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Para terminar el presente capítulo volveré sobre el decir de Mallarmé, para poner al discurso contra las cuerdas. La poesía contemporánea, vengo aseverando, trata de acercarse a lo que no es, a lo que no hay, a lo que no se es, a lo que no se puede, en una deriva irónica que la lleva a tocar con pared, a rebotar con pared. El silencio no se puede decir, llevar la escritura al silencio hasta las consecuencias del silencio, correspondería dejar de escribir para escuchar el magma donde las palabras desembocan más allá de su propio límite154. El poeta está destinado a tener una relación conflictiva y trágica con el lenguaje, porque quiere ir más allá de él y de cualquier representación, aunque quiera decir (voluntas), quiere decir distinto.

El escritor y el lector de poesía que construyo con estas palabras, cosechando la referencia del “intransitivo” foucaultiano, han de estar dispuestos a sentir el vapor y los gases del contundente flujo de la imaginación radical, el bullir del magma. La poesía como práctica lecto-escritora lleva inscritas muchas cosas, funciones, servidumbres, pero, la que más me interesa es esta que nos permite decir que mediante el discurso poético podemos trastocar el lenguaje fijado, las palabras que nombran. El ideal detrás de esta aventura poética, de esta posición tensional entre otras poesías ya comentadas, sería superar los límites de la escritura, alcanzando el magma, decir el silencio. Yendo hacia esa imposibilidad, y partiendo de las ganas del joven Arthur Rimbaud por ser otro, por deslocalizar los sentidos de su cuerpo para sentir lo que no puede sentir por ser-en- su-cuerpo, el escritor ha de ser nadie si quiere aspirar al espíritu licántropo al que se refiere Julio Cortázar.

“Ser poeta es ansiar, y obtener en la exacta medida en que se ansía (…) El poema es un diario de viaje, la presentación metafórica de una experiencia de ser vivida en el ser

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No nos queda más remedio que utilizar el lenguaje, la palabra como conocimiento y logos, pero antes del lenguaje y de la palabra estaría el mito, donde se encuentra el lenguaje más esencial, murmullo próximo al silencio. Para la Poética del misterio, podríamos, a través de la poesía, conocer el silencio y en esa neutralidad del origen considerar qué hacer con la palabra.

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mismo: piedra, cisne, mujer. Por el cual el itinerario puede ser compartido, convivido” (Cortázar, 2005: 1222)155.

El poeta ansía lo innombrable, su experiencia, su sensibilidad. Y en este tantear, ir escribiendo, al fondo, entre, la neblina aparece como el límite, como lo último, el silencio. El Libro se construye en la contienda, diversa, dispersa, recreativa, hacia la lucha contra este molino de viento inderogable.

“Raro oficio gratuito Ir perdiendo el pelo

y los dientes Las antiguas maneras de ser educado Extraña complacencia (El poeta no desea ser más que los otros) Ni riqueza ni fama ni tan sólo poesía Tal vez esta sea la única forma de no tener miedo Instalarse en el miedo como quien vive dentro de la lentitud

Fantasmas que todos poseemos Simplemente aguardando al algo o al alguien entre las ruinas” (Bolaño, 2007: 19)156.

Para finalizar, regresando al tema de la poesía y la vida, poetas como Luis Cernuda, hablan de que para escribir hay que vivir, hacerse de multiplicidad de experiencias que incubar, porque los versos son experiencias, bitácora de itinerarios.

Creo que es necesidad primera del poeta el reunir experiencia y conocimiento, y tanto mejor cuantos más variados sean. (…) En mi caso particular, el cambio repetido de lugar, de país, de circunstancias, con la adaptación necesaria a los mismos, y la diferencia que el cambio me traía, me sirvió de estímulo, y de alimento, a la mutación. (Cernuda, 2005: 397).

Desde esta postura insurge de nuevo el papel del escritor, no para ser autor, sino para escribir, porque si al poeta le interesa la poesía no tiene porque importarle ocupar un lugar de poder como la encrucijada del autor. Mi amigo, el poeta Yaxkin Melchy dice que ahí se ve si a un poeta le interesa la poesía o le interesan otras cosas: a saber, la consagración, la autoría dentro de las articulaciones posibles contagiadas por el imaginario instituido en relación al autor como arquitecto de una obra a ser interpretada según su voluntad. O al escritor que, sin consumir esta perspectiva, quiere ser autor para acceder a los beneficios económicos y simbólicos que derivarían de la figura del artista, del escritor que, respecto de la sociedad, gozaría del beneficio o de la sensibilidad para decir y/o ver lo que los demás no ven. Vericuetos y tensiones que

155 Cita recurrente de la nota preliminar y traducción que realizara Julio Cortázar para el texto de Lord Houghton Vida y cartas de John Keats, 1955.

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Véase en la antología poética póstuma de Roberto Bolaño: La universidad desconocida, Barcelona, Anagrama, 2007.

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recorreré personalmente con mi voz en el texto autoetnográfico reflexivo del siguiente capítulo Poética Vitae. Cómo será que vengo escribiendo poesía

Lo que el poeta deja escrito, tal y como dejó dicho, será apropiado, recreado por el lector sea como fuere, eso no depende de él, el poeta escribe poesía e indirectamente invita a las demás personas a que escriban poesía de sus experiencias, que hagan de sus experiencias poesía, que hagan experiencias poéticas, más allá de cualquier concepción economicista.

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5. Haciendo poesía. Autoetnografía reflexiva de mi vínculo