La ideología es un factor crucial en la configuración del discurso de las organizaciones. Esto ocurre en un doble sentido: por un lado, lo orienta previamente; por otro, contribuye en su posterior difusión, mediante la distribución a través de redes de afinidad. A lo largo de este recorrido, además, la ideología contribuye en la cristalización de aliados y contrincantes, definiendo por tanto la unidad y coherencia estratégicas del movimiento pacifista vasco. Como se verá a lo largo de la sección, la ideología funciona como un factor transversal en todo el proceso discursivo.
Según algunas de las personas participantes, el posicionamiento ideológico de las organizaciones por la paz no es un valor central que determine los repertorios de acción y discursivos. En estos casos, es más fácil que se perciba a la organización como neutral, y por tanto como un agente fiable para desarrollar proyectos relacionados con la paz.
Como se vio en apartados anteriores, hay plataformas que han hecho de su profesionalidad y capacidad técnica una característica atractiva desde la perspectiva de la creación de afinidades ideológicas entre diferentes. En este sentido, un entrevistado defiende que su organización emplea valores “de base” que facilitan el trabajo con otros actores, independientemente de sus sensibilidades políticas. Según él, la neutralidad que se le supone a su organización, Bakeola, se traduce en que gente de diferentes orillas ideológicas tolera trabajar con ellos:
Nuestros valores son muy de base (…) de hecho, en un tema tan difícil como la violencia de motivación política, el terrorismo, en aquellos sitios donde hemos estado trabajando, hemos estado trabajando con gente de una sensibilidad y de otra, sin ningún tipo de problema (…) Estamos entre diferentes. Nos reconocen como un agente neutral [hombre, 38 años, Bakeola]
Fi gu re 13 : Re p er to rio s d e a cci ón e in flu en ci a so b re e l d iscu rso d e l as or ga n iz aci on es p aci fist as va sca s
una asociación que tenga vinculación, directa o indirecta, con partidos políticos:
Bakeola ha sido siempre muy blanca (…) No tenemos padre y madre políticos. Nadie marca consignas. No somos la organización de paz del PSOE, la izquierda abertzale o el PNV [hombre, 38 años, Bakeola]
Sin embargo, la neutralidad no es un atributo del que hayan gozado el resto de organizaciones. Antes al contrario, varias de ellas se han visto afectadas, en un grado u otro, por la polarización social a la que se ha hecho mención en páginas anteriores. Esto ocurre porque, según algunos participantes en la investigación, para defender un cambio social como el de la paz en el País Vasco, las organizaciones deben tener un posicionamiento ideológico reconocible. Éste sería un requerimiento necesario en tanto en cuanto la percepción sobre el conflicto en Euskadi se basa en una serie de tensiones históricas, políticas y culturales que han marcado profundamente a la sociedad (Mínguez Alcaide, Alzate and Sánchez de Miguel, 2014, p. 58). Dado que las posiciones en torno a dicho conflicto son contrapuestas, el surgimiento de organizaciones ideológicamente adversarias que luchan por el mismo espacio de movilización se entiende como un fenómeno normal.
Una de las organizaciones que se vieron afectadas por las consecuencias de esta polarización fue Gesto por la Paz. Como ya se ha expuesto, su acción más emblemática, los gestos, fueron concentraciones silenciosas fundamentadas en unos pilares básicos que permitían dejar a un lado las discrepancias ideológicas. Uno de los entrevistados relata:
La defensa de unos mínimos éticos frente a la violencia (...) se expresaban a través del silencio. Eso permitía que hubiera diferencias ideológicas entre los que nos movilizábamos contra la violencia, pero compartíamos esos mínimos éticos (…) No se trataba de hablar, porque ahí es donde se incorporan las disensiones. Había un mínimo común denominador, el silencio y esos mínimos éticos que se veían recogidos en el Pacto de Ajuria Enea129 [hombre, 53 años, Gesto por la
Paz]
129 Firmado en enero de 1988 por todas las fuerzas políticas del Parlamento Vasco salvo
HB, el Pacto por la Normalización y Pacificación de Euskadi (o Pacto de Ajuria Enea) pretendía “generar un clima de entendimiento entre las fuerzas democráticas y la
Precisamente por basarse en el silencio, los gestos permitían la
adhesión de un abanico amplio y plural de seguidores130: esos
“mínimos éticos” abarcaban la importancia absoluta del derecho a la vida, la solidaridad con las víctimas o el rechazo de aquellos objetivos políticos que amparasen la violencia. En definitiva, se trataba de principios:
asumibles por un espectro muy amplio de la sociedad (…) [Gesto] era el cauce de expresión de la ciudadanía en contra de la violencia” [hombre, 53 años, Gesto por la Paz]
Sobre esta base, no sólo se denunciaban las acciones de ETA: también se condenaba a otros grupos que practicaban la violencia política, como los GAL, y la práctica de torturas por parte de las fuerzas de
seguridad131.
Sin embargo, que Gesto se apoyara en una serie de valores relativamente fáciles de compartir no evitó que aparecieran nuevas plataformas civiles que quisieran “contrarrestar a Gesto por la Paz” (mujer, 49 años, Gesto por la Paz). La primera de estas organizaciones fue Elkarri, movimiento social por la paz surgido en 1992 y que sería el sustrato fundamental de Lokarri:
Llegó con una maquinaria tremenda, tenían liberados, tenían un presupuesto (…) ellos decían: ‘lo que existe ya no vale’ (…) su mensaje vinculaba totalmente lo político con lo violento, cuando Gesto hacía una clara distinción (…) ¿existe conflicto político? Evidentemente, pero (…) no tiene que ser necesariamente violento [mujer, 49 años, Gesto por la Paz]
Según el testimonio de esta antigua militante de Gesto por la Paz, Elkarri nació con una serie de recursos de los que ellos carecían, y comenzó a forjar un nuevo discurso basado en dos pilares
sociedad vasca para la erradicación del terrorismo” (Etxaniz Ortúñez, 2014, p. 11), así como el desarrollo óptimo de procesos de diálogo entre los poderes del Estado y quienes decidieran abandonar la violencia (Rodríguez Aizpeolea, 2007).
130 La composición de la base social de Gesto por la Paz se corresponde, según María
Jesús Funes Rivas, con los vínculos políticos y afectivos surgidos al calor de la Transición española. Dichos vínculos habrían facilitado la interrelación entre distintos colectivos (estudiantes universitarios, grupos parroquiales, partidos políticos…) y la posterior formación de Gesto por la Paz (Funes Rivas, 1998).
131 Un ejemplo de dicha condena puede encontrarse en un informe de Gesto de 1995,
donde se instaba a “afrontar los problemas de malos tratos y torturas con todas las diligencias posibles” (Coordinadora Gesto por la Paz de Euskal Herria, 1995).
ideológicos: el distanciamiento con algunas de las organizaciones pacifistas ya existentes (“ellos decían: ‘lo que existe ya no vale’”) y la renovación terminológica a partir de la idea de que la violencia en el País Vasco estaba unida a un problema político. Esta última característica marcaba una clara diferencia ideológica con Gesto, y al mismo tiempo representaba un valor atractivo para aquellos potenciales seguidores que no se habían sentido apelados por las ideas y el discurso de las organizaciones pacifistas ya existentes. Sin embargo, estas diferencias no impidieron que Gesto y Elkarri realizaran acciones conjuntas, como se verá en el próximo capítulo. Aparte de Elkarri, son habituales las menciones a ¡Basta Ya! y Foro Ermua, dos organizaciones que, sin ser estrictamente parte del movimiento pacifista vasco, ocuparon su propio espacio en el marco de las movilizaciones sociales contra ETA. Tanto Foro Ermua como ¡Basta Ya!, nacidas entre 1998 y 1999, se basaban en un punto de partida nuevo: consideraban que el nacionalismo vasco era ilegítimo en tanto ejercía de sustrato ideológico de ETA. Éste era un posicionamiento que era incompatible con los postulados de Gesto por la Paz y otras organizaciones pacifistas, que sí reconocían en el nacionalismo vasco del PNV una ideología legítima. A pesar de ello, las nuevas plataformas civiles encontraron su nicho: según algunos testimonios, la participación de ¡Basta Ya! y Foro Ermua en el ciclo de protestas contra ETA de la segunda mitad de los años noventa se tradujo en la obtención de cierta relevancia pública, en detrimento sobre todo de Gesto por la Paz.
Los miembros de Gesto también mencionan una serie de costes personales derivados de la constante movilización social. Estos costes fueron especialmente altos en la primera mitad de los años noventa,
cuando Euskal Herria Askatu132 llevó a cabo una campaña contra-
movilizadora en la que se disputaba notoriedad, a la misma hora y
lugar, a las concentraciones de Gesto por la Paz133:
El nivel de exigencia que representaba Gesto no era fácil (…) suponía significarte públicamente en un escenario complicado, como es el de un barrio o un pueblo. No es ir a una manifestación de 80.000 personas. Es colocarte detrás de una pancarta donde solo hay
132 Movimiento vinculado a la izquierda abertzale y defensor del acercamiento de los
presos vascos a Euskadi.
cincuenta. Y donde cualquiera puede ver quiénes son esos cincuenta e identificarlos. Y no cualquiera, sino tu vecino (…) esa significación pública, en tu ámbito suponía, exigía un nivel de compromiso muy importante. Hubo momentos en que eso no era fácil (…) pese a todo, para haber sido un movimiento que demostró su independencia política y de todo tipo, consiguió unos niveles de incidencia social, yo creo que muy notables [hombre, 53 años, Gesto por la Paz]
Es decir, que a pesar de que la base ideológica de Gesto por la Paz era fácilmente asumible por diferentes audiencias, su capacidad de movilización colectiva no se mantuvo constante. Al contrario, ésta estaba sujeta, entre otros factores, al surgimiento de grupos competidores con diferente fundamentación ideológica y capacidad, a su vez, de movilización social.
En algunos casos, la ideología de las organizaciones provoca que se terminen vinculando con determinados partidos, ahondando en unas divisiones políticas preexistentes al surgimiento de las organizaciones por la paz.
Lokarri es una organización sujeta a estas tensiones. Como se ha expuesto en páginas anteriores, la asociación tiene como seña de identidad la vinculación entre conflicto violento y conflicto político. Dicho posicionamiento despierta reacciones contrarias: si bien es compartido por ciertos sectores de la sociedad vasca y española, al mismo tiempo provoca suspicacias en otros grupos. Para algunos críticos, la relación entre lo violento y lo político equivaldría a alinearse con aquellos colectivos que tienen ese mismo punto de partida. En ocasiones, esto se ha traducido en que a Lokarri se le asimilaba con grupos de marcado carácter nacionalista y de izquierdas. Para muchos era una organización del mundo abertzale,
cuando no directamente del MLNV134:
Al comienzo se nos tachó de ser filoetarras (…) nosotros cuando aparecimos se nos tachó de ser el submarino de ETA, la cara amable de ETA, la Batasuna suave… [hombre, 60 años, Lokarri]
134 El Movimiento Vasco de Liberación Nacional (MLNV) es un conglomerado de
plataformas de movilización social y política inspiradas por la izquierda abertzale y otras fuentes ideológicas de izquierdas, y que pretende la constitución de Euskal Herria. En su seno agrupa, entre otros colectivos, a asociaciones juveniles, de promoción del euskera, de defensa de los presos vascos, partidos políticos, agrupaciones ecologistas y feministas, e incluso medios de comunicación (Sáez de la Fuente, 2001; Bullain, 2008; Casquete, 2009; 2011).
Además, Lokarri también se caracteriza por defender y mantener una interlocución directa con instituciones, organismos públicos o partidos políticos. Por lo tanto, también se han producido comparaciones con otros grupos ajenos a la izquierda independentista vasca, en función de si compartían discurso:
En la época de [Juan José] Ibarretxe135, salió hablando en los mismos
términos que nosotros hablábamos (…) “Ah, como utilizan el mismo discurso, son lo mismo”. En otro momento fuimos del PSOE (…) Eso se nota luego en la participación de las bases [mujer, 41 años, Lokarri]
Por otro lado, este posicionamiento ideológico tiene consecuencias desde el punto de vista de la aceptación social del discurso. Según una participante, había momentos en que Lokarri tenía que matizar el discurso constantemente, aunque el riesgo de no contentar a unas audiencias potencialmente exigentes era bastante alto. Un ejemplo de dichas tensiones es el que sigue:
Durante muchos años, tenías que decirlo todo (…) hablabas de ETA, te decían “ya, ¿y lo nuestro?”. Y cuando hablabas de la tortura te decían, “ya, ¿y lo nuestro?” [mujer, 41 años, Lokarri]
En la organización se defienden de este emplazamiento partidista, argumentando que su posicionamiento inicial no implica un alineamiento favorable con nadie: “siempre hemos dicho que denunciar los ataques que sufre un sector político no significa darle la razón a ese sector político” (mujer, 41 años, Lokarri).
Gesto por la Paz también ha sido objeto de estos alineamientos partidistas. Las persones pertenecientes a esta organización consideran que dichas alusiones eran parte de una estrategia de desprestigio donde se insinuaba que Gesto estaba instrumentalizado, no sólo por determinados partidos políticos, sino por el propio Estado:
Como organización social que empezó a tener cierta relevancia contra la violencia, sufrió, fue objeto de ataques y de críticas en un intento de desprestigiar a la propia organización. Se decía que estábamos financiados por el Estado, que Ajuria Enea no sé qué, que si éramos un monaguillo de no sé cuánto… se nos acusó de tener un partido político detrás, luego otro… [hombre, 53 años, Gesto por la Paz]
Esta asimilación provocaba, al igual que en el caso de Lokarri, problemas de legitimidad en aquellos grupos no afines. Además, en tanto Gesto por la Paz criticaba a ETA y a otras expresiones de violencia, “le llovía trastos de todos los lados: del mundo abertzale, de Madrid, le cascaban de todos los lados” (mujer, 58 años).
En definitiva, la equiparación entre organizaciones por la paz y partidos o instituciones políticas ha sido un fenómeno relativamente frecuente entre las asociaciones más conocidas. La existencia de Gesto por la Paz y Lokarri se vio marcada por la polarización ideológica que definía, también en otros ámbitos, la situación conflictiva del País Vasco. Las organizaciones pacifistas no gozaron de una legitimidad completa, ni en la sociedad ni entre sus representantes institucionales.
En este capítulo se han expuesto algunas claves básicas para entender cuáles son los elementos que participan internamente en la construcción del discurso de las organizaciones pacifistas: la estrategia comunicativa, la fortaleza económica, los repertorios de acción y la ideología. Como ya se ha indicado, esta última variable representa una frontera a caballo entre las características discursivas endógenas y exógenas. Siguiendo esta lógica, el próximo capítulo avanza en el análisis de los datos recogidos mediante la exposición de las claves externas que influyen sobre los mensajes de los colectivos por la paz estudiados.
8.5 Summary of the Chapter
The pacifist platforms analysed follow a typical communicative strategy, where drafting public announcements, calling for press conferences and participating in interviews are central activities. This activity is not fully professional, in the sense that communication coordinators are frequently involved in other activities, both inside and outside the organization. In this respect, peace platforms appear to have negative self-perception; they communicate inefficiently, and therefore they do not possess a consolidated role as a source of information.
Concerning the availability of financing, interviewees usually assert that there is a direct link between economic strength and discursive strength - money means access to resources, independence and stability. Others, in turn, believe that well-defined goals or participatory militants are more important. Furthermore, since pacifist organizations are mainly funded by public institutions, some have resorted to competitive strategies to gain resources.
Peace platforms display different repertoires of action, with some focusing on research, while others are more oriented towards social mobilization or facilitation among political actors. Each of these repertoires has strengths and weaknesses, which in turn affect how messages are disseminated. Three main trends have been identified: social movements (Gesto por la Paz), which mainly exploit demonstrations to produce symbolic and emotional messages; interaction with political elites (Lokarri), which attracts a certain amount of coverage in the media; and the creation and circulation of new concepts that have helped in understanding the Basque conflict. Finally, peace organizations are subject to ideological tensions, since they do not share the same views on political reality in the Basque Country. Whereas some link the violence in the region to a political conflict, others believe that ETA terrorism is solely responsible. . A consequence of this is the development of external alignments: peace organizations tend to share principles with different political parties, leaving aside their transversal nature. Such alignments are partially explained by the pre-existence of social polarization, which has been indirectly caused by the organizations themselves.
Fi gu re 14 : Id eo lo gí a d e l as o rg an iz ac io n es p ac ifi sta s v as ca