Todos los autores que se refieren a la Antigua Provincia de Guayaquil, prestan importancia a la descripción de la fauna, no sin dejar de mostrar su incomodidad hacia las plagas de insectos que en gran abundancia y variedad infestaban el aire y molestaban a los demás vivientes; animales domésticos y personas eran presas de insectos volátiles, mosquitos, alacranes, sabandijas y cientopiés, culebras y víboras venenosas, lagartos,
50 caimanes, ponían en peligro la vida de los habitantes17.
Resultaba muy valioso el apoyo de las autoridades locales y el aporte que los habitantes hacían a los exploradores interesados en el registro de las especies, así quienes ya conocían de antemano, informaban de las costumbres, habitad, comportamiento, alimentación de los animales y de los que tenían alguna utilidad para el ser humano; debido a ello podemos saber que en esta región existían mamíferos tales como la guatusa, el cuchucho, el oso melero, oso pardo, el león americano o puma, jaguar o tigre americano, tigrillo u ocelote, monos chillones, murciélagos, saíno o cerdo Saigu o jabalí americano, ardilla, comadreja, armadillo, venado, macacos, etc... Gran variedad de aves con sus cantos y chillidos retumbaban en el bosque, junto a reptiles y anfibios horrendos y temibles. Insectos que devoran maderas y ríos hirviendo de peces. Para albergar a tan extensa como variada fauna, la vegetación debía estar en relación y ser de igual exuberancia, los bosque riquísimos en maderas de los mas variados usos y servicios18, varias especies de palma, el Maria que sirve para arboladuras de naves, cañas o bambúes para construir viviendas, beldaco usado para calmar el dolor de muelas, lobelias de muchas especies de flores de vivos colores, gamalote una especie de caña usada para alimento del ganado, se encontraban en abundancia musgos, helechos y plantas parasitarias; bejucos aromáticos para colgar la ropa, matapalo para construir
17 De la expedición Malaspina, quedaron varios documentos que describen y clasifican la fauna de la Antigua Provincia de Guayaquil, tales como: “Descripción de Aves; Quadrúpedos y Peces del Puerto de Guayaquil”; “Quadernos de dimensiones de aves. Santiago de Guayaquil 5 de Octubre de 1790”; “Descripciones de Aves de Guayaquil por D. Antonio Pineda. Contiene
Guayaquil 3 de Octubre de 1790”; “Descripción zoológica en limpio desde Puerto Deseado hasta Guayaquil inclusive. Ornitología y Zoología de Guayaquil”; “Quaderno de descripciones de aves, Animales etc. Santiago de Guayaquil 4 de Octubre de 1790”; “Lista de encargos y piezas
de Historia Natural”; “Lista de lo remitido al Gabinete de Historia Natural desde Baba”; “Zoología y Ornitología de Guayaquil”; “Notas de Fray Ignacio de la Cruz de la Orden de los
Predicadores. En Cuaderno de dimensiones de aves.” (Min. Defensa, 1996: 79). Para sus inventarios, Pineda quien fue el responsable de la Historia Natural, recurrió además a la bibliografía con que se contaba a la época de otros autores y anteriores expediciones que le habían dedicado algún capítulo a la fauna y botánica de Guayaquil, por lo que puede considerarse que en estos documentos se tiene una recopilación bastante exhaustiva, de la fauna y botánica local que fue posible clasificar con las técnicas de entonces. Sus principales fuentes fueron los trabajos realizados por Jorge Juan y Antonio de Ulloa en 1736 – 1744; Antonio de Alcedo y Herrera en 1741 y Francisco Requena en 1774.
18 Las maderas más apreciadas eran el roble, el laurel, el mangle y la piñuela; en menor escala se demandaban el amarillo, bálsamo, cañafístola y canelo. Los palos de María procedentes de los montes de Bulubulu y que servían para las arboladuras de los navíos, alcanzaron un alto precio, ya que cada uno costaba nada menos que 200 pesos, lo que da cuenta del extraordinario valor de esta especie del trópico guayaquileño. Los montes de Bulubulu eran propiedad del Rey y su explotación se arrendaba anualmente (Ministerio de Defensa, 1996: 51-56).
51 canoas, xebe o caucho utilizado para embetunar lienzos, botas y sombreros resistentes al agua, bijao y musa que sirve para techumbre de casa, boya o balsa para construir embarcaciones, etc…
De la tierra reconocían su fertilidad que produce todo cuanto en él se siembre para subsistencia o comercialización, es así que a la vez se observaban plantíos cacao, tabaco, café, plátano, caña de azúcar, también habían huertas de yuca, piña, chirimoya, aguacate, papaya, zapote, mamey, zapallo, maíz, camote, maní; medicinales de las cuales la zarzaparrilla de Guayaquil gozaba de buena reputación para tratar infecciones y sífilis, algodón, etc. ...
Espectáculo placentero, orillas agradablemente vestidas de varios verdes en gradaciones, aves de variados colores y canto nuevo, balsa, canoas, mezcla de casas, árboles, agua y embarcaciones naturaleza tan variada como extendida, excede a la imaginación más viva y arrebatada. (Min. Defensa, 1996: 33).
De esta forma Malaspina describió lo que vio desde la corbeta la Descubierta a su entrada por el río el día que arribó a Guayaquil.
Sin embargo, el drenaje y posterior desertificación de los pantanos, la tala de los árboles, la contaminación y la sedimentación de los ríos, ha ocasionado la drástica disminución o desaparición de la mayoría de las especies. En el siglo XVIII ya se empezaba a evidenciar la acción destructora del hombre, escaseaban las maderas destinadas para la exportación y las utilizadas en el astillero lo que llevó a las autoridades locales a preocuparse por la conservación del recurso tomando medidas cautelares que prohibían la exportación de las maderas más preciadas para la actividad del astillero e inclusive su uso local19, medidas que afectaron principalmente al
guachapelí, el palo amarillo y el palo Maria que como fue señalado en líneas anteriores era usado para las arboladuras de navíos. Pero estas prohibiciones no se cumplían pues seguían saliendo del puerto entre los productos de exportación.
19 El 1 de octubre de 1788, el Presidente de la Audiencia de Quito, José García de León y Pizarro emitió la Ordenanza sobre la explotación de las maderas de Guayaquil, que en esencia en su numeral 1 declara abolida la libertad de cortar maderas en la provincia de Guayaquil. Para lo cual se debía obtener el permiso de la autoridad local, y especifica en el numeral 18, a los arrendadores del monte Bulubulu cuidar del buen uso y la conservación de dicho monte, pues su
arrendamiento no les autoriza a „destrozar la montaña con codicia y sin régimen, ocasionándole perjuicio y decadencia‟, con las respectivas medidas que las autoridades locales debían tomar para el cumplimiento de lo dispuesto, el numeral 25 establecía multas por las dos primeras ocasiones y el destierro de la provincia durante seis años en caso de reincidir por tercera vez. (Estrella, 1993, cita a Laviana Cuetos: 42)
52 Como se puede colegir de los datos recolectados en la colonia, las montañas del Bulubulu empiezan a dar muestras de la “acción del hombre” (Hewitt, 1983) a fines del siglo XVIII, luego de haber sido sometidas a la explotación maderera durante los 200 años anteriores, desde que los españoles colonizaron estas tierras. Pese a ello, todavía las montañas eran consideradas de abundante vegetación y vida silvestre, en parte debido las escasas haciendas que habrían existido y de seguro a la poca población que habitaba esos parajes, como posteriormente lo reportarían Wolf (1975) y Villavicencio (1984) en sus obras.