2.3 Efficiency and Subgame Perfect Bilateral Equilibria
2.3.1 The Strictly Convex Case
La sociedad presiona para que se adopten decisiones medioambientales más inclusivas y repre- sentantivas. También aporta nueva creatividad para resolver los problemas medioambientales. Los grupos de ciudadanos se benefician de la expansión de las libertades democráticas y de la libertad de prensa en muchos países, así como de las tecnologías de comunicaciones novedo- sas y más baratas, utilizando dichas herramientas para configurar una opinión pública, hacer oscilar los mercados, movilizar la acción política y proporcionar servicios e información –en pocas palabras, para introducirse en el proceso de la adopción de decisiones (Anheier et al. 2001). Este despertar de la sociedad civil es tan importante para el desarrollo de la correcta ges- tión como los mercados libres lo son para impulsar una economía eficiente. La innovación y el cambio suelen generarse al unirse los individuos en actividades automotivadoras alentadas por una sociedad civil fortalecida.
E
xisten muchos ejemplos de este incremento del poder de los ciudadanos: un movimiento nacional de pescadores tradi- cionales ha obligado al gobierno indio a dejar de conceder licencias a las traineras destructivas del medio ambiente (Kothari 2000). Al enfrentarse a los intereses financieros poderosos, las organizaciones ecologistas y los movimientos sociales bloquearon o reformaron los planes para construir grandes presas en Asia (Khagram 2000:87-88, 99). Los sindicatos desempeñaron un papel vital en la creación del gobierno democrático en Polonia, que en última instancia extendió allí las oportunidades de participar en el activismo ecologista. Las iglesias han ayudado a los cultivadores de café biológico de los países en vías de desarrollo a relacionarse con los mercados con- sumidores occidentales y se ganan la vida por medio del Comercio Justo y de los movimientos de Intercambio entre Iguales. Los grupos ecologistas han adquirido parcelas de terreno en las selvas tropicales para mantener a raya la construcción y la destrucción.Todos estos grupos forman parte de la sociedad civil –un término que abarca grupos de ciudadanos voluntarios, independientes del gobierno y del mundo empresarial (Fowler 1997:8; Edwards y Gaventa 2001:2)–. La sociedad civil la constituyen organizaciones no gubernamentales, fundaciones, grupos religiosos, consumidores y grupos de accionistas, asociaciones obreras, deportivas y asociacio- nes de intereses diversos, junto con una variedad de grupos infor- males de ciudadanos creados para abordar problemas determinados. También se pueden incluir en ella los medios de la prensa indepen- diente (no controlados por el Estado), los establecimientos educativos y los partidos políticos independientes.
La sociedad civil se distingue por la variedad de su composición: algunos grupos están formalmente registrados, mientras muchos son informales. Algunos se basan en la afiliación, como los sindicatos, pero otros muchos son más pequeños, organizaciones autónomas como los grupos de expertos, los grupos de servicios y las organiza- ciones científicas. Éstos operan a todos los niveles: comunitario, regional, nacional e internacional.
La sociedad civil tiene en su haber un largo historial de involu- cración en la gestión ambiental. Los grupos dedicados a la conserva- ción de la naturaleza, como la Royal Society for the Protection of Birds (Reino Unido) o el Sierra Club (EE.UU.), funcionan desde fina-
les del siglo XIX. De hecho, eran grupos de la sociedad civil que pusieron los problemas medioambientales en la agenda global, la cual inició su andadura en los años setenta. Ahora, sin embargo, este sector es más grande e influyente que nunca. Ese despertar de la sociedad civil es tan importante para el desarrollo de la correcta ges- tión de los asuntos ambientales como los mercados libres lo son para impulsar la eficiencia económica. La innovación y el cambio a menudo se generan al unirse los individuos en actividades automoti- vadoras alentadas por una sociedad civil fortalecida.
Es obvio que la sociedad civil no siempre es constructiva y que los grupos civiles pueden engendrar disensión, así como creatividad y coo- peración. La participación amplia de la opinión pública puede añadir ineficacia y tensiones al proceso de adopción de decisiones, y no todos los grupos civiles apoyan una sociedad más “abierta” o una mayor par- ticipación ciudadana. Muchos trabajan en pro de metas limitadas y de miras estrechas que pueden agravar las divisiones de la comunidad.
Pero los logros y la potencialidad de la sociedad civil pesan más que sus defectos. Una sociedad civil dinámica es un contrapeso democrá- tico vital para el mundo de los negocios cuyo motor es el ánimo de lucro y para las respuestas burocráticas de los gobiernos.
L a s o c i e d a d c i v i l : e l p o d e r e n n ú m e r o s
De entre todos los grupos que componen la sociedad civil, quizá las
organizaciones no gubernamentales (ONG) sean la nueva fuerza pro-
minente para mejorar las decisiones medioambientales. Las ONG ecologistas van desde los grupos populares con pocos miembros a las organizaciones de ámbito mundial como el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), con cinco millones de miembros y con oficinas en 48 países (WWF 2003). Éstos son grupos de presión, organizadores, financiadores, investigadores, creadores de redes y abogados, entre otras funciones.
El número de ONG ecologistas creció en las últimas décadas debido a la tendencia proliferadora de las ONG en general, y a su diversifica- ción por sectores y problemas. Resulta difícil determinar su número preciso, pues éstas pueden definirse y contarse de muchas maneras. Por ejemplo, algunas estimaciones incluyen sólo los grupos registrados oficialmente. Otros cuentan el número de “grupos sin fines lucrativos”