4 CHAPTER FOUR: RESEARCH METHODOLOGY
4.4.1 Structure of the Research Questionnaire
Las leyes de cuotas, que en su mayoría llegan producto de la presión internacional y de movimiento de mujeres, tal como comentan Ríos, Hormazábal y Cook
“La adopción de cuotas de género ha sido posible gracias a la convergencia de varios factores entre los que destaca el esfuerzo realizado por el movimiento de mujeres, y el surgimiento y legitimación de
3 Ver García Quesada, Ana Isabel (2004). “Concretando el mandato: Reforma jurídica en Costa Rica’. En International IDEA, La aplicación de las cuotas: Experiencias
normas internacionales que han promovido la relación de igualdad de género con democracia. (Htun 2002) En particular, las normativas incorporadas en las legislaciones latinoamericanas no han estado lejos del planteamiento anterior” (Ríos, Hormazábal y Cook 208, p. 224)
Por otra parte, en cada país en los que se ha instalado una ley de cuotas a aumentado la cantidad de mujeres en el parlamento. En el caso de América latina la relación es directa, “mientras el promedio de crecimiento de la presencia de mujeres en escaños parlamentarios en países con cuota ha sido de 194,6%, el promedio en países sin cuota es de 101,2%”. (Ríos, Hormazábal y Cook 208, p. 239)
Se debe tener en cuenta que estos números responden a la última década y que esconden bastantes diferencias entre cada uno de los países, pero que en el global muestran que las cuotas logran obtener resultados favorables para una mayor participación femenina.
Las diferencias respecto de los éxitos de las leyes de cuotas dependen de las leyes electorales que tenga cada país. Sin embargo, los estudios demuestran que funcionan mejor en sistemas electorales de representación proporcional y con magnitudes de distritos grandes. Por el contrario, cuando se aplican a sistemas mayoritarios o de pequeñas magnitudes distritales el éxito es menor y la cirugía a la que hay que someter al sistema electoral es mayor y más compleja.
Dentro de los sistemas proporcionales, las cuotas logran mayor éxito en sistemas de listas cerradas que en listas abiertas. Las listas cerradas son aquellas en las que los partidos o coaliciones colocan una lista ordenada de nombres y jerarquizada, en las cuales los electores solo pueden votar por la lista completa. Resultan electos los candidatos del primero hasta el último de la lista y en orden, según el nivel de la votación. Por su parte, las listas abiertas no hay orden jerarquizado y los votantes escogen a un candidato dentro de la lista.
En el primer caso, las coaliciones o partidos compiten entre si y cada candidato de un partido actúa electoralmente para el conjunto del partido, en tanto, mientras mayor
es el número de votos de los compañeros de lista, mayor es la posibilidad de ser electo. En el segundo caso, compiten los partidos, pero también y mayormente, compiten los candidatos de la misma coalición entre si. En tal sentido, la mayor cantidad de votos de los compañeros de lista no maximiza las posibilidades de ser electo, sino lo contrario. (Jones 2008, p204-205)
El éxito en las listas cerradas se da por “una definición clara que asegure que las candidatas sean emplazadas en lugares espectables (esto es, con posibilidades de ser elegidas)” (Marx, Borner y Caminotti 2006, p. 62). Por el contrario, si son ubicadas en los últimos lugares de las listas, por muy alta que sea la cuota, se tendrá un parlamento con baja cantidad de mujeres. Por lo que la instauración de la cuota debe contar con mandato de posicionamiento relacionado al porcentaje de la misma cuota aplicada.
Para el caso de las listas abiertas, lo que sucede a menudo es que la mujer, al contar con menor experiencia y capital político, compite con candidatos más fuertes que ellas, por lo que no logran obtener los escaños. Toda esta teoría cuenta con una base empírica, pero depende de cada caso y supone que los electores no votan por mujer para ser representantes.
En el caso chileno, el sistema binominal se estableció en 1988 con posterioridad al plebiscito y a partir de los resultados de éste. Se caracteriza por la lucha de 120 escaños, asignados en 60 distritos. Por lo que se eligen a dos candidatos por distrito (Nohlen 1994, p. 242). El máximo que puede presentar una lista por distrito es de dos candidatos. El candidato más votado de una de las lista, es quien saca el primer escaño. El segundo escaño es elegido dependiendo de que si la lista ganadora duplica los votos de la segunda lista. En cambio, si la primera lista no duplica el número de votos y la segunda lista obtiene más de la mitad de los votos, el candidato más votado de la segunda lista se lleva el segundo escaño (Navia y Sandoval 1998, p. 247). Este sistema dificulta la posibilidad de obtener ambos por parte de una coalición política y además, los partidos deben unir sus fuerzas en coaliciones para asegurar un escaño en el Congreso.
Como el caso chileno es de sistema proporcional de lista abierta y magnitud de distrito dos, las posibilidades de una mujer de ser electa es bien compleja, según lo que se ha visto y una instauración de cuotas puede no contar con el efecto deseado, que es que haya más mujeres en el parlamento o habría que hacer un cambio mucho mayor. Cómo se aplica la teoría al caso chileno. Eso vamos a ver.