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B. Selecting communities in NY, PA, and NB

2. Study communities for interviews

En Du régime temporel et de la liberté (Maritain, 1933), el autor plantea que la justicia es la fuerza de conservación de la ciudad; pero para construir una ciudad justa, debemos comenzar por establecer el orden dentro de nosotros mismos.

En esta misma obra se contiene un anexo sobre la conceptualización del derecho de propiedad en Santo Tomás, cuya formulación comprende tres momentos:

a) Existe un derecho general de apropiación que es al mismo tiempo propio de la naturaleza humana y de la naturaleza de las cosas (las cuales deben servir al hombre). b) En un segundo momento, existe una apropiación personal, cuya razón también es de orden natural. Santo Tomás matiza esta apropiación al afirmar que también pertenece a la razón natural que las cosas sirvan al bien común (función social de la propiedad).

c) El tercer momento se relaciona con las modalidades particulares del derecho de propiedad, reguladas concretamente por las normas positivas vigentes en cada momento histórico. Para Santo Tomás, abolir la propiedad privada iría en contra del Derecho Natural.

Maritain se referirá al segundo momento para plantear el problema de la apropiación individual:

Para él, el derecho de propiedad deriva de la actividad creadora del ser humano. La actividad del ser humano se divide en:

a) Actividad de fabricación o producción, derivada del Derecho Natural de apropiación de las cosas.

b) Actividad ética o uso de las cosas: de aquí deriva la orientación de las cosas al bien común.

La actividad de fabricación, el trabajo, es la razón formal de la apropiación individual. Esta facultad supone un reconocimiento previo de la racionalidad y de la personalidad. Para elaborar una teoría del derecho de propiedad, es preciso contemplar la noción de persona como sujeto de ese derecho. La persona tiene un derecho de propiedad sobre sí misma que se extiende a los bienes materiales que precisa para su actividad laboral, la cual exige disponer con libertad de los útiles y la materia sobre los que se trabaja. De ahí deriva un derecho general de propiedad individual. ¿Qué sucede con el advenimiento del trabajo por cuenta ajena? Que el asalariado trabaja como un miembro de la persona para la que trabaja, lo cual no menoscaba su dignidad de persona creadora. El caso del funcionario público es especial, ya que su orientación laboral está referida exclusivamente al bien común. Quien trabaja está también al servicio del bien común de su familia; de ahí se derivan los derechos hereditarios. La vida civil también contempla diversos tipos de intercambio regulados por el derecho civil.

De lo expuesto deriva la raíz metafísica de los dos títulos fundamentales de la propiedad: la ocupación y el trabajo.

Para Maritain, la sociedad será tanto mejor cuando más unidas estén competencia técnica y propiedad. El Estado y las leyes justas deben intervenir para reglar el ejercicio del derecho de propiedad conforme al bien común, incluso para expropiar cuando sea necesario. En el medio agrícola, Maritain defiende la concepción de un sistema familiar de propiedad. En el medio industrial, en cambio, defiende la forma societaria de propiedad, de modo que quienes están involucrados en la producción sean copropietarios.

El uso de los bienes, en cualquier caso, debe estar orientado hacia el bien común. El uso se sitúa en el orden moral y opera desde las potencias interiores del alma, y debe ser en cierto modo común, dado el destino universal de los bienes que está en la razón de ser del derecho de propiedad. Este uso común debe estar presente en todo momento, y no sólo mediante la donación de lo que nos resulta superfluo.

Si nuestro acto está dirigido por la razón, debe servir necesariamente al bien común. Todo uso de un bien no reglado por la razón es avaricia. Esto está referido tanto a los bienes en

orientada hacia el bien común). Desde esta perspectiva, las leyes redistributivas son sólo un complemento a la virtud individual.

Este uso común de los bienes pide la amistad además de la justicia en la estructura de la ciudad:

Les exigences de l‘usage commun vont beaucoup plus loin et demandent l‘amitié en plus de la justice dans la structure de la cité (Maritain, 1933, pág. 503).

Es decir, la moral y la ley invitan al uso común. Si este uso común cae por debajo de un mínimo, surge la revolución. Dice Maritain que actualmente apenas existe un uso común espontáneo, por lo que se necesita de la ley para asegurar este mínimo. De todo lo dicho se deriva que la propiedad es exigida por la dimensión intelectual, y el uso es consecuencia de la moral. Por eso las exigencias técnicas refuerzan el derecho de propiedad y las exigencias morales tienden a modularlo.

En relación con el planteamiento comunista de abolir el derecho de propiedad privada, Maritain considera que el comunismo es sobre todo criticable desde la perspectiva ética del uso común: el uso común deriva de la persona y del amor, y no puede ser una imposición del Estado, ya que esta imposición niega el respeto al alma y a la persona. Maritain también formula una crítica técnica, ya que afirma que la propiedad común de los bienes de producción impide la libertad creadora, cuyo origen es trascendente.

Lo que Santo Tomás entiende como “buen trabajo” de la ciudad requiere un régimen de propiedad privada, ya que sólo éste garantiza la espontaneidad y el libre juego de la actividad humana. Esto es imposible en el comunismo, ya que sustituye el orden natural y espontáneo con una imposición artificial y tiránica. En el comunismo no hay una preocupación moral por el bien común, sino sólo miedo al castigo.

De este modo, el comunismo hace del hombre un esclavo al servicio de la colectividad; por eso el comunismo necesita ser ateo, porque Dios constituye el mayor interés de la persona, y es insubordinable a ningún otro interés.

La obra Lettre sur l‘indépendance (Maritain, 1935B) contiene una breve reflexión que consideramos de gran interés respecto al problema de la justicia. En esta obra Maritain se pregunta si puede existir una política auténticamente cristiana, si está surgiendo ya, o si lo cristiano debe retirarse de la política.

El filósofo no cree posible el triunfo absoluto de esa política, pero sí que ella puede servir para luchar por la dignidad del hombre (lo cual está tan lejos del comunismo como del totalitarismo). El autor califica esta política como personalista, comunitaria, pluralista y humanista integral.

Una filosofía política justa no es ni de derechas ni de izquierdas; una sana política inspirada por lo cristiano llama también a todos los que, sin ser cristianos, la consideren justa y digna. Sus principios son superiores a la derecha y la izquierda, ya que están inspirados por Dios:

J‘entends par une saine politique chrétienne [celle qu’est] chrétiennement inspirée, mais appelant à elle tous les non chrétiens qui la trouveraient juste et humaine (Maritain,

1935B, pág. 278).

Una de las obras de Maritain con más contenido relativo a economía y teoría de la justicia es Humanismo integral (Maritain, 1936). Según la visión expuesta en esa obra, lo cristiano debe penetrar el mundo para que la gracia se haga presente y el hombre pueda vivir mejor su vida temporal. En los tiempos modernos, el mundo se va separando de Cristo, pero la Iglesia aún representa un papel de gran importancia.

Con el absolutismo existían tres estamentos sociales: nobleza, clero y tercer estado. Tras la revolución francesa, sólo dos: obreros y capitalistas. El capitalista burgués mantiene la terminología y la apariencia cristiana, pero cae en el materialismo social al aceptar la situación inhumana ocasionada en el proletariado por la revolución industrial y el capitalismo desenfrenado. Esto proclamaba la ruina del espíritu cristiano.

En lo positivo, el capitalismo promueve la acción y la creatividad personal, pero en lo negativo supone una doble instrumentalización del ser humano, ya que se le requiere sólo

como elemento productivo y como consumidor. Esto es signo de decadencia del mundo, y apela a la responsabilidad de los cristianos.

El capitalismo no es en sí malo ni injusto, pero sí lo ha sido en el uso ético que se ha hecho de él, ya que se ha ido progresivamente viciando por el culto a la riqueza como forma de civilización:

El culto al enriquecimiento terrenal convertido en forma de civilización (Maritain, 1936, pág.

152).39

Lo grave es que este proceso ha sucedido ante la indiferencia de muchos cristianos, que no han reivindicado una filosofía social basada en la verdad y en la justicia (lo cual sí hizo el socialismo). ¿Cuáles son las causas de esta indiferencia de los cristianos?

En primer lugar, el dualismo propio de la edad moderna. En segundo lugar, el debilitamiento cristiano que supone la existencia de muchos “malos cristianos” que se sirven del cristianismo para un mayor provecho de sus fines temporales. En tercer lugar, la ausencia de una filosofía cristiana desde que cada rama del saber ha reivindicado su autonomía.

En resumen, ha faltado al cristiano la conciencia de que el espíritu evangélico debe ser aplicado a lo social. Se ha echado en falta una oposición clara de los cristianos al nacimiento de una estructura económica basada en la fecundidad del dinero. Tan sólo se ha alzado la voz crítica de algunos autores cristianos y de la doctrina social de la Iglesia.

¿Cuál es la misión temporal del cristiano en la transformación social? Su tarea es la de eliminar el dualismo (entre vida espiritual y vida temporal, entre filosofía y teología, entre ética y ámbito político-económico). Para ello se precisa una mayor conciencia social derivada de una justa comprensión de la historia.

Maritain observa que comienzan a aparecer cristianos cada vez más comprometidos con la transformación de las estructuras temporales, y que hace falta una filosofía política, social y económica que ampare este proceso, la cual está surgiendo en el ámbito de la doctrina social de la Iglesia, capaz de descender a aplicaciones muy concretas. Afirma que sobre la doctrina social de la Iglesia no hay que esperar un acuerdo unánime, pero sí el consenso sobre una doctrina común para abordar cuestiones generales.

Lo cristiano es inseparable de lo espiritual. Por ello, toda transformación social requiere una previa transformación personal, espiritual y moral. La renovación debe hacerse por medios distintos de los habituales en las revoluciones temporales. Maritain apela al heroísmo cristiano, al heroísmo del amor mediante el cual la santidad puede descender a lo profano y la cultura.

Para Maritain -como ya vimos en Du régime temporel et de la liberté (1933)- el doble peligro es buscar la santidad sólo en el desierto o buscarla sin el desierto. Su propuesta es partir del desierto para transformar el mundo. Es decir, una santidad de nuevo estilo, vuelta hacia lo temporal, superando la antigua concepción según la cual lo sagrado era considerado puro y opuesto a lo profano, que era considerado impuro. Desde el Evangelio, lo sagrado y lo profano no se oponen como lo puro y lo impuro. Tanto el que trabaja en lo temporal como el que trabaja en lo espiritual deben buscar la santidad para que la justicia evangélica descienda a lo más profundo del mundo. Es un proceso de santificación de lo profano, de descendimiento del amor de Dios a las profundidades de lo humano para transfigurarlo. Para la ciudad sólo existe el orden temporal. A menudo, en ella, la justicia no lleva al triunfo. ¿Existe un conflicto permanente entre prosperidad y justicia? Para Maritain, el gobierno político temporal procede en última instancia del gobierno divino del universo. Aunque la justicia pueda ocasionar pérdidas, conducirá finalmente al bien común, porque normalmente implica prosperidad. Se trata aquí de una consideración supraempírica. Y es que, para Maritain, la justicia puede fructificar en bienes no inmediatos, sino a largo plazo. Muchos cristianos que se autodenominan “realistas” reniegan de una política cristiana. En realidad son oportunistas que no toman en consideración el desarrollo del hombre en la

historia. Este pseudo-realismo es trivial y sin fuerza, y sólo cree en las realizaciones a corto plazo.

Existe también otro realismo más consciente: el maquiavélico, que parte del ateísmo en el orden temporal. Desde esa perspectiva, el Estado crea al hombre y le impele a llevar una vida recta. Para Mussolini, la doctrina de Maquiavelo está hoy más viva que nunca.

Un tercer pseudo-realismo corresponde al de los idealistas convertidos en cínicos. En su origen, se trataba de un idealismo optimista (como el de Rousseau). Cree que el hombre está sujeto a una abominación que le encadena, contra la que cabe toda dureza, desprecio y cinismo. De este modo desprovee de condición de hijos de Dios a los hombres sujetos a dicha abominación (por ejemplo, para el rico lo sería el pobre; para el proletariado consciente sería el burgués, para el revolucionario sería el herético de esa revolución). Este pseudo-realismo puede ser tanto de derechas como de izquierdas, y ambos se auto- denominan “realistas”. La gravedad de su planteamiento estriba en que no tiene en cuenta lo que hay de más profundo en el hombre. Por eso es preciso que la fe inspire la sabiduría de pensar a más largo plazo.

Algunos críticos reprochan a Maritain que no formule reglas de conducta para los católicos. Sin embargo, él considera que no es misión del filósofo sino de la Iglesia dar esas consignas. El filósofo, igual que toda persona, debe realizar su tarea desde sus aptitudes y contexto, sin extralimitarse de ello.

Al formular su propuesta, Maritain se dirige tanto a cristianos como a no cristianos; se dirige, por tanto, a todo aquel que considere razonables las propuestas de su humanismo integral, ya que se mantiene en todo momento dentro del orden temporal (a diferencia, por ejemplo, de Acción católica, cuyo cometido es de orden religioso y apostólico).

Para Maritain, la doctrina común de la Iglesia no basta para dar soluciones concretas a los problemas actuales, sino que hace falta también una filosofía social y política y una acción concreta. A diferencia de la época medieval, existen en la actualidad órganos temporales; los cristianos, como miembros de ellos, están llamados a regenerarlos desde el espíritu cristiano. Así mismo, considera que, en lo temporal, la iniciativa debe partir de los seglares.

Para el autor, se requieren nuevas formaciones políticas entendidas como hermandades temporales profanas que trabajen por el respeto de la persona y por el amor evangélico. Se trata de una transformación profunda que requiere una renovación en los medios. El fermento inicial será seguramente un número de personas poco elevado, pero ellas propiciarán una profunda renovación espiritual que penetre también en el mundo obrero. Los cristianos deben reconocer sus propias omisiones, y también reconocer que en el fondo del comunismo está la voz indignada de los pobres, que jamás han recibido justicia. Es como una aparición de Dios en la historia; el cristiano, por tanto, debe trabajar por superar esa situación. El modo de trabajar es doble: con amor (en el orden espiritual) y haciendo triunfar lo sustancial sobre lo aparente -lo opuesto al liberalismo burgués- (en el orden temporal). Esta es la esencia de la nueva cristiandad y la palabra que puede y debe dirigir a las clases obreras.

Concluye su reflexión sobre la justicia en esta obra afirmando que el cristiano no debe abandonar el mundo a su suerte, sino que debe implicarse en él. Esto supone dejar atrás imágenes, ritualismos y formalidades. Todas las civilizaciones, también las cristianas, desaparecen y renacen. Los grandes impulsos históricos rara vez se dan sin error y calamidad. De este modo, nuevos sufrimientos alumbran nuevos mundos; así crece la historia humana y así se aproxima a su doble consumación: en lo temporal, donde el hombre es dios sin Dios y en lo intemporal, donde el hombre es dios en Dios.

En Confesión de fe (Maritain, 1939) está contenida una breve reflexión que consideramos relevante en lo relativo a la propuesta económica y teoría de la justicia en Maritain. En este texto el autor plantea que es preciso tener claro que el despertar de la conciencia de clase ha sido un gran logro, ya que supone darse cuenta de la dignidad humana ofendida. Pero este despertar ha sido desvirtuado por la guerra social marxista, que sólo atiende al bien de la clase obrera, y no al bien común de todos.

Es preciso reintegrar a las masas; se trata de un problema temporal y espiritual. Para ello se requiere una transformación de las estructuras sociales desde una clara apuesta por la

justicia social, desde la dignidad del hombre como trabajador y ciudadano. Así se podría lograr el regreso de las masas obreras a la cristiandad por medio del amor y el Evangelio. Continúa insistiendo sobre este planteamiento en De la justice politique (Maritain, 1940), donde afirma que, salvo excepciones, justicia y política no suelen ir juntas. Mientras mayor es la brecha entre ambas, menor es la felicidad que puede ofrecer la política.40

Es condición natural en el hombre no hacer el bien que quiere, sino el mal que no quiere. Pero en la Edad Media, al menos, cuando se actuaba injustamente, se sabía que se debía actuar justamente. Esto implicaba la necesidad de parecer justo, de actuar con honor y según ciertas normas, lo cual ponía límites a la injusticia.

Actualmente el maquiavelismo ha pasado a la democracia, en la que se cree que es esencial a la política ignorar la moral y la justicia. Esto supone un tremendo desgaste y una profunda corrupción que está causando enormes horrores e injusticias contra pueblos, clases y razas. Para Santa Catalina de Siena, la fuerza que conserva la ciudad es la justicia. Para Maquiavelo, la fuerza que conserva la ciudad es la injusticia inteligente.

Según la doctrina social de la Iglesia, la política debe basarse en la moral y el Evangelio. La Europa cristiana, en cambio, ha aceptado parte del maquiavelismo (de forma no violenta, a diferencia de lo que ocurre en los totalitarismos). Por eso es precisa una renovación, ya que no existe más civilización cristiana que la que busca la justicia.

En este punto, Maritain distingue falsa y verdadera justicia. La falsa es la que trata a todos por igual con independencia de su situación. Ésta conduce a la hipocresía. La verdadera es la concreta, la viva, la que atiende al caso particular. Es decir, la dignidad es igual, pero las cualidades son distintas. La igualdad que defiende Maritain es la de proporción. Desde esa base de justicia, es posible concebir una guerra justa si el motivo es justo y no existe otra alternativa.

40 Parece claro que Maritain usa de modo equívoco las palabras “ética” y “moral”: on peut constater tout aussi bien que d‘une façon générale, la morale et la vie sont brouillées, elles aussi, depuis qu‘il y a des hommes et qui ont des désirs

Una posición puede ser cristiana aunque quien la tome no lo sea. Así, Checoslovaquia,