra de Pérez Bocanegra sea de utilidad en trabajos futuros sobre el tema general que nos convoca.

Finalmente, con respecto a las fijaciones que hemos ofrecido para el dialecto chinchaysuyo y para el cuzqueño en los siglos XVI y XVII, es importante tomar en consideración, en primer lugar, que estas no son reconstrucciones del sistema léxico-

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Al respecto, Torero nos dice que “[una de la razones de la falta de eco de la obra de DST fue] la virtual extinción, desde los primeros decenios de la conquista, de la población nativa de los valles costeños del centro y sur del Perú, que había sido la principal dinamizadora de la variedad que describió el fraile dominico” (1995: 15).

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conceptual de parentesco del quechua, sino restituciones de mismo paradigma; es decir, constituyen el establecimiento de qué forma debieron tomar estos sistemas léxico- conceptuales en las variedades del quechua estudiadas en los siglos XVI y XVII. En esa medida, ciertas conclusiones pueden ser extraídas sobre la naturaleza del paradigma tanto para la etapa previa (siglo XV) como para la posterior (siglo XVIII). Así, podemos afirmar –como ya lo hemos hecho– que ciertas áreas conceptuales estaban menos especificadas (es decir, menos compartimentadas) en el quechua prehispánico, lo que puede apreciarse en la reconstrucción sugerida para el quechua chinchaysuyo (para el que contamos con el registro más cercano a este periodo), pero que, con el paso del tiempo y con la cada vez mayor influencia española en la vida y en la concepción del mundo del hombre andino, la forma de categorizar lingüísticamente el sistema parentesco se fue aproximando –dentro de las posibilidades del sistema quechua– al modo de expresión de las categorías léxicas de parentesco occidental. Por otra parte, dada esta situación, consideramos que si debemos determinar qué variedad resulta más conservadora, al menos en este campo de la organización léxica, tal variedad sería la correspondiente al quechua chinchaysuyo. Ello se debe tanto a que esta variedad fue descrita en una época muy temprana, por loque su registro corresponde al periodo de la primera evangelización, como al hecho de que las poblaciones costeras hablantes de esta variedad de quechua fueron diezmadas prontamente, por lo que habrían dejado de tener la importancia demográfica en términos evangelizadores que sí tuvieron las variedades más sureñas de la lengua. Por estos motivos, en la documentación de esta la variedad costeña el grado de manipulación lingüística por parte de la lexicografía misionera habría sido menor, en comparación, sobre todo, a los textos correspondientes al periodo de la segunda evangelización, como el Anónimo o DGH.171

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Ya habíamos mencionado que el manuscrito que DST llevó a Sevilla para su impresión debió estar listo al menos una década antes de su publicación, es decir, alrededor de 1550, solo 20 años después de la

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Finalmente, esperamos que las restituciones que hemos propuesto puedan servir de punto de partida para otros estudios de corte diacrónico o filológico. Así, si bien la tesis no tiene como objetivo reconstruir el sistema léxico-conceptual de parentesco del protoquechua, consideramos que lo expuesto es este capítulo sienta las bases para que un estudio de esa naturaleza –con el apoyo de una conjunto mayor de datos– pueda realizarse. Del mismo modo, lo propuesto es aplicable a un estudio de corte histórico de la evolución del léxico de parentesco andino. Así, en el siguiente capítulo, a modo de ejemplificación, trataremos de esbozar las líneas generales que podría seguir un estudio de la evolución del sistema léxico de parentesco quechua, apoyados fundamentalmente en lo que hemos presentado en este capítulo.

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Capítulo 3