4 CHAPTER FOUR
4.4 The Delphi Technique
4.4.3 Why the study used Delphi?
Fabrice d'Almeida
La extraña figura de Joseph Goebbels permanece como la del propagandista absoluto, una especie de mezcla de profeta y de publicista del que se dice que inventó él solo la imagen del Tercer Reich. Considerado como un maestro en el arte de la manipulación de las masas, entró en vida en el panteón oscuro de las almas condenadas de los dictadores. No obstante, al abrir los archivos del partido nazi e investigar las decisiones impor- tantes que se tomaron en materia de comunicación durante el Tercer Reich, vemos que es preciso hacer una lectura mucho
más matizada1.
¿Cuál era el verdadero poder de Goebbels? ¿De qué medios políticos y materiales disponía y cuál fue su parte personal de invención de la propaganda nazi? Por último, ¿qué papel des- empeñó en la historia de las técnicas de influencia? Por decirlo de forma sencilla, Goebbels está lejos de haber inventado todo lo relacionado con la propaganda durante el nazismo.
Hitler mismo es el primer responsable del partido nazi cuan- do en 1919 llega a ser uno de sus dirigentes. Su teoría de la propaganda encauza la de Goebbels y la condicionará en gran medida.
El Führer decidió un símbolo para el NSDAP inspirado en un movimiento antisemita anterior a 1914, la cruz gamada; elige el color rojo de la bandera para situar a su partido del lado de los
1 Las conclusiones presentadas en este capítulo se basan en un examen pormenorizado
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obreros y competir con los comunistas; diseña los uniformes de los distintos órganos del partido, como si se tratara de un grafista y compone incluso el texto y la imagen de los primeros carteles. Él es el inventor del simbolismo nacionalsocialista. Goebbels, en esa época, ni siquiera es aún miembro del NSDAP. En cierta manera, llegó tarde a la organización, puesto que toma contacto con ella en 1924, y ocupa un puesto en 1925, durante la refundación del partido. Se pierde, por tanto, los primeros años, tan importantes para crear la leyenda de la acción revo- lucionaria nazi.
En Mein Kampf, que redacta en la cárcel tras el golpe de Estado de la Cervecería en Múnich, el 9 de noviembre de 1923, Hitler dedica dos capítulos a la definición de la propaganda y Joseph Goebbels solo retomará los principios directores, a saber, repetir un mensaje sencillo destinado al público más inculto; las acciones de propaganda son coordinadas por el jefe (Für-
hrerprinzip); y finalmente, para conseguir la victoria, todo está
permitido. Asimismo, Hitler explica que los actos ejercen una fuerte presión en la opinión pública. Visiblemente, la táctica de ocupar las calles, utilizada por Mussolini para acceder al poder, lo ha convencido de ello.
Finalmente, el jefe del NSDAP sitúa la acción de la propagan- da en el ámbito de las creencias y supone, por tanto, que dicha herramienta debe inscribirse en la perspectiva de una religión política, que tenga su liturgia, su culto, sus ceremonias, su ca- lendario y su clero. Los propagandistas no son expertos sino po- seedores de una chispa de verdad que difunden entre las masas incultas y aleladas. Deben despertar a Alemania como clama el eslogan: «Deutschland erwache!» (Alemania, ¡despierta!).
A partir de 1926, cuando Hitler le confía la dirección de Ber- lín, Goebbels comienza a reproducir el estilo de los discursos del Führer, emplea un tono brusco y cortante, utiliza frases mordaces al estilo de los eslóganes e introduce el humor y la ironía para ganarse al público. En este sentido, es ciertamente el propagandista más acorde con su época: un tribuno eficaz y
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un hombre de pluma. De hecho, a partir de 1928 llena las salas y se convierte en un valor seguro a la hora de movilizar a las tropas del partido. El nuevo periódico que creó en julio de 1927,
Der Angriff (El ataque), es su herramienta para condicionar en
profundidad la opinión de los miembros del NSDAP.
Hitler termina por nombrarlo delegado de propaganda del partido junto con Heinrich Himmler. Este puesto le permite acceder a nuevos recursos financieros y transformar Der Angriff en un diario, en octubre de 1930. Pero, sobre todo, Goebbels hereda el formidable trabajo de organización que Heinrich Himmler ha realizado.
Desde 1926, Himmler es, en efecto, el responsable oficial de la propaganda del NSDAP. A partir de 1927, acumula esta función con la de jefe de la guardia pretoriana de Hitler: las SS. En lo que respecta a la propaganda, gestiona todo tipo de archivos y los jerarquiza: ¿es necesario prohibir el uso de los emblemas del partido en la publicidad? ¿Quién sería el mejor avalista para las SA? ¿Dónde encontrar financiación complementaria para la prensa? ¿Cómo organizar la agenda de campaña de la auténtica estrella en que se ha convertido Hitler (las entradas de pago de sus mítines llenan las arcas de las secciones y de las federaciones que demandan cada vez más, sobre todo, durante la campaña legislativa de 1928)? ¿Y cómo convencerlo cuando pierde entre tres y cinco kilos por actuación? Himmler hace propuestas a Hitler y deciden juntos una estrategia. Racionaliza la comunicación del partido. Con Himmler, la propaganda ya constituye un sector que atañe a todo lo que el partido realiza.
En 1930, Goebbels no hace sino retomar las prácticas de Himmler, quien, tras haber secundado a Goebbels, se encuentra demasiado acaparado por las SS como para seguir ejerciendo simultáneamente los dos empleos. No obstante, Goebbels aña- de su parte de invención. En 1932, a la rigurosa organización de la campaña electoral ya elaborada por su predecesor, añade una dimensión simbólica: el Führer irá en avión a cincuenta
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ciudades. Es la operación «Hitler über Deutschland» (Hitler por encima de Alemania).
Pese a estos grandes éxitos de comunicación, Joseph Goebbels queda excluido del primer gobierno que fue nombrado en enero de 1933 y del que Adolf Hitler es canciller. De modo que debe conformarse con realizar un trabajo de seducción de la alta so- ciedad berlinesa y con garantizar que se reconozca plenamente el nazismo en las esferas mundanas. Desde 1931, su esposa Magda, divorciada del adinerado banquero Günther Quandt, lo secunda con gran inteligencia en esta tarea.
En marzo de 1933, el Gauleiter de Berlín obtiene su revancha, puesto que es nombrado ministro de la Propaganda y de la Educación popular, como recompensa por su abnegación en la
campaña anticomunista tras el incendio del Reichstag2. En este
puesto, se encuentra rodeado de elementos cercanos al Führer como Walther Funk, el antiguo responsable de la prensa del partido, ascendido posteriormente a secretario de Estado en su ministerio. El canciller sigue de cerca sus iniciativas. Se trata de pasar bajo régimen corporativo y controlar, mediante el Estado, todo lo que de cerca o de lejos tiene que ver con la circulación de las ideas, la representación o la información en Alemania.
El método de Goebbels se mantiene fiel a las enseñanzas de Hitler, con el que colabora estrechamente a la hora de nombrar en cada sector pequeños grupos de hombres de confianza que, con devoción, llevarán a cabo la limpieza política y racial. De esta manera, a partir del otoño de 1933, se crearon diversas cámaras de la cultura, de las artes, del teatro, etc.
Goebbels no tiene el campo libre para actuar, pues otro jerar- ca, Alfred Rosenberg, pretende conocer mejor lo que se necesita para fomentar la «idea nacionalsocialista». Los dos hombres polemizan a través de los periódicos y de denuncias respecti-
2 El incendio del Reichstag, que tuvo lugar el 27-28 de febrero de 1933, ofrece al poder
nazi la ocasión de detener a los dirigentes comunistas, acusados sin razón de ser los responsables.
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vas ante Hitler, que a menudo se niega a decidirse en favor de uno o de otro. Al final, la dimensión burocrática del ministerio de Propaganda predomina sobre los grupos de presión de Ro- senberg. No obstante, este se impone como el doctrinario del nazismo con su libro El Mito del siglo XX (1930), que ejerce una influencia profunda.
Göring también quiere su parte del sector cultural. Como mi- nistro-presidente de Prusia, gestiona varios escenarios berlineses y tiene sus protegidos, como es el caso del amigo de su mujer, el actor y director Gustav Gründgens. Albert Speer, por su parte, obtiene de Adolf Hitler contratos de escenografía y de arquitectu- ra relacionados con los grandes acontecimientos y con las opera- ciones de más prestigio. Robert Ley, el patrón de la organización de ocios, lleva a cabo sus propias campañas de promoción. En cuanto a Otto Dietrich, el jefe de prensa del NSDAP, íntimo amigo del Führer y alto responsable de las SS, no duda en robarle prota- gonismo en las declaraciones de guerra. Es él quien anuncia, en noviembre de 1941, que la campaña de Rusia está ganada. Joseph Goebbels ve así su territorio constantemente atacado.
No obstante, algunas innovaciones le permiten ganar en au- diencia y compensar las fluctuaciones de estima que Hitler le profesa. Primero, lanza la campaña para el «receptor popular»
(Volksempfänger) que convertirá a Alemania en el segundo
país de Europa (después de Reino Unido) mejor equipado en radiofonía en menos de cinco años. El objetivo es que todos los ciudadanos puedan oír los discursos del Führer y los suyos propios. Haciendo esto, Goebbels asegura una gran difusión de la información oficial.
También desarrolla la televisión. A partir de 1935, este nuevo medio de comunicación acapara su máxima atención. Constru- ye estudios, establece emisoras y contrata a técnicos. Se instalan televisores colectivos, en particular en los cuarteles y en las re- sidencias de las SS, y algunos privilegiados adquieren algunos. Así, en vísperas de la guerra, hay cerca de mil aparatos en cir- culación. La pequeña pantalla se convierte en el canal favorito
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de Goebbels, que pronunciará discursos semanales a favor de la guerra y adquirirá una reputación de doctrinario.
Más tarde reorganiza la información. Para ello, reactiva y amplía los servicios de censura a todos los soportes: prensa, cine, radio, carteles, libros… Incluso visiona personalmente las informaciones antes de ser retransmitidas y las moldea a su gusto, consultando al Führer y a Göring las ediciones más im- portantes. Su ministerio implanta un sistema de producción de reportajes transmitidos por radio, cine y prensa controlados por el Estado. En 1937, cuando incita a Alfred Hugenberg, el magnate de extrema derecha, a vender la UFA (su empresa de producción cinematográfica) al Estado, establece un monopolio de la información filmada.
El ministerio de Propaganda paga bien. A partir de 1939, Goebbels se interesa por los sueldos de las estrellas de cine y apoya ciertas exoneraciones fiscales individuales. Para la película propagandística El judío Süss, autoriza superar todos los límites presupuestarios. Con estos gastos espera comprar a los líderes de opinión. Incluso ha creado una fundación tapadera de derecho privado para facilitar el pago y el cúmulo de sueldos, es decir, ganarse una clientela.
Como ministro de Propaganda, organiza un gran número de acontecimientos de género y magnitud variables con miras a movilizar a la nación y, en especial, a las élites. Gran agitador, orquesta la campaña de propaganda para el boicot de las em- presas judías, el 1 de abril de 1933. Por otra parte, el 10 de mayo del mismo año pronuncia el «Discurso de las llamas» prelu- dio del auto de fe conducido por los estudiantes nacionalsocia- listas. Durante el asesinato de Röhm, el 30 de junio de 1934 («la Noche de los Cuchillos Largos», que conlleva la eliminación de las SA), Joseph Goebbels coordina la campaña de prensa que acusa a Ernst Röhm de ser un traidor homosexual.
Al cierre de los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936, es el anfitrión de la fiesta de clausura que reúne a más de dos mil invitados de categoría. Al año siguiente organiza la exposición
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sobre «Arte degenerado» con el fin de combatir las tendencias pictóricas de la abstracción y del expresionismo. El 9 de noviem- bre de 1938 pronuncia ante la dirección del partido un discurso que desencadena «la Noche de Cristal», pogromo nacional que acarrea la ruina completa de muchos judíos alemanes y se cobra varios centenares de muertos.
Durante la guerra, a pesar de estar excluido de las reuniones estratégicas y cuando se puede prever la derrota alemana, pro- clama el 18 de febrero de 1943, en el Palacio de los Deportes de Berlín, la entrada en la «Guerra Total». Su entusiasmo convence a los asistentes, que se vuelven a movilizar y se muestran dis- puestos a cualquier sacrificio. El 20 de abril de 1945 Goebbels pronunciaba por la radio el discurso para el cumpleaños de Adolf Hitler, en el que anuncia la «Victoria Final» mientras pinta con letras negras en todos los muros de la capital el último eslogan: «Berlin bleibt deutsch» («Berlín sigue siendo alemán»). Unos días más tarde, la ciudad es invadida. Hitler se suicida el 30 de abril, Joseph Goebbels y su esposa Magda lo hacen el 1 de mayo, habiendo asesinado previamente a sus seis hijos. Su último acto propagandístico consistió en callar durante algunas horas la muerte del Führer.
En conclusión, Goebbels siguió la evolución de su época. Sus innovaciones fueron modestas con respecto a lo que consiguió el poder de la propaganda alemana: lucha por la abnegación, conformismo social, una policía política activa e increíbles re- partos de riquezas y de toda clase de bienes a aquellos que sus- tentaban la máquina. El mito de la grandeza del Tercer Reich existió para los que se beneficiaron de él. Solo la derrota hizo temblar las conciencias y levantó el velo de ilusiones mórbidas que, durante doce años, gobernó Alemania.