Bibliography
SUMMARY AND CONCLUSION
De acuerdo a Núñez (1999), la educación es un derecho que hace a la condición del ser humano, ya que a partir de ella se construye el lazo de pertenencia a la sociedad, a la palabra, a la tradición, al lenguaje, en
definitiva a la transmisión y recreación de la cultura, esencial para la
condición humana”.(p. 50).
Por lo tanto, quien no reciba o no haga uso de este derecho pierde la oportunidad de pertenecer a la sociedad, a participar de manera real y constituirse en un ciudadano/a, que haga uso de sus derechos y cumpla con sus deberes a favor del desarrollo de la sociedad.
En base a lo anterior, la educación que se imparte en los Centros de Reclusión se ajustará a las formas de pedagogía aplicables a las personas privados de la libertad. Por un lado, se trata de adultos y no de niños que intentan aprender, por otro lado, las condiciones ambientales son completamente diferentes a las que se dan en otros ámbitos, como puede ser en una escuela. Los alumnos se encuentran emocionalmente afectados (la mayor parte de las veces) por su situación de encierro, se encuentran controlados por personal de seguridad que condiciona sus comportamientos, etc.
Así mismo, algunos lo perciben como la posibilidad de superar sus limitaciones a nivel de conocimientos específicos y de mejorar su situación al salir del reclusorio. Todas estas características y muchas otras hacen que el proceso de enseñanza en un reclusorio esté condicionado por el entorno y que se señalen ciertos problemas también para los docentes, quienes deben estar capacitados para este modo de enseñanza. No se puede eludir que los reclusorios no son una institución puramente educativa sino que se trata de
los que Goffman, (1984) denominaba “Instituciones Totales”. Una
institución total puede definirse como un lugar de residencia y trabajo, donde un gran número de individuos, en igual situación aislado, de la sociedad por un período de tiempo, comparten su encierro en una rutina diaria, administrada formalmente. Las características de las instituciones totales que destaca Goffam son las siguientes:
1. Inexistencia de fronteras que configuren ámbitos diferentes para dormir, trabajar, estudiar, etc.
2. Carácter colectivo de las actividades (movimientos de masas)
3. Carácter estrictamente programado de las tareas (una actividad conduce a la otra).
4. Dependencia a un plan racional con objetivos marcados por la institución. 5. Manipulación de las necesidades de sus miembros
6. Vigilancia (control de visitas, pérdida de intimidad, inhibición de contactos con el exterior, sometimiento general visible y comprobado con un pequeño grupo de supervisor a un gran grupo de internos).
7. Restricción del paso de información: ocultación a los internos de los planes del personal al respecto de movimientos y actividades.
8. Des-simbolización del trabajo (exigencia de poco trabajo. Trabajo pesado, lento y aburrido, sistema de pagos mínimos, amenazas, castigos físicos).
9. Incompatibilidad con la estructura familiar, elemento de contraste fundamental es la vida solitaria pero más, la vida de cuadrilla.
10. Compulsiva adopción de la simbología institucional.
11. El despojamiento institucionalizado; desculturación del yo civil, pérdida del rol social en el afuera y pérdida de significatividad como individuo.
Como se puede apreciar, ésta es una excelente descripción de la situación de un interno en reclusión, situación que excede posiblemente al modo en que cada país organiza su sistema penitenciario, lo cual tiene que ver con un factor estructural de las instituciones totales, tal como lo denomina Goffman.
Los sistemas penitenciarios pueden ser mejores o peores, trata con mayor o menor humanidad a los internos, pero básicamente comparten las características que se han expuesto anteriormente es este ámbito en donde debemos pensar el fenómeno educativo de los internos, escritos por esas peculiares condiciones de vida que les plantea la institución. Por eso, se debe tener presente que la educación no se dará en un espacio convencional (escuela, taller, instituto) sino en uno que presenta de base un modo de organizar la vida de los internos, generando a su vez una problemática institucional especifica, no ya del interno, no de la educación en sí misma, sino de la institución como entidad que alberga a los internos.
El desafío de la educación a distancia constituye entonces una oportunidad para este espacio totalizador de la institución o centro de reclusión, logrando mediante el vínculo con el alumno-interno, intentar armar un espacio diferente frente a las características propias de la estructura planteada. En este sentido, el espacio educativo en reclusorios se presenta como un elemento factible con respecto de los problemas específicos que la organización carcelaria pudiera ejercer sobre el interno, dándole también un espacio para la reconstrucción de su subjetividad activa en la producción de un aprendizaje, más que en seguir con las pautas y reglamentos de la cárcel.
El espacio pedagógico, será en este sentido, algo a construir entre el docente y el alumno.
Tal como plantea Spanarelli, (1995):
“Cuando uno desarrolla actividades educativas en un escenario que no fue diseñado
ex profeso para llevar adelante actividades docentes, hay todo un momento de adaptación y transición que obliga a que pensemos que en una cárcel ocurren los fenómenos esperados en las instituciones totales. Dentro de ese espacio, nosotros abrimos otro espacio, algo específico que tiene que ver con la función docente y que no es la misma función y la misma tarea que la que se espera de la institución Penitenciaría. Por eso, vamos a tener que pensar lo delicado y comprometido de la
tarea docente en este entrecruzamiento de espacios”. (p. 25).
Por otro lado, aparte de los espacios, los alumnos siempre se verán transformados por las características del centro de reclusión, retomando la cita de Goffman, quien habla de "despojamiento institucionalizado", explicándolo como el fenómeno que se da en la vida del hombre privado de su libertad y que explica una degeneración del individuo en la lenta degradación de su existencia, en donde aparece una pérdida de la parte individual, de su historia, de los lazos afectivos, de sus roles sociales, de su ropa, etc. Este es el fenómeno en donde la persona interna empieza a padecer los problemas específicos de la institución en la que está, que lo colocan en una situación de homogenización con el resto de los detenidos y privándolo de su libertad y capacidad de diferenciación respecto de los demás.
Ciertamente, esto crea una situación muy especial en el interno cuando debe desempeñar al mismo tiempo como alumno. No se trata de un alumno que puede salir del aula en el que estudia, ni puede aislarse para recuperar su sentido de la intimidad, sino que está todo el tiempo sumiso a la implícita mirada del establecimiento, sin dejar a un lado sus compañeros internos en la misma situación de reclusión.
Todo esto, forma un clima psicológico muy concreto, en donde el alumno-interno se encuentra en medio de este mundo carcelario del que no puede prescindir a la hora de implicarse en un aprendizaje. Será, por lo tanto necesidad del docente el poder colaborar a que el alumno se inscriba en una trama diferente para poder, en cierta medida, enfrentar el proceso de enseñanza-aprendizaje con la menor cantidad de condicionamientos posibles. En consecuencia, es necesario pensar que todo proceso de educación en cárceles se suministrará dentro de este método especial que plantea el marco de la institución carcelaria, y que si bien existe una gran perspectiva a nivel social respecto de la ayuda que pueda brindar la educación de los internos, existen numerosas dificultades para la concreción de un adecuado proceso de enseñanza.
Por lo tanto, hay que tener presente que la educación, cuando el alumno se encuentra en situación de interno, es un atenuante que viene a compensar un déficit educativo que debe, para darse de manera adecuada, empezar en la niñez más temprana y perdurar en ese esfuerzo durante muchos años. Existe un esfuerzo útil, aunque tardío, y debe comenzar en un marco no favorecedor de los aprendizajes, ya que los internos se encuentran, como se dijo, bajo la influencia de ciertos problemas emocionales que aparecen cuando se ubica a una persona en una cárcel y que alteran completamente su mundo personal, su relación con el mundo y con su medio de pertenencia.